lunes, junio 30, 2008

Hasta pronto, Don Pepe

Don Pepe falleció el sábado pasado, luego de casi un par de años de la muerte de Esther su esposa. Ambos fueron personajes principales en mi niñez, a quienes conocí cuando llegamos a vivir al 719 de la calle Chihuahua, en la popular colonia Independencia, por el año de 1970 ó 1971. Ellos tenían el estanquillo de la acera de enfrente, así que todos los días iba a comprar algo.
Recuerdo a Esther con su piel muy blanca y sus ojos azules clarísimos, con los labios siempre bien pintados de un color rojo intenso o un rosa igualmente fuerte. Siempre con anteojos. De sonrisa fácil y buen trato, paciente con los niños, aunque de vez en algunos la hacían enojar.
Don Pepe, con sus pantalones flojos, sus huaraches, su blanca camiseta eterna. Cuando iba a la tienda me tardaba horas observando todos los dulces que había en la vitrina, pero don Pepe era impaciente y me apuraba para que me decidiera rápido y le dijera lo qué quería. Ah, y que no se me ocurriera cambiar de opinión porque se molestaba mucho. A Mónica también la apresuraba, llamándola "güerinche" y otras cosas. Nos regañaba si nos colgábamos del mostrador, y nos mandaba a "columpiarse del huizache de su abuela".
Pero como nosotros fuimos unos niños muy traviesos, inventamos maneras para vengarnos de lo que considerábamos su tiranía de adulto... cuántos corajes le hicimos pasar. A veces pedíamos algo y cuando él lo sacaba de la vitrina o lo traía de la trastienda, Mónica y yo nos alejábamos corriendo muertos de la risa. Otras veces escupíamos el vidrio del mostrador, dejando a don Pepe hecho una furia. O lo arremedábamos, o hacíamos chistes y salíamos corriendo como bólidos. Al fin que él no podía perseguirnos para no dejar la tienda sola.
Don Pepe era muy ahorrativo. En aquel entonces las sodas las enfriaba en una hielera llena de agua, la cual desconectaba de la luz casi todo el tiempo, por lo que las sodas estaban solamente frescas. Hasta que Carlos Lara puso su flamante Depósito Charlie en nuestra misma cuadra, en la esquina de Chihuahua y Castelar. Ahí sí que estaban heladas las sodas, y creo que don Pepe perdió varios clientes a causa de esto. Por cierto, recuerdo la decoración moderna del Depósito Charlie, con varios pósters de Farraw Fawcett, actriz que en aquel entonces era famosa.
Fuimos creciendo y haciéndonos niños más respetuosos, luego jóvenes y luego adultos. Ahora ya platicábamos con don Pepe y doña Esther muy formales y respetuosos, y ellos jamás nos reprocharon esos pleitos y travesuras de nuestra niñez. Con su silencio nos enseñaron que todo eso había quedado en el pasado que no volverá, junto con ese niño descalzo y despeinado, dientón y siempre sonriente, y aquella niña rubia y hermosa, con su vestidito sucio de tanto jugar y correr.
Un buen día don Pepe y doña Esther se mudaron a la vuelta de la esquina, todavía muy cerca, pero con ello se fue para siempre la tradición de la tienda de enfrente. Aún estando tan cerca, ya no íbamos a comprar allí. Había otras tiendas más surtidas, como la de don Pilo, en Baja California y Castelar. Además, inevitablemente crecimos y ya no necesitábamos ir tan seguido a comprar dulces a la tienda, nuestros hábitos cambiaron.
Don Pepe y doña Esther continuaron con su estanquillo contra viento y marea, haciendo caso omiso de las grandes super tiendas que llegaron a Monterrey, de la modernidad. No ampliaron su línea de productos, siguieron siempre fieles a la venta de refrescos, dulces, pan, tostadas con chile, sodas y algunos cuantos productos más. A últimos años su hijo Pepe les decía que ya cerraran la tienda y se dedicaran a descansar, pero ellos simplemente no podían hacer eso. Continuaron así, haciéndose viejos pero siempre juntos.
La primera en partir fue doña Esther; últimamente se mareaba mucho y no era infrecuente que perdiera el equilibrio. Cuando quedó solo, Don Pepe nunca aceptó el ofrecimiento de mudarse a la casa de su hijo, a pesar de la insistencia de éste.
Así que en vista de su negativa, Pepe repartía su tiempo entre la casa de su padre y en la suya propia, con Maribel su esposa y sus dos hijos.
Pasó el tiempo y Don Pepe ya no pudo más con sus padecimientos, y en la última semana decidió dejar de luchar. Ahora ya está nuevamente haciendo compañía a doña Esther, la mujer de su vida. Hasta pronto, don Pepe, gracias por perdonar mis travesuras y groserías de niño, nunca le olvidaré.

viernes, junio 27, 2008

Money makes the world go round


Se dice que el dinero no da la felicidad. Pero cómo es necesario, cómo dependemos del dinero en este mundo. Desde siempre he escuchado quejas de que no alcanza, de que todo está muy caro, etc., pero siempre lo veía muy ajeno a mí. Ahora no. Cuando era niño, al pedirle a mamá unos zapatos, alguna golosina, una mochila para los libros, su respuesta siempre era "no hay dinero". Claro que yo insistía e insistía, y muchas veces me salía con la mía. Antes no entendía, pero ahora comprendo que era una excelente administradora, y si bien nunca hubo dinero para juguetes, golosinas o lujos, la comida nunca nos faltó en nuestra mesa.
Este año, como nunca antes, he estado pasando por pequeñas zonas de turbulencia económica que me han traido ansioso a veces, desesperado otras, resignado las más.
El Peugeot 306 que manejo de pronto empezó a exigir el mantenimiento que le había omitido por negligencia desde hacía muchos meses. Transmisión (la odio, nunca compren un auto con transmisión automática TipTronic), suspensión, afinación mayor, batería, radiador... cada vez que algo se descomponía me daban ganas de llorar, apenas reparaba una cosa cuando fallaba otra. El colmo fue que de un día para otro dejó de funcionar el motor del limpiaparabrisas. Además de que es muy caro, es sumamente difícil de conseguir, así es que agradezco vivir en Monterrey y que no haya llovido recientemente.
Pero gracias a Dios tengo a mi Christian, talentoso como todos mis sobrinos, quien se ha convertido en mi mecánico de cabecera. El se ha encargado de las reparaciones y de buscar los mejores precios. Me consiguió un radiador usado, porque nueva salía en un ojo de la cara; aún así no pude pagarlo pero salió al quite mi querida Lola y ella puso el dinero para la reparación. Esa es una de mis deudas que más me urge pagar, aunque ella me diga que no me preocupe.
Tengo un empleo que agradezco mucho, porque llegó enviado por Dios justo cuando lo necesitaba desesperadamente. Sin embargo, veo que no hay posibilidades de aumento a corto plazo y como que ya va siendo hora de ir buscando algo donde paguen más.
Las clases de inglés que doy martes y jueves representan un ingreso extra que se ha vuelto indispensable. ¡Y yo que me resistía a dar clases! Me insistió mucho un compañero de trabajo para que les enseñara inglés a sus retoños de 18, 14 y 12 años. Acepté más que nada por comprimiso, pero ahora se ha vuelto una agradable y muy redituable ocupación. El libro de texto ya casi lo terminamos... cuando me di cuenta imaginé que el curso terminaba y me quedaba sin ese ingreso... ni pensarlo. Lo bueno es que todavía faltan unos meses para dejar a los alumnos bien preparados y hablando inglés.
De las traducciones, ni hablar. Desde finales del año pasado no había tenido ni un solo proyecto. Ni una llamada, a pesar de mi anuncio en la Sección Amarilla, pequeñísimo pero carísimo. Apenas en esta semana se reactivó el asunto. El martes se comunicó conmigo Alexandra, mi colega de Guadalajara, para avisarme que posiblemente aprueben un proyecto en estos días y quiere pasarme ese trabajo a mí. Ese mismo día Héctor mi sobrino me envía un documento para traducir, y al día siguiente otro. Ayer, un contacto de Nueva York me pasó un documento para editar, urgente. Así que esos días he estado otra vez dándole al teclado y poniendo a mi cerebro a hacer gimnasia brincando del inglés al español y viceversa. Me encanta traducir. Es mi pasión. Desafortunadamente, es un trabajo inconstante; de repente hay mucho trabajo, de repente nada.
Lo bueno de todo esto es que habrá un ingreso extra, que será muy bienvenido. Mi seguro de gastos médicos mayores está a punto de vencer, y no he dejado de pensar. Si lo renuevo, estaré con la deuda varios meses. Si no lo renuevo, me sentiré desprotegido y lamentaré perder la antigüedad de varios años. Y aunque intento siempre pensar en positivo, no puedo dejar de pensar en que justo cuando dejas de pagar tu seguro del auto o tu seguro de gastos médicos, cuas, te cae el chahuixtle.
Hace falta dinero para pagar ese seguro y el seguro del auto, mi comida y la de mis perros, el pago de servicios, mis clases de canto, las placas del carro (ahora resulta que nuestros flamantes policías regiomontanos van a perseguir como delincuentes a aquellos que no hayamos podido pagar las placas), consultas médicas, las sesiones con Bugs Bunny, diversiones (all work and no play makes Jack a dull boy)... ufff, mejor no le sigo porque me agobio más. Verdaderamente, confieso que he llegado a pensar algunas veces que el panorama es desolador y es difícil seguir adelante. A veces quisiera escapar, desaparecer, no existir. Pero sé que la vida es bella, me gusta vivir, me gusta mi familia, mis amigos, las sorpresas que cada día nos trae, y eso me hace esforzarme de nuevo. Sé que las cosas serán mejores, sé que con la ayuda de Dios a través de personas maravillosas, llegará ese nuevo empleo.
Estoy confiado en ti, Señor, sé que proveerás, sé que tú quieres la abundancia para todos tus hijos. Sé que me enviarás trabajo, mucho trabajo, para que yo tenga riqueza y la pueda compartir con los demás, especialmente con quienes tienen más necesidades que yo. Amén.

lunes, junio 23, 2008

Mi Muerte es Inevitable


He estado pensando en la Catrina, la Huesuda, la Calaca. No, no es que esté enfermo de gravedad (que yo sepa). Sucede que el tema de la meditación del sábado pasado fue la muerte, y el objetivo era hacernos conscientes de que es lo único seguro que tenemos, que nuestra vida es frágil y en cualquier momento puede ocurrir. Es por ello que debemos pensar qué estamos haciendo con nuestra existencia, en qué nos ocupamos; hace falta ponerse a analizar a qué cosas les damos importancia en nuestra vida actual, y si le seguiríamos dando la misma importancia si supiéramos con certeza que vamos a morir en una semana.
La verdad es que nos creemos eternos, y por eso cuesta trabajo asimilar el hecho de que en cualquier momento podemos “estirar la pata”.
Recordé que hace algún tiempo, en una de esas conferencias carísimas de dos días en las que el objetivo es cambiar todos nuestros pensamientos y actitudes para ser más felices, (pero no se logra), una de las dinámicas trató de que imagináramos que íbamos en un avión que iba a desplomarse en 10 minutos. Debíamos imaginar que sólo teníamos 10 minutos más de vida, y ponernos a escribir una carta que quedaría para la posteridad.
La creatividad fluyó. Hubo cartas de reconciliación entre hermanos, perdones solicitados u otorgados, confesiones de amor, consejos, aclaraciones, pero sobre todo, casi todo el mundo utilizó sus líneas para expresar su amor a sus seres más queridos. Hubo muchas lágrimas, mucha emoción cuando algunos leyeron sus cartas.
Ciertamente, esta es una buena reflexión. De pronto, al pensar en que quizás no estemos en este mundo el día de mañana, hay tantas cosas que pierden importancia. Enojarme porque no avanza la fila de vehículos, molestarme por algún comentario irritante, comprar esa loción tan cara, dedicar tiempo a personas que no aportan nada bueno a mi vida, pasar más tiempo aseando la casa que conviviendo con las personas que son importantes y queridas para mí, Qué banal parece casi todo.
Y las cosas verdaderamente importantes son tan pocas. Sólo dedicar mi tiempo a las personas que son verdaderamente importantes, nada de reuniones “por compromiso”. Dejar que la mugre se acumule un poco. Hacer las cosas que me producen verdadero placer y nutren mi vida al mismo tiempo: cantar, sembrar plantas, meditar, platicar mucho, escuchar música, leer, viajar, convivir con mi familia, comer helado, bailar, aprender, aconsejar, amar.
¿Tú que harías si tuvieras la certeza de que sólo te queda una semana de vida?

Aguas Calientes

Ayer disfruté un paseo largamente esperado: visitar las aguas termales que están por el rumbo de García, N.L. Bueno, eso creía yo, la verdad es que están en territorio de Coahuila, municipio de Ramos Arizpe. Mi mamá se había quedado en mi casa el sábado por la noche, y el domingo temprano preparamos un chop suey para desayunar, luego estuvimos en La Huasteca y de ahí enfilamos rumbo a las aguas termales. Un largo camino, de verdad.
Lo primero que conocimos fue el lugar que se llama San Joaquín, con instalaciones muy elegantes y limpias, una maravilla que después iré a conocer. Sin embargo, no pudimos entrar porque:
1.- Mamá no llevaba traje de baño
2-. Le negaron la entrada al Honolable Vaquelo

Afortunadamente Alma me había comentado que había otros baños rústicos a unos cuantos metros, en el poblado La Azufrosa, y hacia allá nos dirigimos. Aquí las reglas eran menos estrictas, mamá podía entrar al agua vestida con short y blusa, y el Honolable Vaquelo era bien recibido siempre y cuando se abstuviera de andar mordiendo a la gente y dejando su huella por los rincones. La cuota de entrada era más económica que en San Joaquín, pero las instalaciones no estaban tan elegantes y limpias, obviamente. Esto era literalmente un “baño de pueblo”, pero bueno, si de por sí estas aguas son rete apestosas.
Así que ya cambiado nos metimos poco a poco al agua, que estaba a más de 40 grados centígrados. Para mí, deliciosa, me encanta el agua caliente. Es un baño muy relajante, y según leí en un letrero tiene muchos beneficios, sobre todo para aliviar la tensión muscular y dolores en las articulaciones, espero que le haga bien a mamá pues a veces se queja de que le duelen las rodillas. Tenía tantas ganas de quedarme ahí durante largos minutos, pero la señora de la entrada me advirtió que personas mayores como mamá sólo podían permanecer dentro del agua unos 8 minutos máximo, y como casi no soy aprensivo, a los 5 minutos ya le estaba apurando a mamá que nos saliéramos. Ella tan contenta, quería quedarse más tiempo en el agua igual que yo, pero ni hablar, nos salíamos a descansar un momento. Se veía tan contenta, que me ponía feliz de sólo verla. Entramos otras dos veces con sus respectivos descansos, luego una modesta comida en el restaurantito del lugar y de regreso a Manhattan, cansado pero muy contentos del paseo.

lunes, junio 16, 2008

Y Ahora, los Papás

Esta vez les tocó el turno a los papás. La fiesta no es igual a la que se les hace a las sagradas madres, pero también hubo un ambiente festivo. No soy papá, y mi padre hace muchos años que está en el cielo, pero fui invitado a la casa de mi hermano Felipe, quien, como otros papás en tantos otros hogares, se lució preparando una magnífica carne asada en el jardín. Una plática sabrosa, disfrutando unas bebidas frías en el intenso calor del patio.
Luego, ya dentro de la casa, a comer en familia. Pásame las tortillas, qué picosa está la salsa, mmmmh qué suavecita la carne. Nuevamente me felicité por este cambio en mi rutina. Ojalá que haya más domingos así.

Y por la tarde seguí celebrando, siempre acompañado de Bimbo pues no hubo forma de regresarlo a casa. Estuvimos en un rancho con alberca, celebrando el cumpleaños de mi amigo Manuel. Tantos años de conocernos, desde que éramos unos jovencitos en nuestro primer empleo, dando clases de inglés en empresas. Ahora estuvimos juntos otra vez, con menos pelo, con más panza, pero con el mismo afecto. Y me puse a mirar a mi alrededor, cómo ha pasado el tiempo, ya la mayoría rebasamos la línea de los 40, yo con 42 abriles, otros se acercan peligrosamente a los 50... Manuel, Héctor, Pepe, César, Rogelio, Ramiro, otros amigos de amigos de amigos...
Las caras y los cuerpos son diferentes, pero la esencia es la misma. Las bromas y juegos, igual que cuando estábamos en la escuela, cuando éramos niños, cuando éramos jovencitos. Tan es así que Pepe no pudo resistir al balón y convocó a una cascarita, a la que sólo respondió Alfonso. Unos buenos raspones en las rodillas y una uña lastimada y sangrante le hicieron recordar que no es lo mismo Los Tres Mosqueteros, que 20 años después... Platicamos de otros temas, tenemos problemas diferentes y alegrías diferentes, pero seguimos compartiendo la misma amistad. Somos cuates.

Música Maestro


Domingo temprano. Usualmente paso la mañana en casa, viendo televisión, descansando o bien ocupado en el aseo, pero esta vez tuve necesidad de ir al centro, y ya estando allá, recordé que tenía que comprar alimento para el Honolable Vaquelo, quien me acompañaba. Estacioné el carro junto a Kalos y me fui caminando hacia Morelos, sintiéndome feliz de haber cambiado mi rutina dominical, admirando la mañana, la gente caminando por gusto y sin prisa, poco tráfico, mucho sol. Las notas de danzón todavía resonando en mi cabeza, pues la noche anterior vi la película del mismo nombre una vez más.
De pronto me di cuenta de que era la primera incursión de Bimbo por calles del centro, él caminaba feliz, meneando el rabo y disfrutando todos esos olores nuevos: Zaragoza, Plaza Hidalgo, Morelos y hasta la Plaza Zaragoza, causando admiración a su paso. Aprendió rápidamente que no hay que pasar por las rejillas de las alcantarillas.
Nuevamente agradecí estar ahí, pues podría presenciar el baile que cada domingo ofrece el Municipio de Monterrey. Llegamos justo antes de que empezara y en vista de que nadie me lo impidió, decidí colocarme justo atrás de la orquesta, teniendo como vecinos al trombonista, al baterista y al ejecutante de las tumbas.
Mientas ellos afinaban sus instrumentos, en el aire se sentía la impaciencia de todas esas personas, en su mayoría gente de la tercera edad, por lanzarse a la pista a presumir sus mejores pasos de baile, seguramente habían pasado la semana esperando este momento.
Por fin, fue presentada la Banda de Música, dirigida por el maestro Javier Barbosa García, quien con una gran sonrisa tomó la batuta; de inmediato sus muchachos iniciaron los acordes de "El Mar". La música inundó el ambiente y llenó nuestros corazones de una tremenda energía que casi era palpable. No pude haber escogido mejor lugar. Sentía la vibración de los instrumentos musicales en todo mi cuerpo, lo que provocaba una gran alegría y me hacía sonreír como enajenado. Cerca de mí, el baterísta desbordaba su energía aporreando los tambores (qué ganas de tomar su lugar aunque fuera un momento), otro músico sacaba notas sensuales de las tumbas, por allá resonaba un saxofón y del otro lado varios músicos hacían sonar las estridentes pero armoniosas trompetas. Es imposible estar triste aquí, pensé, y se me ocurrió que si conociera a alguien que estuviera padeciendo depresión lo sentaría aquí en medio de la orquesta. No podría seguir sintiéndose solo y triste.
Las parejas daban vueltas a en la pista, en perfecta sincronía con la música. Un grupo heterogéneo, personas venidas de diferentes rumbos de la ciudad, con ropas finas unos y más modestas otros, pero todos unidos por su pasión por el baile. Un caballero elegante, con sombrero y bastón, me recordó al Carmelo Benítez de la película Danzón. Varias Julias Solórzano se lucían bailando, con vestidos rojos y zapatos de altísimo tacón. Vi una mujer otoñal, bailando sola y sosteniendo una grabadora, vestida con blancas ropas juveniles, de fiesta, y sonriendo con una inmensa alegría. Traté de imaginar su historia. ¿Qué la impulsaría a bailar frente a todo el mundo, sin pena, sin importarle que no tuviera pareja?
Y los demás, ¿cómo serían sus vidas? Quizás cuando dejara de sonar la música, regresarían a sus casas, con pasos cansados, a enfrentarse a diferentes problemas propios de la gente mayor. Enfermedades. Soledad. Una semana más por vivir, en la gris monotonía, pero con la esperanza de que siempre habrá un domingo más para bailar...

sábado, junio 14, 2008

Un Millón de Amigos

Ayer recibí de parte de Mónica un texto muy interesante sobre los amigos y sobre la familia, en el cual el autor critica que tomemos como una obligación reunirnos con nuestros hermanos, tíos, primos, abuelos, etc., y que nos sintamos culpables cuando no queremos hacerlo. "... los familiares son gente con la que, en muchas ocasiones, no tenemos nada que ver".
Por otro lado, dice André Félix Díaz-Rojo que nuestros amigos son personas "que nosotros mismos buscamos y elegimos", que nadie nos las impone.
Esto me hizo recordar las reuniones del primer domingo de cada mes, que en lo particular yo disfruto mucho, pues me llevo muy bien con todos mis hermanos: Carmen, Lupe, Juan, Felipe, Cristina, Lola, Alex, Esperanza y Mónica, así como con mis numerosos sobrinos de todas las edades, mis sobrinos-nietos, mis cuñadas y cuñados. Amo a mi familia y con todos es un placer compartir una buena conversación, el tema varía dependiendo de la persona pero siempre hay un punto de encuentro. Siento que soy muy afortunado, pues varios de mis hermanos pasan semanas o meses sin verse porque no coinciden, pero de alguna manera yo siempre estoy en contacto con cada uno de ellos y muchas veces soy el enlace. Con mis sobrinos hay una relación de admiración y cariño recíprocos.
Lo que dice el autor del texto puede llegar a ser cierto; con algunos miembros de mi familia me siento más conectado que con otros, creo que es inevitable; pero también pienso que es bueno hacer todo lo posible por fomentar la unión familiar aunque sin llegar a algo forzado y por compromiso.
En cuanto a mis amigos, tengo esa gran fortuna de contar con amistades de todo tipo, que han estado conmigo en diferentes etapas de mi vida. Tengo amigos de mis años de primaria, como Rubén Félix; también Héctor Juárez, a quien no vi durante 30 años, pero reiniciamos nuestra amistad desde el año pasado. Nada menos ayer tuve gusto de haberme encontrado con Vicky, mi querida compañera y amiga de mis años de secundaria... qué recuerdos, es una linda chica y gran amiga, a pesar de que no nos habíamos visto desde hace por lo menos 10 años.
Mayté Flores es otra linda amiga, con figura de bailarina de ballet, que conocí cuando entramos a trabajar al periódico en el año de 1988, qué tiempos tan bonitos. Pasaron los años y nuestras vidas cambiaron, pero fue hace poco que hemos renovado nuestra amistad y hemos encontrado muchos temas comunes de conversación.
Héctor García ha sido mi amigo, mi hermano durante más de 20 años. Hemos discutido, hemos peleado, coincidimos en algunas cosas y diferimos en muchas otras, pero siempre hay un profundo afecto. Mi querida Alma Mireya, también otra amiga especial con la que es un gusto salir, platicar, reírnos.
Narce, mi hermanota grandota, tan preciosa y tan querida para mí. Trabajamos juntos en el periódico, fuimos compañeros inseparables. Luego se casó y se fue a Florida, donde la he visitado un par de veces. Hemos estado juntos en momentos especiales de nuestras vidas, y a pesar de los años y de las distancias, seguimos unidos como siempre.
Puedo hacer una larga lista de amigos, pero siempre se escapará alguno (prometo actualizar esta lista): el buen Chuma, Lizcano el serio, mi colega traductor Rogelio Martínez, el político Rogelio Zamora, Lobo, mis amigos de la clase de canto, el famoso Dr. Cavali, Rebeca, Claudia y Raúl, las norteñas Erika y Adriana, Eduardo Martínez el querido Negro, "La Mujer que Nació para Cantar", del danzón mi preciosa Pera "Ojazos Verdes", Marilú mi novia, Patty, el teacher Arturo, Cosmo, Diana "la Marrana", Toñó "Lavolpe", José Juan, Arlette, el "Pollito", mi colega científica Alexandra Taylor, Eduardo Molina "Rina", Eduardo Fernández, Kerimme la política, María de Jesús "Chuchi", Martha Naranja, mi querida Ileana, Sandra Sotomayor...
Amigos míos, si no les llamo, si no los veo, sepan que de todas formas los quiero. La vida es así, nos envolvemos en nuestras rutinas, nuestras ocupaciones y a veces no es posible coincidir ni frecuentarnos como antes. Pero ese día que coincidamos será un día especial y una gran oportunidad para ponernos al corriente y recordar cuánto nos estimamos.

viernes, junio 13, 2008

Adiós al Cigarro


Este próximo domingo voy a cumplir ¡7 meses! de haber abandonado el hábito de fumar, el cual inicié cuando tenía aproximadamente 16 años. Pasé un cuarto de siglo echando humo, y con cada año que pasaba me volvía más dependiente de los cigarros. A últimas fechas fumaba lo mismo si estaba enojado que feliz, preocupado o relajado, nervioso o sereno.

Por las mañanas, para cuando llegaba a mi actual trabajo ya me había despachado dos o tres cigarros, pues sabía que en la oficina no podría fumar. Pero luego, a media mañana sentía nuevamente la urgencia de fumar y me escondía dentro del auto, en el estacionamiento, con el riesgo de ser visto y amonestado por ausentarme de mi oficina.

A mediodía, después de comer, otro par de cigarros, y al salir, inmediatamente a prender uno más. Otro al llegar a casa, y luego varios más hasta llegar la hora de dormir.

Recuerdo que empecé a fumar luego de ver que lo hacía mi hermana Pera. Una vez me pidió que comprara toda una cajetilla de cigarros Kent, la cual escondimos en el patio de la casa, y cuando no había nadie alrededor ella me pedía que le encendiera uno, y yo la veía fumar con admiración. No sé cómo, poco después ya fumaba junto con ella.

Yo era un jovencito y necesitaba sentirme mayor, y para eso estaba el cigarro. En ese entonces era posible fumar en los autobuses foráneos, de modo que en todos mis viajes a México, D.F. iba acompañado por mis inseparables tabacos. Raleigh, recuerdo. Luego probé unos que se llamaban Commander, que fumaba Elvia, la esposa de mi primo Miguel.

Pasaba mis vacaciones en la casa de mi hermana Lola y mi cuñado Enrique, también fumadores igual que mi querido tío Félix. Creo que Lola y Enrique fumaban Baronet en ese tiempo, mientras que mi tío prefería los clásicos Faros.

Durante la preparatoria, por imitar a unas compañeras empecé a fumar Raleigh Súper Largos, pero luego cambié a Viceroy Lights, luego a Marlboro Lights y luego a Marlboro rojos. Probé otras marcas, pero estas que menciono las consumí por largos periodos de tiempo. A veces compraba en el centro unos cigarros cubanos , creo que de marca Romeo y Julieta, muy fuertes y de muy buen sabor.

Había prometido abandonar el hábito al cumplir 35 años, así que hice varios intentos infructuosos hasta que finalmente el 15 de noviembre de 2007 fumé mi último cigarro. Dejar a un compañero que ha estado conmigo 25 años no fue fácil. Me di cuenta que toda mi vida estaba marcada por pausas para fumar; cerraba los ojos y me visualizaba a mí mismo... fumando. ¿Cómo podía sustituir al cigarro? Fueron días de mucha ansiedad, pero afortunadamente ahora existe el medicamento Champix y gracias a él pude librarme de esta fuerte adicción.

Hoy soy un ex-fumador. Me felicito por mi fuerza de voluntad (que pensé que no tenía), por haberme librado de ese aliento espantoso y por haber recuperado mi resistencia física, pues ahora puedo realizar ejercicio moderado o fuerte sin terminar jadeando como ferrocarril.

Debo admitir que todavía de vez en cuando me entran unas ganas tremendas de fumar, sobre todo en medio de una sabrosa plática, en un momento de preocupación, o bien de repente sin razón alguna. Ayer estuve en un puesto de comida que está junto a mi trabajo, y alguien pidió un cigarro suelto. Seguí con la mirada a la Güera, quien con manos hábiles sacó un Marlboro rojo de su caja y se lo entregó al cliente... por poco le pedía uno para mí también. Pero decidí que no. Esta guerra contra el cigarro es de muchas batallas... espero ganarlas todas.

lunes, junio 09, 2008

El Jazmín y la Higuera

Este sábado que visité a mi mamá, me regaló una planta de jazmín y una de higuera, las cuales ayer domingo me dediqué a plantar en mi micro-jardín, donde ya tengo un rosal, un naranjo, una anacahuita, un geranio, un tulipán y tres plantas de bambú.. todo un bosque. Esta es otra de mis aficiones, a la cual no le había dedicado mucho tiempo, pero ahora es un gusto asomarme por la ventana todas las mañanas y admirar todo ese verdor, las blancas flores de la anacahuita (que según leí atraen a los colibríes) y los olorosos azahares, en su temporada. Cuando tenga una casa más grande, me aseguraré de plantar muchos árboles... me imagino tener una casa completamente rodeada por muchos árboles y plantas de flores.

Mamá me dio el reloj que hace años le regalé, para que se lo lleve a componer. Me dio mucho gusto comprobar que, a pesar de los años, sigue apreciando ese reloj, ahora gastado y medio despintado. Al verlo le dije que mejor le iba a comprar uno nuevo, pero me dijo que no, que sólo quería que le pusieran una nueva pila y un extensible nuevo. Esta bien, mamá, ya comprendí que este reloj significa mucho para ti y quieres conservarlo, aunque ya no luzca tan bonito.

Tenía pensado recoger un pequeño artilugio de madera que sirve para dar masaje, el cual olvidé en casa de mamá la semana pasada. Sin embargo, al mencionarlo, ella me dijo que todos los días lo había usado y que le había servido mucho para aliviar un dolor en el hombro y en las manos. Es su manera de pedirme que se lo deje, lo cual hice con todo gusto.

Otra Canción

Este viernes tuve que ir a conseguir latas de alimento para el Honolable Vaquelo, y como siempre no pude resistir entrar a una tienda MixUp. Salí de ahí con un disco que me salió baratísimo, y que contiene una canción que hace muchos años deseaba volver a oír: "Terciopelo y Fuego", de José Domingo. Al llegar a casa y ponerme a cantarla, me di cuenta de lo mucho que me gusta, pero más que nada, que me inspira tanto que sin mucho esfuerzo puedo elevar mi voz sin sentir timidez, vaya, creo que voy avanzando.

viernes, junio 06, 2008

Las Canciones de Mi Vida

La música y las canciones son una parte esencial de mi vida. Desde mis recuerdos más antiguos siempre ha estado presente alguna canción, como aquella de "Celoso", que cantaba yo a la tierna edad de 5 ó 6 años, allá por 1971 ó 1972, aún sin saber qué significaban las palabras. Tiempo más tarde se popularizó "Los hombres no deben llorar", de King Clave, y cómo me gustaba esa canción. En la primaria recuerdo que todas las mañanas nos formábamos militarmente en el patio, y cuando en los altavoces resonaba "El Sol Sale Para Todos", de Ricardo Ceratto, alegres marchábamos hacia nuestros salones de clases.
Otras canciones de mi infancia son "Puente de Piedra", de Los Chicanos, o aquella de "Espejismo de Amor", de Juanelo. Qué decir de "Mi Corazón es un Gitano", una de las primeras canciones de Lupita D'Alessio, o bien "Te Voy a Enseñar a Querer", de Manoella Torres. Ah, y recuerdo que cuando estaba en primero o segundo de primaria se escuchaba mucho "En un bosque, de la China, la chinita se perdió, como yo andaba perdido nos encontramos los dos...". Qué recuerdos.
También en mi infancia se escuchaba mucho a Los Terrícolas, Los Ángeles Negros, Los Bríos, Los Pasteles Verdes (vaya nombrecito, ¿eh?). Y por supuesto, Roberto Carlos. Y yo, siempre cantando, imaginando las historias que contaba cada canción, tratando de saber cómo era el gato triste y azul. "Mary es mi Amor" y "Te He Prometido", de Leo Dan, así como "Verónica" de Víctor Yturbe son canciones que siempre, siempre me han gustado y que inevitablemente me traen mucha nostalgia y un montón de recuerdos.
Por un incidente infortunado, en el que un adulto ignorante y estúpido se burló de mí cuando me vio cantar, casi toda mi vida reprimí mis deseos de cantar en alta voz. Pero de alguna manera el bloqueo desapareció hace apenas unos dos o tres años y un buen día empecé a cantar a todo pulmón y con mucho entusiasmo (aunque poca técnica) las canciones del grupo Duelo. Es así como decidí empezar a tomar clases de canto, y actualmente voy con un maestro los jueves y con otro los viernes. Por supuesto que "Mary es mi Amor" y "Verónica" fueron las primeras piezas de mi repertorio, pero también he cantado "Lo pasado, pasado", "Amada Amante", "Te He Prometido" y otras, siempre baladas. Mis compañeros me preguntan por qué no canto canciones rancheras, mexicanas, algo de lo nuestro, piensan que no me gustan. Sí, sí me gustan, pero no cualquier canción. Me gusta mucho el corrido "Laurita Garza", y aunque parezca increíble (pues todo mundo sabe que lo aborrezco), dos o tres temas de Vicente Fernández. Otras de mis favoritas son "Mi Destino fue Quererte", de Flor Silvestre, "A Medias de la Noche", de Lucha Villa, las canciones rancheras que cantó Lucía Méndez en su primer disco, como "Por un Amor", "¿Por qué me haces llorar?", "Si Pudieras Ver", "Siempre Estoy Pensando en Ti".
Quienes me conocen saben que no me gusta el mariachi. Nunca he sabido por qué. Tal vez me parece muy imponente, altamente sonoro, con una gran mexicanidad muy difícil de asimilar para mí, igual que el tequila. Creo que lo tomo con mucho más respeto que la mayoría de la gente, y es por eso que no me gusta más que para ocasiones muy especiales. No hay nada que me disguste más que escuchar la estúpida canción "El Mariachi Loco", y ver a los mariachis abandonar su gallarda figura bailando este bodrio. Pero ya que hablamos de mariachi, para mí, el mejor tema mexicano con mariachi es sin duda "Mi Ciudad", de Guadalupe Trigo. La letra y la música son de un gran sentimiento y amor por nuestro México.

Isela

Hace unos días encontré en Internet una canción muy hermosa y muy creativa, que se llama Isela, del mexicano Mauricio Días "El Hueso". La grabé en un CD y se la obsequié a Isela, un pequeño detalle para celebrar todas esas cosas que tenemos en común, todos esos momentos compartidos, que no han terminado sino que seguirán para siempre. Siempre estaré contigo, Isela.

Hice la tarea de darme en tus manos
y se la llevó un viento polar
icé la bandera de un sueño a tu lado
y sé la razón por la que no vendrás
Hice la palabra rendirse a tu paso
y se lastimó de olvido en la voz
Hice la ilusión de escuchar que te falto
y sé la canción de saber no ser yo
Hice laberintos de luna en tu calle
y celas el sitio al que no, no llegaré
hice la batalla y la perdí, Isela
hice la batalla y te perdi, Isela

Hice la tarea del agua en tus manos
y se la robó la envidia del mar
icé la bandera de un cielo en tu espacio
y sé las razones de nuevo y de más
Hice las palabras juntarse en tu nombre
y se lastimó de oirlas mi voz
y sé la ilusión de alumbrarte en la noche
y sé la canción de saber no ser yo
Hice laberintos de luna en tu calle
y celas el aire al que no aspiraré
Hice la batalla y la perdí, Isela
Hice la batalla y te perdí, Isela
Hice la batalla y me perdí, Isela

http://mx.geocities.com/stukov_blizzard/musical/Isela/isela.html

lunes, junio 02, 2008

Los Niños de Ayer, Los Niños de Hoy

La semana pasada surgió una plática con mi hermana Cristina, acerca de la forma en que vivimos nuestra niñez nosotros y la forma tan diferente como la viven los niños de hoy. Ayer domingo volví a sacar el tema con mi hermana Pera, y juntos rememoramos aquellos días, cuando íbamos a la escuela caminando y nos veníamos igual, jugando, platicando, corriendo. Creciendo y viviendo.
Recordé cómo evitaba pasar por cierta calle, porque había otros niños peleoneros que me perseguían para intentar golpearme. Cómo el maestro borrachón de segundo año me mandaba a la tienda de enfrente para comprarle una botella de agua mineral, y cómo yo entraba y salía de la escuela como si tal cosa.
Hoy a los niños los llevan sus papás en el coche, o bien un transporte escolar contratado previamente por ellos. No se pueden ir solos a su casa, no señor, y no cualquiera puede pasar a recogerlos. ¿Salir a la tienda? Imposible. Siempre protegidos. A salvo de la lluvia y del calor. A salvo de los demás niños, de los clásicos golpeadores...
Según como veo las cosas, yo opino que los niños de hoy viven encerrados en sí mismos, pegados a la computadora, al Ipod o al juego electrónico. Generalmente no sostienen una buena conversación, se limitan a dos o tres frases y no saben más qué decir. Tampoco los veo que tomen decisiones, pues generalmente todo lo deciden los papás, los maestros o la televisión. A los niños de hoy se les ha privado de tantas aventuras, de correr, de jugar.... de mojarse con la lluvia, de correr riesgos. De la aventura. De la libertad. ¿Cómo será su adultez?

La Chica Sin Humo

Felicidades a mi hermana Pera, pues contra todo pronóstico ya completó su primera semana sin fumar. Yo sabía que fumaba mucho, pero ignoraba que llegaba a despacharse hasta dos cajetillas diarias.... La veo muy valiente y decidida y eso me da gusto; yo le digo que aunque ya llevo más de seis meses sin fumar, de vez en cuando siento una tentación de volver a encender "aunque sea un cigarro". Ella asegura que no ha tenido ni una sola de esas tentaciones.... mmmh, bueno, espero que así sea y que se mantenga libre de humo. Ya somos tres ex-fumadores en la familia... ojalá que los demás se convenzan y se decidan a dejar de fumar también. Especialmente Carmen... ha fumado durante muchísimos años y en gran demasía.... Cristina y Lola no se quedan atrás....