sábado, septiembre 26, 2009

Una Fila de Hormigas



Cuántas veces caminamos por la vida, ensimismados en nuestros pensamientos, sin darnos la oportunidad de alzar la vida al cielo y observar cómo segundo a segundo cambian de lugar y de forma las nubes, como aparecen y desaparecen colores indescriptibles y hermosos.
Platicamos con los demás pero no siempre nos damos cuenta si están tristes, si tienen algún problema, si están bien. Vemos a muchas personas en las calles, en el autobús, en las tiendas, pero los consideramos tan ajenos, tan lejanos.
Conducimos nuestro auto por las mismas calles una y otra vez, pero casi nunca observamos cómo van creciendo los árboles, cuando aparecen las flores, cuando nacen las hojas en primavera y luego se caen en otoño. Pocas veces observamos la vida ser.
Ayer me trasladaba a una cita, pensando en una y mil cosas, y de pronto un atasco en el tránsito que desemboca en el ineficiente complejo vial Gonzalitos me permitió observar una fila de hormigas en la banqueta, larga, interminable.
Ajenas a los autos detenidos en la calle, se dirigían quizás a buscar refugio de la lluvia que presentían, o tal vez hacia alguna fuente de alimento que alguna de ellas descubrió. Se notaba que trabajaban organizadas, todas unidas por un mismo objetivo.
Sin saber muy bien por qué, esta visión me alegró, me hizo cantar la canción que escuchaba en el radio y despejó mi cansancio y fastidio. Me dio ánimos para avanzar un poco más, sólo un poco más.

jueves, septiembre 24, 2009

"Nunca He Sido Feliz"


Así respondió el hombre pobre, el pobre hombre que no tiene dinero para alimentar a su familia, cuando el periodista Javier Alatorre, titular del noticiero Hechos, le preguntó si era feliz.
Sus palabras me llegaron profundamente. ¿Cómo puede alguien ser feliz, si no tiene para comer ni para alimentar a su esposa, a sus hijos?
Alatorre realizó una serie de reportajes sobre los mexicanos que viven en extrema pobreza, y anoche presentó a varias personas que apenas sobreviven en una pequeña comunidad de la Sierra de El Nayar, en el estado de Nayarit.
Entró a sus humildes casas de adobe con techos de palma, hurgó en sus cocinas, preguntando a las mujeres qué alimentos tenían para dar de comer a su familia. Fue muy crudo ver que en esa canasta suspendida del techo apenas había un tomate, un poco de azúcar, algunos chiles... Se escucha el llanto de un niño, ¿acaso llora porque tiene hambre?
Sé que algunas personas que leen esto criticarán que hable del tema y que no haga nada por solucionar sus problemas. Pues, no hay mucho que pueda hacer, yo mismo no vivo en pobreza extrema pero tampoco soy millonario. Simplemente comparto que me puse a pensar, a desear que alguien pueda tenderles la mano y darles trabajo, porque eso es lo que piden claramente, trabajo para ganarse el pan. Que alguien alivie, de manera duradera, el sufrimiento de estas personas y sobre todo de estos niños que a duras penas sobreviven.
El reportero le hizo la misma pregunta a una mujer, madre de familia. ¿Eres feliz? Y ella, con una expresión confundida en su rostro, respondió que no sabía lo que es ser feliz. Él trató de explicárselo, pero ella nada respondió; su triste mirada lo decía todo.

miércoles, septiembre 23, 2009

Los Signos del Zodiaco

Sigo atrapado por la televisión. Tan pronto llego a casa ceno muy rápido y me voy al sillón, con el control remoto en la mano y los ojos fijos frente a la caja idiota. Ya no me muevo de ahí, ni siquiera para ir a dormir. Tengo muchos días de no dormir en mi cama. Sé que he dejado de lado el ejercicio, la lectura y otras actividades más edificantes. Tampoco me interesa hablar con nadie ni ver a nadie. Por ahora.
Necesitaba hacerlo. Aislarme, descansar, evadirme. No pensar. Después será diferente, lo más probable es que vuelva a mis rutinas, pero por ahora sólo anhelo que sea la hora de la salida para correr a mi casa y sentarme frente a la televisión.
Normalmente no hay muchas cosas interesantes que ver, pero anoche pude ver un PELICULÓN. Se trata de Los Signos del Zodiaco, 1962, dirigida por el recientemente fallecido colimense Sergio Véjar y basada en la obra de Emilio Carballido y Sergio Magaña.
La cinta, en glorioso blanco y negro, retrata la difícil vida de un grupo de inquilinos que habitan una decrépita vecindad de la Ciudad de México. Si hay un tema que se repite a lo largo de la trama es la miseria, la desesperanza de querer salir adelante, abandonar para siempre esa vida, esa vecindad, y no poder hacerlo por la falta de dinero y oportunidades.
Son muy pocos los afortunados que logran escapar: Polita se va a vivir a la casa de los tíos de Pedro, a quien ella ama pero él nunca se le declara; Augusto finalmente obtiene un contrato como violinista segundo en la Orquesta Sinfónica Nacional y se libra así de su castrante esposa; Lalo recibe una beca para estudiar en el Tecnológico de Monterrey.
María, interpretada (si no me equivoco) por la hermosísima Kitty de Hoyos, se rehúsa una y otra vez a aceptar la propuesta de matrimonio de Cecilio, quien le dice que se irán a vivir a Guanajuato. Ella sacrifica su felicidad por la de su tía y su hermana Estela, hasta que el ultimátum de Cecilio la hace decidirse. Pero ya es demasiado tarde... escapar será imposible.
En la vecindad se queda la amargada Lola Casarini, quien nunca pudo olvidar sus días como diva del bel canto; Estela, engañada y abandonada; Ana Romana, confundida por su falsa historia de rica venida a menos; Daniel su esposo, perdido en su borrachera; la bella Sofía (Angélica María), absolutamente inadaptada a la vecindad después de vivir toda su vida en un colegio de monjas; su hermano Andrés (Xavier Marc), payaso de zarzuela, su homosexualidad cruelmente exhibida por su propia madre.
La escena final, del baile de Navidad, es simplemente soberbia, literalmente de película. Pilar Souza, magnífica en su papel de Ana, alcohólica, asesina, cierra la puerta y tira la llave a la coladera. "¡A baaaaailaaaaaaaaaaaaaar! Los que se fueron, se fueron, ahora ya nadie sale". Todos bailan un danzón eterno, ebrios y enajenados. Andrés gira y gira, eufórico en los brazos de su enamorado, ya libres de toda inhibición. La hoguera que encendió Pedro, borracho, le imprime gran dramatismo a la escena y la convierte en un auténtico infierno. Hasta él mismo dice que parece el Diablo.
Como dije al inicio, un peliculón.
Eliud Hernández subió a YouTube un fragmento de la escena final, muy hábilmente editado y musicalizado. Que lo disfruten.

martes, septiembre 22, 2009

Meditación Guiada


Y ya que ando en esto, pues también les comparto una meditación guiada que se publicó en el mismo sitio. La traduje al castellano y aquí está:

MEDITACIÓN GUIADA: CONCIENCIA DE LA RESPIRACIÓN. PARA EMPEZAR, ADOPTA UNA POSTURA que garantice tu habilidad para permanecer despierto y alerta, y que también sea cómoda. Suavemente cierra los ojos y abre tu conciencia de los sonidos. Permítete recibir lo que estás oyendo, y nota lo que llega sin esfuerzo para hacer que algo suceda. Puedes escuchar los sonidos de la habitación o los sonidos que vienen de fuera, o ningún sonido en absoluto. Simplemente nota cómo los sonidos que oyes cambian de un momento a otro.
Cuando te sientas listo, puedes dejar que tu atención se desplace hacia tu respiración. Si gustas, puedes poner tus manos sobre tu estómago y sentir cómo se eleva cuando inspiras y como desciende cuando exhalas. Realmente siente cada respiración según entra y sale del cuerpo. Nota su ritmo y explora su duración y profundidad, observando cómo cambia en respuesta a un pensamiento o sentimiento. Nota la forma en la que estás respirando, por la boca o por la nariz, o quizá un poco de los dos. Puede haber una tendencia a querer cambiar la manera de respirar, pero estamos practicando para permitirnos aceptar cualquier cosa que esté sucediendo, y notar que las cosas cambian momento a momento. La respiración cambia y tú cambias. Nada permanece igual, y sin embargo hay constancia. La respiración nos recuerda que estamos aquí y estamos vivos: deja que sea tu ancla hacia el momento presente.
Si te parece, mientras inspiras, sabiendo que estás inspirando, puedes imaginar que estás inspirando salud y vitalidad. Al exhalar, sabiendo que estás exhalando, puedes imaginar que estás soltando toxinas junto con las preocupaciones y miedos que quieras dejar ir. Nota todo lo que puedas sobre tu respiración, permaneciendo con ella mientras el aire entra y luego sale.
Si las sensaciones físicas son fuertes, atraparán tu atención; puedes respirar con ellas, enviando cuidado y compasión a la sensación mientras la notas. Inhala, respirando oxígeno y nutrientes y enviándolos a cualquier parte de tu cuerpo que los necesite, especialmente cualesquier áreas que sean particularmente sensibles. Exhala, soltando cualquier tensión o tirantez que pudieras notar. Respira con la sensación, haciéndola más suave y notando cómo cambia, calmándote a ti mismo según entras a ella con tu respiración. Observa lo que surge, con cariño, sin juzgar ninguna reacción y dejando que cada momento sea nuevo para entrar por primera vez.
Si te das cuenta de que estás pensando, puedes ponerle la etiqueta “pensamiento” y suave pero firmemente volver tu atención a la respiración. Es normal que tu mente divague. Simplemente nota qué es lo que atrapa tu atención y tráela de regreso. Si te es útil, imagina que estás en una barca con fondo de cristal, observando a los peces mientras nadan en el agua, u observando las nubes que se mueven a través de un vasto cielo en un día claro.
Permanece en armonía con cada pensamiento, cada momento, y conoce que al darte a ti mismo este tiempo para desarrollar la conciencia y una firmeza de atención estás nutriendo espíritu, cabeza y corazón. Permite que sea una aventura, y en el silencio y la quietud que vienen con la práctica descubrirás moravillas aquí para ti, ahora.

Del libro "Aquí para Ahora: Viviendo Bien Con El Cáncer Mediante la Conciencia Plena", por Elana Rosenbaum, M.S., LICSW.

Trascender El Dolor Físico

Soy seguidor de un blog muy interesante que se llama Integral Options Cafe. El día de ayer su autor, William Harryman, reprodujo un artículo muy interesante que escribió originalmente Upasika Kee Nanayon, una autora budista laica tailandesa, lamentablemente ya fallecida.
Me pareció muy interesante, de modo que me puse a traducirlo y lo reproduzco aquí.

¿Respondemos al dolor físico de la manera más sensata? Al huir de él, quedamos atrapados en él. Una maestra tailandesa de meditación tiene otra respuesta: aprende a conocer el sufrimiento para liberarte de él.

Por Upasika Kee Nanayon

LAS PERSONAS POSTRADAS EN CAMA POR ENFERMEDAD son afortunadas porque tienen la oportunidad de no hacer nada más que contemplar la tensión y el dolor. Sus mentes no necesitan absorber nada, no necesitan ir a ningún otro lugar. Estas personas tienen la oportunidad de contemplar el dolor en todo momento, y dejar ir el dolor en todo momento.
Contemplar la inconstancia, la tensión y la no-mismidad [en el Budismo, las tres marcas de la existencia: anicca, dukkha y anatta—mejor conocidas como impermanencia, sufrimiento y no-ego] según aparecen justamente ante ti mientras estás acostado y enfermo, es muy benéfico. Simplemente no pienses que tú eres quien está sintiendo el dolor. Simplemente observa los fenómenos naturales del los eventos físicos y mentales según van surgiendo y desapareciendo. Ellos no son tú. Ellos no son realmente tuyos. No tienes ningún control real sobre ellos.
¡Míralos! Exactamente, ¿dónde tienes control sobre ellos? Sea cual sea la enfermedad que exista en tu cuerpo, no es importante. Lo que es importante es la enfermedad que está en la mente. Normalmente no prestamos mucha atención al hecho de que tenemos enfermedades en nuestra mente, las enfermedades de la profanación, las ansias y el apego. Con frecuencia prestamos atención solamente a nuestras enfermedades físicas, temerosos de las cosas horribles que le puedan suceder al cuerpo. Las medicinas que tienes para tratar el cuerpo te pueden dar solamente un respiro temporal. Incluso la gente del pasado que no sufrió ninguna enfermedad grave hoy ya no está con nosotros. Todos tienen que partir de sus cuerpos al final. Cuando contemplas continuamente de esta manera, ves la verdad de la inconstancia, la tensión y la no mismidad correctamente dentro de ti, y estarás cada vez más y más desencantado con las cosas, paso a paso.
Tienes que examinar tu dolor con mucho cuidado para ver que en realidad no eres tú quien siente el dolor. La enfermedad no es tu enfermedad. Es la enfermedad de un cuerpo, una enfermedad de la forma física. La forma física y los eventos mentales tienen que cambiar; tú debes concentrarte en ellos según aparecen ante ti, observarlos y contemplarlos en sus componentes más elementales. Una percepción clara de la naturaleza de las formas físicas y los eventos mentales te liberará de todo sufrimiento y tensión.


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Prajñāpāramitā Hṛdaya Sūtra (El Sutra del Corazón de la Perfección de la Sabiduría)


Rindamos homenaje a la Perfección de la Sabiduría, la Adorable, la Sagrada! Avalokitesvara, el Sagrado Señor y Bodhisattva, se internó en el profundo curso de la Sabiduría que todo lo trasciende.
Mirando hacia abajo, desde lo alto,
sólo contempló cinco agregados,
y vio que, en sí mismos,
estaban vacíos.
Aquí, ¡Oh! Sariputra, la forma es vacío
y el vacío mismo es forma;
el vacío no se diferencia de la forma,
la forma no se diferencia del vacío;
todo lo que es forma, es vacío;
todo lo que es vacío, es forma;
lo mismo es aplicable a los sentimientos,
a las percepciones, a los impulsos y a la consciencia.
Aquí, ¡Oh! Sariputra,
todos los dharmas se caracterizan por el vacío;
ni son producidos, ni detenidos,
ni están mancillados, ni son inmaculados,
ni son deficientes, ni completos.
Por lo tanto, ¡Oh! Sariputra,
en el vacío no hay forma,
ni sensación, ni percepción,
ni impulso, ni consciencia;
ni ojo, ni oído, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni mente;
ni formas, ni sonidos, ni olores, ni sabores, ni cosas tangibles, ni objetos de la mente,
ni elementos del órgano visual,
y así sucesivamente
hasta que llegamos
a la ausencia de todo elemento de consciencia mental.
No hay ignorancia, ni extinción de la ignorancia,
y así sucesivamente,
hasta que llegamos a la no existencia de decadencia ni muerte,
ni extinción de la decadencia ni de la muerte.
No hay sufrimiento, ni origen, ni cesación, ni camino;
no hay cognición, ni logro, ni no-logro.
Por lo tanto, ¡Oh! Sariputra,
el Bodhisattva,
a causa de su estado de no persecución de logros,
y habiéndose confiado a la perfección de la sabiduría,
vive sin pensamientos que lo envuelvan.
Al no estar envuelto en pensamientos,
nada le hace temblar,
y superando toda preocupación,
alcanza al fin el Nirvana.
Todos los que aparecen como Budas
en los tres períodos del tiempo,
despiertan por completo a la excelsa,
verdadera y perfecta Iluminación
porque se han confiado a la perfección de la Sabiduría.
Por lo tanto, uno debería reconocer al prajnaparamita como el gran sortilegio,
la quintaesencia de la gran Sabiduría,
el sortilegio supremo, el sortilegio inigualable
que alivia todo sufrimiento, en verdad—
porque ¿qué podría ir mal?
Este sortilegio procede de la perfección de la sabiduría,
y dice así:
Se fue, se fue, se fue más allá;
se fue, trascendiéndolo por completo.
GATÉ, GATÉ, PARAGATÉ, PARAMASAMGATÉ,
BODHISVAHA.
¡Oh! ¡qué despertar! ¡Aleluya!

lunes, septiembre 21, 2009

Kotatsu

Konnichiwa! Bien dicen que cada día se aprende algo nuevo. Hace días un amigo me compartió un libro en formato electrónico que se llama "Lo Bello y lo Triste", del autor ganador del premio Nobel Yasunari Kawabata.
Apenas he leído unas cuantas páginas, pero me está gustando la descripción que hace el escritor de los personajes y sobre todo de las escenas japonesas. En un momento dado, el personaje Oki Toshio llega a un restaurante y se quedó parado frente al kotatsu. Un momento, ¿kotatsu?
Nunca había leído esa palabra, así que me puse a investigar, y me gustó mucho lo que encontré.



Resulta que el kotatsu es la mesa baja que se usa tradicionalmente en Japón para comer. Consiste en una estructura generalmente de madera, sobre la cual va un zafutón (o colchoneta o edredón) y encima de éste la cubierta propiamente de la mesa. De este modo, las personas se sientan ante el kotatsu y cubren sus piernas con el zafutón. El aire caliente que se encuentra bajo la mesa asciende por debajo de la tradicional vestimenta japonesa, que es muy holgada, y así las personas mitigan el frío.
Antiguamente se hacía un pozo en el piso, justamente debajo de la estructura del kotatsu, y en él se colocaban carbones encendidos, pero actualmente los kotatsus vienen equipados con pequeños calentadores eléctricos.
Qué excelente idea. Ya me estoy imaginando que sería sensacional tener mi propio kotatsu en este invierno, y disfrutar una deliciosa cena, por supuesto con té o con chocolate caliente. Luego leer un poco sin tener que moverme de ahí. Ahora comprendo por qué mucho nipones se quedan dormidos mientras leen o estudian sentados ante un kotatsu.

El Cielo Se Desploma


Sonaré reiterativo, pero me gusta la lluvia.

Viernes. Regresaba a casa cuando se dejó caer un tremendo aguacero. Qué fortuna de ir resguardado en mi carro, avanzando entre los charcos, poniendo mucha atención para no verme involucrado en un accidente como los que vi en el camino.
Ya casi para llegar a casa había un encharcamiento muy fuerte, pero pasé con bien y llegué a casa. No puedo recordar muy bien qué hice, pero creo que cené y me quedé viendo TV. He visto demasiada TV últimamente.

Sábado. Ya había llegado al bar y me encontraba en la terraza, viendo hacia los cerros mientras caía la tarde. En cuestión de segundos se llenó el cielo de nubes, que se fueron haciendo más y más oscuras hasta que de pronto se soltó un aguacero aún más impresionante que el del día anterior. La lluvia caía con una fuerza inusitada, formando ríos. Parecía que no iba a escampar nunca, pero al final, como todo, terminó.

viernes, septiembre 18, 2009

Pamela Chu

Indudablemente, las letras de las canciones de hoy en día "se vuelan la barda". Ya quedaron muy atrás esos tiempos en los que había censura por parte de la Secretaría de Gobernación.
Allá por los 70 a la italianísima Raffaella Carrá no la dejaron cantar "Para hacer bien el amor hay que venir al sur", hubo que re-editar el disco y cambiar el estribillo a "Para enamorarse bien hay que venir al sur".
Muchas cejas se alzaban cuando se oía rugir a Amanda Miguel "No sé si te das cuenta con la ESTÚPIDA que estás", pero ahora todos reímos con la historia de la terrible japonesa Chiling Canchú, que se cambió el nombre y ahora es conocida como Pamela Chu. Por cierto en el video de este grupo C.A.C.A aparece la eterna Lyn May.
La zacatecana Banda Jerez no se queda atrás cantando "Dices que ya no me quieres, cabrona/eso yo ya lo sabía...
Pitbull muy sonriente dice "Tú tienes la boca grande, dale ponte a jugar", mientras hace ademanes que no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones.
Hay muchos ejemplos más, pero esto es lo que he visto últimamente. Definitivamente, vivimos otros tiempos. Feliz fin de semana.

E Non Finisce Mica Il Cielo (Y No Termina Nunca El Cielo)

Nunca pensé escribirlo, pero estos días han transcurrido como un verdadero torbellino, con una mezcla de emociones de todo tipo que me han dejado simplemente abrumado y exhausto.
Ayer tomé un día de descanso y permanecí aislado, recobrando fuerzas. Al cerrar los ojos pasaban por mi mente imágenes fugaces de todo lo vivido recientemente: un apretón de manos solidario, la emoción de ver ondeando la bandera mexicana en Palacio Nacional, los ojos oscuros de mi perro, un abrazo largamente anhelado, la soledad de mi casa, la risa de los niños, mis lágrimas, mi sobrino leyendo en inglés, personas que sufren, aburridas en una sala de espera, una charla con mis hermanas, yo preparando comida.
Hoy se muestra con un poco más de claridad ese concepto básico de la filosofía budista, anitya o impermanencia, y comprendiéndolo me nace un gran anhelo por llegar a alcanzar la ecuanimidad y por vivir siempre en el momento presente y no caer en las ilusiones del pasado y del futuro, en sus trampas de placer y dolor.
Y por otro lado, ¿cómo renunciar a las emociones tan intensas de la vida misma, esas que nos hacen sentirnos vivos?

Hoy de pronto recordé esa final del Festivale di San Remo 1982, que tanto disfruté cuando lo vi por televisión en compañía de mi hermana Mónica. Éramos casi unos niños, yo 16, ella solamente 14. Hubo muchas canciones muy bellas, que jamás olvidaré, entre ellas esta de Mia Martini.

martes, septiembre 15, 2009

Independencia

Hoy se celebra el aniversario número 199 de la Independencia de México.
Además de festejar, hoy es un buen día para decidir nosotros también ser libres. Cada quien puede elegir de qué se va a liberar. Hoy yo quiero liberarme...
De mi egoísmo. Mis miedos. Mi parálisis. Mi inconsciencia. Mi pasmo. Mi auto-compasión. Mis vicios. Mis malas decisiones. Mi indolencia. Mis culpas. Mis pesadillas. Mi odio. Mis críticas. Mi manipulación. Mis apegos. Mi ansiedad. Mi imaginación desbocada. Mi pánico. Mi falta de asertividad. Mi egocentrismo. Mis errores. Mi soledad. Mi locura. Mi desaliento. Mi dolor. Mi pesimismo.

A Hard Day's Night


Se acercaba la noche de un día difícil, y la perspectiva de regresar a mi casa y enfrentar a mi soledad no era muy agradable. Di vueltas y más vueltas. Necesitaba hablar con alguien, ser escuchado. Quería verla a ella, pero al mismo tiempo no quería mortificarla.
Finalmente, me dirigí hacia su casa, con un poco de pan para compartir, pues dicen que las penas con pan son menos. Su compañía fue un bálsamo; mientas escuchaba su plática intentaba concentrarme en ella y olvidar un poco mi dolor. En un momento dado abrí mi corazón y le di la triste noticia. Durante todo el día había guardado el llanto en mi pecho, pero ya el dolor era muy fuerte y no pude resistir más. Ella me miró con compasión y me dijo que pensara en que él ahora descansa.
Le dije que me iba a quedar un rato más, pues no tenía muchas ganas de irme a mi casa, y ella me ofreció que mejor me quedara a pasar la noche en su casa y por la mañana me fuera a trabajar. Lo acepté de inmediato, pues era justamente lo que quería y necesitaba.
Más tarde llegó Karla. Debía venir muy cansada después de trabajar todo el día, pero aún así me dedicó todo tu tiempo. Me hizo olvidar un poco la tristeza, y reímos juntos cuando le platiqué una y mil anécdotas de mis amigos. Ya es avanzada la noche y hay que irse a dormir.
Me voy a la cama, y sabiendo que ella está muy cerca consigo caer poco a poco en el sueño. Despierto varias veces, pero casi de inmediato me vuelvo a dormir. Escucho su respiración, tranquila, y sé que a ella también le hace bien mi compañía. Dos solitarios acompañándose.
Se levanta muy temprano, preocupada porque no se me haga tarde. Le digo que todavía falta media hora, que se vuelva a acostar; así lo hace, pero momentos después se levanta y va hacia la cocina mientras yo duermo un poco más.
Por fin me levanto y la encuentro en la cocina. Tomo un café apresuradamente, pues todavía debo llegar a mi casa a bañarme, cambiarme y dar de comer a los perritos. Ella me da un sandwich y frutas. Me despido y voy hacia el coche. Hasta allá me alcanza para llevarme un refresco.
Todavía está oscuro, así que antes de partir le pido que se vuelva a dormir, pero sé que no lo hará. Yo empiezo mi día, dándome ánimos. Hoy es hoy, un nuevo día. Te amo, mamacita querida, bendita seas.

lunes, septiembre 14, 2009

Guerrero Troyano, Héctor


¿De dónde sacas tu fuerza, Héctor? ¿Cómo haces para no cansarte, para estar ahí, una y otra vez, siempre fuerte, nunca vencido? Ni los golpes más fuertes de la vida te derrumban; sigues de pie, con tu sonrisa desafiante, sin miedo, sin lágrimas, avanzando por la vida sin pausas.
Todos estos meses he visto cómo has dejado de ser tú, como tus prioridades han pasado a segundo plano o tal vez a último plano, para ser ese apoyo especial y exigente que necesitaba nuestro amigo. Visitas al médico, largas estancias en el hospital, supervisar su negocio, noches sin dormir. Prodigaste todos los cuidados que fueran necesarios, jamás se te ocurrió decir que no, que estabas muy cansado, que no tenías dinero. Nunca diste un paso atrás.
¿Y tus sueños? ¿Y tus planes? ¿Y tu regreso a los negocios?
Por si fuera poco, tenías que partirte en dos y a veces en tres o más para estar ahí, apoyando a tus hermanos, a tus padres, a Lobo, a mí y a no sé quien más. No me entero. No te gusta mencionar los favores que haces.
Varias veces quise preguntarte, ¿cómo estás? Pero de verdad, ¿cómo estás? No la pregunta que hacemos mecánicamente al saludar, cuya respuesta ni siquiera esperamos. No, yo quería saber cómo estabas, cómo te sentías, si algunas veces pensabas que no ibas a poder seguir adelante. Si tenías ganas de escapar. Pero tú siempre dices que estás bien. Ni una queja sale de tus labios. Ni una reclamación.
A la vida. A todos los que acudimos a pedirte ayuda.
Este fin de semana las cosas no salieron bien. Mi carro falló, y aunque es algo menor, es mejor no moverlo. Resolví que lo dejaría así, prescindiría de él unos días, y el jueves pediría un permiso en el trabajo para llevarlo al taller. No pensé en otras opciones, me cegué, abrumado por la intensa lluvia, por la tos que no cede, por mis ideas pesimistas.
Pero tú tenías tus propias ideas. Investigaste si podía dejarlo afuera de la agencia, y cuando te dijeron que sí, pusiste el plan en acción. Así que ayer domingo prestaste tu auto para que me llevaran a mi casa, a donde llegó más tarde la grúa. De ahí, acompañé el operador hacia el taller, luego me fui de regreso a tu casa, descansé en tu sillón, un poco afiebrado, incluso dormité. Y cuando pretendí regresar a mi hogar tomando un camión, te negaste y viniste a recorrer todos estos kilómetros para dejarme sano y salvo.
Si tenías tantas cosas que hacer, preparar los últimos detalles de tu bien merecido viaje, ¿por qué simplemente no me dejaste esperando el camión y regresaste a tu casa?
Tu gran corazón no te lo permite, lo sé. Tu amor es incondicional.
Hoy por la mañana te dieron la noticia. Tal vez pensaste que me pondría muy nervioso o alterado, por eso preferiste no llamarme y enviaste un mensaje. No me decidía a llamarte, pues no sabía cómo te encontrarías, y qué podría responderte. Cuando al fin marco tu número me contestas con tu voz clara, firme y serena. Filosófico, tranquilo, fuerte como siempre. En un rato más te irías al aeropuerto una vez más, para dar esa última muestra de amistad y de apoyo.
Con temores que a veces me paralizan, con mi ansiedad, con esos terribles miedos que persisten más allá de la lejana infancia, me siento tan pequeño, pero aún así quiero darte un abrazo muy fuerte y muy prolongado, consolarte y agradecerte todo lo que haces. Igual que ese guerrero de Troya, eres un hombre fuerte, un héroe, todo un vencedor. Te amo, mi querido amigo, mi admirado hermano Héctor.

jueves, septiembre 10, 2009

Es Que Somos Muy Pobres


"Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima".
Es Que Somos Muy Pobres, Juan Rulfo, (El Llano En Llamas, 1953)

Hace un par de días pregunté a un operario de la planta donde trabajo cómo le iba a su hijo en los estudios. Con mucha tristeza e indignación me dijo que había que tenido que sacarlo de de la escuela, porque ya le resultó prácticamente imposible pagar los altos costos de inscripción, libros, exámenes y materiales; se pensaría que el muchacho asistía a una universidad privada, pero no, estudiaba en un Conalep.
¿Y no podían solicitar una beca?, indagué. "Sí hay becas pero solamente si los padres del alumnos son madres solteras o padres jubilados o desempleados, para los papás trabajadores, aunque ganen un sueldo de miseria, no hay becas".
No supe qué más decir. Imaginé la impotencia y frustración de este padre por no poder darle educación a su hijo.
Ese mismo día fui al super a comprar algo de verduras, frutas, soya preparada con sabor a picadillo y también un paquete de jamón de pavo. Ni siquiera se llenó la canastilla, y la comida no sería suficiente para toda una semana, pero la cuenta fue de $250.00. Lo bueno es que sólo tengo que mantenerme a mí (y a mis perritos).
Es en esos momentos cuando me pongo a pensar en la difícil situación que están pasando millones de mexicanos, padres de familia, para alimentar a su familia. Comer de manera saludable cuesta mucho dinero, así que sólo alcanza para comprar alimentos que nutren poco y que en muchos casos producen obesidad y otras enfermedades. Cada vez más y más alimentos están fuera del alcance y hay que conformarse con lo más básico.
Pero no sólo de pan vive el hombre. Hay que comprar ropa, zapatos, útiles escolares, pagar transporte; en ocasiones hay que ir al doctor y comprar medicinas. En otras ocasiones, se antoja ir al cine o a algún centro de diversiones. Sin embargo, hay muchos padres que no pueden pagar las entradas ni mucho menos palomitas, dulces y refrescos para todos.
Según especialistas en economía y finanzas, con las reformas que están anunciando en materia tributaria y los aumentos a bienes y servicios (inclusive la cheve), crecerá el número de mexicanos en condiciones de pobreza. Es decir, el panorama en lugar de ser más optimista aparece cada vez más oscuro.
Es muy fácil pensar sólo en nuestras propias necesidades, cada vez más dominados por la publicidad y el consumismo. Nuestros pensamientos giran acerca de comprar el celular más moderno, cambiar de coche, irnos de vacaciones a algún destino exótico, cambiar todo el guardarropa o sacudirnos el estrés en los antros y demás centros de diversión.
No es frecuente que pensemos en aquellos que tienen necesidades más apremiantes que las nuestras. Pero qué bueno sería si pudiéramos ayudar a los demás, de muy distintas maneras:

- Pagar en el super esos productos que la señora dejó porque ya no le alcanzó el dinero.
- Comprar ciertos útiles que sabemos que necesita algún niño vecino.
- Adquirir varios boletos para el cine y regalarlos a una familia.
- Compartir ropa o aparatos que estén en muy buen estado y que realmente no utilizamos.
- A algunas personas les es difícil aceptar regalos en efectivo, pero sí pueden aceptar bonos, boletos del metro, cupones, etc.
- ¿Qué tal dejar caer "accidentalmente" un billete y fingir que no nos dimos cuenta y seguir nuestro camino muy apresurados, sabiendo que una sorprendida ama de casa se detendrá a recogerlo?
- Podemos ponernos de acuerdo con amigos y familiares y reunir alimentos y ropa, para luego acudir a lugares en donde haya mucha necesidad y repartirlos.
- Averiguar el número de cuenta de luz, agua, gas, etc. de alguien y pagarle su consumo o una parte de éste.

¿Parece utópico? Bueno, se vale soñar. ¿Qué tal si todos hiciéramos algo por ayudar a los demás, según nuestras posibilidades? Estoy seguro que muchas cosas cambiarían.

martes, septiembre 08, 2009

Florentina Salamanca, Diputada


Sintiéndome un poco culpable por no ponerme a leer o meditar, me senté en el sillón y encendí la televisión, mientras afuera empezaba a caer la lluvia. Me sentía cansado: trabajé, calenté mi cena, cené, lavé ropa y el patio, fui al gimnasio, caminé... así que me abandoné por un rato mirando fijamente las imágenes que presentaba el Teacher, con los estragos que causaron las tormentas del domingo en el Distrito Federal y el Estado de México.
Verdaderamente impresionante. El agua entró a las casas en Valle Dorado, derribó bardas, inundó calles y avenidas. Con gran fuerza arrastró carros y los dejó montados uno sobre otro. En la Ciudad de los Palacios, los pasos deprimidos se inundaron y quedaron atrapados autos y autobuses. La lluvia fue tan intensa que rebasó la capacidad de los colectores de drenaje, tanto así que tuvieron que cerrar cinco estaciones de la línea 5 del Metro.
En la lista de colonias afectadas estaba la Agrícola Oriental, de tantos recuerdos, donde por muchos años vivieron mis tíos, mi colonia cuando iba yo de visita.
El Teacher estaba indignado; cuestionó fuertemente al gobernador del Estado de México y también al jefe de gobierno del DF acerca de por qué no hubo una preparación adecuada para este tipo de eventos, si todos los días se habla de los fenómenos que puede causar el cambio climático. Estos sólo se conformaron con decir que hubiera sido mucho peor y la culpa la tuvo el Emisor Poniente por haberse colapsado.

Hubo noticias preocupantes, como el despilfarro criminal que se traen en el IFE, donde se pagan sueldos altísimos que son una cachetada para el mexicano promedio. Se habló de la posible desaparición de tres Secretarías de Estado, entre ellas la de Turismo, para intentar recortar el gasto público, pero el tema en general fue la falta de medidas congruentes y efectivas para hacer frente así a la crisis económica, por parte del Gobierno. Lo que entendí es que si seguimos así, con los brazos cruzados, nos va a llevar el tren.
Me preocupé. Imaginé perder el empleo como tantos de mis compatriotas, pasar una y mil dificultades para conseguir qué comer, satisfacer necesidades básicas. Pero en eso pasan a comerciales y anuncian lujosísimos autos de Chrysler, Chevrolet y Ford. Ropa muy moderna y glamorosa en Liverpool. Qué contraste.

Una buen noticia fue que "dijo mi mamá que siempre sí". Mi tocaya Florentina Salamanca, auténtica indígena mazahua, había ganado una diputación por el Estado de México; luego la impugnaron y se quedó sin la curul. Pero resulta que Daniel Osvaldo Alvarado renunció a su cargo y es así como Florentina se convierte en la primera diputada indígena. Muy bien por ella, espero que verdaderamente sepa representar y conseguir apoyos para los indígenas de nuestro país.

Por último, una noticia muy local. El pajarito que rescaté ayer no sobrevivió. Al llegar a casa le puse un poquito de miel en su pico diminuto y también unas gotas de agua. Protestó moviendo su cabeza de un lado a otro, y después se quedó muy quieto. No lo quería aceptar e intenté reanimarlo, pero era inútil. Quizás estaba enfermo o bien se había golpeado al caer.

lunes, septiembre 07, 2009

Pajarito, Pajarito


Esta mañana me sorprendió encontrar en los escalones del comedor un pequeño pajarito. Al ver que no volaba ni se movía, lo levanté del piso. Se agitó un poco y extendió las alas, pero no pudo volar. Tal vez aún no aprende porque es muy pequeño; lo revisé y no tiene ninguna herida visible.
Decidí traerlo a la oficina, sin saber muy bien qué hacer. Intenté darle agua, pero no quiso beber; tampoco comió unas migajas de galleta que le puse cerca. Por lo pronto aquí está sobre mi escritorio, muy quietecito. Parece que duerme, tiene los ojos cerrados. Cada cierto tiempo emite un silbido apenas audible. Creo que me lo voy a llevar a mi casa y le daré miel. No se me ocurre qué más podría comer, estando tan pequeño, pero sé que algo se me ocurrirá. Espero que se ponga bien y pueda volar libre cuanto antes.

viernes, septiembre 04, 2009

Zazen (坐禅)

Con mucha emoción fui a recoger el paquete que me llegó al domicilio de mi hermana Guadalupe, quien vive a unas cuantas cuadras de mi casa. Se trata de un bonito zafu o cojín de meditación, relleno de pajilla de café y forrado de resistente loneta de color rojo.



Esa misma noche, con la casa en silencio y a oscuras, me puse a meditar unos minutos, utilizando por primera vez mi zafu. La diferencia es enorme, ya que este cojín me permite adoptar una postura muy cómoda en la cual la columna permanece recta con absoluta naturalidad, verdaderamente no esperaba que fuera tan cómodo. Obviamente, al estar más cómodo es más fácil permanecer concentrado y no distraerse.
Gracias a Rinchen he estado aprendiendo a sentarme en zazen; la postura de flor de loto no es muy fácil pero como en todo, creo que la práctica hace al maestro.
También quiero dar gracias a Ana Guerrero, por su atenta ayuda y sus explicaciones para seleccionar el zafu más adecuado. Puedo decir que el producto es de calidad superior, facilita la práctica de la meditación y además es muy bello.

miércoles, septiembre 02, 2009

Reloj Biológico No Marques Las Horas


Todavía la semana antepasada pude levantarme muy temprano, para dar una caminata alrededor del parque en compañía de Tzu-Chi. Sin embargo, uno de esos días noté que a diferencia de los anteriores, cuando salimos de la casa estaba aún muy oscuro; el parque parecía boca de lobo y el resplandor del sol tardó un buen rato en aparecer.
La semana pasada no me levanté temprano ningún día. En primer lugar, por la influencia de los antihistamínicos que estaba tomando para aliviar el resfriado. Sonaban las alarmas, se encedía la televisión, y yo continuaba durmiendo el sueño de los justos. Cuando al fin lograba abrir los ojos, sentía una pesadez estilo Liz Taylor después de una buena dosis de tranquilizantes y somníferos; tardaba interminables segundos en decidir qué hacer primero: bañarme, levantarme de la cama, sacar a Manchas a hacer pipí o desayunar algo.
Y en segundo lugar, me quedaba más tiempo en la cama porque se trastocó mi reloj biológico; en este final del verano los ciclos luz-oscuridad han estado variando cada día y le dan en la madre a mis ciclos sueño-vigilia. Supuestamente nuestro reloj biológico posee una propiedad de ajuste, pero creo que el mío anda fallando; tomaré pastillas de melatonina.
Por si fuera poco, ayer y hoy ha amanecido con una temperatura muy fresca y una llovizna ligera, que invita a quedarse en la cama y olvidarse de ir a trabajar. Escucho a lo lejos el ruido de la televisión en la sala, disfruto estar acostado pero al mismo tiempo sostengo una lucha mental, realmente no sé que quiero más: levantarme temprano y disfrutar el fresco amanecer, o seguir soñando en la tibieza de mi cama.