No había tenido tiempo de ponerme a escribir. Más que nunca, estoy en pleno aprendizaje. En el trabajo parece que el tiempo nunca alcanza para nada, son varios los procesos que tengo que aprender y a veces me quedo en blanco cuando recibo un correo o cuando me pregunta mi compañera Diana acerca del estatus de cierta orden, de pronto no sé de qué cuenta me habla... pero ella es muy ecuánime y agradable, sólo se sonríe y me dice que ya iré agarrando el hilo.
Yo ya quisiera dominar todos los procesos, pero debo comprender que esto lleva tiempo. Así que lo mejor que puedo hacer es tener paciencia y seguir tomando notas como lo hago, concentrarme en lo que estoy haciendo. Conciencia plena.
Tzu-Chi va mejorando día con día. Todavía sigue muy flaco y resaltan sus huesos, pero ahora está de muy buen ánimo y tiene siempre un apetito feroz y mucha sed. Lo estoy dejando dentro de la casa, y por la tarde, cuando llego, me recibe con saltitos de alegría y pequeños mordiscos que me dicen sin lugar a dudas que le da gusto verme, pero le daría mucho más gusto que le sirviera sus croquetas especiales.
miércoles, octubre 28, 2009
jueves, octubre 22, 2009
Bienvenido para Atrás, Tzu-Chi

Después de una semana de hospitalización, finalmente ayer por la tarde dieron de alta a Tzu-Chi. El pobre quedó en los puros huesos, pero afortunadamente sí tiene apetito y espero que en unos cuantos días se reponga. Enfilé rumbo a casa, y todo el camino se me quedaba viendo, tal vez desconfiando de que lo fuera a dejar solo otra vez.
Al llegar apenas había abierto la puerta del coche cuando saltó hacia la banqueta, pero está tan débil que sus patas no le respondieron muy bien. Se incorporó inmediatamente y se puso a olisquear todo; se acercó a la reja del pasillo y le gruñó a Bobi, quien lo recibió muy contento.
Después de un buen baño cenó con buen apetito y luego se acostó en su nueva canastita, donde pasó la noche sin levantarse una sola vez.
Hoy por la mañana le serví su alimento especial bajo en grasa, pero apenas sí lo olió; con su mirada me dijo que preferiría un poco de los huevos con jamón que yo estaba desayunando. No, señor. Le agregué un poco de pollo desmenuzado a su plato y ya empezó a comer. Hoy se quedará descansando dentro de la casa.

Manhattan
Salí apresurado de casa, pues no quería llegar tarde a mi trabajo. Anteriormente yo me dirigía hacia el poniente y no encontraba tanto tráfico, pero ahora voy rumbo hacia el oriente, hacia el centro, y encuentro embotellamientos en varios puntos, así que deberé ajustar mis tiempos y salir más temprano.

Aproveché uno de esos atascos para dar un vistazo y observar que la cara de Monterrey (o Manhattan, como le llamo en broma) está cambiando, actualmente están construyendo varios edificios y torres de departamentos que le darán un aspecto muy moderno y atractivo a la ciudad.
lunes, octubre 19, 2009
Lo Más Feo Da Más Quehacer
"Lo más feo da más quehacer", sentenció la abuela Mercedes refiriéndose a la esposa de su único hijo.
"Se daba unos aires de grandeza", recordó. "Pero viera usted que no era nada bonita y eso sí: naca, ¡pero naca!"
Uno de estos días que estuve de desempleado salí a buscar de comer, y felizmente encontré a unos pasos de mi casa el pequeño negocio de antojitos "La Abuela", propiedad de esta emprendedora mujer de más de 70 años pero con una fuerza que envidiaría cualquier cuarentona. La abuela cocina todos los platillos y además mantiene el local reluciendo de limpio, sin ninguna ayuda, porque no le gusta que nadie más meta mano en sus dominios.
Ese día disfruté un delicioso chile relleno, en caldito como se estila en la Ciudad de México y alrededores, con un arroz esponjadito digno de los mejores restaurantes. Pero sin duda lo que más gustó fue platicar con doña Mercedes, quien es originaria de Villa de las Flores, municipio de Coacalco, Estado de México.
Me contó que sus padres eran muy ricos, dueños de negocios y propiedades, "pero muy ignorantitos", y como no sabían leer ni escribir tampoco se preocuparon por darle escuela a su hija. Lo que siempre le gustó fue cocinar, y ahora en sus días de vejez cocina para ganarse el sustento y también mandar dinero a su hijo, quien está muy enfermo y requiere de un transplante para poder seguir viviendo.
Ella se casó con un policía judicial, quien durante muchos años le dio una vida de reina, y le tenía una casa muy grande con hermosos muebles y mullidas alfombras. Pero al final de su vida se volvió alcohólico y su carácter cambió, hasta llegó a balacear la casa y a hacer tantos escándalos que doña Mercedes, anciana ya, se fue a refugiar a la casa de su hijo, en Houston.
Con lágrimas en los ojos me contó que su nuera la trataba con gran delicadeza y dulzura delante del hijo, pero apenas se iba éste la humillaba y ofendía. "Yo jamás le dije nada (a su hijo), para no causarle un problema, y mire cómo acabó", dijo. Así que no queriendo ser un estorbo se puso a trabajar de sirvienta en casa de unos árabes.
Pero su patrón un día le dijo que ya no la quería de sirvienta sino de madrastra, y le ofreció que se fuera a vivir a Jordania, donde ya la estaba esperando su rico y flamante prometido. Espantada, doña Mercedes no volvió a esa casa. Pronto encontró empleo con un matrimonio de japoneses, quienes estaban encantados porque les tenía la casa como espejo. Ellos le llamaban 'Macha' en lugar de Meche, y de acuerdo con ella, se quitaban los zapatos antes de entrar a la casa "para ver qué tan limpio había dejado el piso".
Todo iba muy bien hasta un día en que se encontraba en la tienda Fiesta, buscando los ingredientes para preparar una comida típica que le encargaron unas personas filipinas, llegó la Migra y la mandó de regreso a Nuevo Laredo.
Allá se quedaron sus vestidos, sus zapatos y todas las cosas que había comprado con lo que ganaba. Desconsolada, lloraba en la banca de un parque cuando pasó el mero jefe de aduanas, quien de inmediato le ofreció trabajar en su casa. Tiempo después las hijas del funcionario se fueron a estudiar a Monterrey, y doña Mercedes las acompañó "para echarles un ojo".
Fue así como llegó a esta ciudad. Ella renta una casa, pero como es muy negociante, sub-arrienda una habitación para señoritas estudiantes. Recientemente puso este negocio de antojitos, pero sigue vendiendo menudo todos los domingos en la avenida grande. "Ese es el negocio bueno", dice. "De ahí pude poner este local, y saco para pagar las rentas y comprarme mis cositas, porque a mí me gusta vivir bien".
Yo supongo que también de ese negocio va a salir el dinero para su viaje a Houston, esta próxima Navidad; está muy ilusionada porque finalmente se le va a hacer realidad ver a su único hijo, después de nueve largos años.
"Se daba unos aires de grandeza", recordó. "Pero viera usted que no era nada bonita y eso sí: naca, ¡pero naca!"
Uno de estos días que estuve de desempleado salí a buscar de comer, y felizmente encontré a unos pasos de mi casa el pequeño negocio de antojitos "La Abuela", propiedad de esta emprendedora mujer de más de 70 años pero con una fuerza que envidiaría cualquier cuarentona. La abuela cocina todos los platillos y además mantiene el local reluciendo de limpio, sin ninguna ayuda, porque no le gusta que nadie más meta mano en sus dominios.
Ese día disfruté un delicioso chile relleno, en caldito como se estila en la Ciudad de México y alrededores, con un arroz esponjadito digno de los mejores restaurantes. Pero sin duda lo que más gustó fue platicar con doña Mercedes, quien es originaria de Villa de las Flores, municipio de Coacalco, Estado de México.
Me contó que sus padres eran muy ricos, dueños de negocios y propiedades, "pero muy ignorantitos", y como no sabían leer ni escribir tampoco se preocuparon por darle escuela a su hija. Lo que siempre le gustó fue cocinar, y ahora en sus días de vejez cocina para ganarse el sustento y también mandar dinero a su hijo, quien está muy enfermo y requiere de un transplante para poder seguir viviendo.
Ella se casó con un policía judicial, quien durante muchos años le dio una vida de reina, y le tenía una casa muy grande con hermosos muebles y mullidas alfombras. Pero al final de su vida se volvió alcohólico y su carácter cambió, hasta llegó a balacear la casa y a hacer tantos escándalos que doña Mercedes, anciana ya, se fue a refugiar a la casa de su hijo, en Houston.
Con lágrimas en los ojos me contó que su nuera la trataba con gran delicadeza y dulzura delante del hijo, pero apenas se iba éste la humillaba y ofendía. "Yo jamás le dije nada (a su hijo), para no causarle un problema, y mire cómo acabó", dijo. Así que no queriendo ser un estorbo se puso a trabajar de sirvienta en casa de unos árabes.
Pero su patrón un día le dijo que ya no la quería de sirvienta sino de madrastra, y le ofreció que se fuera a vivir a Jordania, donde ya la estaba esperando su rico y flamante prometido. Espantada, doña Mercedes no volvió a esa casa. Pronto encontró empleo con un matrimonio de japoneses, quienes estaban encantados porque les tenía la casa como espejo. Ellos le llamaban 'Macha' en lugar de Meche, y de acuerdo con ella, se quitaban los zapatos antes de entrar a la casa "para ver qué tan limpio había dejado el piso".
Todo iba muy bien hasta un día en que se encontraba en la tienda Fiesta, buscando los ingredientes para preparar una comida típica que le encargaron unas personas filipinas, llegó la Migra y la mandó de regreso a Nuevo Laredo.
Allá se quedaron sus vestidos, sus zapatos y todas las cosas que había comprado con lo que ganaba. Desconsolada, lloraba en la banca de un parque cuando pasó el mero jefe de aduanas, quien de inmediato le ofreció trabajar en su casa. Tiempo después las hijas del funcionario se fueron a estudiar a Monterrey, y doña Mercedes las acompañó "para echarles un ojo".
Fue así como llegó a esta ciudad. Ella renta una casa, pero como es muy negociante, sub-arrienda una habitación para señoritas estudiantes. Recientemente puso este negocio de antojitos, pero sigue vendiendo menudo todos los domingos en la avenida grande. "Ese es el negocio bueno", dice. "De ahí pude poner este local, y saco para pagar las rentas y comprarme mis cositas, porque a mí me gusta vivir bien".
Yo supongo que también de ese negocio va a salir el dinero para su viaje a Houston, esta próxima Navidad; está muy ilusionada porque finalmente se le va a hacer realidad ver a su único hijo, después de nueve largos años.
Impossible is Nothing

Con esta luna nueva de octubre inicio un nuevo trabajo, es interesante y por demás motivador tener muchas cosas por aprender, muchos retos que vencer.
Estos últimos días fueron muy acelerados y estresantes, principalmente porque Tzu-Chi (Manchas) ha estado muy enfermo y aún hoy sigue internado en un hospital veterinario, espero que por la tarde lo den de alta.
En el último post hablaba de este calor otoñal. Pues bien, llegaron los vientos y luego el viernes vino la lluvia. Lo malo es que justo ese día se le ocurrió descomponerse al motor del limpiaparabrisas... tuve que dejarlo en un estacionamiento y continuar en taxi. Lo bueno es que de todos modos esta semana tenía que llevarlo a la agencia a que le instalaran el termostato de remplazo, de una vez que le arreglen ese motorcito.
El sábado me despedí formalmente de mi antiguo jefe. Le agradecí haberme dado trabajo cuando mucha gente estaba desempleada, y él a su vez agradeció mi dedicación y me recalcó que las puertas estaban abiertas para cuando quisiera regresar. No fue posible despedirme de todos los antiguos compañeros, pero a todos sin excepción les deseo que siempre les vaya bien y les expreso mi agradecimiento.
Entré en mi auto e hice una última parada en el humilde puesto de tacos que hay enseguida de la planta, para despedirme de mi amiga Elena. En este lugar disfruté de su amistad sencilla, de unos ricos tacos y de muchas pláticas sabrosas.
Aproveché la tarde del sábado para hacer unas compras, por ejemplo unos tenis que encontré a muy buen precio y con un 50 por ciento de descuento; era una ganga increíble y salí con dos pares. También adquirí unos pantalones que necesitaré en mi nuevo trabajo. Aunque no soy un comprador compulsivo y la moda es una de las cosas que menos me preocupan, disfruté enormemente recorrer las tiendas y elegir las prendas que compraría, cosas muy bonitas y útiles, que son la recompensa justa de muchas horas de trabajo en la oficina, en el salón de clases y hasta en el bar.
Por cierto que esa noche del sábado trabajé en el bar muchas horas, para ser exactos hasta las 630AM, pues los invitados no entendían que ya iba siendo hora de cerrar y querían seguir la pachanga. Se les dijo que si pagaban un sobre-precio podrían quedarse un rato más, a lo cual accedieron muy gustosos.
La propina estuvo muy buena y a pesar de que anduve de un lado para otro no me sentí muy cansado porque mis nuevos tenis son muy cómodos. Como podrán darse cuenta estoy muy contento con mis Adidas, la razón es que tenía mucho tiempo deseando un nuevo par, los CAT que tenía los compré hace ya más de 6 años y ya pedían su jubilación.
viernes, octubre 16, 2009
Hojas Caídas
Como muchas noches antes de dormir, ayer salí al porche de mi casa y observé el cielo, las estrellas y las nubes. Repaso rápidamente las actividades de ese día y del siguiente. Luego procuro practicar la conciencia plena, observar con atención el momento presente.
Y me di cuenta de que hacía un calor insoportable. ¿Pues no qué estamos en otoño?, pregunté a nadie en particular. Las hojas caídas parecieron responderme: ¿pues no nos estás viendo? Ciertamente, las hojas han estado cayendo, eso sí coincide. Pero este calor... es inconfundiblemente veraniego.
Todavía hoy amaneció a 27 grados, pero ya anunciaron por televisión que la temperatura bajará desde la tarde y que posiblemente llueva, justamente como debe ser el otoño.
He salido a desayunar y mientras conduzco observo a mi alrededor. Nubes de lluvia. Un viento fresco, constante, invisible y apenas perceptible; hay que observar con atención los árboles para darse cuenta de que ahí esta. Eso sí es otoño, bienvenido.
Y me di cuenta de que hacía un calor insoportable. ¿Pues no qué estamos en otoño?, pregunté a nadie en particular. Las hojas caídas parecieron responderme: ¿pues no nos estás viendo? Ciertamente, las hojas han estado cayendo, eso sí coincide. Pero este calor... es inconfundiblemente veraniego.
Todavía hoy amaneció a 27 grados, pero ya anunciaron por televisión que la temperatura bajará desde la tarde y que posiblemente llueva, justamente como debe ser el otoño.
He salido a desayunar y mientras conduzco observo a mi alrededor. Nubes de lluvia. Un viento fresco, constante, invisible y apenas perceptible; hay que observar con atención los árboles para darse cuenta de que ahí esta. Eso sí es otoño, bienvenido.
miércoles, octubre 14, 2009
Sueño, No Huyas
Desesperado por saber, deseando estar ahí, intento dominar mi mente, alejar pensamientos negativos, esbozar una sonrisa y esperar en paz, concentrándome en el momento presente. Es difícil, pero anhelo poder hacerlo y para lograrlo debo practicar. Resisto las ganas de hablar con alguien, pues no deseo transmitirles mi ansiedad. Esperaré, aunque los minutos pasen lentamente. Sueño, no huyas, entra por mis ojos y apaga esta incansable máquina creadora de pensamientos.
Gris Amanecer
Hoy planeaba descansar y quizá de pronto decidirme a hacer uno de esos viajes relámpago que tanto me gustan, a algún lugar relajante como las pirámides de Tajín.
Sin embargo, Tzu-Chi ha estado un poco malo desde el domingo por la noche. El lunes lo llevé al veterinario, y ayer que llegué de la cena que me organizaron como despedida, lo encontré todavía enfermo y con vómito. Ya estaban cerradas las veterinarias, así que sólo pude estar al pendiente de él, darle un poco de suero y Gerber de frutas.
Hoy apenas abrí los ojos me di cuenta que seguía mal y que tenía un dolor abdominal intenso, tanto que ni siquiera le salía el quejido y sólo al acercarme mucho percibía su jadeo y respiración agitada; había vómito por todas partes. Así que apenas me puse los pantalones, una camisa y tenis y de inmediato lo subí al carro y enfilamos a la Facultad de Veterinaria, al otro lado de la ciudad. Durante el camino empezó a amanecer.
Pensé que seguían dando servicio 24 horas, pero al llegar me dijeron que abrían a las 8AM, así que tuvimos que esperar. Y durante la espera fueron llegando muchas personas también con mascotas enfermas; me dio gusto ver que sí hay gente que se preocupa verdaderamente por su mascota y se toma el tiempo de procurarle atención médica cuando la necesita.
Un rato después Tzu-Chi fue atendido por un joven médico, quien no supo precisar qué era lo que tenía pero dijo que seguramente había comido algo que le cayó muy mal. Le pusieron tres inyecciones con antibióticos, anestésicos, protectores de la mucosa estomacal, etc.
Mientras manejaba de regreso vi con mucho gusto que ya tenía mejor semblante, y venía echado en una postura más relajada, incluso veía con curiosidad a través de la ventana del carro. En el camino compré una Torta Gorda, pues tenía mucha hambre; Tzu-Chi tendrá que esperar hasta después de la 1PM por prescripción médica.
Llegué y de manera casi compulsiva me puse a lavar ropa, sábanas, almohadas, el patio, el sillón, el piso, la camita del perro y también su sábana, ahora todo está reluciente y desinfectado, creo que Mamita Querida me daría un 10.
Bueno, es hora de ir a comprar suero y hacerlo que coma un poco de Gerber. Hasta pronto.
Sin embargo, Tzu-Chi ha estado un poco malo desde el domingo por la noche. El lunes lo llevé al veterinario, y ayer que llegué de la cena que me organizaron como despedida, lo encontré todavía enfermo y con vómito. Ya estaban cerradas las veterinarias, así que sólo pude estar al pendiente de él, darle un poco de suero y Gerber de frutas.
Hoy apenas abrí los ojos me di cuenta que seguía mal y que tenía un dolor abdominal intenso, tanto que ni siquiera le salía el quejido y sólo al acercarme mucho percibía su jadeo y respiración agitada; había vómito por todas partes. Así que apenas me puse los pantalones, una camisa y tenis y de inmediato lo subí al carro y enfilamos a la Facultad de Veterinaria, al otro lado de la ciudad. Durante el camino empezó a amanecer.
Pensé que seguían dando servicio 24 horas, pero al llegar me dijeron que abrían a las 8AM, así que tuvimos que esperar. Y durante la espera fueron llegando muchas personas también con mascotas enfermas; me dio gusto ver que sí hay gente que se preocupa verdaderamente por su mascota y se toma el tiempo de procurarle atención médica cuando la necesita.
Un rato después Tzu-Chi fue atendido por un joven médico, quien no supo precisar qué era lo que tenía pero dijo que seguramente había comido algo que le cayó muy mal. Le pusieron tres inyecciones con antibióticos, anestésicos, protectores de la mucosa estomacal, etc.
Mientras manejaba de regreso vi con mucho gusto que ya tenía mejor semblante, y venía echado en una postura más relajada, incluso veía con curiosidad a través de la ventana del carro. En el camino compré una Torta Gorda, pues tenía mucha hambre; Tzu-Chi tendrá que esperar hasta después de la 1PM por prescripción médica.
Llegué y de manera casi compulsiva me puse a lavar ropa, sábanas, almohadas, el patio, el sillón, el piso, la camita del perro y también su sábana, ahora todo está reluciente y desinfectado, creo que Mamita Querida me daría un 10.
Bueno, es hora de ir a comprar suero y hacerlo que coma un poco de Gerber. Hasta pronto.
lunes, octubre 12, 2009
Columbus Day
Como parte de la capacitación que le estoy dando a la chica que se quedará en mi puesto, hoy planeaba hacer unas llamadas de cobranza, pero no contaba con que hoy celebraron en Estados Unidos el Columbus Day y la mayoría de la gente de oficina no asistió a trabajar. Tampoco recibimos cheques para que practicara la aplicación de pagos, pues no hubo correo.
Así que dedicamos el tiempo a hacer ciertas operaciones como descuentos, devoluciones, notas de cargo, etc. para que se familiarice con el sistema. Iliana es una chica muy inteligente y aprende muy rápido, no tengo duda de que hará un buen papel. Espero que sepa lidiar inteligentemente con las actitudes envidiosas de Luputa, una mujer chismosa, amargada, criticona y frustrada que pretendía quedarse a cargo de todo el departamento de Cobranza Internacional, ¡sin saber hablar una palabra de inglés!
Pero como sabiamente me dijo otra compañera: "Tú ni te preocupes, tú ya no estarás aquí".
Mañana será mi último día en esa empresa. El ciclo terminó. La oportunidad de empleo llegó cuando estaba desempleado y en una situación económica muy tensa. Aún recuerdo con qué fervor agradecí a Dios con mis oraciones, y también al patrón con mi trabajo honesto y dedicado. Aprendí rápidamente mis funciones y procuré ser siempre servicial con mis compañeros.
He recibido comentarios muy positivos de la mayoría de ellos. Me felicitan por este proyecto que ahora voy a empezar y expresan que les dio gusto haberme tenido como compañero de trabajo. Esto es para mí muy grato y me hace pensar que hice un buen papel.
Y recuerdo que en mi experiencia profesional me ha tocado despedirme de otros compañeros, y también de alumnos a quienes dejé de dar clases por cambiar de trabajo; en esos casos también he tenido la fortuna de partir con sus bendiciones y sus buenos deseos.
Ahora ya es el momento de prepararme para estrenar. Nueva oficina, nuevo horario, nuevos compañeros, nuevas actividades y rutinas... siento un poco de nervios, pero sé que todo irá bien, como siempre, con trabajo, esfuerzo, dedicación y sobre todo una actitud de aprendizaje y de servicio a los demás.
Así que dedicamos el tiempo a hacer ciertas operaciones como descuentos, devoluciones, notas de cargo, etc. para que se familiarice con el sistema. Iliana es una chica muy inteligente y aprende muy rápido, no tengo duda de que hará un buen papel. Espero que sepa lidiar inteligentemente con las actitudes envidiosas de Luputa, una mujer chismosa, amargada, criticona y frustrada que pretendía quedarse a cargo de todo el departamento de Cobranza Internacional, ¡sin saber hablar una palabra de inglés!
Pero como sabiamente me dijo otra compañera: "Tú ni te preocupes, tú ya no estarás aquí".
Mañana será mi último día en esa empresa. El ciclo terminó. La oportunidad de empleo llegó cuando estaba desempleado y en una situación económica muy tensa. Aún recuerdo con qué fervor agradecí a Dios con mis oraciones, y también al patrón con mi trabajo honesto y dedicado. Aprendí rápidamente mis funciones y procuré ser siempre servicial con mis compañeros.
He recibido comentarios muy positivos de la mayoría de ellos. Me felicitan por este proyecto que ahora voy a empezar y expresan que les dio gusto haberme tenido como compañero de trabajo. Esto es para mí muy grato y me hace pensar que hice un buen papel.
Y recuerdo que en mi experiencia profesional me ha tocado despedirme de otros compañeros, y también de alumnos a quienes dejé de dar clases por cambiar de trabajo; en esos casos también he tenido la fortuna de partir con sus bendiciones y sus buenos deseos.
Ahora ya es el momento de prepararme para estrenar. Nueva oficina, nuevo horario, nuevos compañeros, nuevas actividades y rutinas... siento un poco de nervios, pero sé que todo irá bien, como siempre, con trabajo, esfuerzo, dedicación y sobre todo una actitud de aprendizaje y de servicio a los demás.
miércoles, octubre 07, 2009
Patrones Miserables
Sonrío al pensar cómo, al menos para mí, el tiempo vuela últimamente. Llego a la oficina y cuando veo el reloj me doy cuenta que falta media hora para ir a comer. Por la tarde me afano tratando de resolver los pendientes del día, y con gran incredulidad veo que ya casi es hora de salir.
Al llegar a casa, reviso un texto para cotizar la traducción, lavo ropa, ceno, trato de arreglar un poco. No he podido descansar muy bien que digamos. De pronto ya no soy esclavo de la televisión. Ahora hace mucho calor, no llueve, y el sillón ya no es tan acogedor.
En el trabajo me solicitaron que consiguiera a alguien que me remplazara, y aunque sé perfectamente que no es mi responsabilidad, la asumí y empecé a repasar entre las personas que conozco. Sabía que lo lograría. Alma no quiso aventarse al toro por su inminente operación, pero hoy hablé con Ileana y ella sí está más que puesta para quedarse en mi lugar. Nos ayudamos mutuamente: ella me quitó una preocupación y yo puse a su alcance un mejor empleo.
Ayer visité a mi mamá, pues la operaron de una cirugía de cataratas el lunes. Está muy bien, y me dijo muy contenta que ahora ve muy claro; muchas veces me he quedado con un intento de abrazo, pero esta vez me sentí tan contento al verla tan sonriente que me eché en sus brazos.
Carmen pidió permiso en su trabajo para encargarse de cuidarla esta semana, pero lo más seguro es que no la acepten de nuevo. Después de trabajar para ellos casi 12 horas diarias de lunes a domingo, de cumplir más funciones que las que le corresponden, de descuidar a su familia... cuando necesita ausentarse unos días le responden que mejor no vuelva.
Es sencillamente indignante. Y patrones como esos hay muchos. Como el miserable dueño de la planta donde he estado trabajando, que paga unos salarios de hambre. Que no nos brinda Seguro Social ni prestaciones. Que no paga ni el agua embotellada que bebemos, pues la de la llave proviene de un pozo contaminado. Que se rehusa a comprar mascarillas a los obreros, quienes aspiran día tras día finísimas partículas de mármol y otros minerales, todo por conseguir un poco de dinero para sus familias. Que no adquiere un colector de polvos para minimizar la contaminación. Está de más decir que el mobiliario y equipo de las oficinas está obsoleto y a punto de quedar inservible.
Pero todo pasa, y a todos nos llega el momento de pagar.
Al llegar a casa, reviso un texto para cotizar la traducción, lavo ropa, ceno, trato de arreglar un poco. No he podido descansar muy bien que digamos. De pronto ya no soy esclavo de la televisión. Ahora hace mucho calor, no llueve, y el sillón ya no es tan acogedor.
En el trabajo me solicitaron que consiguiera a alguien que me remplazara, y aunque sé perfectamente que no es mi responsabilidad, la asumí y empecé a repasar entre las personas que conozco. Sabía que lo lograría. Alma no quiso aventarse al toro por su inminente operación, pero hoy hablé con Ileana y ella sí está más que puesta para quedarse en mi lugar. Nos ayudamos mutuamente: ella me quitó una preocupación y yo puse a su alcance un mejor empleo.
Ayer visité a mi mamá, pues la operaron de una cirugía de cataratas el lunes. Está muy bien, y me dijo muy contenta que ahora ve muy claro; muchas veces me he quedado con un intento de abrazo, pero esta vez me sentí tan contento al verla tan sonriente que me eché en sus brazos.
Carmen pidió permiso en su trabajo para encargarse de cuidarla esta semana, pero lo más seguro es que no la acepten de nuevo. Después de trabajar para ellos casi 12 horas diarias de lunes a domingo, de cumplir más funciones que las que le corresponden, de descuidar a su familia... cuando necesita ausentarse unos días le responden que mejor no vuelva.
Es sencillamente indignante. Y patrones como esos hay muchos. Como el miserable dueño de la planta donde he estado trabajando, que paga unos salarios de hambre. Que no nos brinda Seguro Social ni prestaciones. Que no paga ni el agua embotellada que bebemos, pues la de la llave proviene de un pozo contaminado. Que se rehusa a comprar mascarillas a los obreros, quienes aspiran día tras día finísimas partículas de mármol y otros minerales, todo por conseguir un poco de dinero para sus familias. Que no adquiere un colector de polvos para minimizar la contaminación. Está de más decir que el mobiliario y equipo de las oficinas está obsoleto y a punto de quedar inservible.
Pero todo pasa, y a todos nos llega el momento de pagar.
lunes, octubre 05, 2009
Namasté

Se dice que lo único constante es el cambio. Y así debe ser, aunque quizás no lo notamos y percibimos que todo sigue igual cuando los cambios son graduales y paulatinos, cuando pasa mucho tiempo antes de que se vea realmente una transformación.
Hay cambios que son más rápidos y con una serie de consecuencias y efectos casi inmediatos. Estoy viviendo cambio de este tipo, que se desencadenó con una sorpresiva llamada telefónica en la que me hicieron excelente una propuesta de trabajo, la cual acepté inmediatamente.
Por encima del estupor y la alegría, siento un profundo agradecimiento que no sé exactamente hacia quién dirigir: a la vida, a Dios, a mi esfuerzo, a mi futuro jefe.
Como muchas personas, desde hace varios años he pasado por una etapa de apretura económica. En mi trabajo actual he tenido que conformarme con un salario que no corresponde a mi desempeño, sin ninguna clase de prestación, ni siquiera seguridad social. Pero no había de otra.
He visto como día tras día mi auto y mi casa se desgastan, se deterioran y empiezan a requerir reparaciones, mantenimientos, arreglos que la mayoría de las veces no es posible solventar.
Hoy la vida me trae el fruto de años de esfuerzo y dedicación, y compensa todas las limitaciones vividas. No me convierto en millonario, no, pero sí empezaré a percibir un salario más justo. Además estaré mucho más cerca de mi familia y mi círculo de amigos, en un ambiente agradable y progresista, con muchas posibilidades de crecimiento.
Y las cosas buenas vienen juntas. Entre el viernes y hoy he recibido dos solicitudes de servicios de traducción, después de meses y meses de no trabajar en esta que es mi profesión verdadera. De pronto me agobia que llegue este trabajo justo cuando estoy tan ocupado con mi salida del empleo actual y mi inicio en el siguiente, pero el trabajo es bendición y cumpliré como siempre.
Cuando casi había perdido las esperanzas, la vida me sonríe otra vez. Gracias, gracias, gracias.
jueves, octubre 01, 2009
Café de Olla

Pasa de la medianoche. Pocas veces me siento frente a la computadora por las noches; es lo último que se antojaría hacer después de pasar casi 9 horas frente a una pantalla todos los días.
Pero hoy es diferente, no puedo dormir, y ya es muy tarde para tomar una pastilla que me lleve mágica y casi instantáneamente al reino de los sueños. No me levantaría a tiempo, y tendría que conseguir otra y mucho café para despertar.
No estoy preocupado, ni triste esta vez. Estoy muy contento, pues a mediodía me hicieron una propuesta de trabajo muy buena. Aún no es un hecho, pero si se realiza muchas cosas cambiarán, esta vez para bien.
Así que salí de mi trabajo, me fui al centro para surtir mercancías, luego pasé a una mueblería, pues ando buscando una buena mesa o consoleta para el altar budista que pienso instalar. Vi unos muebles preciosos, y me dieron muchas ganas de comprar una nueva recámara, una sala verdaderamente cómoda y elegante, un sillón. Ja, esto nunca me había llamado la atención, pero ahora de pronto me sorprendí imaginand una casa muy cómoda y bellamente amueblada.
Después me fui a cenar. Solo. Y me puse a pensar que muchas veces me lamento por estar solo, pero la verdad es que la mayoría de las veces no hago nada por no estarlo. Pude buscar a alguno de mis amigos o amigas, mas no lo hice. Es que soy muy dado a tomar decisiones instantáneas, para los asuntos triviales, y no es posible llamarle a alguien de buenas a primeras para invitarle a cenar y esperar que acuda inmediatamente: todos tienen algo que hacer.
Creo que así vivimos en las ciudades, esclavos de nuestros hábitos, renuentes a renunciar a ellos. Salimos del trabajo y en la casa nos esperan nuestros hijos, nuestra familia, nuestras actividades de todos los días, la televisión, el libro, la cama. Decimos que estamos hartos de la rutina pero no nos salimos de su abrazo; le pedimos permiso para salir, pero para que lo conceda tenemos que hacerlo con anticipación.
Y pensando esto me dispuse a disfrutar un delicioso café de olla, y brindé por una nueva y mejor etapa que mucho había esperado. El caldo tlalpeño estaba estupendo, pero los tacos de top sirloin no tanto. De todas formas me los comí, pero sin la tortilla. Otro cafecito bien caliente y pedí la cuenta. Avancé hacia el estacionamiento, pero me quedé unos instantes afuera del carro, sin saber muy bien qué quería hacer.
Llegué a casa, di de comer a los perros y me bañé. Me sentía pesadísimo, debo admitir que ya no puedo darme los atracones que me daba hace años. Fui a caminar un rato al parque, y regresé sintiéndome casi igual de pesado y sin sueño.
En la TV transmiten el documental Del Olvido al No Me Acuerdo, dirigido por Juan Carlos Rulfo, hijo del célebre escritor. El personaje principal, Clara, recorre las calles de Guadalajara u otra ciudad de Jalisco (no te rajes, Alvarito); rememorando el día en que Juanito (Rulfo) se le presentó y le pidió que le aceptara una carta, con lo cual iniciarían su noviazgo. Pero me cansé con su desconcierto ante lo mucho que había cambiado la ciudad en 40 años. Se veía irremediamente perdida entre la gente, sus recuerdos confusos y sus grandes olvidos.
Me divierten los comentarios maliciosos de los ancianos, sus anécdotas, sus bromas. "¿Ya se te quitó?", le grita un abuelo a otro, que ya no oye muy bien. "¿Se me quitó qué?, le responde con otra pregunta. "¡Lo joto!", dice antes de soltar la carcajada.
Me da risa la vieja que canta canciones muy antiguas, sin prestar la mínima atención a la mosca que se posa sobre sus párpados, su pelo, su nariz y sus labios; su rostro está lleno de arrugas, pero la sonrisa no la pierde nunca.
Otro viejito se queja de que "estas patas jijas de la chingada ya no sirven para nada". Y luego, socarrón, explica: "Es por tanto 'cochar' parado". Otro se acuerda de cuando le dijo a su mamá que tenía novia, y ya no lo dejaron salir.
Tantas historias, tantos recuerdos. Cabelleras canosas, pasos inseguros, oídos que ya no oyen y ojos que ya casi no ven. Lo que no cambia es la forma de ser, lo que hay verdaderamente en nuestro interior. Genio y figura, hasta la sepultura.
Bona nit!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)