Muy calladito me lo tenía, pero ya es mi cuarta semana en una clase de natación, y estas dos últimas clases las he disfrutado como niño, ya casi sin ninguna tensión, permitiendo a mi cuerpo flotar mientras va desapareciendo todo el estrés de mi trabajo.
Varias veces en mi vida he intentado aprender a nadar, sin llegar a terminar ningún curso. No lograba superar la sensación de pánico al no poder respirar debajo del agua. La última vez, hace un par de años, ya estaba aprendiendo pero lo tuve que abandonar porque me contagié de una varicela, pues la alberca también la usaban los niños.
Ahora, en esta etapa de madurez, he aprendido finalmente que bajo presión no aprendo absolutamente nada, así que el primer día hablé con mi instructora y le dije que no deseaba que me enseñara a nadar, sino que simple y sencillamente que me permitiera usar la alberca para hacer ejercicio, que mucho lo necesito, y si aprendía a flotar y luego a nadar, sería mucha ganancia.
Rosy ha sido maravillosamente comprensiva y me deja disfrutar la alberca a mi gusto. Me asigna unos cuantos ejercicios de principiante y luego me deja libre; aunque siempre está atenta y siempre tiene unas buenas recomendaciones que darme. Gracias a esta libertad, casi sin darme cuenta estoy aprendiendo a flotar, a patalear de manera constante y uniforme y también a controlar mi respiración. El resultado: una delicia.
Los primeros días apenas aguantaba unos minutos dentro de la alberca; apenas avanzaba un trecho muy corto y me sofocaba y tenía que salirme para tomar aire a bocanadas, la instructora fue muy paciente en todo momento. Hoy en cambio, desde que me lancé al agua ya no salí hasta que terminó la clase.
Es una delicia sentir como mi cuerpo flota espontáneamente. Ahora lo dejo libre, sin ninguna tensión, y la sensación es maravillosa. Me tumbo de espaldas y practico la patada mientras cierro los ojos y me dejo llevar. Delicioso.
martes, septiembre 28, 2010
domingo, septiembre 26, 2010
La Revolución y el Cometa Halley
Según el escritor José Luis Trueba Lara, en 1910 la mayoría de los mexicanos ignoraba que los días de don Porfirio Díaz en la silla presidencial estaban contados y que se estaba gestando un gran movimiento político que más tarde se denominaría Revolución Mexicana.
Lo que sí sabían es que ese año pasaría por los cielos el cometa Halley, y eso les tenía muy preocupados porque temían que las madres embarazadas dieran a luz hijos deformes.
Esos y otros detalles da a conocer en su obra "La Vida y la Muerte en Tiempos de la Revolución", un libro de muy fácil lectura que nos permite echar un vistazo no a la vida de los "héroes" de la Revolución, que de eso ya se han escrito ríos de tinta, sino a la existencia de gente común y corriente que vivió en esa época trascendental.
Habiendo recopilado textos, cartas, entrevistas y otros documentos de aquellos años, Trueba narra las tradiciones, las diversiones, los secretos de familia, los nacimientos, las muertes y tantos detalles cotidianos de gente de clase acomodada, clase media y clase pobre.
En el libro retrata tanto las mansiones de los ricos como las casas de vecindad de los pobres, la comida de unos y otros, sus diversiones y su vida laboral. Aborda el tema del alcohol y de otras sustancias que se usaban, entonces como ahora, para evadir una realidad que no es la que se quiere vivir. Interesante.
Lo que sí sabían es que ese año pasaría por los cielos el cometa Halley, y eso les tenía muy preocupados porque temían que las madres embarazadas dieran a luz hijos deformes.
Esos y otros detalles da a conocer en su obra "La Vida y la Muerte en Tiempos de la Revolución", un libro de muy fácil lectura que nos permite echar un vistazo no a la vida de los "héroes" de la Revolución, que de eso ya se han escrito ríos de tinta, sino a la existencia de gente común y corriente que vivió en esa época trascendental.
Habiendo recopilado textos, cartas, entrevistas y otros documentos de aquellos años, Trueba narra las tradiciones, las diversiones, los secretos de familia, los nacimientos, las muertes y tantos detalles cotidianos de gente de clase acomodada, clase media y clase pobre.
En el libro retrata tanto las mansiones de los ricos como las casas de vecindad de los pobres, la comida de unos y otros, sus diversiones y su vida laboral. Aborda el tema del alcohol y de otras sustancias que se usaban, entonces como ahora, para evadir una realidad que no es la que se quiere vivir. Interesante.
viernes, septiembre 17, 2010
幸福在哪里 ¿Dónde está la felicidad?

Desde hace algún tiempo tengo el interés de aprender el idioma chino. Si no he cumplido este objetivo hasta ahora ha sido porque a) los cursos cuestan un dineral, b) es mucho más difícil que aprender francés o inglés y c) no le he puesto el suficiente empeño.
Mas ahora estoy decidido a aprenderlo y le voy a echar ganas. Para familiarizarme con los sonidos de esta lengua decidí entrar al canal de televisión CCTV y ponerme a ver una de las muchas miniseries que ofrecen. Escogí la que aparece al último, que se llama ¿Dónde está la felicidad?
La trama es terriblemente simplona y conocida: la bella joven de buena familia, a quien sus padres ya le tienen concertado matrimonio con un muchacho de su mismo estrato social, se enamora perdidamente de un campesino.
Y a pesar de que en mi vida he visto muy pocas telenovelas, ésta me tiene "picadísimo". Acabo de terminar el capítulo 4 y simplemente tengo que ver el siguiente. Las cosas se están poniendo muy interesantes.
Por cierto, ya me estoy aprendiendo un par de frases...
jueves, septiembre 16, 2010
A Toda Asta
Hoy 16 de septiembre amaneció con un sol esplendoroso, y ya desde temprano se podía adivinar que iba a hacer un calor muy fuerte, más propio de julio o agosto. Y como decididamente tengo mejor ánimo cuando es de día, me apuré para salir de casa y disfrutar al máximo este día de asueto.
Me reuní con un compañero y nos fuimos al centro. Estábamos un rato curioseando en el departamento de deportes de Liverpool, cuando de pronto a nuestro alrededor se hizo un silencio casi total. Se trataba de un grupo de soldados, apostados entre las bicicletas, la mochilas y la ropa deportiva.
Con las armas bien visibles, vigilaban hacia todos los puntos posibles. Empecé a sentir cierta incomodidad, al no saber la razón de tal despliegue. Nunca la supe, en realidad. Pero por lo que pude ver, deduje que sólo se trataba de un militar de alto rango que acudió a comprar algo y se hizo acompañar de sus subalternos.
Dedidí salirme. Al cabo ni quería comprar nada. Afuera de la tienda, tres o cuatro vehículos militares llamaban la atención de los transeúntes.
Mi compañero y yo pasamos a recoger a Mr. Choy, quien está de visita en la empresa, y a su novia, la doctora Mei; él canadiense de padres coreanos y ella norteamericana de padres chinos.
En lugar de llevarlos a un restaurante de esos a los que van los turistas, decidimos invitarlos a uno que está en pleno centro de la ciudad, y esto les agradó mucho porque, además de disfrutar una deliciosa comida a base de mariscos, se dieron gusto observando escenas cotidianas del verdadero Monterrey.
Como dice Mr. Choy, cuando viajan solamente conocen muy bien el hotel, la oficina que visitan y alguno que otro restaurante. Así que estuvieron muy felices, y como buenos asiáticos tomaron muchas fotos.
Y como querían algo local, pues qué mejor que llevarlos al típico Mercado Juárez, donde admiraron los puestos de cabrito, los restaurantes populares, las florerías, las hierberías y las piñatas, hasta compraron un poco de chile cambray en polvo.
Enseguida nos dirigimos al Obispado, edificio que se encuentra en lo alto de un cerro. A un lado, en el mirador, una gigantesca, hermosa bandera mexicana ondeaba al viento con toda su gloria. Desde aquí se aprecia una vista panorámica de todos los puntos de mi ciudad. Fue un paseo que disfrutamos mucho, pero el calor era muy fuerte y los rayos del sol quemaban, así que tuvimos que llevarlos de regreso a su hotel porque ya se habían cansado mucho. Pero lo bailado quién se los quita.
miércoles, septiembre 15, 2010
Cómo Han Pasado los (200) Años
Y finalmente llegó el famoso bicentenario. Recuerdo que hace un par de años me dije que haría todo lo posible por celebrar el bicentenario en la Capital de la República, ciudad que no visito desde hace más de una década.
Irónicamente, dejé de ir allá por la violencia e inseguridad que se vivía en 1997, 1998 y 1999... quién diría que acá la cosa se pondría mil veces peor.
Y no hice planes, y no me fui a la Capital de la República, y en lugar de ver con mis propios ojos todo ese gran espectáculo de fuegos artificiales y proyecciones sobre los edificios emblemáticos como la Catedral y el Palacio Nacional, lo vi por televisión.
Y me quedé acá. Y al salir del trabajo me encontré que no tenía ningún lugar a dónde ir, pero tampoco ánimos de celebrar. Es solamente que persisten en mi memorias esos 15 de septiembre de mi infancia, de mis años juveniles, cuando sobraban lugares a dónde ir, cuando no me importaban las aglomeraciones, cuando me impresionaban las luces que iluminaban el cielo, cuando disfrutaba celebrar.
Intentando rescatar algo de aquellas lejanas emociones, me animé a ir a la zona turística de la ciudad, caminando, porque las calles fueron cerradas. Y me parece que no es lo mismo. Antes caminaba rodeado por cientos de personas: familias enteras que avanzaban por el Puente Zaragoza hacia la Macroplaza, llenando la calle de lado a lado.
Esta vez vi menos gente. Y muchos policías. Quizá demasiados. Helicópteros cruzando una y otra vez el cielo, en incesante surveillance. Policías y militares patrullando las avenidas circundantes. Como si se esperara un motín, una revuelta. ¿Una revolución?
No llegué hasta el escenario donde el gobernador gritará "Viva México". En ese lugar sí que se hace una gran aglomeración. Hace años juré no volver, después de quedarme atrapado en un mar de gente, sin poderme mover ni un centímetro, esperando en cualquier momento una estampida mortal.
Ya nada es igual. Decidí entrar en un Sanborn's, inusualmente vacío, por cierto. Disfruté un delicioso chile en nogada, platillo que solamente se puede disfrutar en esta temporada del año. En la mesa contigua se sentaron dos mujeres de edad más que madura, vestidas en forma extravagante. Seguramente clientes frecuentes, pues todos los meseros y meseras las saludaban con mucha familiaridad.
Se notaban muy contentas. Y desée estar tan contento como ellas. Una de ellas tomó el micrófono que le cedió el cantante, y se puso a cantar, con una voz más entusiasta que entonada "Cómo Han Pasado los Años", y después "Frenesí". Se notaba feliz.
Terminé mi cena y salí del restaurante, no deseando que se hiciera más tarde. Camino de regreso a donde estaba esperando mi carro.
Cómo añoro esos tiempos en que no había que estar alerta, viendo hacia todos lados, cuando podía caminar por las calles aunque fuera muy tarde, cuando no tenía esa urgencia de llegar hasta mi casa y cerrar las puertas, evitando a toda costa manejar de noche. ¿Vida nocturna? De preferencia no. Sí, tal vez exagero. Pero no lo puedo evitar.
Y a pesar de todo, conservo una buena dosis de optimismo, un optimismo que pasa por alto las opiniones fatalistas de los demás y me dice que sí, que quizá todo esto pase pronto y las cosas vuelvan a ser como antes.
sábado, septiembre 11, 2010
Monolingües

Estas últimas dos semanas tuvimos de visita al representante de una marca de equipos para seguridad de redes computacionales, quien vino desde la India para conocer de cerca a sus distribuidores y a sus clientes finales, y a buscar todas las maneras posibles de posicionar su marca en Latinoamérica.
México es el inicio de su gira de trabajo. Durante los próximos meses visitará otros países latinoamericanos como Colombia, Chile, Perú, Argentina, Brasil; mientras tanto, sus colegas están recorriendo los países europeos, asiáticos y africanos con el mismo fin: adueñarse del mercado.
Tuve oportunidad de platicar mucho con Mr. Vaidya, gracias a que para él, así como para todos sus compatriotas, el inglés no constituye una barrera. Los idiomas oficiales de India son el inglés y el hindi, pero los indios frecuentemente hablan otros dos o tres idiomas, según el lugar donde vivan, porque según me enteré en todo el país se hablan más de 4,500 lenguas.
Mr. Vaidya dice que su país actualmente está emergiendo como toda una potencia en diversas ramas de la tecnología, y que su influencia en los demás países del mundo será cada vez más notoria.
Me da mucho gusto escuchar esto, y no puedo dejar de pensar en que ojalá fuera México el que estuviera en la punta del desarrollo tecnológico, conquistando mercados y abriendo fronteras.
Pero no es así. Mientras otros gobiernos han estado impulsando fuertemente la educación de sus habitantes, aquí las escuelas están en manos de personas zafias e ignorantes que ninguna vocación de enseñanza tienen; los dirigentes buscan el poder político pero poco se preocupan por elevar el nivel de la enseñanza. La mayoría de los maestros no tiene conocimientos que transmitir y como resultado los niños mexicanos reportan niveles deplorablemente bajos de educación en comparación con niños de otros países.
Otro tremendo desacierto de nuestro país es no haber agregado al inglés como segunda lengua oficial. (Bueno, me acabo de enterar que no hay ningún documento que declare constitucionalmente al español como nuestro idioma oficial, aunque de hecho lo es).
Y esto lo digo al observar que, desde hace muchos años, si una empresa o persona quiere triunfar y ganar mercados en otros países, debe hablar inglés, que ha sido y sigue siendo la lingua franca.
Gracias a que se pusieron a cantar en idioma inglés, el grupo sueco ABBA, al igual que el alemán Scorpions por mencionar sólo dos ejemplos, alcanzaron un éxito mundial que no hubiera sido posible si hubieran grabado sus discos solamente en sus idiomas nativos.
Otros gobiernos lo han comprendido y por ello desde hace varias décadas institucionalizaron al inglés como segunda lengua. Porque es práctico y porque beneficia a sus habitantes, porque ayuda a impulsar sus economías, porque no tienen ese miedo estúpido que tenemos los mexicanos de "perder nuestra identidad nacional". Por ello seguimos siendo un país de monolingües, con gente a la que "le urge" aprender inglés pero es tan güevona que no agarra un libro, un país que se va quedando cada vez más atrás, mientras los chinos, japoneses, indios, coreanos y demás nos ganan la carrera y se ríen a carcajadas diciéndonos adiós con la mano mientras avanzan hasta perderse de vista.
En varias ciudades de mi país algunos padres tienen a sus hijos estudiando en colegios "bilingües", pero la verdad es que son una minoría. Lo que se necesita es impartir la enseñanza del inglés a todos los niños de México, y aún así los resultados se verían en unos 15 ó 20 años. ¿Habrá una Iniciativa México para esto?
martes, septiembre 07, 2010
Albergue

Ya ha pasado un buen tiempo desde el huracán Alex, pero todavía muchas familias que perdieron sus casas siguen viviendo en los albergues.
Cerca de mi casa hay un centro deportivo, al cual voy regularmente para hacer ejercicio. Parte de sus instalaciones fueron habilitadas como albergue, de modo que ahí veo a las familias, que no sólo perdieron su casa, sino también su privacidad y su comodidad.
Todos duermen en colchones improvisados, ocupando el espacio de una cancha techada en la que ya no se practica ningún deporte; los hombres se bañan en los sanitarios, mientras que las mamás bañan a los niños en cualquier lugar donde haya una llave de agua. No sé dónde guardan sus pertenencias, seguramente en bolsas que tienen que estar cuidando todo el tiempo.
Algunos niños no están yendo a la escuela, pues el albergue se encuentra lejos de la primaria a la que antes iban, y sus papás no tienen dinero para llevarlos en camión. Vaya, algunas personas no tienen trabajo siquiera.
¿Cómo pasarán los días? ¿Verán televisión? Quizá algunas personas tienen un televisor y lo comparten con los demás.
Los adultos deben estar pasando por momentos muy difíciles, yo espero que pronto puedan dejar esto atrás y vivir una nueva etapa en una casa propia.
Lo único bueno es que los niños, inocentes criaturas, disfrutan a más no poder su nueva "casa": con muchas canchas deportivas, una alberca y sobre todo grandes espacios para correr, libres y felices.
sábado, septiembre 04, 2010
Adiós, Charro Negro

Con cuánto gusto leí las columnas de German Dehesa todos estos años. Siempre me hacía sonreír, pero a veces definitivamente me hacía carcajear. Y es que tenía un estilo tan agradablemente sarcástico, jamás ofensivo, para relatar sucesos tan nimios y cotidianos, como aquella vez que contrató a un plomero para que le arreglara la regadera.
Creo que siempre amó a su familia, pues era un tema constante en sus escritos. Qué gran ingenio tuvo siempre, qué creatividad para ponerle sobrenombres a quien se le pusiera enfrente: la Thatcher, el tamal de dulce, el perro capufe, el pulpo, la rubia misteriosa, la tractor y tantos personajes que escapan a mi memoria.
No conozco mucho sobre su vida, y nunca lo conocí personalmente; vaya, ni siquiera acudí a algún evento las tantas veces que vino a Monterrey. Sin embargo, desde finales de los ochenta empecé a leer sus columnas, me enamoré de su estilo tan sabroso y sé muy bien que con su partida eso quedará para siempre en el pasado porque no hay quien lo iguale.
No se piense que solamente escribía sobre sucesos cotidianos de su vida. También se preocupaba por asuntos de índole política y social y era todo un activista. Recuerdo que cuando se lanzó el periódico Reforma en la Ciudad de México, la Unión de Voceadores pretendió bloquear su venta e inició un boicot negándose a distribuirlo a los lectores.
Desesperados, los directivos y empleados del periódico salieron a las calles a vender su producto, y enseguida se les unieron escritores, políticos, artistas y personas comunes y corrientes; uno de esos valientes voceadores improvisados fue nada menos que Germán Dehesa.
Desde hace varios meses (¿años?) y hasta su última columna, Dehesa incluía al final de la misma la pregunta "¿Qué tal durmió?", dirigida a las autoridades a cargo de "esclarecer" los casos de las muertas de Juárez.
Hasta pronto, Germán, te recordaré siempre.
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