Ya sé que algunos objetarán que este es un video muy naco, puede ser, definitivamente. Pero más allá de naco o no naco, lo comparto en este espacio porque habrá quienes como yo, gusten de estas cumbias electrónicamente producidas, los ritmos sintetizados, repetitivos, hipnóticos.
A mí me encanta además ese modo tan desenfandado y libre de bailar las cumbias que tienen en el D.F., tan diferente al modo norteño, en el que las parejas bailan abrazadas todo el tiempo. Veo este baile y me dan muchas ganas de aprender a bailar suelto como ellos.
Es cierto que no son chicas, sino "vestidas" las que bailan con el hombre de rojo, pero lo que no se puede negar es que tienen un gran ritmo para bailar, especialmente este cuate de rojo, que pone a danzar a las tres sin perder el paso.
domingo, octubre 31, 2010
lunes, octubre 25, 2010
No Hay Feria Pa' la Feria
En mi ciudad le llamamos "feria" al vuelto o cambio, el dinero que nos sobra después de pagar algo; también significa simple y sencillamente dinero, lana, marmaja, billete, varo.
Desde hace creo que más de un año las autoridades han tratado de instituir una tarjeta recargable para pagar el pasaje de los camiones urbanos, denominada precisamente "feria". Por diversas razones la entrada en vigor de este moderno sistema se ha pospuesto en innumerables ocasiones.
Algunos dicen que es un gran negociazo... para los dueños de este sistema de pago. Los anuncios dicen que es muy práctica, que ya no habrá el problema de que los choferes no devuelvan la "feria" por no contar con moneda fraccionaria, que ayuda a administrar mejor la "feria", etc. Pero a mí no me llevan a la feria.
Definitivamente es un metódo de pago práctico y moderno, pero les falta arreglar algunas cuestiones. Por ejemplo, si se usa una vez, la tarjeta se bloquea y el usuario tiene que esperar 10 minutos para volver a utilizarla.
¿Qué va a pasar, por ejemplo, con el padre de familia que tiene que pagar su pasaje y el de su esposa y sus hijos? ¿Abordar un camión distinto con diez minutos de diferencia cada uno?
Entonces, suponiendo que para irse todos juntos decide pagar él con la tarjeta y sus acompañantes con dinero en efectivo, el pasaje de los demás va a costar $10.00 cada uno, en lugar de la tarifa normal de $7.50 a $9.50, dependiendo del camión. Esto no es nada justo.
Hay que impedir que entre en operación este sistema, si antes no arreglan este tipo de defectos. Hoy a mediodía se me subió lo revolucionario y dije que deberíamos quemar los camiones, pensando en que como pueblo somos demasiado sumisos y toleramos abusos que en otros países son inconcebibles. Y como muestra están los franceses, que hacen mega huelgas pero consiguen evitar que los amuelen con planes muy modernos y neoliberales para la jubilación.
Lo que dije fue un exabrupto, eso sólo generaría violencia y anarquía. Más bien lo correcto es hacer valer nuestros derechos, promover un amparo, organizarnos para exigir que los diputados, alcaldes, regidores, etc. hagan uso de la ley para impedir este abuso y evitar que a la gente le roben su "feria".
Después de todo, las personas que dependen de un camión para transportarse lo hacen así porque generalmente no tienen los medios suficientes para adquirir un auto. El transporte urbano es todavía deficiente aquí, y también muy caro. No se vale encarecerlo más.
Desde hace creo que más de un año las autoridades han tratado de instituir una tarjeta recargable para pagar el pasaje de los camiones urbanos, denominada precisamente "feria". Por diversas razones la entrada en vigor de este moderno sistema se ha pospuesto en innumerables ocasiones.
Algunos dicen que es un gran negociazo... para los dueños de este sistema de pago. Los anuncios dicen que es muy práctica, que ya no habrá el problema de que los choferes no devuelvan la "feria" por no contar con moneda fraccionaria, que ayuda a administrar mejor la "feria", etc. Pero a mí no me llevan a la feria.
Definitivamente es un metódo de pago práctico y moderno, pero les falta arreglar algunas cuestiones. Por ejemplo, si se usa una vez, la tarjeta se bloquea y el usuario tiene que esperar 10 minutos para volver a utilizarla.
¿Qué va a pasar, por ejemplo, con el padre de familia que tiene que pagar su pasaje y el de su esposa y sus hijos? ¿Abordar un camión distinto con diez minutos de diferencia cada uno?
Entonces, suponiendo que para irse todos juntos decide pagar él con la tarjeta y sus acompañantes con dinero en efectivo, el pasaje de los demás va a costar $10.00 cada uno, en lugar de la tarifa normal de $7.50 a $9.50, dependiendo del camión. Esto no es nada justo.
Hay que impedir que entre en operación este sistema, si antes no arreglan este tipo de defectos. Hoy a mediodía se me subió lo revolucionario y dije que deberíamos quemar los camiones, pensando en que como pueblo somos demasiado sumisos y toleramos abusos que en otros países son inconcebibles. Y como muestra están los franceses, que hacen mega huelgas pero consiguen evitar que los amuelen con planes muy modernos y neoliberales para la jubilación.
Lo que dije fue un exabrupto, eso sólo generaría violencia y anarquía. Más bien lo correcto es hacer valer nuestros derechos, promover un amparo, organizarnos para exigir que los diputados, alcaldes, regidores, etc. hagan uso de la ley para impedir este abuso y evitar que a la gente le roben su "feria".
Después de todo, las personas que dependen de un camión para transportarse lo hacen así porque generalmente no tienen los medios suficientes para adquirir un auto. El transporte urbano es todavía deficiente aquí, y también muy caro. No se vale encarecerlo más.
lunes, octubre 18, 2010
Storie di Tutti I Giorni

Casi perdió las piernas en el terrible accidente. Tenía novia y un ofrecimiento para integrarse a uno de los dos equipos de futbol de la ciudad. Una operación tras otra, se fueron derrumbando sus sueños. Su corazón juvenil envejeció de pronto y se hizo de piedra. Con mucho dolor pudo volver a caminar, pero no avanzó más. Años amargos pasaron. Dos veces divorciado, enojado con la vida y con todos los que le rodean.
Aceptó casarse, pero muy pronto descubrió que no podía asumir su posición de esposa. Los recuerdos de una niñez abandonada la torturaban y la hacían imaginar un futuro desgraciado. Sola, decidió por fin romper el lazo de amor-odio que la unía a su madre y a su hermana. Así quería permanecer, sola, por siempre, pero ahora está unida a un hombre que, dice la gente, anda en muy malos pasos.
Ya son varios lunes que llega a su empleo con un fuerte resfriado, afónica. Evita hablar, porque su aliento la denunciaría sin compasión. En el ocaso de su vida, está sola; desde hace años sus hijas decidieron seguir a su padre, después del divorcio. Está cansada, pero tiene que trabajar. Está sola, pero anhela tener compañía.
Recio, varonil y trabajador, suda la gota gorda para sacar adelante a su mujer y a sus hijos. Vive una vida sencilla, el dinero no alcanza para lujos ni paseos. Las bodas y fiestas son una buena oportunidad para divertirse sin tener que gastar. De vez en cuando, una cantina. Siempre igual. Un nuevo compañero de trabajo, varios fines de semana platicando y bebiendo cerveza. No comprende cómo surgió este amor ardiente, desesperado, que ya le cuesta mucho ocultar.
Cuánto le rogó que se casara con él, pero ella lo rechazó una y otra vez. No era que no lo amara, pero tenía que dedicarse a cuidar a su madre, anciana y enferma. Ambos derramaron muchas lágrimas, finalmente él se cansó, sus visitas se hicieron cada vez más lejanas hasta que desapareció. Muchos años pasaron, pero el amor jamás se extinguió. En la oscura complicidad de un cine, se besan como adolescentes, se dicen palabras de amor. Pero la luz se vuelve a encender y él tiene que regresar a su hogar.
Las dos hermanas se frecuentaban mucho, tal vez demasiado; como viven cerca se veían casi todos los días. De pronto hubo un malentendido; una de ellas lo tomó como una gran ofensa y dejó de hablarle a la otra. Los hermanos, cautelosos, no tomaron partido; ella tal vez esperaba que se pusieran de su lado y la defendieran a capa y espada. Poco a poco se empezó a alejar más y más del círculo familiar. Ahora es casi una extraña.
Joven, bien parecido y exitoso, su carrera profesional iba en fulgurante ascenso. Al final del día, al llegar cansado al hogar, no había cena, ni caricias ni atención. Con el tiempo encontró a una mujer que lo conquistó con puro amor. Ahora la primera dama le hace la vida imposible, no vive ni deja vivir. Inmersa en el juego, se olvida hasta de sus hijos.
sábado, octubre 16, 2010
Nunca He Probado el Ceviche

Yo nunca he comido el ceviche. En diversas ocasiones me han ofrecido este platillo a base de pescado cocido en jugo de limones,y me han dicho que sabe delicioso, que es un manjar, pero hasta ahora me he rehusado a probarlo siquiera.
Pero mi sobrino Poncho ya me ha mencionado dos veces que debería probar el ceviche que prepara él, asegurando que me encantará, y temo que pronto no tendré escapatoria. Ojalá que resulte como los camarones aguachile, que no se me antojaban por su aspecto tan poco atractivo, y sin embargo desde que me atreví a probarlos me fascinaron... de hecho me gustaría mucho tener una receta y prepararlos en casa.
También voy a preparar la sopa won ton. Esa sopa me fascina, pero aquí son escasos los restaurantes chinos que la ofrecen, y solamente en uno de ellos la preparan de una manera estupenda, deliciosamente delicada, de modo que voy a aprender a preparala para comerla siempre que quiera.
Desde hace tiempo he jugado con la idea de aprender a preparar tamales, pero no los tamales tradicionales, sino unos que están en mi imaginación, rellenos de cuitlacoche, de guiso de flor de calabaza, de camarones, de romeritos.
Hablando de romeritos, en Monterrey muy pocas personas los conocen y menos personas aún los saben preparar, pero aparentemente en diciembre vendrá de visita Margarita, la esposa de mi primo Isidro, y seguramente se lucirá con unos buenos romeritos. Me aseguraré de estar cerca...
Pero si no viene, mi hermana Lola los puede preparar también, y le salen muy ricos, al igual que el asado de puerco, los tacos al vapor, los tamales, bueno, cualquier comida. Mi mamá y mis hermanas cocinan delicioso, todas tienen buena mano para la cocina excepto Carmen. Aunque quizá simplemente nunca se haya permitido intentarlo. Qué tal si un día se pone a preparar una buena receta, con mucho amor y dedicación, y resulta que tiene el mejor sazón de todas....
Pero definitivamente tendría que competir con la cochinita pibil que hace Cristina, el pastel de carne de Lupe, el asado de puerco de Esperanza, la lasagna y los pasteles de Mónica y el pozole que prepara Lola.
Mi mamá ya cocina muy poco, pero "endenantes" preparaba unas deliciosas tortillas de harina, grandotas "para acabar pronto", frijoles refritos, gorditas de (harina de) maíz, rollitos de milanesa con jamón y queso, queso con chile, enchiladas de pollo en salsa de tomate, arroz colorado esponjadito y arroz blanco con un delicado y delicioso toque de cebolla y ajo.
Desde niño he disfrutado mucho la comida, y en esos años era muy feliz con lo que ella preparaba en el horno: empanadas de mermelada de fresa o de leche quemada, galletas de harina integral, a las que ella le llamaba "piedras"; eran durísimas pero sabían a gloria. Hot cakes esponjaditos y por supuesto pasteles deliciosos.
Creo que tengo hambre...
domingo, octubre 10, 2010
Puros Dieces
Hoy es un día de puros dieces. Hace unos cuantos minutos eran las diez de la mañana con diez minutos del décimo día del décimo mes del año 2010. 10/10/10 10:10
Es una hermosa mañana de domingo, con mucho sol y pajarillos cantando. Parece que va a hacer calor... sería bueno buscar un lugar para ir a nadar, para no perder la secuencia, pues esta semana no acudí a mis clases porque las noches estaban frías y la alberca no tiene calefacción.
Ayer me había propuesto buscar unas cosas en el Home Depot. Como me encontraba en casa de mi mamá, escogí mentalmente ir a una sucursal que queda cerca. Inmediatamente sentí un pequeño estremecimiento, recordando que en los últimos días una amplia zona que rodea la tienda ha sido escenario de hechos violentos. Decidí no caer en el pánico y me encaminé, siguiendo una ruta no muy directa que digamos para tratar de evitar ciertas zonas.
Iba muy cerca, circulando por una parte muy empinada y sinuosa de la avenida Alfonso Reyes, entre los cerros llenos de casas, cuando ví que unos metros más atrás venía un convoy de una buena cantidad de patrullas. Aceleré para llegar a Lázaro Cárdenas y de ahí a la tienda, en donde pasé cerca de una hora.
De regreso, ya me había olvidado del asunto y regresaba por la misma avenida. De pronto me di cuenta de que todo el tráfico estaba casi detenido, a ambos lados de la avenida se había instalado el convoy: las patrullas estacionadas en desorden y una gran cantidad de elementos apuntándonos con sus armas largas.
Qué eterna se me hizo esa espera ante el semáforo. Sudé temiendo que en ese momento se iniciara una balacera, o que algún conductor (yo, por ejemplo) hiciera algún movimiento nervioso y algún policía decidiera jalar el gatillo. Ooooooommmmmmm, ooooooommmmmmm, ooooooommmmmmm, repetí en voz alta.
La flecha verde se encendió, y yo giré hacia la izquierda, lo más rápido posible pero sin llamar la atención. Me alejé rápidamente, hacia una zona más ¿segura? Caí en la cuenta de que son muy pocas las zonas seguras, en donde no haya sucedido un hecho violento.
¿Cómo pasó esto? ¿Cuándo se perdió la tranquilidad, la confianza de poder andar en cualquier zona de la ciudad, inclusive de noche, sin esperar lo peor? Sé que no hay una sola razón, sino muchas. Me temo que mucho tiene que ver la miseria en la que vive tanta gente, coexistiendo con gente que vive en total opulencia.
Autos que valen millones de pesos circulando por barriadas en las que falta todo. Personas con más dinero del que pueden gastar, que viven su vida sin que jamás se les ocurra ayudar a los que menos tienen. La cultura del dinero, la competencia por ver quién tiene más, el consumismo, las drogas para evadir una realidad que no se quiere aceptar. Hay tantas razones.
Pero hoy es una mañana hermosa y tranquila. El sol brilla. No hay ruidos, se siente paz... cómo desearía que esta paz se propagara en ondas concéntricas hacia toda la ciudad, el estado, el país, el mundo...
Pero ya me está dando hambre. Feliz domingo para todos.
Es una hermosa mañana de domingo, con mucho sol y pajarillos cantando. Parece que va a hacer calor... sería bueno buscar un lugar para ir a nadar, para no perder la secuencia, pues esta semana no acudí a mis clases porque las noches estaban frías y la alberca no tiene calefacción.
Ayer me había propuesto buscar unas cosas en el Home Depot. Como me encontraba en casa de mi mamá, escogí mentalmente ir a una sucursal que queda cerca. Inmediatamente sentí un pequeño estremecimiento, recordando que en los últimos días una amplia zona que rodea la tienda ha sido escenario de hechos violentos. Decidí no caer en el pánico y me encaminé, siguiendo una ruta no muy directa que digamos para tratar de evitar ciertas zonas.
Iba muy cerca, circulando por una parte muy empinada y sinuosa de la avenida Alfonso Reyes, entre los cerros llenos de casas, cuando ví que unos metros más atrás venía un convoy de una buena cantidad de patrullas. Aceleré para llegar a Lázaro Cárdenas y de ahí a la tienda, en donde pasé cerca de una hora.
De regreso, ya me había olvidado del asunto y regresaba por la misma avenida. De pronto me di cuenta de que todo el tráfico estaba casi detenido, a ambos lados de la avenida se había instalado el convoy: las patrullas estacionadas en desorden y una gran cantidad de elementos apuntándonos con sus armas largas.
Qué eterna se me hizo esa espera ante el semáforo. Sudé temiendo que en ese momento se iniciara una balacera, o que algún conductor (yo, por ejemplo) hiciera algún movimiento nervioso y algún policía decidiera jalar el gatillo. Ooooooommmmmmm, ooooooommmmmmm, ooooooommmmmmm, repetí en voz alta.
La flecha verde se encendió, y yo giré hacia la izquierda, lo más rápido posible pero sin llamar la atención. Me alejé rápidamente, hacia una zona más ¿segura? Caí en la cuenta de que son muy pocas las zonas seguras, en donde no haya sucedido un hecho violento.
¿Cómo pasó esto? ¿Cuándo se perdió la tranquilidad, la confianza de poder andar en cualquier zona de la ciudad, inclusive de noche, sin esperar lo peor? Sé que no hay una sola razón, sino muchas. Me temo que mucho tiene que ver la miseria en la que vive tanta gente, coexistiendo con gente que vive en total opulencia.
Autos que valen millones de pesos circulando por barriadas en las que falta todo. Personas con más dinero del que pueden gastar, que viven su vida sin que jamás se les ocurra ayudar a los que menos tienen. La cultura del dinero, la competencia por ver quién tiene más, el consumismo, las drogas para evadir una realidad que no se quiere aceptar. Hay tantas razones.
Pero hoy es una mañana hermosa y tranquila. El sol brilla. No hay ruidos, se siente paz... cómo desearía que esta paz se propagara en ondas concéntricas hacia toda la ciudad, el estado, el país, el mundo...
Pero ya me está dando hambre. Feliz domingo para todos.
martes, octubre 05, 2010
La Chorreada
Ya debería irme a acostar, pero decidí escribir sobre la película que acabo de ver, echado en el sillón y tomando té muy caliente. Resulta que aparentemente nunca aprendo y estos aires fríos del otoño año con año me toman de sorpresa. Bastó que saliera al patio una mañana fría, poco abrigado como siempre... lo bueno es que es leve el resfriado.
Y en vista de que lo mejor era no salir, encendí el empolvado televisor y esperé que empezara la película mexicana, antigua, de 1949 para ser exactos, titulada Las Puertas del Presidio.
Esta cinta que nunca había visto trata el drama de Martín Santoyo, un hombre que, momentáneamente cegado por la cólera, forcejea con un anciano que aparentemente se hizo pasar por su benefactor pero siempre lo explotó. Creyéndolo muerto, huye, pero pronto fue apresado y condenado a pasar una buena temporada en prisión, con el cargo de lesiones (bien justificado) y robo (falso de toda falsedad, cosa que jamás desmintió el anciano interpretado por Andrés Soler.
Blanca Esthela Pavón es la sufrida novia y luego esposa del iracundo, nunca se cansó de esperarlo ni de tratar de convencerlo de que se olvidara de venganzas y diera la espalda al pasado. En la cárcel, me impresionó el histrionismo de José Ángel Espinoza "Ferrusquilla", especialmente cuando relató un suceso de su vida cambiando de voz según el personaje, con una facilidad asombroso.
Otro personaje muy bien interpretado por Miguel Manzano fue el de Don Fernando, con un discurso extraordinariamente claro y sensato, en el que manifestaba su compasión y solidaridad con quienes han caído en prisión. Y qué decir de Rafael, el manco, una trágica historia marcada por la injusticia y la maldad.
Fue todo un drama. En los minutos finales me temía un terrible desenlace debido al carácter terco y vengativo del personaje principal, interpretado por David Silva. "No vuelvas al pueblo, necio..." Pero afortunadamente él y la Chorreada finalmente se unen y viven felices para siempre.
domingo, octubre 03, 2010
El Club de Elizabeth
Tras años y años sin saber uno del otro, desde hace unos pocos meses Elizabeth, compañera entrañable de mis años de facultad, y yo hemos retomado nuestra amistad.
Nos hemos reunido varias veces para cenar o tomar un café, y se nos van las horas compartiendo todas estas vivencias que nos ha tocado experimentar con el correr de los años.
Aunque, a decir verdad, los años no pasan por ella. La escucho hablar, siempre tan alegre, con la mirada risueña de sus ojos vivaces y salpicando la plática con bromas y frases chuscas; yo, a veces tan demasiado serio, no puedo evitar reír, parece que el tiempo no transcurre y nos encontramos afuera del salón, esperando que comience la clase.
Con Eliza no puede haber monotonía ni seriedad. Siempre fue la alegría del salón de clases, la que se atrevía a decir las cosas como son, al mal tiempo siempre buena cara. ¿Qué hay detrás de tus ojos coquetos?
Es una maestra de la conversación. Habla mucho, pero también escucha, y escucha con mucha atención. Se interesa por lo que uno dice, y eso es muy admirable para mí, es todo lo contrario de una "amiga" que hablaba incesante y pormenorizadamente de ella, de ella y de nadie más que de ella, sin siquiera acordarse de preguntar ¿Y tú cómo estás?
Hace poco asistí a la celebración del cumpleaños número 80 de doña Mercedes, la mamá de Eliza. Pensé que ésta iba a acompañarme en la mesa, pero apenas se sentaba unos minutos junto a mí, se paraba para ver que todo estuviera en orden, que los músicos tocaran buenas piezas, que todos estuvieran bien atendidos, que el mariachi llegara a la hora señalada...
El grupo musical tocaba ya, pero nadie se levantaba a bailar. Y que la veo venir hacia mí. ¡Trágame tierra!
Tal como supuse, me pidió, no, me ordenó que fuéramos a la pista a abrir el baile. Y yo tratando de decirle que no sabía bailar, muerto de la risa, con ese pánico escénico que me entra cada vez que tengo que ir a bailar. Irónico: me gusta mucho la música y puedo apreciar los ritmos, pero a la hora de bailar se me hacen las piernas de atole, imaginando que voy a hacer el ridículo.
De modo que vencí mis nervios y como todo un caballero la conduje a la pista. "Muévete, pendejo, ¿qué tienes que estás todo tieso como momia? ¿a poco en serio no sabes bailar?, me preguntó entre risas.
Sólo a Elizabeth le puedo permitir que me hable así, es su forma de expresarse, y lo hace más por suavizar la situación que por insultar. Sí sé bailar, le digo, pero poquito. "Pues ahora bailas, porque no pagué un dineral por la música para que todo mundo esté sentado".
Elizabeth es como el gran luchador mexicano El Santo: nadie le gana, así que decidí relajarme y, un poco para mi sorpresa (y también de ella), empecé verdaderamente a disfrutar el baile y consecuentemente a ejecutar mejor los pasos, con ritmo, disfrutando el momento y tratando de recordar cuándo fue la última vez que sacudí el polvo en una pista.
No pude ubicar la ocasión, pero definitivamente fue hace mucho tiempo. Creo que me he encerrado en una rutina de trabajo y encierro, con muy pocas oportunidades para divertirme.
De nuevo en la mesa, Elizabeth nos sorprendió diciendo que se proponía formar un club para personas solas: solteras como ella, divorciados como yo, ni tan jovencitos pero tampoco de la tercera edad, para irnos a bailar, al cine, de paseo, reunirnos a ver una película, aprender algo, etc. Si no fuera porque en eso llegó el mariachi, creo que se hubiera puesto a levantar firmas y anotar las inscripciones en una libreta.
No sé si lo dijo en serio o fue una más de sus ocurrencias jocosas. Pero la idea es buena. Estoy de acuerdo con lo que dijo: "Somos muchas, muchas las personas que estamos solas". Y por qué estar solos, si podemos estar con amigos y divertirnos, esta vida es muy corta y es mejor pasársela bien.
Nos hemos reunido varias veces para cenar o tomar un café, y se nos van las horas compartiendo todas estas vivencias que nos ha tocado experimentar con el correr de los años.
Aunque, a decir verdad, los años no pasan por ella. La escucho hablar, siempre tan alegre, con la mirada risueña de sus ojos vivaces y salpicando la plática con bromas y frases chuscas; yo, a veces tan demasiado serio, no puedo evitar reír, parece que el tiempo no transcurre y nos encontramos afuera del salón, esperando que comience la clase.
Con Eliza no puede haber monotonía ni seriedad. Siempre fue la alegría del salón de clases, la que se atrevía a decir las cosas como son, al mal tiempo siempre buena cara. ¿Qué hay detrás de tus ojos coquetos?
Es una maestra de la conversación. Habla mucho, pero también escucha, y escucha con mucha atención. Se interesa por lo que uno dice, y eso es muy admirable para mí, es todo lo contrario de una "amiga" que hablaba incesante y pormenorizadamente de ella, de ella y de nadie más que de ella, sin siquiera acordarse de preguntar ¿Y tú cómo estás?
Hace poco asistí a la celebración del cumpleaños número 80 de doña Mercedes, la mamá de Eliza. Pensé que ésta iba a acompañarme en la mesa, pero apenas se sentaba unos minutos junto a mí, se paraba para ver que todo estuviera en orden, que los músicos tocaran buenas piezas, que todos estuvieran bien atendidos, que el mariachi llegara a la hora señalada...
El grupo musical tocaba ya, pero nadie se levantaba a bailar. Y que la veo venir hacia mí. ¡Trágame tierra!
Tal como supuse, me pidió, no, me ordenó que fuéramos a la pista a abrir el baile. Y yo tratando de decirle que no sabía bailar, muerto de la risa, con ese pánico escénico que me entra cada vez que tengo que ir a bailar. Irónico: me gusta mucho la música y puedo apreciar los ritmos, pero a la hora de bailar se me hacen las piernas de atole, imaginando que voy a hacer el ridículo.
De modo que vencí mis nervios y como todo un caballero la conduje a la pista. "Muévete, pendejo, ¿qué tienes que estás todo tieso como momia? ¿a poco en serio no sabes bailar?, me preguntó entre risas.
Sólo a Elizabeth le puedo permitir que me hable así, es su forma de expresarse, y lo hace más por suavizar la situación que por insultar. Sí sé bailar, le digo, pero poquito. "Pues ahora bailas, porque no pagué un dineral por la música para que todo mundo esté sentado".
Elizabeth es como el gran luchador mexicano El Santo: nadie le gana, así que decidí relajarme y, un poco para mi sorpresa (y también de ella), empecé verdaderamente a disfrutar el baile y consecuentemente a ejecutar mejor los pasos, con ritmo, disfrutando el momento y tratando de recordar cuándo fue la última vez que sacudí el polvo en una pista.
No pude ubicar la ocasión, pero definitivamente fue hace mucho tiempo. Creo que me he encerrado en una rutina de trabajo y encierro, con muy pocas oportunidades para divertirme.
De nuevo en la mesa, Elizabeth nos sorprendió diciendo que se proponía formar un club para personas solas: solteras como ella, divorciados como yo, ni tan jovencitos pero tampoco de la tercera edad, para irnos a bailar, al cine, de paseo, reunirnos a ver una película, aprender algo, etc. Si no fuera porque en eso llegó el mariachi, creo que se hubiera puesto a levantar firmas y anotar las inscripciones en una libreta.
No sé si lo dijo en serio o fue una más de sus ocurrencias jocosas. Pero la idea es buena. Estoy de acuerdo con lo que dijo: "Somos muchas, muchas las personas que estamos solas". Y por qué estar solos, si podemos estar con amigos y divertirnos, esta vida es muy corta y es mejor pasársela bien.
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