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viernes, febrero 05, 2021

Mi madre, mi luz, mi universo

Desde hace algún tiempo sabía que ese día llegaría... traté de acostumbrarme a la idea, pero me fue imposible.
Y finalmente, el domingo 31 de enero se apagó la luz que me iluminó desde que nací; mi madre amada, mi compañera de aventuras, mi maestra, expiró su último aliento y trascendió de este plano terrenal.
Ahora estará en algún lugar mejor, en el Cielo, en compañía de mi padre, de mi hermana Carmen y de tantas personas queridas para ella que fue perdiendo en el camino de la vida.
Toda su vida fue una mujer muy fuerte y lúcida, hablantina y andariega, con gran inteligencia a pesar de no saber leer ni escribir y carecer del oído. Desde sus primeros años fue apartada de su madre, así que vivió una dura infancia en la casa de una y otra tía. 
Quedó viuda a su 42 años, con 10 hijos, los mayores apenas saliendo de la adolescencia, pero esta mujer de acero no se dejó vencer. Con una admirable sabiduría, utilizó parte del dinero de la pensión para comprar una casa, su casa propia, al fin; ella me enseñó que "casa de renta, dinero tirado a la basura".
De modo que nunca nos faltó un techo; comida siempre hubo también, gracias a que mis hermanos mayores empezaron a trabajar y aportaban dinero para la subsistencia de toda la familia, nunca dejaré de agradecerles su sacrificio.
Mi madre se dedicó enteramente a sus hijos. Sin palabras, pero con acciones, nos dio ejemplo y nos formó como personas disciplinadas, responsables, trabajadoras, progresistas y de buen corazón, pero sobre todo, agradecidas: todos, de alguna manera u otra, vivimos siempre para recompensar a nuestra madre todos los sacrificios y penalidades que pasó para criarnos.
Desde hace aproximadamente una década, una niebla fue formándose poco a poco en su memoria, hasta volverse espesa e impenetrable. Lo fui notando en sus silencios inusuales, increíbles, inconcebibles. Todo el tiempo, tan pronto entraba yo en la casa, ella empezaba a hablar sin parar... con un gran entusiasmo me ponía al corriente de todo... después solo eran largos silencios y miradas al vacío que yo no comprendía.
Ello no concordaba con su aspecto fuerte y sano, pues llegó a sus últimos años sin diabetes, sin hipertensión... solo su corazón fue debilitándose poco a poco.
En el frío invierno del 2014 hubo que hospitalizarla a causa de una neumonía. Recuerdo aún las palabras de la doctora, advirtiéndome que me preparara y alistara los documentos, pues mi madre estaba en peligro de muerte. Pero se equivocó: ella no sabía que mi mamá era sumamente fuerte y que su momento aún no llegaba.
Pasó el tiempo. En estos últimos 3 o 4 años, su cuerpo siempre fuerte y recio empezó a debilitarse, poco a poco, se hizo más pequeña, la niebla en su memoria se hizo total, aunque con algunos destellos ocasionales de claridad.
Los últimos meses de su vida se convirtió en una madre extremadamente cariñosa; yo creo que este era su carácter natural, pero pocas veces lo demostró en vida, quizá por la infancia que vivió, tan desprovista de cariño, por haber crecido sin padres.
¡Ay! Cómo se alegraba mi corazón cuando llegaba a verla y veía cómo se le iluminaban los ojos, me hacía ademanes para que me acercara y poder abrazarme y besarme, me apretaba las manos, me decía "te quiero mucho" y "qué chulo m'hijo".

En uno de tantos desayunos, agosto de 2015.


En una o dos ocasiones tomó mi manó para besarla, como se hacía antes con las personas de respeto. Yo me sentí muy desconcertado e instintivamente pensé en retirar la mano, pero después me dije: ¿quién soy yo para impedírselo? No sabía si me estaba reconociendo o si me confundía con alguien más, pero la dejé hacer.
Sus cariños también los regalaba a mis hermanos y hermanas, a mi sobrina Mireya y a su hija Nicole, sus cuidadoras hasta el último día, a mis demás sobrinos, a sus nietos y bisnietos adorados.
Este último invierno no fue bueno con ella, pues volvió aquella enfermedad de aquel 2014, pero ahora mi madre había vuelto a ser una niña y su cuerpo menudito ya no pudo resistirla. Me tocó estar junto a ella, hacer todo lo posible por sacarla adelante con la ayuda de todos mis hermanos, administrarle medicamentos, atestiguando su cansancio con gran impotencia... pero a sus 93 años y medio había llegado el momento de despedirse de todos nosotros. Y descansó.
En el minuto final, mi hermana Lola, con gran devoción y cariño, ungió su cabeza con aceite y pronunció hermosas oraciones rogando a los ángeles que acudieran a su encuentro.

Aunque estoy en el otoño de mi vida, mi corazón de niño sufrió un gran dolor al quedarme sin la luz de mi vida. Me dicen que no llore, pero cómo no hacerlo, si ella para mí fue siempre mi universo. Como soy un hombre sin cónyuge ni hijos, pude dedicarle gran parte de mi tiempo: la llevé a varios viajes, incontables paseos aquí en la ciudad, la tuve de visita en las diferentes casas en que he vivido, disfrutamos muchos almuerzos, comidas y meriendas en restaurantes de toda la ciudad. En los últimos tiempos ya no fue posible salir a pasear, así que solo la acompañaba en su casa.
Digo que la acompañaba, pero digo mal: ella me acompañaba a mí. Ahora sé que era yo quien necesitaba su compañía, y por eso la procuraba tanto. En ocasiones el trabajo y otras ocupaciones me impedían ir a visitarla, podían pasar algunos días sin que fuera a verla, pero al poco tiempo sentía una imperiosa necesidad de verla y corría a su encuentro. ¿Por qué no habías venido? Esta era su pregunta... me la repitió muchas, muchas veces... no hace mucho fue la última vez, en uno de sus días de claridad mental.


Último cumpleaños,
31 de julio de 2020
.
Han sido días de lágrimas y tristeza, y sé que lloro por mí, porque me he quedado sin ella. También ha habido momentos de alegría, al saberla en un lugar mejor, donde algún día nos volveremos a encontrar. Ya fui a visitar su tumba; le agradecí todo lo que me dio y recordé todos los momentos que vivimos juntos. También le aseguré que voy a estar bien, que seré fuerte como ella me enseñó y le dije muy quedito que no me llame a su lado muy pronto, pues hay algunas cosas que quiero hacer.
Siempre la admiré. Pienso que si hubiera aprendido a leer y escribir sería una gran científica, una mujer de letras, una eminencia. Tengo tantas anécdotas, tantas vivencias hermosas a su lado que podría escribir un libro, esos recuerdos hermosos son los que me ayudan a ir encontrando consuelo poco a poco.
Hasta siempre, mi adorada mamacita, mi Nachita, mi universo, mi luz, mi todo.




lunes, marzo 30, 2015

El Cumpleaños de Tinísimo

Nací hace 49 años, el 3 de abril de 1966, un Domingo de Ramos, y durante toda mi vida he celebrado mis cumpleaños precisamente el 3 de abril. Por cierto soy de esas personas a quienes les gusta mucho celebrar su cumpleaños, aunque no haga una gran fiesta, ni salga a cenar a un lugar muy elegante, ni reciba muchos regalos, yo simplemente soy feliz cuando llega el día de mi cumpleaños y empiezo a recibir saludos y felicitaciones de mis familiares, amigos y colegas.
Creo que todos mis cumpleaños han sido felices, no recuerdo los de mis primeros años (porque quizá no me celebraban), pero el que nunca olvido es el de mis 8 años. Cómo le rogué a mi mamá que me preparara uno de sus deliciosos pasteles caseros, con betún (frosting) tradicional blanco, preparado a base de claras de huevo, azúcar glass y limón......mmmmmmh simplemente delicioso.¡
Como casi siempre ocurre en esos días primaverales de abril, un poco antes de la fiesta empezó a llover..... ¡ay!, qué angustia, pensé que no se presentarían mis invitados, casi todos compañeros de mi salón de clases, y algunos vecinos. Pero afortunadamente fue sólo un pequeño chubasco y a los pocos minutos volvió a salir el sol.
Mis amiguitos empezaron a llegar y la fiesta comenzó, una fiesta muy sencilla, en casa, pero una de las más felices que recuerdo. Cómo olvidar que mi sobrina Rosy, una nena que apenas empezaba a caminar, llegó de la mano de mi cuñada Vicky para darme mi regalo: unas galletas ricanelas envueltas con sencillez. Como era todo antes, más sencillo.

Otro cumpleaños inolvidable es el de mis 30 años. Era un sábado, y desde temprano mi amigo Héctor me pidió que lo acompañara a arreglar varios asuntos, pagar cuentas, ir al taller mecánico, comprar unas cosas que necesitaba.... ya estaba yo cansado, y por fin dijo, bueno, pues ahora te invito a comer en McDonald's. Excelente, qué hambre tenía.
Y cuando entramos al restaurante, me recibieron todos mis amigos gritando "¡Sorpresa, Feliz Cumpleaños!", todos con sus gorros de fiesta, arrojando confetti y soplando los espantasuegras (matasuegras, blowouts).
Isela, mi novia en aquel entonces, fue quien preparó la fiesta sorpresa, y vaya que fue totalmente una sorpresa, no me lo esperaba en absoluto. Tuvimos el tradicional espectáculo de los personajes de McDonald's, y también hubo juegos como el de las sillas, carreras en costales y  otros con globos... Ah, cómo nos divertimos... todos adultos, pero por un rato volvimos a ser niños.

Quisiera poder recordar todos mis cumpleaños... pero en este momento no lo consigo. Lo único que sé es que todos han sido felices cumpleaños.
Y desde hace algunos años había pensado en celebrar mi cumpleaños siempre en domingo, en Domingo de Ramos, pues fue en esa fecha religiosa cuando yo nací. Por alguna u otra razón, no fue posible, pero ayer, ayer sí fue posible.
Mi hermana Lola cumplió años el 28 de marzo, así que le propuse que hiciéramos una fiesta compartida el Domingo de Ramos, y aceptó. Decidimos hacerla en casa de mi mamá, para que ella estuviera rodeada de toda su familia. Y vaya, qué fiesta tan bonita tuvimos, fue un hermoso domingo de primavera, bajo un sol esplendoroso, que nos daba una probada del ardiente verano que se avecina.
Lola estuvo rodeada de toda su familia, y además llegaron mis hermanos y sus hijos y sus nietos... como en las grandes ocasiones en que ha habido reuniones familiares, por momentos la casa fue absolutamente insuficiente para todos los invitados. Unos preparando la carne asada, otros platicando, por aquí y por allá, todos contentos, disfrutando el sencillo pero grandioso placer de convivir en
familia.


Y mi mamá, feliz de ver a todos sus hijos, sus nietos, bisnietos y demás... la orgullosa y recia matriarca de una gran familia.

lunes, octubre 27, 2014

Mi Karma con los Autos IV: Mi Ford Grand Marquis, el Carro de Fuego



En ese tiempo tuve la oportunidad de hacer un viaje por carretera al puerto de Tampico, que fue muy cómodo para todos los pasajeros, incluido mi adorado perrito Lucas, gracias a la potencia, buen manejo y amplitud interior del Spirit.
Sin embargo, ya entrando a la ciudad, la suavidad de manejo que había demostrado en carretera se transformó en una serie de molestos golpeteos y traqueteos, pues al menos en ese tiempo las calles de Tampico estaban casi totalmente destrozadas, cuál más cuál menos estaban llenas de baches y grietas de lado a lado.
Fuera de esta molestia, llegamos muy bien y pasamos unas vacaciones excelentes, sobre todo por los días de sol y playa que ya mucho necesitaba, recuerdo lo divertido que fue para mí comprobar la capacidad innata para nadar de Lucas.
Nuestro anfitrión, Agustín Arteaga (QEPD), era un hombre sumamente atento que hizo todo lo que estuvo a su alcance para hacer nuestra estancia muy placentera; recuerdo que nos recibió con una abundante comida a base de ceviche, preparado con su receta especial; todos lo disfrutaron muchísimo excepto yo, pues nunca he podido convencerme de probarlo. Lo que sí probé fueron sus bebidas, pues era también un experto barman.
En ese tiempo él trabajaba manejando su “carro de ruta” por las calles de Tampico; así le llaman allá a un tipo de transporte público que tiene rutas establecidas pero que se ofrece en automóviles (como los taxis) y no en microbuses ni en camiones; en aquel tiempo casi todos los carros de ruta eran vehículos grandes como Grand Marquis y Crown Victoria, de modelos no tan recientes.
Durante mi estancia lo acompañé uno o dos días en sus recorridos, y fue así como conocí una buena parte de la ciudad; además pude darme cuenta de que, a pesar de que su auto no era tan nuevo, se conducía con una suavidad maravillosa, como si flotara, a pesar de que, como ya he dicho, las calles estaban para llorar. Ahí mismo decidí cuál sería mi siguiente automóvil.
Tan pronto regresé a Monterrey empecé a buscar un Grand Marquis, pero como los contemporáneos estaban muy caros, me enfoqué en modelos más antiguos, fue así como poco después cambié mi Spirit 1992 por un Grand Marquis 1984 de color blanco con toldo en interiores de color café oscuro.
Adiós, Chrysler, bienvenido, Ford. Sí, era un carro antiguo, pero estaba precioso y sobre todo sumamente amplio y maravillosamente cómodo, comprobé que definitivamente no hay comparación entre un carro full-size y un auto compacto. Un compañero constante en mis viajes era Lucas, quien se echaba a sus anchas en el asiento del copiloto y se enojaba mucho cuando alguien ocupaba su lugar.
Como siempre he hecho cuando compro un auto usado, una de las primeras mejoras que le hice fue comprarle un precioso juego de llantas Michelin. Los amortiguadores estaban bien, de modo que la conducción era suave y sin sobresaltos, una delicia. Lo único que no me gustaba era que los vidrios y seguros eléctricos no eran originales, sino que se los habían adaptado de manera un poco rústica, así que las ventanillas subían y bajaban a una velocidad más lenta de lo normal.
Suena raro que un auto de lujo como el Grand Marquis no tuviera los vidrios y seguros eléctricos como equipo original, pero hasta en esto se reflejaba la política de austeridad desarrollada por el presidente Miguel de Lamadrid Hurtado para lograr que el país se recuperara después del colapso económico propiciado por anteriores administraciones, como la de José López Portillo.
Mirándolo en retrospectiva, el Grand Marquis tal vez haya sido el auto que más me ha gustado de los que he tenido hasta ahora. ¡Cómo lo disfruté! Hasta ese día…
Al salir del trabajo pasé a recogerlo al taller mecánico que quedaba cerca, a donde lo había llevado para que le hicieran la afinación. Cuando abrieron el cofre para mostrarme que ya había quedado listo pude ver que el potente motor lucía reluciente, porque le habían dado una pasada con gasolina. Así que abordé y me dirigí a casa.
A medio camino, mientras esperaba frente a la luz roja del semáforo, noté un fuerte olor a humo. A un lado se encontraba una vieja y destartalada camioneta, de modo que supuse que era la causante del mismo; me pregunté por qué muchos propietarios de automóviles retrasan tanto la afinación. Reanudé la marcha y me detuve en el siguiente semáforo. El olor continuaba, pero la camioneta destartalada ya no estaba a un lado.
Me preguntaba qué estaría pasando, cuando me quedé estupefacto al notar que por las rejillas del aire acondicionado estaba entrando el humo más negro y espeso que hubiera visto en mi vida… el semáforo seguía en rojo pero aún así aceleré de golpe para detenerme un poco más adelante, en un área desierta a un costado del camino.
Bajé del vehículo y abrí el cofre, sólo para ver que el motor estaba completamente en llamas; sin saber qué hacer, casi presa del pánico, volví a cerrarlo. No tenía extinguidor. Para entonces ya eran visibles las llamas y el humo, de modo que varios conductores se detuvieron a auxiliarme y entre todos volvimos a abrir el cofre y echamos tierra para sofocar el incendio.
Me preguntaba qué había sucedido. ¿Por qué? No fue sino hasta mucho después que relacioné los cables eléctricos de la burda instalación eléctrica para los vidrios y seguros eléctricos, pasando por el motor recién afinado e impregnado de gasolina para que luciera muy limpio… fatal combinación.
El incendio de mi auto fue una experiencia muy impresionante, que me dejó incapaz de pensar con claridad. No tuve siquiera la lucidez de comprender que debía dar gracias a Dios por haber salido con vida.
No se quemó más que el motor. La carrocería, el interior, las llantas, todo estaba bien, sin daños aparentes, pero la compañía de seguros lo declaró pérdida total. Al día siguiente le conté la triste historia a mi mamá, y ella sólo me dijo: “No te preocupes, al rato te compras un carro nuevo”.
Y yo sólo sonreí y agradecí sus buenos deseos, pero no creí que pudieran hacerse realidad.

sábado, octubre 11, 2014

Mi Karma con los Autos II: El Chrysler Le Baron de mis Sueños Infantiles

Corría el año de 1978. Yo tenía 12 años y miraba caricaturas por televisión, pero hubo un comercial que llamó tan poderosamente mi atención que hizo que me olvidara del oso Yogui, del Correcaminos y de todos los demás personajes: era el anuncio del flamante Chrysler Le Baron, cuyas bondades describía con recia y elegante voz el actor Claudio Brook.
Se convirtió literalmente en el auto de mis sueños. Cerraba los ojos y me veía sentado cómodamente en sus asientos aterciopelados, empuñando suavemente el volante y conduciendo a gran velocidad con sólo apretar un poco el acelerador. Bajaba y subía las ventanillas con sólo oprimir un botón, qué gran maravilla. Los transeúntes y los conductores de los demás autos admiraban la elegancia de mi Le Baron, pero yo apenas volteaba a mirarlos.
La realidad era que, junto con mis compañeros de secundaria, abordaba todos los días un camión Ruta 18 para ir a la escuela , y en lugar de utilizar los asientos como toda la gente, corríamos hasta la parte trasera y nos peleábamos para ganar un lugar sobre la cubierta del motor, observándolo todo desde las alturas de nuestra posición privilegiada.
Se trataba de unos camiones Metrobus muy modernos,  que habían dejado atrás a los tradicionales camiones “trompudos” con motor al frente; además de que eran más grandes y estéticos, ¡su transmisión era automática! Yo entonces no sabía nada de transmisiones ni motores, pero cómo me encantaba escuchar el sonido del poderoso motor y la secuencia repetitiva y predecible de sus cambios automáticos.
A través de las grandes ventanas del camión observaba los autos que circulaban por las calles, de pronto distinguía un Le Baron y empezaba a soñar que era yo quien lo conducía. Y fue así todos los días… durante mucho tiempo.
Pasaron casi 10 años. Yo había entrado a trabajar a un gran periódico, y como mi puesto requería que tuviera un automóvil, me ofrecieron un préstamo sin intereses para que yo me comprara alguno de modelo no tan reciente, a condición de que los papeles del mismo quedaran a nombre de la compañía hasta que yo terminara de pagar mi deuda.
Muy pronto encontré, claro, un hermoso Le Baron 1978 de color blanco, con un toldo de color azul celeste que cubría la mitad de su capacete, elegantes y acojinados asientos de “velour” también de este color, aire acondicionado, ventanillas y seguros eléctricos, asiento con controles eléctricos multi-posición, frenos de potencia y transmisión automática con cambios en la columna, como todos los carros de lujo. Mi sueño hecho realidad. Qué iba a saber en ese entonces de las cosas que se deben preguntar, de las revisiones que se tienen que hacer al momento de comprar un auto. Era un ingenuo jovencito de 21 años… y solamente dije “lo quiero”.
Y me dieron casi todos los papeles. Casi, porque faltaba el más importante: la factura, pero no me preocupé demasiado pues el vendedor me prometió que me la daría en un par de días; la verdad yo estaba impaciente por salir del lote de autos usados, tenía que presumir mi carro, mostrarlo a todo el mundo, y mientras conducía suavemente por las calles sentía una felicidad embriagadora y desbordante; aún la puedo sentir si tan sólo cierro los ojos.
Poco me duró el gusto. Muy poco. El pillo vendedor me empezó a dar largas para la entrega de la factura, que mañana, que el lunes, que la próxima semana…  y mientras tanto el contador de la empresa me llamaba a cada rato para que entregara el documento, o les regresara el dinero.
Qué angustia: el contador correteándome a mí y yo correteando al vendedor. Éste dejó de contestar mis llamadas, y se me escondía cuando iba yo a buscarlo al lote de autos… conseguí la dirección de su casa y allá fui a buscarlo, su madre mintió diciéndome que no estaba ahí. Me cansé de esperar a que "regresara".
Hasta que lo encontré en el lote y le exigí que me diera la factura o me regresara mi dinero. Y se negó. Me confesó que el auto estaba en un proceso de embargo y que no podría entregar la factura hasta en tanto no se resolviera el pleito legal.
Sentía que la cabeza me iba a estallar. Más cuando cínicamente me dijo que no me iba a devolver el dinero…  seguí insistiendo, y la única solución que me daba era que devolviera mi hermoso Le Baron y escogiera cualquier otro carro de su lote, de precio similar. Comprendí que era realmente mi única salvación y empecé a revisar los autos que ahí había. Me decidí por un Dodge Magnum 1981 de color negro, y fue así como devolví mi blanco Le Baron. Ay, ni una foto me tomé con él.
El Magnum… no, no era el carro con el que yo hubiera soñado. Para empezar, a mí no me gustaban los autos deportivos, prefería los “de lujo”. Y esa pintura negra… no era la original, y esto era más que evidente, le faltaba lustre.
Admito que al principio no lo quería, pero después me enamoré de él. Su sistema de aire acondicionado convertía a la cabina literalmente en un congelador, una maravilla para los calores de Monterrey. No tenía ventanillas eléctricas, pero a cambio tenía un motor aún más poderoso que el del Le Baron; además, también era automático, aunque su palanca de cambios se encontraba en la consola central. Recuerdo que reparaba como un brioso caballo con apenas un ligero apretón del acelerador. Con el Magnum aprendí a manejar en carretera, y vaya que era una delicia.
La mejor anécdota de mi Magnum es que, alocado como siempre he sido, un día se me ocurrió que mi madre debería manejarlo. Ella, que jamás en su vida había se había puesto al volante de un auto, se puso algo nerviosa, pero aún así no dudó en complacerme. Así que le di una clase de manejo de 5 minutos y nos fuimos al lecho del río Santa Catarina. Aclaro que este es un río más o menos amplio que atraviesa la ciudad, y que casi todo el año está seco, por lo cual antes era muy utilizado por las personas que querían aprender a manejar.
Repasé las instrucciones con mamá: “pisas este pedal para que camine el carro, y luego este otro para que se pare, agarras el volante para que se vaya derecho y lo giras para que dé vuelta el carro”. Y cambiamos de lugar: ahora yo era el copiloto y mamá la intrépida conductora.
Mi mamá empezó a acelerar, primero suave, tímidamente, después con más fuerza… y el auto empezó a avanzar, veloz, aunque no muy derecho que digamos… de pronto, “frena, mamá, frena….” y a mamá se le olvidó cómo parar el carro… le indiqué cuál pedal tenía que pisar y lo hizo, nada suavemente, y los frenos de potencia funcionaron con tanta perfección que casi nos estrellamos en el parabrisas. Repuestos del susto, le dimos una vuelta más, bueno, varias vueltas más…
No lo podía creer: ¡mi mamá había manejado mi Magnum 1981!, y para no haber conducido jamás en su vida, no lo hizo nada mal. Estoy seguro de que, al igual que yo, ella también disfrutó la descarga de adrenalina de esta emocionante aventura. Ay, cómo lamento no haber tomado fotos, o un video, pero entonces no existían los celulares, mucho menos los que tienen cámara. Sin embargo, esos breves y emocionantes instantes en los que mi mamá condujo mi Magnum como el más audaz de los pilotos de carreras permanecen imborrables en mi memoria y en mi corazón.

lunes, noviembre 18, 2013

El Idioma Inglés: Mi Oficio, Mi Pasión, Mi Sustento

Todavía puedo recordar la emoción tan grande que me produjeron mis primeras clases de inglés en la secundaria. Eran otros tiempos, no como ahora, que la mayoría de los chiquillos ya prácticamene son bilingües, o cuando menos están familiarizados con el inglés. Yo no me sabía ni una palabra, así que me enamoré instantáneamente de este idioma, qué tremenda felicidad aprender otra manera de nombrar a las cosas: notebook, pencil, eraser, book. La emoción sencillamente no cabía en mí, así que intentaba compartirla con los demás, pero para ellos no significaba lo mismo que para mí.
Tanto me gustaba que prácticamente devoré el libro de texto. Para cuando la maestra Alicia (Bugs Bunny) nos enseñaba una nueva lección, yo ya me sabía perfectamene el vocabulario de la misma. Obviamente sacaba puros cienes en todos los exámenes,  pero lo malo es que me aburría porque yo quería saber más y más y más.
Poco tiempo después me enteré que a un vecinito sus papás lo mandaban los sábados a unas clases de inglés. ¡No me hubieran dicho eso! Cuánto, pero cuánto le rogué a mi madre que me diera dinero para inscribirme yo también. No alcanzaba a comprender que en mi casa no sobraba el dinero, así que le insistí y le insistí, hasta que mi mamacita buena me dio el dinero y al siguiente sábado me fui a apuntar al Instituto Cambridge, que estaba en una antigua casona en el centro, por la calle Matamoros, casi esquina con Guerrero.
Ahí aprendí muchas cosas más, y gracias a ello se consolidó mi relación con el idioma inglés. En ese tiempo, para practicar, me iba a la Plaza Morelos, y "platicaba" con los Winter Texans que en ese tiempo nos visitaban. Qué chistoso les debí haber parecido. Formé una bonita amistad con Mike y Byron, quienes formaban un matrimonio gay. Yo los llevaba a conocer restaurantes y lugares turísticos donde pudieran tomar fotos, y ellos me pagaban la comida y me ayudaban a practicar inglés y me enseñaban frases de uso diario que en ninguna escuela hubiera aprendido.
Llevamos una relación por ¡carta! durante varios años, y cuando más adelante obtuve mi pasaporte y mi visa, felizmente los pude visitar en San Antonio, Texas.
No recuerdo haber estado mucho tiempo en el Instituto Cambridge, pero después seguí aprendiendo y sacando dieces en la preparatoria; pero sólo en inglés, porque reprobé física y otra materia que ni recuerdo. Cuando terminé ésta no sabía qué carrera estudiar, no me atraía absolutamente ninguna, hasta que supe que en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL impartían la Licenciatura en Traducción de Idioma Inglés.
No lo pensé dos veces y me inscribí; recuerdo que mi hermano Felipe me aconsejaba, molesto, que mejor estudiara una ingeniería, me decía que eso no me iba a dar de comer, pero yo estaba en la edad de no hacer caso. Y se hizo mi voluntad. Cuando me gradué descubrí amargamente que, efectivamente, no había trabajo para un traductor. Sin embargo, podía dar clases de inglés, así que eso hice un tiempo, pero esto nunca me gustó.
De pronto, en Supermatic, una de las empresas en las que daba clases, me solicitaron una traducción. ¡mi primera traducción! Recuerdo haberla hecho a mano, y luego la transcribí en máquina de escribir. Era 1988 y no había computadoras personales, sólo las de las grandes oficinas. Qué emoción tan grande me dio recibir mi primer cheque, con mi nombre escrito, y por una cantidad que jamás había visto junta. Ay, no lo quería ni cambiar, pero necesitaba el dinero.
Poco tiempo después entre a una empresa editorial del hoy Grupo Reforma, duré 11 años en ese trabajo y en todo ese tiempo poco ejercí mi carrera de traductor. Fue precisamente cuando me salí de ahí que empecé a dedicarme poco a poco a traducir.
Y desde entonces he tenido siempre un trabajo de tiempo completo, pero en mi tiempo "libre" me dedico a mi verdadera pasión. He tenido que hacerlo así porque desafortunadamente en la traducción hay épocas de mucho trabajo, y épocas en las que no hay nada, pero nada de trabajo, y como hay que comer diariamente y pagar los recibos cada mes, es necesario complementar los ingresos.
He pensado mucho en esto últimamente, pues la empresa europea para la que trabajo desde hace unos años de pronto dejó de mandarme proyectos de traducción. Primero pasaron unas semanas, pero como estaba tan ocupado estudiando para mi examen HSK de chino, casi no le presté atención.
Pero fueron pasando las semanas y ahí sí me preocupé. Me comuniqué con la directora de proyectos para saber si había ocurrido algo, pero me dijo que, simplemente no habían llegado traducciones de inglés a español mexicano.
La situación me tenía muy tenso, pues mis ingresos disminuyeron considerablemente.
Así que últimamente he estado ofreciendo mis servicios a otras agencias de traducción. Pero este viernes abrí mi correo y cuando vi que había un nuevo proyecto fui inmensamente feliz. Contesté de inmediato que sí estaba disponible y me puse a traducir de inmediato. Este fin de semana, como hace mucho tiempo, lo pasé encerrado adelantando la traducción. Cansado, pero muy feliz.
Hoy le doy gracias a Dios por otorgarme este talento, que siempre me ha dado de comer, y también a mi mamacita preciosa, por haberme pagado el estudio en aquel Instituto Cambridge, pues fue ahí, siendo un muchacho, que decidí que el inglés sería mi forma de vida.

martes, junio 25, 2013

Apuntes de Mis Sueños: La Niña Chapoteando en el Agua

Hacía mucho que no despertaba como esta madrugada, con una angustia muy grande, una casi certeza de que mi madre había muerto. Me levanté, presa de una gran inquietud. Intenté calmarme, pensar que todo estaba bien, reflexionar en los eventos qué me pudieron haber producido este mal sueño.
Ciertamente, ver a mi madre avanzar hacia una etapa que puede ser la última, ha tenido un fuerte impacto en mí. No sé muy bien lo que siento al verla tan silenciosa, tan pensativa... tan frágil. Me siento impotente para comprender sus olvidos.
En la oscuridad, concluyo que debo hacer algo para sobrellevar esta angustia, para aceptar esta nueva etapa en la vida de mi mamacita querida. Y poco a poco vuelvo a conciliar el sueño, vuelvo a soñar, y me veo llegando a su casa.
Ella me recibe muy contenta, y me dice "Ya no está temblando donde antes estaba temblando". No comprendo a qué se refiere, pero igual le digo que está bien, que qué bueno. Y ella corre feliz, Había llovido muy fuerte, y el agua que baja del cerro había convertido la calle en un arroyo. Como yo solía hacerlo cuando era un niño, ella chapotea en el agua, muy divertida. Yo la observo, y de pronto empiezo a llorar desconsolado, al comprender, en mi sueño, que he perdido a mi madre, pues ella ha vuelto a ser una niña. Una niña muy feliz.

Le he platicado a mi terapeuta sobre este sueño y sobre la angustia que siento, y ella me ha recomendado un libro cuya compra, muy inconscientemente, he postergado más de un par de ocasiones: uno de los libros de la tanatóloga Elizabeth Kubler-Ross. Es una muy buena idea.

Por la tarde he tenido la oportunidad de pasar a ver a mi mamá, aunque fuera unos minutos. En el calor infernal, ella duerme sobre un sofá. (Ya no hago ningún intento por convencerla de que duerma en el cuarto que tiene aire acondicionado: ella NO quiere hacerlo, y yo la respeto).
La observo dormir unos instantes, y siento una gran paz. Toco uno de sus brazos, y se despierta. Me mira sorprendida unos segundos, sin comprender, pero luego me reconoce y sonríe. Su sonrisa llega hasta mi corazón y me hace muy feliz. Platico con ella unos momentos y me doy cuenta de que está muy bien. Tengo que partir, pero le digo que voy a regresar a verla pasado mañana. Le doy un beso y me voy, yo también con una sonrisa.

sábado, mayo 11, 2013

De Madres y Plantas

Ayer fue un caluroso día de las madres. Como que ya hacía falta sentir un día así, vertiginoso, de fiesta, con mucho tráfico, con mucha gente en la calle visitando los panteones, apresurada comprando ramos de flores, regalos, comida. En mi trabajo nos dieron la salida a las 2 de la tarde. Abordé mi carro, que estaba ardiendo de calor, y avancé unas cuadras, pero pronto tuve que detener la marcha porque ahí están dos de los panteones más antiguos de la ciudad, y a su alrededor decenas y decenas de puestos y negocios de flores. Uno, dos, tres cambios de semáforo y ahí seguíamos, pero sin impacientarnos, sin tocar el cláxon, aguantando vara. Por fin pude pasar la intersección de Venustiano Carranza y me detuve por ahí, junto a un puesto de flores improvisado. Llevé un ramo de rosas color lila para mi mamá y un paquete de 24 rosas rojas para repartir a mis hermanas, cuñadas y sobrinas que ya son mamás. De paso compré ahí junto dos pollos, uno rostizado y uno asado. Listo, ahora sí a comer a la casa de mi mamá, ya tenía mucha hambre. Me da mucho gusto llegar y ver que hay tanta gente: mis hermanos y hermanas, mis sobrinos y sobrinas, sobrinos nietos, la casa llena con un gran bullicio. Mi mamá estuvo muy feliz, muy felicitada y querida, feliz con sus flores y sus retoños. Y pasé toda la tarde ahí, platicando, cómo nos gusta platicar a todos los de mi familia. Hacía falta, ya que no nos habíamos reunido desde hace tiempo. Mi sobrina Mireya puso orden desde el domingo pasado a la selva de plantas y macetas que ha acumulado mi mamá sin ton ni son en el patio, que no se podía ni caminar. Ahora sí todas las plantas están dispuestas en forma muy ordenada junto a las paredes, dejando libre el centro del patio. Nos pusimos a admirar las plantas, y aproveché para traerme unas cuantas: una planta con hojas como de lechuga pero muy duras y que parece almendro, una planta de chile y un tulipán; de pilón, en una de las macetas venía una planta de aguacate. Llegué a mi casa ya casi a las 8, a punto de oscurecer, y me dediqué a sembrar las plantas en tierra, todas excepto el aguacate, éste decidí seguirlo cuidando en su maceta hasta que se convierta en un arbolito joven que plantaré en el parque de mi colonia. Disfruto mucho cavar la tierra, hacerles un buen espacio, depositarlas en su nuevo hogar y cubrirlas nuevamente de tierra antes de regarlas bien. Poco a poco mi jardín va luciendo como siempre lo había querido, lleno de plantas. Afortunadamente a Rodolfo también le gustan las plantas y me ha ayudado a plantar y cuidar algunas, como la Nochebuena que compré en diciembre para mi oficina, o una planta decorativa que se trajo de un jardín que está cerca de su trabajo, y las semillas de chile que me dio mamá haca unos meses. Hace mucho que mamá no viene a visitar mi casa, pero no importa, una parte de ella ya está en mi jardín: en todas esas plantas que ella cultivó con muy buena mano, que hizo crecer a partir de una ramita, de un retoño, ahora me alegran la vista y el corazón.

domingo, mayo 05, 2013

Mamá Cibernética

Gracias a Dios, mi madre ya se ve mucho mejor. Me siento más aliviado, más descansado, pues verla mal me ponía en un estado de mucha tensión. El fin de semana pasado estuve un rato con ella, platicando sentados en el sofá, y me alegré mucho de verla sonreír, casi como antes, y platicar de varios temas, casi como antes. No se encuentra al 100 por ciento, pero ya se nota mucha diferencia. Disminuyeron también sus olvidos de cosas que habían sucedido unos minutos antes. Corroboro que ella acumulaba un estrés de varios meses o años, pasando días y días sola, anhelando inútilmente que fueran a visitarla sus hijos; algunos de ellos nunca hemos dejado de visitarla, pero lamentablemente la mayoría (somos 10) se toman semanas e incluso meses sin pasar. Luego, hace un par de meses estuvo en el hospital, no nos habíamos dado cuenta de que tenía anemia, quizá por una nutrición deficiente. Pasó una noche en el hospital y esto debe haberle provocado un estrés terrible que alteró su memoria. El caso es que encontré de buen humor a mi mamá, y sólo se quejó un poco de que le dolía una rodilla, por lo cual le dije que era necesario salir, caminar, hacer ejercicio. "Es más, vamos a dar una vuelta a la manzana", propuse sin saber qué esperar. Y para mi sorpresa, se incorporó como pudo del sofá y guardó su bolso en una hendidura de éste. Yo le ofrecí mi brazo y salimos a pasear, caminando muy despacio entre banquetas destrozadas y algunas casas derruirdas, sintiendo una ligerísima llovizna. Unos vecinos nos saludaron muy afectuosamente, me sentí orgulloso cuando me felicitaron por sacar a pasear a mamá... imaginaba yo que caminábamos por algún bello bulevar. Durante el camino le hice una o dos preguntas sobre los árboles, sobre las casas de los vecinos, y comprobé que su memoria sigue bien. Llegamos nuevamente a casa, y para mi gran sorpresa se fue directamente a la hendidura del sofá para recuperar su bolsa-tesoro. ¿No que no? Casi salto de gusto. A veces me pongo a revisar el Facebook en mi pequeño teléfono celular, y se lo paso a ella para que vea las fotos de mis familiares, especialmente los niños. Y pensando en esto, y en que hace tiempo, cuando llegó a visitarme cuando yo estaba en plena video-llamada Skype con un sobrino, la invité a que tomara mi lugar y saludara mi sobrino y ella lo hizo sin ninguna resistencia ni timidez, he propuesto a mis hermanos y sobrinos que le compremos una Tablet, misma que manejaría mi hermana Carmen, quien vive con ella. Actualmente ella no puede recibir llamadas telefónicas porque no oye, pero, con esta tablet, todos lo podemos llamar a través de una video-llamada Skype y ella podrá ver los rostros y leer los labios, sin que tenga que escuchar lo que le dicen. Sobre todo, espero que esto supla en parte la falta de visitas. No es lo ideal, pero pienso que puede servir mucho. Por lo pronto, ya le creé su cuenta de correo electrónico y de usuario Skype. La tablet la podemos comprar en cualquier momento, contratamos Internet y ya está, Mamá Cibernética.

lunes, abril 08, 2013

Mamá, ¿dónde estás?

Mamá, ¿dónde estás? Sé que estás aquí sentada junto a mí, pero, ¿a dónde te llevan tus pensamientos? ¿Por qué tu mirada está triste? ¿Te estás acordando de algo que pasó hace mucho tiempo? ¿Por qué ahora estás tan callada, cuando antes no parabas de hablar? ¿Por qué no respondes mis preguntas? ¿Por qué olvidas las cosas? Te quiero con todo mi corazón, y me duele mucho ver esa sombra de tristeza en tus ojos. No sé qué puedo hacer para que sonrías, para que te eches a reír a carcajadas, para que me enseñes tus plantas, para que me muestres la comida que hiciste. ¿Te sientes sola, mamacita? Dime qué deseas que haga. Te pregunto y me dices que nada. Pero quiero saber qué es lo que deseas. Sé que has estado sola, que mis hermanos (y yo también) nos hemos alejado. He tratado de estar cerca de ti lo más que he podido, para bien o para mal no he tenido familia y por eso he tenido un poco más de tiempo para ti. Es una lástima que mis hermanos, por estar absortos en sus vidas, hayan dejado de ir a visitarte. Lo siento mucho, mamá, pero parece que esto es natural, o cuando menos es muy común. Mamacita preciosa, sonríe, necesito mucho tu sonrisa. Por fuera soy ya un hombre que se dirige al otoño de su vida, pero por dentro sigo siendo un niño, tu niño. El tiempo se detuvo en esos días en que me llevabas al mercado, me tomabas de la mano para cruzar la calle, y yo veía tus piernas fuertes, tu falda. Te amo, mamá, sonríe.

sábado, julio 31, 2010

Jamás Mi Amor Se Irá

Hoy me desperté contento; no puse ningún despertador y abrí los ojos justo cuando tenía que hacerlo. Di gracias a Dios por este día, percibiendo el sol que ilumina todo alrededor. Fue una semana de mucho trabajo pero hoy es un día especial, es el cumpleaños de mi mamá.
No se ha organizado nada en forma, me parece que en un rato nos vamos a reunir en su casa y cada quien llevará algo de comer, pero lo más importante, y lo comprendemos todos, es estar todos juntos para acompañarla y halagarla y agradecerle la fuerza y la entereza que tuvo para formarnos, a pesar de haber quedado viuda tan joven y tener tantas cosas en contra.
Nunca se dio por vencida, todos los obstáculos los derrumbó. Y me parece que lo logró porque nunca los vio como obstáculos, sino que creyó que así era la vida de difícil (acostumbrada como estaba desde pequeña) y simplemente vivió.
Sé que le gustan las flores, así que le llevaré un bonito ramo. La semana pasada, ella que casi nunca pide nada, me pidió que le comprara un cofre de madera, de esos que hacen los presos... yo tengo una visita pendiente al penal, así que pronto aprovecharé para conseguir su cofre.
Hoy estoy muy contento, y sé que tú también lo estás, mamá.¡Felicidades!





martes, junio 15, 2010

Zapatos


¿No te parece que es una grosería
pasar tanto tiempo en la zapatería?

Esta es una pregunta para un ciempiés, que venía si no me equivoco en alguno de mis libros de texto de primaria.

Qué bonito es ir a una zapatería. A mí no me gusta tener muchos zapatos, solamente un par de zapatos negros para casi todos los días, unos cafés para los viernes casuales y fines de semana y unos tenis para caminar o andar informal. Ah, y unas botas vaqueras que me pongo cada tres o cuatro meses.
Por esta razón no voy muy frecuentemente a la zapatería, pero cuando lo hago disfuto mucho la experiencia. Cuando estoy ahí casi siempre me doy cuenta de que el calzado que traigo puesto hace mucho, muchísimo que lo debí haber cambiado. O quizás sea que, comparado con el reluciente par que me estoy probando, se vea tan ajado, tan deslucido y gastado.
Mientras me mido los zapatos me asalta las dudas. ¿Me quedan bien? ¿No será mejor comprar un número más grande, o más chico? ¿Y si se hacen feos luego luego? ¿Y si ya que los use de diario no me gustan?
Invariablemente, estar en la zapatería me remite a mi niñez. Entonces me llevaba mi mamá, y se fijaba muy bien que los zapatos no me quedaran tan ajustados, para que me duraran más. También me decía que pensara bien cuáles eran los que quería, y yo lo hacía porque sabía que no volveríamos en mucho tiempo.
En una ocasión elegí unos zapatos que tenían la parte superior delantera en forma cóncava, muy abombados. Y resultó que a los pocos días la bomba de uno de ellos se "desinfló", tal vez por un pisotón de algún bully, y la punta quedó en forma convexa. Cómo sufrí. Me parecía que se veían horribles y que todo el mundo me veía, y por más que le rogué a mamá que me comprara otros, nunca accedió. ¿Cómo podría hacerlo, si no teníamos mucho dinero y mucho menos para lujos? Así que así anduve largo tiempo, arrepentido de haberlos elegido.
Esos mismos zapatos, o tal vez otros, pues la memoria no es tan buena, los gasté tanto que se rompieron de la punta. Y no había dinero para comprar otros. Recuerdo que me agobiaba tanto que tuve que inventar algo para remediar. Fue así como resolví pegarle una etiqueta o calcomanía sobre el agujero, a manera de parche, y luego ponerle mucho Nugget (betún, tinta, aseador de calzado) de color negro.
El parche quedó perfecto, casi no se notaba, a menos que lo vieras muy de cerca. Cuando se despegaba la etiqueta, simplemente le pegaba otra y a bolearlos de nuevo, para que quedaran "peor que nuevos".
Ah, qué recuerdos. Sigo eligiendo mal. La mayoría me gustan mucho en la zapatería, pero después ya no me convencen tanto. Y aunque trabajo mucho para ganarme mi dinero y podría costearme otro par o hasta otros dos, tengo tan grabadas las experiencias de mi niñez que los sigo usando por mucho tiempo. Old habits die hard, o lo que es lo mismo, los viejos hábitos son difíciles de romper.

miércoles, marzo 03, 2010

Trel


Hay algo que no había comentado acerca de mi madre: ella no oye; perdió el oído cuando era muy niña debido a una enfermedad mal atendida. A ella no le gusta que la gente lo sepa, y se enojaría si leyera esto, pero como no sabe leer, lo escribo. (Perdón, mamacita, no te enojes conmigo, no es falta de respeto, es sólo para darle sentido a lo que quiero contar.)
Como muchas personas que carecen del oído, mi mamá desarrolló fuertemente su sentido de la vista, así que el hecho de no escuchar no es impedimento, pues es toda una experta en leer los labios, tanto de las personas que conversamos con ella como de las que aparecen en televisión. Yo veo que no le simpatizan las personas que hablan con la boca casi cerrada o evitando verla a la cara, pues no puede descifrar lo que dicen.
Tiene una capacidad admirable para darse cuenta de lo que uno siente, tan sólo con observar los rostros de la gente. En el aspecto visual, no se le va ningún detalle, todo lo registra.
Cuando yo estudiaba fonética y fonología fui muy feliz, porque estas ciencias me permitieron entender por qué mi mamá pronunciaba ciertas palabras de una forma "incorrecta", y por qué aunque intentáramos corregirla, ella simplemente seguía pronunciándolas igual.
Aprendí que el sonido "k" y el sonido "j" tienen el mismo punto de articulación, pero diferente modo de articulación. Esto quiere decir que el sonido se produce en la misma área (laringe), aunque en "k" expulsamos el aire y en "j" lo aspiramos, esta diferencia es muy sutil. Hagan la prueba y verán. Así entendí por qué mi mamá pronunciaba "karro" para referirse indistintamente a "carro" o a "jarro".
¿Pero cómo no se confunde? Pues porque es muy inteligente y siempre se basa en el contexto de la palabra.
En nuestro idioma hay sonidos muy débiles, como el sonido "g" en segueta. En algunas palabras una "s" o una "r" iniciales también son muy sutiles. Una persona sorda no los puede identificar, y para reproducirlos cuando habla los sustituye con otros. Es así como mi mamá ha construido todo un vocabulario propio.
A mis mis hermanos y a mí estas palabras exclusivas de mi mamá nos hacían reír mucho, especialmente cuando éramos niños. A veces ella pensaba que nos burlábamos, pero no era así, simplemente nos hacía gracia.
En lo particular yo soy un eterno observador del lenguaje, me apasiona y me maravilla todo lo que tenga que ver con el habla: la pronunciación, la sintaxis, la ortografía, los tonos, los acentos; los albures, los regionalismos, etc. etc.
Es por ello que cuando escucho algo diferente, como las palabras de mi madre, el acento de los españoles, el idioma chino o la forma en que hablan mis paisanos de otras regiones de mi país, me río, pero no es por burlarme sino porque siento placer al reconocer una diferencia.
Siempre que nos juntamos los hermanos y nos ponemos a platicar, invariablemente alguno de ellos utiliza uno de estos términos exlusivos de mi mamá; esto no sólo le pone un poco más de sabor a la charla, nos hace sonreír instantáneamente y sentirnos unidos, cómplices, miembros de un mismo clan único. Y no hay uno solo de mis hermanos y hermanas que no lo haga. Es nuestro sello familiar.
Algunos ejemplos de estas palabras son:

"cartoce" (catorce)
"escorbar" (estorbar)
"carmín" (jazmín)
"tutir" (surtir)
"lasduñar" (rasguñar)
"renake" (drenaje)
"bruda" (viuda)
"bruca" (bruja)
"grenuda" (greñuda)
"kunio" (indistintamente junio o julio)
"chopa" (sopa)

Hay muchas más, la lista sería muy larga si las pusiera todas. Sin embargo, quiero mencionar la que más me gusta de todas, mi favorita: "trel" para significar "tren". De hecho me gusta tanto que en general me he acostumbrado a decir "trel" y sólo en ciertas ocasiones utilizo "tren". Trel, trel, trel. Cada vez que pronuncio esta palabra, inmediatamente recuerdo a mi madre, vuelvo a escuchar sus relatos, su voz, su risa; casi puedo sentir su presencia.
Sé que mucho tiempo después de que se haya ido, todavía estará aquí a través de sus palabras, que seguiremos pronunciando sus hijos, sus nietos y todos sus descendientes como un homenaje de amor.

viernes, noviembre 20, 2009

De Paseo


Esta fotografía la tomó Héctor hace más o menos un mes. Cerca de la casa de mi mamá instalaron una exhibición de productos de Oaxaca y me pidió que la llevara a comprar unas cosas, así que aproveché un sábado para tal efecto. Nos acompañaron Héctor y Lobo, y disfrutamos unas quesadillas deliciosas.

martes, septiembre 15, 2009

A Hard Day's Night


Se acercaba la noche de un día difícil, y la perspectiva de regresar a mi casa y enfrentar a mi soledad no era muy agradable. Di vueltas y más vueltas. Necesitaba hablar con alguien, ser escuchado. Quería verla a ella, pero al mismo tiempo no quería mortificarla.
Finalmente, me dirigí hacia su casa, con un poco de pan para compartir, pues dicen que las penas con pan son menos. Su compañía fue un bálsamo; mientas escuchaba su plática intentaba concentrarme en ella y olvidar un poco mi dolor. En un momento dado abrí mi corazón y le di la triste noticia. Durante todo el día había guardado el llanto en mi pecho, pero ya el dolor era muy fuerte y no pude resistir más. Ella me miró con compasión y me dijo que pensara en que él ahora descansa.
Le dije que me iba a quedar un rato más, pues no tenía muchas ganas de irme a mi casa, y ella me ofreció que mejor me quedara a pasar la noche en su casa y por la mañana me fuera a trabajar. Lo acepté de inmediato, pues era justamente lo que quería y necesitaba.
Más tarde llegó Karla. Debía venir muy cansada después de trabajar todo el día, pero aún así me dedicó todo tu tiempo. Me hizo olvidar un poco la tristeza, y reímos juntos cuando le platiqué una y mil anécdotas de mis amigos. Ya es avanzada la noche y hay que irse a dormir.
Me voy a la cama, y sabiendo que ella está muy cerca consigo caer poco a poco en el sueño. Despierto varias veces, pero casi de inmediato me vuelvo a dormir. Escucho su respiración, tranquila, y sé que a ella también le hace bien mi compañía. Dos solitarios acompañándose.
Se levanta muy temprano, preocupada porque no se me haga tarde. Le digo que todavía falta media hora, que se vuelva a acostar; así lo hace, pero momentos después se levanta y va hacia la cocina mientras yo duermo un poco más.
Por fin me levanto y la encuentro en la cocina. Tomo un café apresuradamente, pues todavía debo llegar a mi casa a bañarme, cambiarme y dar de comer a los perritos. Ella me da un sandwich y frutas. Me despido y voy hacia el coche. Hasta allá me alcanza para llevarme un refresco.
Todavía está oscuro, así que antes de partir le pido que se vuelva a dormir, pero sé que no lo hará. Yo empiezo mi día, dándome ánimos. Hoy es hoy, un nuevo día. Te amo, mamacita querida, bendita seas.

lunes, junio 15, 2009

Bronco

El televisor que tiene en su cuarto simplemente dejó de funcionar. En su lugar pusieron otro, más grande y moderno, pero que finalmente no sirve para nada: no se ve nada porque no tiene antena aérea.
Afortunadamente había otro televisor más pequeño y se lo instalé en la sala, éste sí se veía perfectamente incluso sin antena. No le gustó mucho dónde quedó, pues teme que al estar en el paso, alguien lo pueda derribar con todo y mesa. La dejé viendo un programa y salí un momento.
Al regresar me pidió que retirara el televisor de la sala, que no lo quería ahí, y que además no le entiende al control remoto. Me quedé estupefacto. Traté de convencerla de dejarlo ahí, para que viera las novelas que son casi su única distracción. "No vas a aguantar sin televisión", le dije.
Obstinada como es, me replicó "Sí me aguanto, no quiero tele, no la necesito". No pude evitar ofuscarme, sentí el veneno del enojo llenándome la cabeza y murmuré: "Como tú digas. Vamos a ver cuánto aguantas sin tele"; seguramente no oyó lo que le decía pero no se le escapó mi expresión facial. Contuve el enojo, pero fui brusco al llevarme el televisor a donde estaba. Luego le avisé que ya me iba, y me preguntó si ya no iba a ir.
No entendí la pregunta, me costaba trabajo pensar claramente. Le pedí que repitiera y me dijo: "Pues es que como estás tan bronco a lo mejor ya no vas a querer venir". Y con esa pregunta me desarmó.
Yo me expreso mejor escribiendo que hablando, así que no pude decirle como hubiera querido que por más que me enoje, nunca voy a alejarme de su lado, que pase lo que pase, mientras Dios me preste vida estaré cerca de ella. Sólo le dije que no se preocupara, que a más tardar al tercer día iría a verla de nuevo.
Fue cuando me dijo que lo que quiere es estar en su casa. Me senté a sus pies y ya más sereno le expliqué con cuidado todas las razones por las que no es conveniente que vuelva a estar sola, sin alguien que le preste ayuda en caso de que suceda un accidente, a merced de pandilleros y rateros en una casa que no ofrece mucha resistencia a su incursión, en un barrio peligroso y con cada vez más casas deshabitadas. Que haría falta mucho dinero, que no tenemos, para acondicionar la casa.
Su mirada bastó para hacerme saber que dijera lo que dijera, ella como Gabino Barrera: no entendería razones. Yo comprendo perfectamente cómo se siente al estar alejada de su casa, y comprendo que con la edad nos volvemos intransigentes, pero no olvido cómo nos preocupamos hace unos meses, cuando se cayó y estuvo inconsciente por algún tiempo, sola. Esto va a ser un estira y afloja más difícil de lo que pensé, y conviene armarse de paciencia y tratarla con toda la delicadeza posible y no ofuscarnos. AAAAAAAUUUUUUUMMMMMMM.
En el largo camino a casa seguí pensando, pensando. Cuántas cosas quisiera poder cambiar, para verla más contenta. Cómo me gustaría tener muchísimo dinero y así poder hacer lo que sea necesario para que esté feliz y para que nosotros estemos más tranquilos.

lunes, junio 08, 2009

Decir Adiós a Un Viejo Hogar

Ha sido muy difícil para mi mamá el hecho de haberse mudado de aquel que fue su hogar durante casi 40 años. Al saber que ahora vive en un sector más seguro, y que ya no pasa días y noches completamente sola porque en la casa de junto vive Cristina mi hermana y toda su familia, hemos esperado verla muy contenta y satisfecha.
Pero no ha sido así. No nos detuvimos a pensar cómo se sentiría al estar más segura y acompañada, pero a costa de estar alejada de sus plantas, de sus retratos, de sus roperos. De la tienda de la esquina. De las caras familiares. De las habitaciones que en la noche recorría sin prender la luz, porque sabía exactamente donde estaba cada mueble y conocía cada grieta del piso.
Durante estos meses, en algunas ocasiones la vi inusualmente silenciosa y con una expresión triste en su cara. Al principio no quería decir qué le pasaba, pero finalmente rompió su mutismo y empezó a decirnos que quería regresar a su antigua casa, pues no se sentía a gusto en la nueva.
Pensando en que deseo verla feliz y tan locuaz como siempre, he creído que debíamos dar marcha atrás y regresarla a su casa; incluso he pensado en mudarme a vivir con ella para que no estuviera sola (ni yo solo).
Sin embargo, hay otros factores que considerar. Como yo trabajo todo el día, sólo le haría compañía por las noches, así que ella seguiría estando sola como antes, sin nadie cerca que la auxilie en caso de sufrir otra caída.
Por otro lado, el sector es cada vez más inseguro, así que sería urgente hacer varias modificaciones costosas a la casa, como construir bardas más altas, derrumbar un cuarto para hacer una cochera, etc. ¿Y la lana, 'apá?
Es una decisión difícil de tomar. ¿Cómo lograr que esté más segura, pero también contenta? Hasta ahora, lo más sensato en cuestión de seguridad es que mamá continúe donde está, pues durante la mayor parte del día está rodeada por Cristina, sus hijos, hijas y nietos, y muy cerca de ahí viven Pera y Felipe, que ahora la pueden visitarla más seguido.
En el aspecto de su felicidad, he estado visitándola con más frecuencia, y así he podido ver que afortunadamente se está adaptando poco a poco a su nuevo entorno, y está constuyendo nuevas rutinas. Ayer llegué muy temprano y le ofrecí llevarla al tianguis que instalan los domingos alrededor de la Basílica de Guadalupe, y al cual ella acudía domingo a domingo durante muchos años, para comprar sus frutas y verduras. Pensé que se alegraría, pero para mi gran sorpresa no quiso ir, dando como pretexto que estaba muy lejos.
Esta semana veremos la manera de trasladar sus preciados y viejísimos roperos, así como algunas ollas y los retratos de familia, para que sienta esta nueva casa como su nuevo hogar.

miércoles, abril 15, 2009

Non Ho L'Età (per amarti)

Domingo 12 de abril. Decidí salir de mi encierro auto-impuesto y en primer lugar me fui a saludar a mi mamá, con quien estuve platicando un buen rato. Me dio gusto saber que estos días no estuvo sola sino que la llevaron a la casa de campo de mi sobrino Héctor. Estando allá preparó un guiso de flores de palma, pero según me dijo a nadie le gustó y se lo tuvo que traer de regreso.
Las flores de palma, las quesadillas de cuitlacoche y otras delicias que prepara mi mamá solamente las disfrutamos ella y yo, así que le dije que no se preocupara, pues "entre menos burros, más olotes", y ella y yo nos daríamos un banquete con las flores de palma. El lunes por la noche cenamos eso, y hoy también disfrutaré flores de palma en mi comida.

LAS CURVAS DE ESA CHICA

Más tarde me di una vuelta por las tiendas del centro; por más que quise evitar entrar a MixUp no pude, simplemente no pude y salí con dos CD's y un nuevo video con más ejercicios de yoga, para darle variedad y dejar descansar unos días a Wai Lana.
Me gustó mucho ver a tanta gente caminando, disfrutando un domingo de vacaciones con mucho calor y mucho sol. Vi muchas caras felices y muchos niños, felices también.
De pronto, sentada en una banca vi a una mujer que llamó mucho mi atención. Su larga cabellera rubia a lo Farraw Fawcett, su minifalda, blusa semi-transparente y altos tacones contrastaban tremendamente con su rostro, que atestiguaba el paso de más que unas cuantas primaveras. De alguna manera me pareció haberla visto antes. Sentí que tenía que hablarle, conversar con ella, saber quién era. Mi instinto de Cristino Pacheco salió a flote.
Me puse a seguirla, pensando cómo abordarla sin que me tomara por un loco. Metros más adelante se topó con otras mujeres, y escuché que les preguntó por el baile que se hace cada domingo en la Plaza Zaragoza para las personas de la tercera edad. ¡Eso es! Seguramente ahí la había visto antes. Mientras caminaba admiré sus piernas. No sé qué edad tenga, pero ya quisieran esas piernas muchas, muchísimas mujeres de 25 ó 30 años.
Poco después se acercó a un teléfono público, y al ver que no sabía muy bien cómo utilizarlo, me aproximé para ofrecerle gentilmente mi ayuda. Y ya que estaba en eso, le pedí que se dejara tomar una foto conmigo. Desconfiada pero sonriente, se negó y me preguntó que para qué la quería.
Le insistí y se negó. Tenía que obtener esa foto, así que bromeando le pregunté que si acaso alguien se le iba a poner celoso. Nuevamente sonriendo, muy encantadora, me respondió que no, qué como iba a ser, tomándose una foto con un hombre tan joven (sí, cómo no), que iban a pensar que era mi abuelita y no sé que tantas cosas más.
Me hizo mucha gracia que me llamara "un hombre tan joven"... y no pude menos que recordar la tonada que hizo famosa Gigliola Cinquetti allá por los 1960's:

Non ho l'età, non ho l'età per amarti
non ho l'età, per uscire sola con te.
E non avrei, non avrei nulla da dirti
perché tu sai molte più cose di me.



Así que, con la mayor galantería que pude reunir, le dije que ni creyera que yo era tan joven y que por favor accediera a tomarse una foto conmigo porque quería mostrársela a mis amigos y presumirles que aquí en Monterrey hay muchas mujeres muy bellas, y antes de que siguiera negándose le ordené al fotógrafo que hiciera clic.
Tan nervioso estaba que no le pregunté su nombre. Pero ya sé dónde la puedo encontrar de nuevo. La próxima vez platicaré con ella y les prometo una entrevista tipo "Los Hijos de Sánchez", o de perdida "Aquí Nos Tocó Vivir".

miércoles, abril 01, 2009

Mi Mejor Pastel de Cumpleaños


Hoy es otra vez abril, mi mes favorito, principalmente porque yo nací un Domingo de Ramos de hace casi casi 43 años, era un 3 de abril.
Me gusta abril porque es un mes completamente primaveral. Ciertamente, esta estación comienza en marzo, pero al menos en estas latitudes todavía están los días fríos. Las albercas públicas las abren oficialmente el día 21 de marzo, pero los tontos que se animan a ir se llevan un chasco porque el agua está fría y el viento también.
En cambio, en abril la temperatura ya es más tibia, sin llegar a ser excesivamente caliente. Hay algunas lluvias de primavera, instantáneas y refrescantes.
Que yo sepa, a mí no me hicieron fiestas de cumpleaños cuando estaba chiquitín, pero cuando estaba en la primaria, creo que en tercero o cuarto año, pues ya veía que a otros niños los festejaban y entonces decidí rogarle a mi mamá que me hiciera una fiesta de cumpleaños.
Todos los días le insistía y todos los días me decía que no, que no había dinero; hasta que por fin accedió y yo fui muy feliz. En ese tiempo acostumbraba hacer unas deliciosas tortillas de harina y también galletas, empanadas y pasteles, así que ella misma me preparó un pastel muy sabroso de dos pisos. Luego confeccionó el merengue (o betún como le decimos aquí) con claras de huevo, limón, azúcar glass y no sé qué más, y al terminar me dejó lamer las aspas de la batidora. Estaba delicioso, mmmmmmh.
El tiempo pasó y ya casi se llegaba la hora de mi fiesta, pero en eso que cae un sorpresivo aguacero. Uy cómo me puse.... pensé que ya no iba a ir nadie. Mi cuñada Vicky bañó y vistió a Rosy, quien entonces era una nena que apenas empezaba a caminar, y ella fue la primera invitada que llegó a mi fiesta, con unas galletas Ricanelas envueltas para regalo. Nunca lo olvidaré.
Un rato después volvió a brillar el sol y poco a poco fueron llegando mis compañeritos de la escuela, también con sus regalos, muy sencillos y humildes pero de gran significado para mí. Nos divertimos jugando y platicando, y más tarde atiborrándonos de pastel y refresco. Así de sencilla fue esa fiesta, inolvidable para mí.

lunes, marzo 30, 2009

Almorzando de Pie

Le había prometido a mamá que el sábado pasaría por ella temprano, así que cuando llegué ya me estaba esperando impaciente, muy arreglada y con su bolso de mano colgando del hombro. Tras una breve parada en el centro, para surtir los productos Yves Rocher de mis clientas, nos dirigimos a la casa de la Independencia.
Al llegar yo me moría de hambre, así que fui por unos huevos, salsa y pan a la tienda, y le pedí que me los preparara. Un rato después ya estaba listo mi plato... y también el suyo. Yo había supuesto que ella ya había almorzado y me reproché no habérselo preguntado, pues la hubiera invitado a un Vip's o algo así, pero en su lugar estábamos los dos, almorzando de pie junto a la estufa, porque el comedor ya está en la casa de Brisas. Sin embargo, sentí que el lugar no era tan importante como el hecho de estar juntos compartiendo la comida.
Estoy seguro de que fue una buena idea haberla llevado a la casa de la Independencia, pues la vi muy animada mientras organizaba las alacenas y los cajones, tirando un montón de cachivaches a la basura. Y vaya que esto es todo un logro, pues como la mayoría de las personas mayores tiene una gran dificultad para desprenderse de objetos que los demás consideramos inútiles.
Yo me dediqué a romper y tirar papeles, bajo su mirada desconfiada, porque al no saber leer piensa que podría destruir un documento importante. Así que le dije qué era exactamente lo que estaba rompiendo: folletos publicitarios, calendarios antiguos, notas de compra, etc. y así se quedó más tranquila.
Regar y arreglar sus plantas la mantuvo muy ocupada también y de hecho la vi tan concentrada que me alejé para dejarla a solas disfrutando su labor.
Mientras yo conducía de regreso, ella no paraba de hablar, y esto me dio mucho gusto pues hacía semanas que la veía muy callada y pensativa, hasta cierto punto incómoda; le está costando mucho trabajo adaptarse a su nueva casa. Así que, aunque otras veces me habría impacientado, esta vez agradecí su locuacidad y deseé que tengamos más momentos como éste.

martes, febrero 03, 2009

Las Casas de Mamá

Con el asueto de ayer, ha sido un largo fin de semana lleno de vivencias y convivencias, muy rico en calor humano.
Como casi todos los sábados, al salir del trabajo pasé un momento a la casa de mamá. Esto lo vengo haciendo desde hace mucho tiempo, pero en esta ocasión fue diferente porque ahora ella ya no está ahí; desde el domingo anterior está viviendo en una casa rentada contigua a la de mi hermana Cristina.
Fue una extraña sensación entrar y ver que no está la TV, no está el comedor, bolsas y cajones amontonados en diferentes lugares, esperando la mudanza o el camión de la basura. No está Camilo, el perrito de mamá. No tuve que salir al patio, simplemente no escuché sus ladridos.
El fin de una época. De golpe quedaron atrás todos los momentos vividos en esta casa de la Independencia. La casa de mi mamá. Nuestra casa. En cualquier conversación con mis hermanos nos preguntábamos: ¿no has ido a la casa? Y nunca había necesidad de especificar cuál casa. Los pensamientos y los recuerdos se agolpan, pero ahora no es el momento. No quiero. No tengo tiempo, así que dejo el pastel en el refrigerador y me salgo a mi cita.
Volveré otra vez, casa. Ya habrá tiempo para pensar, recordar y reflexionar. Y para despedirnos, tal vez.



Por la tarde, el bautizo de Eugenio, el hijo más pequeño de mi sobrino Héctor Florentino, nos congregó a todos en el restaurante South. Fui muy feliz conviviendo con mis hermanos y mis sobrinos; también con mi mamá. Adoro estas reuniones porque todos nos ponemos al tanto y nos mantenemos unidos. Son una buena ocasión para recordar cuánto quiero a mi familia, y también cuánto me quieren.
Yo llegué un poco tardé, pero aún así pude disfrutar unos bocadillos de camarón exquisitos, y después un postre a base de helados artesanales de-li-cio-sos, elaborados al auténtico estilo italiano. Los ausentes de la noche fueron Juan y Alex.
Veo a mis sobrinos y sobrinos-nietos convivir entre ellos y pienso que debe ser maravilloso tener tantos primos. Me da mucho gusto por ellos, pero también siento envidia porque yo no tuve ni siquiera un primo con quien jugar.



Emilio y Yo.



Pera y Emilio.

Al terminar la reunión, salgo en compañía de Carmen, Mireya, Denisse y Nicole. De camino al centro, pasamos a la casa de la Independencia para recoger el pastel, y más adelante ellas descienden del carro para seguir su camino a casa.
Por la noche, fiesta sorpresa para Lobo en el departamento de Héctor. Hubo una espléndida cena oriental ofrecida por Cosmo, con delicias como sushi, arroz frito con camarones, tepanyaki, verduras empanizadas y mucho más. Al llegar Lobo, lo recibimos gritando al unísono "sorpresa", y vaya que fue una sorpresa porque la cara de pasmado tardó mucho tiempo en quitársele.
Si no hubiera sido por mi panza inflamadísima (por tragón), hubiera disfrutado esta reunión de amigos un poco más. De todos modos estuve un buen tiempo conviviendo, escuchando música y rememorando anécdotas, y de madrugada, de regreso a casa.
El domingo la cita fue en la nueva casa de mi mamá, a donde llegué cargando a Tzu-Chi. Poco a poco fueron llegando casi todos, y ya avanzada la tarde aquello era una romería, especialmente por los chiquillos que corrían de un lado a otro, felices como sólo pueden ser los niños.
De mis hermanos sólo faltaron tres: Carmen, quien tuvo que trabajar; Juan, quien es muy poco afecto a estas reuniones familiares, y Alex, quien últimamente ha estado ausente también. Los demás comimos pozole y platicamos mucho, pues parece que nunca se nos acaba la plática a los Gutiérrez.
La nueva casa de mi mamá es bonita. Al frente tiene un jardín pequeño pero muy bello que luce plantas nuevas y una decoración con piedras grandes de río. No he platicado con ella sobre el tema, pero parece que está a gusto en este nuevo hogar. Cuando menos no ha pedido que la lleven de nuevo a la casa de la Independencia. Me da mucho gusto por ella y espero que se adapte completamente en poco tiempo. Yo me siento mucho más tranquilo al saber que no está completamente sola, como estuvo tanto tiempo.

Lunes de asueto. Pasé horas lavando el carro a fondo, como hace mucho no lo hacía; hasta le pasé la aspiradora con los nuevos filtros que por fin conseguí; además lavé ropa y asée la casa. Y como preparación para el programa de desintoxicación que iniciaré la próxima semana, decidí hacer una dieta de jugos únicamente; pero con todo el trabajo de limpieza que me puse a hacer, resultó muy pesado. Me sentía muy débil, y por mi mente pasaban imágenes de papas fritas, huevos estrellados, tacos de frijoles, tostadas con salsa, mmmmh.
Terminé mi maratón de limpieza y me fui a recostar al sillón, viendo la tele. Me quedé dormido por un momento, y al despertar ya no pude más: rompí el ayuno y me preparé unas espinacas con papas, tortillas que me supieron a gloria y un rico café con galletas de maíz. Mmmmmh, delicioso. Ya no quiero volver a pasar hambre, así que prometo moderarme con la comida.