
Cuando yo era muy pequeño, en nuestra casa nunca hubo pino de Navidad, ni luces ni ninguna decoración de las que se usan en esta temporada.
Recuerdo que todas las navidades las pasábamos en la casa de Rutila, la prima de mi mamá, y en esa casa sí había un pino de navidad, pero lo que destacaba era un gran nacimiento con las figuras del niño Dios, de José y María, además de una gran cantidad de animales como borregos y burros, que me gustaban mucho.
En la Nochebuena, creo, se hacía la posada tradicional, y nos obligaban a hincarnos y rezar una serie de oraciones que para mi eran incomprensibles y sumamente aburridas. Luego había que hacer una fila y por turnos dar un beso a la figura del niño Dios, después de lo cual nos premiaban con un dulce llamado colación.
Enseguida salíamos al patio, donde ya estaba colgada una piñata rellena con dulces y frutas, y después de romperla nos entregaban una bolsita con cacahuates, dulces, chicles y chocolates que le llamaban "bolo". Era hora de cenar muchos tamales deliciosos y también unos ricos buñuelos que mi mamá había ayudado a preparar, y para rematar, los grandes iniciaban una tremenda cumbiamba que se prolongaba hasta el amanecer. Yo me quedaba viendo a las parejas bailar, y pronto el sueño me vencía en un sillón.
En casa tuvimos pino de Navidad hasta que mis hermanas crecieron y empezaron a trabajar; pero de cualquier modo era una decoración sencilla, nunca como las que he visto en algunas casas, donde ponen manteles y servilletas de motivos navideños, velas, coronas en las puertas y por supuesto un pino enorme con muchas esferas y luces.
En mi propia casa yo tampoco he tenido un pino de navidad. Si acaso, algunas veces he instalado luces en la parte de afuera, pero definitivamente no se me da esto del espíritu navideño.
Esta navidad iba a ser igual que las demás, sin pino, sin luces, sin decoración de temporada. Pero por alguna razón hace días me surgió la inquietud de comprar aunque fuera alguna figura para instalar en la parte de afuera, algo así como un reno con luces. Y fui a buscarlo a un mercado que está cerca, pero no encontré nada parecido.
Me ofrecían series de luces, y de verdad se veían muy bonitas, pero de pensar que tendría que treparme al techo y colocarlas se me acabó la ilusión. Más bien quería algo sencillo, que solamente se colocara y se conectara. La vendedora entendió perfectamente lo que necesitaba y me ofreció un arregló que había elaborado ella misma.
Se trata de una estructura de alambre en forma de cometa, forrada con listón de color plateado y recubierta con unas hermosas y modernas luces de LED. Sin pensarlo más lo pagué y me lo llevé a casa.
Lo coloqué sobre la ventana que da a la calle, metí el cable por una orilla y lo conecté. No tengo pino, ni esferas, ni mi mesa está decorada con manteles y servilletas especiales, pero ahora las personas que pasen por mi casa verán brillar una hermosa y brillante cometa de Navidad.




