miércoles, diciembre 07, 2016

Hombres de Gimnasio

Hace ya casi tres meses que empecé a ir al gimnasio. No por gusto, pues definitivamente a mí estos lugares no me gustan: me parece sumamente aburrido estar levantando pesas y mancuernas y me pone muy nervioso no poder recordar los movimientos correctos (soy total y desesperadamente anti-kinestésico), o cuál aparato es para ejercitar cuál músculo.
Mientras hago ejercicio, me da mucha pena ver a otros hombres pujando y haciendo mil gestos mientras sudan a mares, todo por levantar un peso que a todas luces es excesivo. No entiendo, ¿será que quieren ponerse musculosos y perder en una semana la grasa que acumularon en años? ¿No sabrán que se pueden dañar sus músculos? Definitivamente, yo no creo que sea necesario sufrir tanto para lograr ponerse en forma.
Hay un hombre de unos treinta años, calvo, muy delgado y musculoso, que luce una barba tan larga como la de los judíos ortodoxos o esos personajes de la antigüedad. No sé si sea el dueño, o simplemente un cliente, pero debe tener mucho tiempo asistiendo porque conoce a todo el mundo, y como yo asisto en diferentes horarios, sé que pasa cuando menos unas seis horas en el lugar, de las 8 de la mañana a las 2 de la tarde.
¿Seis horas en el gimnasio todos los días? Soy muy curioso y me pregunto si tendrá un trabajo, una familia, una esposa, hijos... ¿alguna vez usará pantalones, camisas y zapatos como todo el mundo, o en su guardarropa solamente habrá cientos de shorts, camisetas sin mangas abiertas por los dos costados y muchos pares de tenis de colores fosforescentes? Conociéndome, sé que algún día lo averiguaré. 
Muchas veces he escuchado gente decir que cuando uno empieza a ir al gimnasio con asiduidad después "el cuerpo pide el ejercicio todos los días, pues se hace como un vicio". Pues en lo que a mí respecta, a mi cuerpo le importa un cacahuate el gimnasio y si voy o no voy le da igual. Bueno, creo que preferiría no ir y mejor ejercitarse de otra manera más divertida, por ejemplo, saliendo a pedalear.
Por estas razones, en ninguna de las ocasiones anteriores he durado mucho acudiendo al gimnasio, pero sinceramente espero que esta vez ya logre incluir el ejercicio en el gimnasio en mi estilo de vida.
Tantas dietas que hay en el mercado, así como aparatos milagrosos, pastillas mágicas que hacen perder kilos de la noche a la mañana, que quitan el hambre... yo creo que la gente, perezosa, seguirá dejándose engañar, pero yo no hago caso de esas patrañas porque siempre he entendido que la única solución para bajar de peso y mantenerse en forma es mejorar los hábitos alimenticios y al mismo tiempo hacer ejercicio en serio todos los días. Solo eso. Claro que una cosa es saberlo, y otra cosa es llevarlo a la práctica.

Decidí volver al gimnasio para estar más saludable, y también para bajar de peso y mejorar mi figura, por supuesto. Cuando era jovencito era yo una varita de nardo, muy delgado... pero con los años adquirí una panza que nunca me he podido quitar, y me disgusta mucho, principalmente porque me impide lucir bien la ropa.
Todo este tiempo mi problema de gordura se había concentrado en la panza, pero desde hace unos cinco años quizá he empezado a engordar de otras partes... por ejemplo mi espalda y mi pecho... es mi aumento de este último el que me ha provocado pesadillas en las que me veo muy desesperado tratando de ocultar unos pechos que me crecieron como los de Dolly Parton.
Bueno, estoy exagerando, pero precisamente para evitar que la pesadilla se vuelva realidad es que cada día voy a regañadientes al gimnasio, buscando antes mil y un pretextos para retrasar ese momento. Afortunadamente mi instructor es muy paciente y tiene muy buena actitud, además de que esta vez estoy registrando las rutinas que me da en una libretita; escribo el nombre del ejercicio, cómo se hace y para qué sirve, y si uso una máquina escribo el nómbre y el número de ésta.
Algunas sí lo tienen, y describen muy bien su nombre, cómo se usa y que músculos se ejercitan; pero la mayoría no dicen nada y si no fuera por mis apuntes en la libretita nunca recordaría sus nombres ni mucho menos para qué sirven.
Hubo una semana que no fui al gimnasio: un día me sentí mal, otro día tuve demasiado trabajo, al día siguiente simplemente no fui.. y luego llegó el fin de semana. El lunes siguiente, refunfuñando y todo pero logré llegar a la puerta del gimnasio, solamente para encontrarlo cerrado porque era día festivo. Pero desde el martes ya empecé a asistir regularmente, si bien me paso más de una hora convenciéndome a mí mismo. Pero me felicito por haber persistido, poco a poco mis músculos están ganando firmeza otra vez. La panza... esa sí va a tardar un poco más. Pero lo lograré.