viernes, agosto 26, 2016

Nstro.Lab: Co Work en Monterrey

Trabajar en casa (home office, como lo conoce mucha gente en esta americanizada ciudad), es algo que había deseado hacer desde hace muchos años; es más, ahora que lo pienso recuerdo que allá por 1999, justo después de renunciar a la casa editora después de 11 años, me dediqué unos cuantos meses a trabajar en casa.
Pero la situación imperante en ese tiempo no estaba preparada para este estilo de trabajo (y creo que yo tampoco), y fue así que al poco tiempo conseguí un empleo "formal". Pero el concepto "home office" me gustó y la idea se me quedó grabada.
Más o menos en el 2012 le propuse a mi jefe de aquel entonces, una persona que se considera progresista y moderna, abierta a nuevas ideas, que me diera la oportunidad de trabajar en casa, cuando menos un par de días de la semana, ya que pasaba por una situación familiar que ameritaba mucho mi presencia en casa. Pero, como varias otras cosas, mi ex-jefe me negó la solicitud, aduciendo que "al rato todos iban a querer trabajar desde su casa".
En fin, el tiempo pasó y las circunstancias fueron cambiando, a tal grado que desde hace unos cuatro meses no tuve otra opción más que empezar a trabajar desde casa. Por fin, mi anhelo hecho realidad. Volví a usar mi antiguo y cómodo sillón ejecutivo, que tenía muchos años empolvándose por falta de uso, y me compré un bonito escritorio de madera, sobre el cual coloqué mi soporte para colocar la computadora portátil a la altura de los ojos, mi carísimo teclado ergonómico Kinesis y mi ratón Logitech también ergonómico.
Y me dediqué a trabajar, horas y horas traduciendo miles y miles de palabras. Qué maravilla, ¿verdad? Bueno, pues al principio sí, pero con el tiempo empezó a dejar de ser maravilloso. Para empezar, como he referido antes, la casa en la que vivo actualmente es un horno, así que instalé un abanico de techo, industrial; pero casi de nada servía en los días más ardientes del verano. Trabajar bañado en sudor es una verdadera pesadilla.
Sé que la solución ideal hubiera sido instalar un aparato de aire acondicionado, pero el hecho es que no creo durar mucho más tiempo en esta casa, así que no pienso invertir un peso más en hacerla más habitable.
El otro problema es el tedio. Pasaba todo el día en el mismo lugar, solo; cómo anhelaba tener un compañero o compañera en el escritorio de al lado, platicar un poco, salir al Oxxo más cercano a comprar galletas y café. A la hora de la comida hacía una pausa y me trasladaba al restaurante de enseguida (la cocina de mi casa), donde yo mismo me preparaba las pocas comidas que sé cocinar.
Tener todo al alcance (la TV, la cama para hacer una pequeña siesta, mi propio baño, etc.) es genial al principio, pero con el tiempo me fui aburriendo mucho, y después de un largo día pegado a la computadora (estos meses tuve una carga de trabajo impresionante), simplemente necesitaba tomar aire, así que me salía al parque de la colonia, a un puesto de tacos, vaya, hasta la Soriana que me queda cerca era un divertido paseo, pues estaba ávido de ver cosas, autos, personas, de caminar, de sentir el aire, de platicar, etc.

Mi amiga Elizabeth también está trabajando en casa más o menos desde las mismas fechas que yo, y me confió que, tal vez debido al tedio, ha empezado a pelear con su mamá por los detalles domésticos más nimios. Sí, debe ser el tedio. Así que empecé a pensar en una solución. ¿Trabajar en casa de mamá? No muy práctico ni cómodo. Un amigo me ofreció irme a trabajar a su oficina, pero decidí no aceptar: habría muchas distracciones y además sé que me vería forzado a adaptarme a sus horarios (o des-horarios). No y no.

Nstro.Lab

Decidí consultar a Mr. Google y encontré que muy cerca de mi casa se encuentra Nstro.Lab, un espacio que comparten personas creativas (como yo) para trabajar, cada quien en su área. Me gustó la idea y la puse en mi lista de pendientes, pero, como me sucede a veces, lo dejé para "más adelante". Sin embargo, ese "más adelante" llegó de repente, pues la caída de un poste nos dejó a mi y a mis vecinos (los incómodos también) sin servicio de Internet, y no parecía que fueran a arreglar la falla pronto.
 Así que cargué mi laptop y mi teclado (ya no puedo usar otro) y me dirigí a Nstro.Lab, allí me recibió amablemente Mónica Muñoz, quien me mostró las instalaciones y me ayudó a instalarme. El lugar me gustó desde el primer momento: es una bonita casa adaptada, donde el espacio principal es una amplia sala de trabajo climatizada, con amplias mesas, dos grandes ventanas por donde entra la luz del sol, bancas acojinadas pegadas a la pared para sentarse o recostarse a descansar, café y galletas por cuenta de la casa.


Si te aburres de estar en la sala de trabajo, y si no hace demasiado calor, puedes llevarte tu computadora al patio, al cabo la señal de Wi-Fi fluye sin interrupciones, el ambiente lleno de plantas y hasta un minúsculo huerto es muy apacible, y el enorme nogal de la propiedad contigua contribuye a dar una estupenda sombra.
Me adapté perfectamente y pude trabajar de maravilla, conversando de cuando en cuando con mis "co-workers", jóvenes además de amables, talentosos muy creativos.

 Al día siguiente no había regresado el servicio de Internet, así que simplemente me arreglé, metí mis herramientas de trabajo y enfilé hacia mi nueva oficina; esta vez me llevé hasta a Chucho porque ¿qué creen? Nstro.Lab es "pet friendly". Por ser tan bien portado, a todo mundo le cayó bien, especialmente a Terexe Olivares, a quien le encantan las mascotas.
Esta vez por poco no alcanzo lugar, porque había muchas personas trabajando, pero me acomodé en un rincón y pude dedicarme a trabajar a gusto. A la hora de la comida pedí una comida casera preparada por la vecina que vive exactamente enfrente, y compartí la mesa y una amena charla con los co-workers. Luego, un rato más de trabajo antes de despedirme, esperando regresar muy pronto. Qué estupenda experiencia ha sido trabajar en Nstro.Lab, les auguro mucho éxito, pues me parece que este concepto de "co-working" ha llegado para quedarse.