sábado, mayo 27, 2017

Círculos de Miseria

Me pidió que lo acompañara a recoger una computadora, viaje rápido de ida y vuelta a Laredo, Texas. Hacía tiempo que los dos amigos, por una variedad de razones, principalmente demasiado trabajo, habíamos dejado de frecuentarnos como antes. Ya solo coincidíamos de cuando en cuando.. en algún puesto de tacos, charlas breves, apresuradas.
Pero ahora fue distinto. Mucho tiempo para hablar y para escuchar, kilómetros y kilómetros de carretera para ponernos al corriente, para reflexionar, para hablar sin prisas, de muchos temas y de muchas historias.
Una de ellas la puedo titular como "círculos de miseria". Empiezo a contarle la tristeza que me dio enterarme que Fénix ha vuelto a caer en las garras de las drogas, y para mantener ese vicio, ha vuelto a robar. Lo persiguen. Lo tienen amenazado de muerte. Ha robado hasta a quienes le han dado de comer. Tantos años en la cárcel, tantas ganas de volver a ser libre, tanta tristeza y lágrimas de su familia...
Muchos lo critican. Vicioso. Débil. Ratero. Flojo. No quiere salir adelante. No alcanzan a darse cuenta de los esfuerzos que ha hecho para ganarle la batalla al vicio, para mantenerse alejado, para mantenerse "limpio"... pero sin apoyo profesional y terapéutico, sin dinero, con una gran carencia afectiva, con resentimientos sin resolver, envuelto en la ignorancia, con la droga tan al alcance...
Me da tristeza su vida. Perseguido, atormentado por el vicio, huyendo, escondiéndose. Dominado por un vicio que lo arrastra a conductas que lo hacen mal hijo, mal padre, mal esposo. Repudiado. Ignorado. Queriendo salir del pozo, para volver a caer justo cuando se ve cerca la salida.
¿Cuáles son las causas? ¿Qué lo llevó a vivir así? ¿Por qué cayó en las drogas? ¿Por qué vivir esa existencia tan difícil? ¿Por qué no buscar la felicidad? Son muchas preguntas, pero las respuestas no las conozco. Cada cabeza es un mundo.
Un círculo de miseria, una cadena de errores que se perpetúa, pasa de generación en generación. Hasta que alguien quiera romper el círculo, salir a la luz, dejar atrás la miseria.
No pude dejar de pensar en los posibles orígenes. El adolescente Juan Camaney, que perdió a su padre en la flor de su juventud.No quiso estudiar, ¿para qué? Mejor la moto, la mota, la batería, las chicas fáciles que le daban las nalgas sin que se las pidiera. Ante los ojos curiosos de un niño, una tarde canicular Maruca se metió hasta la regadera, ansiosa de que Juan se la metiera.
Embarazó a Viridiana, una chica de apenas 14 años, que dejó de ir a la escuela cuando la panza ya era demasiado evidente. El papá se la fue a entregar. Ni siquiera le pidió que se casara, tan solo fue a botarla para que se encargara de ella y de la criatura en camino. Una boca menos que mantener, un problema menos que resolver.
Juan nunca la quiso, nunca la respetó. La golpeó, la humilló, la maltrató. La ignoró. Siguió su vida de casanova de barrio, una piojosa tras otra. Tuvo otra familia, cínicamente, descaradamente; le importaba un comino si Viridiana se enteraba o no. Con tantos golpes, ella mejor guardaba silencio. Y se llenó de hijos, que no tuvieron un padre cariñoso, un padre amable, un padre que expresara sus sentimientos. Fue un padre hosco, regañón, ausente, distante. Y quien más lo resintió fue Fénix, el hijo sándwich.
Él también embarazó a una muchacha joven, Amelia. Y cuando nació su niña, él ya andaba en las drogas, robando cosas para empeñarlas y conseguir dinero, para el pan, para las drogas... y lo metieron al bote. Encerrado se le fue la dorada juventud, lamentando no haber visto crecer a su niña. La mujer lo esperó un tiempo, pero después dejó de ir a visitarlo a la cárcel. Se consiguió otro hombre y tuvo un hijo de él. Los años pasaron.
Fénix salió. Su hija ya era una adolescente, que no lo veía con ojos cariñosos como cuando era una pequeña, él ya no era su padre, era un desconocido. Ella ya tenía novio, a los pocos meses se fue a vivir con él y... sí, quedó embarazada.
Fénix empezó a cortejar a Amelia (el otro hombre sólo le hizo un hijo y la abandonó poco después). Donde hubo fuego, cenizas quedan, dicen. Y ella se dejó conquistar de nuevo. Y al poco tiempo quedó embarazada.
Ronaldo, un primo de Fénix, le dio trabajo en su taller. Gracias a eso pudo mantener a su mujer. Trabajó con mucho ahínco, aprendió el oficio, se portaba bien. Fue honrado, y se ganó la confianza de su primo. Pero Fénix volvió a probar las drogas. Y volvió a robar. Primero, por allá lejos. Luego, robó herramienta del taller. Las cámaras de seguridad lo delataron. Estuvo a punto de robar un auto de un cliente, pero la falta de gasolina lo impidió. Huyó. Con una hija recién nacida, a punto de ser abuelo, traicionando la confianza de quienes le dieron de comer. Repudiado. Perseguido.
Círculos de miseria.