viernes, diciembre 11, 2009

Cometa de Navidad


Cuando yo era muy pequeño, en nuestra casa nunca hubo pino de Navidad, ni luces ni ninguna decoración de las que se usan en esta temporada.
Recuerdo que todas las navidades las pasábamos en la casa de Rutila, la prima de mi mamá, y en esa casa sí había un pino de navidad, pero lo que destacaba era un gran nacimiento con las figuras del niño Dios, de José y María, además de una gran cantidad de animales como borregos y burros, que me gustaban mucho.
En la Nochebuena, creo, se hacía la posada tradicional, y nos obligaban a hincarnos y rezar una serie de oraciones que para mi eran incomprensibles y sumamente aburridas. Luego había que hacer una fila y por turnos dar un beso a la figura del niño Dios, después de lo cual nos premiaban con un dulce llamado colación.
Enseguida salíamos al patio, donde ya estaba colgada una piñata rellena con dulces y frutas, y después de romperla nos entregaban una bolsita con cacahuates, dulces, chicles y chocolates que le llamaban "bolo". Era hora de cenar muchos tamales deliciosos y también unos ricos buñuelos que mi mamá había ayudado a preparar, y para rematar, los grandes iniciaban una tremenda cumbiamba que se prolongaba hasta el amanecer. Yo me quedaba viendo a las parejas bailar, y pronto el sueño me vencía en un sillón.
En casa tuvimos pino de Navidad hasta que mis hermanas crecieron y empezaron a trabajar; pero de cualquier modo era una decoración sencilla, nunca como las que he visto en algunas casas, donde ponen manteles y servilletas de motivos navideños, velas, coronas en las puertas y por supuesto un pino enorme con muchas esferas y luces.
En mi propia casa yo tampoco he tenido un pino de navidad. Si acaso, algunas veces he instalado luces en la parte de afuera, pero definitivamente no se me da esto del espíritu navideño.
Esta navidad iba a ser igual que las demás, sin pino, sin luces, sin decoración de temporada. Pero por alguna razón hace días me surgió la inquietud de comprar aunque fuera alguna figura para instalar en la parte de afuera, algo así como un reno con luces. Y fui a buscarlo a un mercado que está cerca, pero no encontré nada parecido.
Me ofrecían series de luces, y de verdad se veían muy bonitas, pero de pensar que tendría que treparme al techo y colocarlas se me acabó la ilusión. Más bien quería algo sencillo, que solamente se colocara y se conectara. La vendedora entendió perfectamente lo que necesitaba y me ofreció un arregló que había elaborado ella misma.
Se trata de una estructura de alambre en forma de cometa, forrada con listón de color plateado y recubierta con unas hermosas y modernas luces de LED. Sin pensarlo más lo pagué y me lo llevé a casa.
Lo coloqué sobre la ventana que da a la calle, metí el cable por una orilla y lo conecté. No tengo pino, ni esferas, ni mi mesa está decorada con manteles y servilletas especiales, pero ahora las personas que pasen por mi casa verán brillar una hermosa y brillante cometa de Navidad.

lunes, diciembre 07, 2009

Fervor Guadalupano y Chismes de Salón de Belleza

Mi querida Flor se sorprende de mi gusto por las películas mexicanas antiguas, dice que por mi edad ella supondría que me interesarían otras cosas más actuales. En realidad no me había puesto a pensar en ello, pero desde hace muchos meses no encuentro en la cartelera del cine nada que siquiera me llame la atención, y es quizá por ello que me he refugiado en la televisión y particularmente en los dramas mexicanos cargados de sentido y significado.
La semana pasada fui al cine. Tenía meses sin acudir a alguna sala, pero esa vez se habían agotado las opciones y sólo quedaba el cine. Parado frente a la taquilla, me quedé interminables segundos analizando las distintas opciones. ¿Cuál sería la menos peor?
La frívolas comedias gringas ya me tienen hasta la madre, sus chistes ya no me hacen reír. Las cintas de destrucción y desastres me hacen bostezar, he visto tantas. Las películas de vampiros jamás han despertado en mí el mínimo interés. Las sagas de niños que vuelan en escobas y acuden a escuelas de magos dirigidas por maestros de aspecto muy severo me provocan sueño. Las películas para niños son películas para niños. O padezco un aburrimiento crónico e incurable o lo que nos ofrecen últimamente es pura bazofia.
En vista de ello, elegí no la más interesante sino la más próxima a comenzar y esa era la de la Guadalupana o algo así, tan mala que no me tomaré la molestia de investigar más datos. Resultó un churrazo en la cual un tipo ordinario necesita dinero para hospitalizar a su abuelo y comete la pendejada de pedir ayuda a un mafioso conocido de él, pero obviamente todo se enreda y resulta que le queda debiendo al mafioso una cantidad de dinero que ni en sueños podría conseguir.
Así que su abuelo, trabajador voluntario de la Basílica de Guadalupe, le aconseja hurtar el manto de la Virgen Morena y pedir un rescate por él. No, no tienen ningún plan, ni saben nada de logística, no tienen computadoras ni sofisticados equipos y sistemas para burlar la vigilancia de la iglesia, pero aún así logran apropiarse de la imagen sin ser vistos ni mucho menos atrapados. Recordemos que es una película mexicana, así que todo es posible.
A partir de este momento, en lugar de que la trama resultara más interesante gracias a una mayor tensión, me aburrí de lo lindo. Entre las multitudes de gentes idólatras desocupadas que instalaron campamentos y plantones en la Basílica hasta que apareciera la imagen de la Guadalupana, escenas que evidenciaban la corrupción de las autoridades de justicia mexicanas, un jovenzuelo más correlón que Speedy González al cual no pueden atrapar ni los narcos ni los policías, lo que más anhelaba yo era que terminara la película. Qué desperdicio de tiempo y dinero.

Así que Florecita, ¿ya ves por qué estoy viviendo un romance con las viejas películas mexicanas? Son mucho mejores que estos bodrios como el que acabo de mencionar.
El sábado por la mañana vi "De Carne Somos", un melodrama altamente cursi con Marga López. Y ayer domingo vi una cinta muy interesante titulada "Salón de Belleza", la cual desafortunadamente no pude terminar porque hube de salir corriendo. La trama gira alrededor de un salón de belleza, lugar donde se reúnen las mujeres a chismemorrear y también a que les arreglen el cabello.
Socorro es una peinadora que ambiciona ser rica y lucir joyas como las de una de sus clientas, una prepotente rica que no pierde oportunidad para humillarla y burlarse de sus sueños. No le queda de otra más que aguantar callada sus insultos, pero más adelante podrá reírse de ella, pues se convertirá en la amante de su marido.
Mientras tanto su joven y noble enamorado nada sabe de sus oscuras ambiciones. El es un "tamarindo" o agente de tránsito y dirige el poco tráfico parado sobre su banquito de madera, como se usaba en los años 50, justamente enfrente del salón.
Por cierto, qué interesante es para mí observar los detalles que eran comunes en esos años, como el banquito mencionado antes, el poco tráfico, los modelos de automóviles y camiones, la honestidad del agente e inclusive la gran cantidad de regalos (principalmente botellas envueltas, presumiblemente de licor) que le dejaban los automovilistas en ocasión del día del agente de Tránsito.
En mi ciudad los agentes de tránsito son en términos generales tan corruptos, deshonestos y abusivos que si acaso los automovilistas les dieran regalos estos consistirían en bombas molotov, puñaladas y balazos de armas de diferentes calibres.
Emilio Tuero es Román, el agente, quien conoce a una artista de moda (interpretada por Liliana Durán) cuando ésta provoca un accidente. Ella queda prendada de él y hará todo lo posible por seducirlo con la promesa de convertirlo en actor. Pero él no se decide... está muy enamorado e ilusionado de Socorro.
Como dije antes no pude ver el final de la película, pero sí supe gracias a que visité un blog por demás interesante que Soco obtiene las joyas y pieles con las que tanto había soñado, pero al final paga un precio muy alto por ello, la culpa no la deja vivir.

sábado, diciembre 05, 2009

Cuetlaxóchitl

Acabo de ver por la ventana que salió el sol. Pero hace un frío terrible, tanto que estoy temblando. No me gustan los calentadores, me sofocan. Cerca de mi se encuentra Tzu Chi, hecho bolita en su cama. Duerme un sueño ligero, y se levanta inmediatamente si me muevo de la silla.
Toda esta semana fue muy fría, con llovizna casi todos los días. Siempre me ha gustado el tiempo de frío, pero esta vez no ha sido muy agradable que digamos, sobre todo por el resfriado que pesqué el lunes pasado. Estuve con la nariz muy congestionada y mucha dificultad para respirar, pero ya fui ayer con un médico y me dio un tratamiento que está surtiendo efecto rápidamente.
Gracias a este médico, quien introdujo una sonda-cámara por mi nariz, me entero a mis 43 años cumplidos que tengo el tabique muy desviado sin haber sufrido nunca un traumatismo.
No he salido a la calle. Hoy no han pasado buenas películas en mi canal favorito (apenas en este instante está empezando una que se ve prometedora), pero aún así he estado aquí, rehúsandome a salir. Ya pasaron una de Viruta y Capulina, otra de Tonina Jackson y el Huracán Ramírez, y otra de Piporro, El Rey del Tomate. Debería haber ido a buscar una chamarra que me hace falta, pero no logro vencer la pereza.
Ni siquiera se me ocurre de qué escribir. Comeré una naranja.

martes, diciembre 01, 2009

Hubo un rey en un castillo...


Por invitación de Valentín, un compañero mesero que está estudiando para chef, acudí ayer a una exposición que realizaron los alumnos de la escuela, en la cual presentaron diferentes obras escultóricas hechas con productos alimenticios.
Los futuros chefs echaron mano de su creatividad y produjeron obras como la Pirámide del Sol, un volcán con todo y fumarola, una reproducción del Taj Mahal, una montaña rusa y un oso polar, hecha con galletas, grenetina, jarabe de chocolate, arroz, amaranto, mantequilla y pan.
Mi obra favorita fue un servicio de mesa hecho enteramente de pasta de dulce y otros alimentos: incluía mantel, cubiertos, platos y tazones con una apariencia muy realista, hasta tenía un par de sillas de tamaño natural fabricadas con caña de azúcar.

lunes, noviembre 30, 2009

"Déjate de Arrecheras"


Esta sábado muy temprano vi una película que me divirtió enormemente, aunque lamentablemente no la alcancé a ver desde el principio. Al terminar ni siquiera supe cómo se llamaba, pero ahora, gracias a un blog de cine, me entero que se trataba de "Subida al Cielo", una más de las geniales obras de Luis Buñuel.
La trama de esta cinta se desarrolla en un viejo camión de pasajeros, de los que se conocían como "flechas", el cual recorre distintos escenarios del estado de Guerrero, algunos de ellos muy peligrosos, como la cuesta llamada El Cielo. Cada uno de sus pintorescos pasajeros aporta una interesante historia, que conjugadas con los ingeniosos diálogos y las expresiones idiomáticas locales hacen una delicia.
Como dije al principio, la película tiene muchas escenas de comedia, como cuando el camión se queda varado en un río, pero hay otras de mucho dramatismo, como el padre que traslada a su niña muerta, y la historia clave, que es la inminente muerte de la mamá de Oliverio y las vicisitudes que tiene que pasar para cumplir su última voluntad e impedir que sus hermanos se apropien de la herencia.
Un personaje muy destacado es el que hace la hermosa Lilia Prado (Raquel), quien se la pasa todo el viaje acosando al pobre Oliverio, mientras que éste en lo único que puede pensar es en su luna de miel interrumpida y en llegar a tiempo para ver con vida a su madre.
A Raquel esto no le interesa, y como hembra en celo que busca al macho, insiste una y otra vez; en uno de los trayectos más peligrosos intenta manosearlo, a lo que él le grita: "Déjate de arrecheras". Pasado el peligro finalmente logra hacer suyo al hombre, para después, satisfecha y feliz, declarar cínicamente: "Yo lo que quería ya lo obtuve".
Me impresionan mucho este tipo de mujeres, que en cuestiones sexuales toman la iniciativa y no descansan hasta lograr satisfacer su apetito. Me impresiona porque en mi país en general este comportamiento es más usual en el hombre, y completamente insólito en la mujer; sin embargo he sabido que en ciertas regiones costeras y del sur del país no es infrecuente que las mujeres actúen así.
Subida al Cielo es una película excelente y muy recomendable de nuestro cine mexicano. En cuanto pueda conseguir una copia la volveré a ver, esta vez desde el principio.

viernes, noviembre 27, 2009

Como los Osos


Parece que me hubiera convertido en un oso que se cae de sueño al acercarse el invierno. En esta época del año, al salir del trabajo ya está oscuro y por alguna razón que no comprendo yo lo único que quiero hacer es llegar corriendo a mi casa, cenar y acostarme.
Tal vez debería ponerme a leer un poco, arreglar algunos documentos, ponerme en línea, quizá salir al cine o a visitar a alguien, pero lo cierto es que estos días prefiero dormir, dormir, dormir.
Hasta cierto punto admiro a ciertas personas para quienes la hora de salir del trabajo es la hora en que empieza la diversión, y se lanzan de aquí para allá a enfrascarse en mil actividades antes de irse a dormir, ya muy tarde. A veces me gustaría ser así pero la realidad es que en estas cosas reacciono como los animalitos, que se aquietan y descansan cuando ya no está el sol en el cielo.

jueves, noviembre 26, 2009

Tragón

Desde que yo me acuerde tengo la mala costumbre de comer demasiado rápido, y he sufrido innumerables veces de sus inevitables consecuencias, como gastritis, indigestión, reflujo gastroesofágico, por mencionar algunas, además de una barriga prominente que se resiste a desaparecer.
Debo confesar que soy de muy buen apetito, pero desafortunadamente mientras más rico el platillo más rápido como y devoro los bocados casi enteros, así que lo que empieza con un deleite acaba con gran sufrimiento (en realidad, como todo en la vida).
Recuerdo que la primera vez que fui a México, D.F. era un niño, y a nuestra llegada a la casa de mis tíos nos ofrecieron una comida compuesta por platillos desconocidos para mí pero todos deliciosos. Comí como si me hubieran tenido amarrado, qué vergüenza. Luego me dolió mucho la panza, y por la noche vomité la comida hasta por la nariz.
Ese mal recuerdo debería ser suficiente para frenarme, pero no es así. Algunas personas me dicen que de tan rápido que como ni disfruto el sabor de los alimentos. Tienen razón. Algunas veces hago el intento de hacer más lento el proceso, pero después de dos o tres bocados vuelvo a las andadas.

Hoy por la mañana me llegó por correo este extracto del libro Mindful Eating, de Jan Chozen Bays:

Hacer Pausas Cuando Comemos
He aquí algunos métodos que te ayudarán a hacer más lenta tu forma de comer, creando pausas:

1. Haz una pausa antes de empezar la comida. Mira cada pieza de alimento, tómalo con los ojos. Nota los colores, texturas, formas y la forma en la que están dispuestos en el plato o el tazón.
2. Toma un momento para dar gracias. Agradece a los animales, las plantas y a la gente que te trajo esta comida. Sé consciente de sus regalos mientras comes.
3. Empieza la comida haciendo una pausa para inhalar la fragancia de los alimentos. Imagina que te nutres con tan sólo el aroma.
4. Come los alimentos a la manera en la que un conocedor de vinos prueba el vino. Primero huele los alimentos, disfrutando su bouquet. Luego toma una probadita. Dale vueltas dentro de la boca, saboréandola. ¿Qué ingredientes puedes detectar? Mastica lentamente y traga. Toma un sorbo de agua para limpiar el paladar. Cuando la boca esté limpia de alimentos y sabores, repite el proceso.
5. Si notas que estás comiendo sin saborear, detente y haz una pausa para mirar la comida nuevamente.


Me gustó la sugerencia y la compartí con varios queridos amigos. No obstante, hace rato que me encontraba comiendo en un restaurante, en un momento dado me puse a observar conscientemente y me di cuenta de que estaba comiendo velozmente, como siempre. Así que, al recordar lo que acababa de leer, dejé la hamburguesa en el plato y me esforcé por recordar cada una de las recomendaciones.
Recordé casi todas, y gracias a eso pude disfrutar mejor mis alimentos. Se me ocurrió que, para convertirlo en costumbre, sería una buena idea imprimir ese pequeño texto y colocarlo sobre la mesa.
Se dice que los viejos hábitos nunca mueren, pero yo no lo creo así. Pienso que si aprendimos a hacer algo, también podemos aprender a dejar de hacerlo.