sábado, marzo 28, 2015

Terminó el Largo Invierno

Y sí, ya es primavera por fin. Todavía las mañanas son frías, pero este sol esplendoroso ya va dejando atrás los estragos que causó este invierno, que me parece que ha sido el más crudo de mi vida. Y no porque haya habido grandes tormentas de nieve, no, pues en estas latitudes no suele caer nieve. Pero sí hubo mucho frío, y lluvia, tristezas, grandes pérdidas, desolación. No se quería ir este invierno, pero ya se fue por fin.
La claridad de los nuevos días refleja una realidad distinta. Los árboles se van llenando de hojas otra vez. Durante la oscuridad del invierno sucedieron muchas cosas, el tiempo siguió transcurriendo, aunque a mí me pareciera que se había estancado.
Hace más de un mes dejé de trabajar en la compañía con la que estuve durante más de cinco años. Fue difícil decidirme a salir de la zona de confort, pero afortunadamente se me presentó una oportunidad de crecimiento y no dudé en aceptarla. Aunque tenía un miedo natural a lo desconocido, me decidí a decir adiós, a cerrar un capítulo importante de mi vida laboral.
Mi mayor felicidad fue darme cuenta de que nunca más volvería a esa oficina en aquél sótano húmedo y asfixiante, donde poco a poco me fui haciendo gris, invisible, ajeno a lo que estuviera sucediendo en los demás departamentos. Cómo me hacía falta la luz del sol, el aire fresco. Realmente no sé cómo pude aguantar tanto tiempo en aquel ambiente irrespirable.
Ahora es distinto: puedo trabajar en una bonita oficina, o en un jardín o en mi casa... nunca más un estúpido reloj checador ni horarios esclavizantes. Trabajar para vivir, y no vivir para trabajar.

No dejo de extrañar a mi hermana Carmen, pues no me he repuesto del todo de su partida tan repentina, que me dejó devastado, con tantas cosas por decir, con tantos abrazos, tantos besos. Lamento no haber platicado más con ella, conocer sus sueños, sus ilusiones, sus lamentaciones. Lamento no haberla invitado a beber unas cervezas, cantar canciones que le gustaran, acudir juntos a un buen espectáculo. Cómo me gustaría haberla llevado a ver un show travesti... pienso que se hubiera divertido mucho.
Pero ya no está. Me dio mucho amor, y yo también le dí amor y un gran respeto, mi apoyo incondicional y constante. Pienso que no le gustaría verme triste, así es que me pongo una sonrisa en el rostro y salgo a abrazar a la vida, a trabajar, a apreciar todas las cosas buenas que Dios nos regala. Ahora me preocupo más por hacer lo que es verdaderamente importante. Pasar el tiempo haciendo lo que yo quiero y conviviendo con las personas que yo quiero. Todavía no lo hago muy bien, pero ahora trato de decir "te quiero" con más frecuencia.

La dura realidad me ha hecho comprender que cada día puede ser el último. Es un tema que escuchamos con mucha frecuencia, pero al poco rato lo olvidamos y seguimos inmersos en las cosas que no son importantes, en las envidias y rencores que consumen la vida, en los excesos, en la soberbia, absortos en el trabajo, en las preocupaciones, con la razón nublada por la televisión.
La semana pasada encontré en el baño de un restaurante un cartel con una larga e interesante reflexión, que en resumen dice que no hay que dejar las cosas para mañana, porque mañana puede ser tarde, muy tarde. Así que procuro recordar que mi momento es este momento, no el de ayer ni el de mañana, la vida esta aquí. Y ya dejaré de escribir porque allá afuera el sol está hermoso, el aire es tibio y huele a azahares y a primavera.