jueves, diciembre 17, 2015

De Nuevo en Casa

Y después de mucho posponerlo, finalmente el jueves 26 de noviembre, el día que se celebra Acción de Gracias en los Estados Unidos, me instalé y pasé mi primera noche en la nueva casa, en Monterrey. No me sentí extraño ni me costó trabajo, pues prácticamente volví a los rumbos tan conocidos por mí, calles que recorrí en mi niñez y mi adolescencia, y que he seguido recorriendo todo este tiempo, pues, viéndolo bien, a Santa Catarina sólo iba a dormir.
La buena noticia fue que cupieron todos los muebles de mi antigua casa, pero la mala es que la cocina es una habitación totalmente vacía, y tendré que comprar muebles o mandar instalar una cocina integral para acomodar todas las cosas, lo cual implica gastos. Ya estoy viendo presupuestos, pero por lo pronto, trato de no desesperarme porque tengo cajas y más cajas con alimentos, platos, vasos, aparatos... lo bueno es que no cocino demasiado ni tengo una gran familia.
Mi hermana Guadalupe me regaló dos cortinas preciosas, las cuales ya instalé en la sala. Pero ahora falta una para la cocina y otras dos para la recámara, también hace falta traer el equipo de aire acondicionado.


Chucho y Boby están muy felices, porque desde el primer día los llevo por la mañana a caminar al parque que está a la una vuelta de la esquina, donde se dan gusto olisqueando los árboles, corriendo y jugando entre los montones de hojas secas del otoño.
Rodolfo también está feliz, porque ahora el recorrido hacia el lugar donde vende sus deliciosos tacos es muchísimo más corto, y se puede quedar en cama un ratito más; es de agradecerse ahora que las mañanas están tan frías.
Una de las cosas que me hace más feliz es que volví a montar en bicicleta, gracias a que el tránsito en la colonia es muy tranquilo y las calles son amplias, así que ahora voy a la tienda, a la frutería y a otras partes en bici. Incluso he ido hasta la casa de mi mamá en bici, creo que esto es todo un lujo.
Ahora todo me queda muy cerca: mi oficina, la casa de mi mamá, el centro de la ciudad... no puedo creer lo despacio que baja la aguja del combustible en el carro, acostumbrado como estaba a recorrer grandes distancias y gastar litros y litros de gasolina. Sobre todo esto es un gran cambio, no estaba acostumbrado a pagar la renta de una casa, pero con el gran ahorro de combustible casi casi pago la renta.
Muy cerca de mi casa se encuentra el famosísimo Mercado de la Florida, en donde se puede conseguir ropa usada de marca a excelentes precios... conozco a varias personas que se visten muy bien y cualquiera pensaría que son clientes frecuentes de las tiendas más caras, pero en realidad se surten en este mercado.
Yo he ido pocas veces, pues me quedaba muy lejos, pero en una de ellas conseguí un hermoso pantalón nuevo de color gris marca Dockers en la absurda cantidad de $100 pesos. ¿Por qué tan barato? Porque tiene una costura lateral defectuosa, pero muy apenas se nota. 
He ido un par de veces a la casa de Santa Catarina. Durante el largo trayecto no dejo de pensar cómo es que pasé tanto tiempo recorriendo esas distancias... pero confirmo que me gustaba y me sigue gustando mucho la casa, más no la ubicación donde se encuentra. Y reflexionando así me acuerdo cuántas veces vi en las carreteras de Estados Unidos enormes y lentos vehículos trasladando casas completas de una ciudad a otra... o quizás de un estado a otro. Si pudiera trasladar mi casa...
Todavía siento algo en mi corazón al ver sus paredes, los árboles del patio, el jardín... pero ya no tengo esa sensación de haber dejado abandonada a mi casa, de haberme abandonado a mí mismo.
Ahora las cosas son muy diferentes, he empezado un nuevo capítulo en mi vida y me propongo disfrutar todo lo que pueda.