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miércoles, enero 25, 2017

Vecino de Nueve Estados: San Luis Potosí

Luego de la rápida visita a Charcas, enfilé hacia la capital del estado de San Luis Potosí tomando la carretera que une a estos dos lugares, misma que pasa por Venado (también mencionada alguna vez por mi mamá) y Moctezuma (en donde nació Raquel, la viuda de mi sobrino Enrique).
La carretera es buena, pero para mi gusto tiene demasiadas curvas; al principio el terreno era plano pero poco a poco empezó a subir hasta llegar a una cuesta con curvas y más curvas. Sí, a muchos conductores les gustan las curvas, pero yo prefiero las carreteras rectas porque definitivamente casi todas me producen una gran ansiedad, quizá porque hace mucho tiempo, en una tarde lluviosa derrapé en una curva y, aunque no hubo nada que lamentar, me quedó un miedo que no he podido superar del todo.
No obstante, después de unos 7 años de no manejar en carretera, en este viaje me pude dar cuenta de que en algunos tramos carreteros de reciente construcción los ingenieros sí han hecho bien su tarea y le han dado a las curvas el peralte preciso para lograr que conducir sea una delicia. Mención especial: la carretera de cuota Monterrey-Saltillo; es muy caro el peaje ($81.00) pero qué estupenda autopista.
Catedral.
Y volviendo al tramo Charcas-San Luis Potosí, además de ansioso por las curvas venía yo medio ciego de un ojo, porque la tolvanera que se desató al salir de la hacienda mezcalera me tomó desprevenido, sin anteojos ni nada que cubriera mis ojazos y me entró una buena cantidad de tierra. En el pueblo de Charcas compré una botella de colirio que salió carísima, y casi me la acabé pero ni así se eliminó la molestia; de hecho me duró horas.
Y por si fuera poco, en ciertos tramos mi carro parecía un barquito de papel en medio del mar, porque los fuertes vientos, casi huracanados, me lo zarandeaban de un lado a otro; los señalamientos de la carretera igualmente se movían de una lado a otro y las líneas eléctricas se veían como si alguien estuviera jugando a la cuerda. Fue un viajecito que me hizo recordar el que realizó Marion de Phoenix a Fairvale en Psicosis (1960), mi película favorita; sólo que en vez de lluvia había un tremendo vendaval y el policía entrometido afortunadamente jamás apareció.

Finalmente llegué a San Luis Potosí; era temprano aún, así que decidí dirigirme al Centro Histórico, pues en la casa que había reservado a través de Airbnb el check-in era hasta las 7pm. Estacioné el auto en alguna de las estrechas calles y me di a la tarea de recorrer el lugar. Cuando admiraba el churrigueresco Templo de Nuestra Señora del Carmen en la Plaza del Carmen pasó un camioncito para turistas, estos son una excelente opción para los viajes relámpago (que me encantan), así que me dirigí a la Plaza de Armas para abordar uno.
Casa de las Artes.
Fue una excelente idea, pues gracias a esto pude apreciar los hermosos edificios coloniales del centro, sus muchas iglesias, la infaltable Basílica de Guadalupe, la Caja de Agua, la cárcel donde estuvo Francisco I . Madero, actualmente Centro de las Artes, el Templo de San Miguelito y otros sitios. Sin duda San Luis Potosí es una bella ciudad.
Más cansado que hambriento, me dirigí a la casa donde pasaría la noche, gracias a la maravilla moderna de aplicaciones como Waze. Me di un reconfortante baño con agua muy caliente y enseguida me dirigí a cenar a Antojitos El Pozole, un lugar que me recomendaron mis anfitriones Fernando y Edgar. No estuvo tan mal, pero tampoco tan bien, pues mi platillo de enchiladas potosinas ¡no incluía cecina! Cené rápido y regresé a dormir porque me encontraba simplemente exhausto.

Por la mañana siguiente, para no perder la costumbre, llevé a Chucho a caminar a un parquecito que se encuentra a unas tres cuadras de la casa, en la colonia Balcones del Valle. Por cierto, qué agradable barrio, muy tranquilo, con bellas residencias y ubicado a unos pasos del Parque Tangamanga. Me pasó por la mente la idea de irme a vivir a San Luis Potosí...  con una ubicación tan privilegiada al centro del país es muy fácil y rápido llegar a la Ciudad de México, Aguascalientes, Guanajuato, Tamaulipas, etc... pues no por nada colinda con nueve estados.
El Parque Tangamanga es el más grande del país después del Bosque de Chapultepec, pero no lo visité esta vez porque no tenía mucho tiempo para recorrerlo, y además me advirtieron que lo habían cerrado ese fin de semana debido a que los fuertes vientos derribaron algunas ramas de los árboles.
Salí de la casa y me dirigí a un tianguis cercano, también una excelente recomendación de mis anfitriones. Fue una excelente sugerencia, ya que ahí saborée unos deliciosos tacos de barbacoa, además de pan casero y un rico café. Y para el camino me llevé una bolsita de nopales con frijoles y cebolla picada...
Recorrí los puestos del mercado y admiré la frescura de sus frutas y verduras, inclusive compré un poco de jengibre (muy fresco y baratísimo) y unos nopales tiernos, de Mexquitic, pero ganas me daban de hacerla de marchante y llenar una bolsa con tantos productos tan buenos: enormes chayotes, fresca verdolaga, quesos, miel, pan... un paraíso para un tragón como yo.
De ahí pasé una rápida visita al Centro Histórico para comprar algunas cosas y enseguida a tomar carretera nuevamente para llegar a la Sultana del Norte antes de que cayera la noche. Gracias a Dios todo salió a pedir de boca y nuevamente pude disfrutar algo que me encanta hacer: viajar.

martes, enero 24, 2017

Por Unas Botellas de Mezcal

A finales del año pasado leí en Facebook una publicación que exaltaba los beneficios del mezcal, indicando que era "el alcohol más perfecto para consumo humano"; también hablaba de sus propiedades antioxidantes, decía que reduce los niveles de colesterol, que no produce cruda y que al entrar en la boca empieza a desdoblarse, liberando al hígado de esta tarea. Me pareció sumamente interesante y de inmediato deseé probarlo.
Al leer ese texto recordé que hace muchos años llegó a mis manos una botella de mezcal con gusano; apenas le di un trago, pero no pude disfrutarlo porque la presencia del gusano me hacía sentir repugnancia; fue un compañero de trabajo quien se acabó la botella en varias visitas a mi casa.
En años recientes me he dado cuenta de que esta bebida, antes despreciada, ha tomado un nuevo auge, y me ha tocado ver en el departamento de vinos de Superama mezcales de varias marcas a precios elevadísimos, envasados en hermosas botellas e incluso uno de ellos con número de lote indicando una producción muy limitada.
Así que me puse a investigar todo lo relativo al mezcal: estados donde se produce (y que tienen denominación de origen), tipo de agave, proceso de cata, historia, etc.; es una tarea fascinante que aún no termino, y como parte de la misma decidí comprar mi primera botella de mezcal.
Para empezar mi aprendizaje práctico elegí la marca 400 Conejos, pues confieso que me gustó mucho el nombre y la leyenda de que antiguamente solo los sacerdotes podían establecer una vía de comunicación con los dioses, y lo lograban consumiendo bebidas a base de agave; después de probarlo, me gustó mucho su exquisito y fino sabor de agave espadín. Era la época decembrina, y me di gusto probándolo y también compartiéndolo con un par de queridas amistades.
Posteriormente compré una botella de Mezcal Zygnum, también joven y también elaborado en Oaxaca, para mi gusto que apenas estoy puliendo, bueno, pero no tanto como 400 Conejos.

Entre las cosas que he aprendido del mezcal puedo mencionar que, a diferencia del tequila, el mezcal se produce en ocho estados que ostentan denominación de origen: Oaxaca, Guerrero, Durango, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí y Tamaulipas.
Ciertamente el estado que más produce mezcal es Oaxaca, pero esto no quiere decir, como mucha gente cree, que es el mejor y el más puro; así que me dieron ganas de seguir probando mezcales de otras regiones, producidos con otros tipos de agave: el angustifolia, el delgado de Guerrero, el cenizo y el jarcia de Tamaulipas, el maguey verde de San Luis Potosí, el maguey chino de Michoacán... en fin, hay muchas variedades.
Me interesa probar el Mezcal San Carlos El Jatero, que se produce en el vecino estado de Tamaulipas, y también el Sanzekam Tinemi (seguimos juntos en náhuatl), pues me parece interesante que lo produce una cooperativa que da trabajo a comunidades indígenas y tiene programas de reforestación.
Gracias a mis investigaciones me enteré que en San Luis Potosí existe una hacienda mezcalera de nombre Laguna Seca, en el municipio de Charcas...
Charcas, nunca había estado ahí, pero tiene para mí un significado especial, pues mi mamá me contaba que cuando era muy niña vivió ahí con una de sus tías, pues quedó huérfana a una tierna edad. Se le alegraban los ojos cuando me hablaba de la iglesia del lugar, en las afueras de la cual ayudaba a su tía a vender fruta.
Desde hace algunos años he tenido el deseo de llevarla de regreso a Charcas, pero por diversas razones no ha sido posible; ella casi cumple 90 años y un viaje de este tipo tendría que planearse con mucho cuidado y requeriría la ayuda de mis hermanas. Ojalá sea posible la próxima primavera...

Y con esos recuerdos en mente decidí lanzarme a conocer la Hacienda Mezcalera Laguna Seca. Poco después de llegar a Matehuala, hay una salida a la derecha que indica Charcas, entré por ese camino y a unos 25 kilómetros encontré la hacienda, una bonita construcción que se quedó perdida en el tiempo.
Además de una generosa degustación, los amables empleados (imperdonablemente omití tomar sus nombres) nos dieron a los visitantes de ese día, que no fueron pocos, información muy valiosa acerca del producto, su historia, el proceso de cata y otros detalles, por ejemplo que el Mezcal Laguna Seca ha recibido diferentes premios y reconocimientos a lo largo de su historia, y que el más antiguo de ellos data de 1929.
A diferencia de otras haciendas mezcaleras, los visitantes pueden pasar al interior y conocer el proceso de elaboración del mezcal; me hubiera gustado tener un guía pero ese día no fue posible. De todas maneras di un recorrido y, gracias a la explicación que había recibido antes, me di una muy buena idea del proceso. Salí del lugar con unas buenas botellas y un grato sabor de boca.

Con el corazón emocionado y llorando a lágrima viva, pero por la tolvanera que se desató en ese momento (fue un día de impresionantes vientos en una amplia región del país), subí nuevamente al auto y recorrí otros 20 o 25 kilómetros para llegar a Charcas. Ahí finalmente pude ver la iglesia de la que varias veces me había platicado mi mamá; cerré los ojos, imaginando cómo había sido todo hace más de ocho décadas atrás. Recorrí sus calles, comí unas sabrosas gorditas afuera del mercado y un rato después me despedí de Charcas. No sé si volveré, pero la cita que tenía ya la cumplí.

jueves, septiembre 08, 2016

Mi Bobi

Me levanté, no tan temprano como hubiera querido, para lavar el carro y trabajar un rato como conductor Uber. En el patio le di de comer a Bobi, y pensando que ese día no tendría tiempo de llevarlos al parque como hacemos todas las mañanas, lo dejé salir... es un perro muy listo y las veces que se ha escapado aprovechando una puerta mal cerrada, regresa al poco tiempo muy campante, si bien normalmente me gusta llevarlo a pasear con su correa.
Lo vi salir disparado y cruzar a la acera de enfrente. Chucho quería ir tras de él, pero no se lo permití, y como es muy obediente se quedó a mi lado, resignado, mientras yo me ponía a lavar el carro. Pensé que tal vez sí debería tomarme unos minutos más tarde para llevarlos a pasear, pues ya los tengo acostumbrados al paseo diario y es el momento del día que más esperan y disfrutan.

Ese Bobi. Hará unos ocho años vi un anuncio en el periódico en el que vendían chihuahueños miniatura, y aunque la dirección estaba al otro lado de la ciudad, hasta allá me trasladé. Estaba a punto de elegir a una perrita, pero a última hora cambié de opinión y me quedé con Bobi. Muy poco tiempo después quedó claro que eso de "miniatura" había sido un engaño: Bobi creció muy fuerte y muy sano, y también muy grande para llamarse "chihuahueño". Pero se quedó conmigo.
En un tiempo recogí un perro de la calle al que puse Chucky; éste era todo un callejero y hacía las cosas más increíbles (como trepar un reja metálica) para saltar desde una buena altura y desde ahí correr a la calle. Otras veces aprovechaba un pequeño descuido, una puerta mal cerrada, para salir a toda carrera.
Una vez estaba en el trabajo y me llamó un hombre, para reportar que Chucky y Bobi andaban sueltos, en una colonia muy, pero muy lejos de mi casa. Yo no me podía salir de la oficina, y este hombre no podía quedarse a esperarme, así que rogué al cielo que cuando pudiera ir por ellos aún se encontraran ahí. Pero cuando llegué a casa ellos ya me estaban esperando, como si tal cosa. Chucho, afortunadamente, prefirió quedarse dentro de la propiedad a pesar de que la puerta estaba completamente abierta.
El año pasado, cuando nos cambiamos a esta casa, poco tiempo le bastó a Bobi para familiarizarse con los nuevos rumbos, sobre todo gracias a nuestros paseos diarios al parque, a dos o tres veces que se me escapó en mis narices y a dos o tres veces que decidí dejarlo salir, cuando sabía que no había mucho tránsito en las calles.

Seguí lavando el carro y a los pocos minutos pasó una vecina, me saludó, conversamos brevemente y luego siguió su camino, dio la vuelta a la esquina y desde allá me preguntó algo, señalando hacia la siguiente calle, pero yo sólo alcancé a escuchar "tu perro". Supuse que había visto a Bobi, acercándose a la casa después de su paseo, y le dije sí, que se había salido pero que ya vendría en camino.
Entonces me acerqué un poco y esta vez sí escuché con claridad: "Hay un perro atropellado, ¿no es el tuyo? Y alcancé a ver un perro tirado en la calle, pero, apenas echando un vistazo,
inmediatamente le dije que no era el mío, pues mi perro sí sabía andar por las calles... además, ese perro tenía el pelaje de un color mucho más claro que Bobi. Se me quedó viendo con incredulidad y prosiguió su camino.
Yo continué lavando el carro, dejé pasar unos minutos a que se fuera la vecina chismosa y decidí acercarme a ver.... no, no podía ser Bobi. Bobi es un perro muy listo, cruza las calles con cuidado, cuando no hay carros pasando. Sin embargo, la expresión de la mujer y el hecho de que Bobi no hubiera regresado pronto me había inquietado.
Y lo vi. Mi Bobi, sí era mi Bobi. No había nada que hacer, estaba sin vida, sólo un poco de sangre en su hocico. Sentí que la cabeza se ponía pesada, pesada. Seguían pasando carros, sacando la vuelta a mi perrito, por esa calle que normalmente es poco transitada. No supe que hacer, más que devolverme hacia mi casa, pues había dejado a Chucho en la banqueta.
Fue una situación de esas que me dejan totalmente incapaz de reaccionar, quería hacer algo, pero no podía pensar. Por momentos deseaba simplemente irme de ahí, desaparecer del lugar, no saber nada. Más tarde salió Juanito, el dueño de la casa que habito, y le pedí una de esas bolsas grandes negras para basura, sin dar explicaciones. Cuando me la dio, aun pasó un rato en el que simplemente no podía reaccionar.
Y cuando finalmente me armé de valor y caminé hacia la calle donde lo habían atropellado, él ya no estaba ahí. Un vecino justamente estaba entrando a su casa, cargando una escoba y un recogedor. Ni rastro de Bobi. En el contenedor de basura de la casa de enfrente había una sospechosa bolsa negra. La toqué y me pareció sentir que era mi Bobi adentro de ella. No tuve el valor de abrirla y me fui a mi casa.
Estuve mucho, mucho tiempo como un zombi. Normalmente lloro a la menor provocación, pero esta vez no podía hacerlo. Al dolor de la pérdida se suma un sentimiento, real o no real, de culpabilidad. Pero si varias veces lo había dejado salir... ay, Bobi, ¿por qué hice caso a tus protestas, a tus ladridos exigiendo salir?

Recientemente leí un largo mensaje acerca de la mala costumbre que tenemos los seres humanos de apreciar algo solamente en su ausencia... y heme aquí, triste y apesadumbrado porque mi Bobi ya no está más aquí. Yo nunca, nunca hubiera deseado que sucediera esto, tantos años (por lo menos 8), momentos compartidos, mi travieso Bobi. Tantas veces te escapaste, desde cuando vivíamos en la otra casa, hasta que no regresaste más. Adiós, Bobi, sé que un día te volveré a ver. 

jueves, diciembre 17, 2015

De Nuevo en Casa

Y después de mucho posponerlo, finalmente el jueves 26 de noviembre, el día que se celebra Acción de Gracias en los Estados Unidos, me instalé y pasé mi primera noche en la nueva casa, en Monterrey. No me sentí extraño ni me costó trabajo, pues prácticamente volví a los rumbos tan conocidos por mí, calles que recorrí en mi niñez y mi adolescencia, y que he seguido recorriendo todo este tiempo, pues, viéndolo bien, a Santa Catarina sólo iba a dormir.
La buena noticia fue que cupieron todos los muebles de mi antigua casa, pero la mala es que la cocina es una habitación totalmente vacía, y tendré que comprar muebles o mandar instalar una cocina integral para acomodar todas las cosas, lo cual implica gastos. Ya estoy viendo presupuestos, pero por lo pronto, trato de no desesperarme porque tengo cajas y más cajas con alimentos, platos, vasos, aparatos... lo bueno es que no cocino demasiado ni tengo una gran familia.
Mi hermana Guadalupe me regaló dos cortinas preciosas, las cuales ya instalé en la sala. Pero ahora falta una para la cocina y otras dos para la recámara, también hace falta traer el equipo de aire acondicionado.


Chucho y Boby están muy felices, porque desde el primer día los llevo por la mañana a caminar al parque que está a la una vuelta de la esquina, donde se dan gusto olisqueando los árboles, corriendo y jugando entre los montones de hojas secas del otoño.
Rodolfo también está feliz, porque ahora el recorrido hacia el lugar donde vende sus deliciosos tacos es muchísimo más corto, y se puede quedar en cama un ratito más; es de agradecerse ahora que las mañanas están tan frías.
Una de las cosas que me hace más feliz es que volví a montar en bicicleta, gracias a que el tránsito en la colonia es muy tranquilo y las calles son amplias, así que ahora voy a la tienda, a la frutería y a otras partes en bici. Incluso he ido hasta la casa de mi mamá en bici, creo que esto es todo un lujo.
Ahora todo me queda muy cerca: mi oficina, la casa de mi mamá, el centro de la ciudad... no puedo creer lo despacio que baja la aguja del combustible en el carro, acostumbrado como estaba a recorrer grandes distancias y gastar litros y litros de gasolina. Sobre todo esto es un gran cambio, no estaba acostumbrado a pagar la renta de una casa, pero con el gran ahorro de combustible casi casi pago la renta.
Muy cerca de mi casa se encuentra el famosísimo Mercado de la Florida, en donde se puede conseguir ropa usada de marca a excelentes precios... conozco a varias personas que se visten muy bien y cualquiera pensaría que son clientes frecuentes de las tiendas más caras, pero en realidad se surten en este mercado.
Yo he ido pocas veces, pues me quedaba muy lejos, pero en una de ellas conseguí un hermoso pantalón nuevo de color gris marca Dockers en la absurda cantidad de $100 pesos. ¿Por qué tan barato? Porque tiene una costura lateral defectuosa, pero muy apenas se nota. 
He ido un par de veces a la casa de Santa Catarina. Durante el largo trayecto no dejo de pensar cómo es que pasé tanto tiempo recorriendo esas distancias... pero confirmo que me gustaba y me sigue gustando mucho la casa, más no la ubicación donde se encuentra. Y reflexionando así me acuerdo cuántas veces vi en las carreteras de Estados Unidos enormes y lentos vehículos trasladando casas completas de una ciudad a otra... o quizás de un estado a otro. Si pudiera trasladar mi casa...
Todavía siento algo en mi corazón al ver sus paredes, los árboles del patio, el jardín... pero ya no tengo esa sensación de haber dejado abandonada a mi casa, de haberme abandonado a mí mismo.
Ahora las cosas son muy diferentes, he empezado un nuevo capítulo en mi vida y me propongo disfrutar todo lo que pueda.

lunes, octubre 27, 2014

Mi Karma con los Autos IV: Mi Ford Grand Marquis, el Carro de Fuego



En ese tiempo tuve la oportunidad de hacer un viaje por carretera al puerto de Tampico, que fue muy cómodo para todos los pasajeros, incluido mi adorado perrito Lucas, gracias a la potencia, buen manejo y amplitud interior del Spirit.
Sin embargo, ya entrando a la ciudad, la suavidad de manejo que había demostrado en carretera se transformó en una serie de molestos golpeteos y traqueteos, pues al menos en ese tiempo las calles de Tampico estaban casi totalmente destrozadas, cuál más cuál menos estaban llenas de baches y grietas de lado a lado.
Fuera de esta molestia, llegamos muy bien y pasamos unas vacaciones excelentes, sobre todo por los días de sol y playa que ya mucho necesitaba, recuerdo lo divertido que fue para mí comprobar la capacidad innata para nadar de Lucas.
Nuestro anfitrión, Agustín Arteaga (QEPD), era un hombre sumamente atento que hizo todo lo que estuvo a su alcance para hacer nuestra estancia muy placentera; recuerdo que nos recibió con una abundante comida a base de ceviche, preparado con su receta especial; todos lo disfrutaron muchísimo excepto yo, pues nunca he podido convencerme de probarlo. Lo que sí probé fueron sus bebidas, pues era también un experto barman.
En ese tiempo él trabajaba manejando su “carro de ruta” por las calles de Tampico; así le llaman allá a un tipo de transporte público que tiene rutas establecidas pero que se ofrece en automóviles (como los taxis) y no en microbuses ni en camiones; en aquel tiempo casi todos los carros de ruta eran vehículos grandes como Grand Marquis y Crown Victoria, de modelos no tan recientes.
Durante mi estancia lo acompañé uno o dos días en sus recorridos, y fue así como conocí una buena parte de la ciudad; además pude darme cuenta de que, a pesar de que su auto no era tan nuevo, se conducía con una suavidad maravillosa, como si flotara, a pesar de que, como ya he dicho, las calles estaban para llorar. Ahí mismo decidí cuál sería mi siguiente automóvil.
Tan pronto regresé a Monterrey empecé a buscar un Grand Marquis, pero como los contemporáneos estaban muy caros, me enfoqué en modelos más antiguos, fue así como poco después cambié mi Spirit 1992 por un Grand Marquis 1984 de color blanco con toldo en interiores de color café oscuro.
Adiós, Chrysler, bienvenido, Ford. Sí, era un carro antiguo, pero estaba precioso y sobre todo sumamente amplio y maravillosamente cómodo, comprobé que definitivamente no hay comparación entre un carro full-size y un auto compacto. Un compañero constante en mis viajes era Lucas, quien se echaba a sus anchas en el asiento del copiloto y se enojaba mucho cuando alguien ocupaba su lugar.
Como siempre he hecho cuando compro un auto usado, una de las primeras mejoras que le hice fue comprarle un precioso juego de llantas Michelin. Los amortiguadores estaban bien, de modo que la conducción era suave y sin sobresaltos, una delicia. Lo único que no me gustaba era que los vidrios y seguros eléctricos no eran originales, sino que se los habían adaptado de manera un poco rústica, así que las ventanillas subían y bajaban a una velocidad más lenta de lo normal.
Suena raro que un auto de lujo como el Grand Marquis no tuviera los vidrios y seguros eléctricos como equipo original, pero hasta en esto se reflejaba la política de austeridad desarrollada por el presidente Miguel de Lamadrid Hurtado para lograr que el país se recuperara después del colapso económico propiciado por anteriores administraciones, como la de José López Portillo.
Mirándolo en retrospectiva, el Grand Marquis tal vez haya sido el auto que más me ha gustado de los que he tenido hasta ahora. ¡Cómo lo disfruté! Hasta ese día…
Al salir del trabajo pasé a recogerlo al taller mecánico que quedaba cerca, a donde lo había llevado para que le hicieran la afinación. Cuando abrieron el cofre para mostrarme que ya había quedado listo pude ver que el potente motor lucía reluciente, porque le habían dado una pasada con gasolina. Así que abordé y me dirigí a casa.
A medio camino, mientras esperaba frente a la luz roja del semáforo, noté un fuerte olor a humo. A un lado se encontraba una vieja y destartalada camioneta, de modo que supuse que era la causante del mismo; me pregunté por qué muchos propietarios de automóviles retrasan tanto la afinación. Reanudé la marcha y me detuve en el siguiente semáforo. El olor continuaba, pero la camioneta destartalada ya no estaba a un lado.
Me preguntaba qué estaría pasando, cuando me quedé estupefacto al notar que por las rejillas del aire acondicionado estaba entrando el humo más negro y espeso que hubiera visto en mi vida… el semáforo seguía en rojo pero aún así aceleré de golpe para detenerme un poco más adelante, en un área desierta a un costado del camino.
Bajé del vehículo y abrí el cofre, sólo para ver que el motor estaba completamente en llamas; sin saber qué hacer, casi presa del pánico, volví a cerrarlo. No tenía extinguidor. Para entonces ya eran visibles las llamas y el humo, de modo que varios conductores se detuvieron a auxiliarme y entre todos volvimos a abrir el cofre y echamos tierra para sofocar el incendio.
Me preguntaba qué había sucedido. ¿Por qué? No fue sino hasta mucho después que relacioné los cables eléctricos de la burda instalación eléctrica para los vidrios y seguros eléctricos, pasando por el motor recién afinado e impregnado de gasolina para que luciera muy limpio… fatal combinación.
El incendio de mi auto fue una experiencia muy impresionante, que me dejó incapaz de pensar con claridad. No tuve siquiera la lucidez de comprender que debía dar gracias a Dios por haber salido con vida.
No se quemó más que el motor. La carrocería, el interior, las llantas, todo estaba bien, sin daños aparentes, pero la compañía de seguros lo declaró pérdida total. Al día siguiente le conté la triste historia a mi mamá, y ella sólo me dijo: “No te preocupes, al rato te compras un carro nuevo”.
Y yo sólo sonreí y agradecí sus buenos deseos, pero no creí que pudieran hacerse realidad.

domingo, junio 23, 2013

El Patio de Mi Casa

"El patio de mi casa es particular/se llueve y se moja como los demás..." así decía una ronda infantil que ya hace mucho que no he escuchado.
Mi patio es muy pequeño, pero a pesar de sus reducidas dimensiones lo he convertido en un lugar muy agradable. Su piso es de concreto, pero al fondo del mismo hay una área de 7 metros de largo por unos 30 centímetros de ancho, en la cual ordené hace muchos años que no se pusiera concreto. Actualmente tengo ahí una hermosa anacahuita, cuya sombra cubre poco más de la mitad del patio; junto con un rosal, un naranjo, un limonero, una planta de chile y otras dos o tres plantas de flor.
Tengo un ritual que no sé cuándo comencé: cada mañana, después de levantarme, lo primero que hago es salir al patio y ponerme bajo las ramas de la anacahuita; algunas veces los pájaros huyen espantados. Otras veces he visto colibríes. Observo las hojas, me maravillo una y otra vez al ver cuánto ha crecido este pequeño arbusto. Miro sus flores blancas, sus ramas retorcidas. Es aquí donde doy gracias por un nuevo día.
En este patio tengo tendederos, en los cuales tiendo mi ropa recién lavada, como en los viejos tiempos. Nunca he tenido una secadora de ropa, ni creo que la vaya a tener nunca; pues no me gustan. Después de lavar y tender mi ropa, me gusta mucho contemplarla muy limpia y apreciar como el agua escurre y va a dar al piso y luego a la hilera de tierra para apagar la sed de mis plantas.
A veces sueño con colocar un techo de acrílico transparente sobre el patio, pero que quede una rendija a lo lo largo del mismo, para que entre el aire y la lluvia. Colocar una cama y dormir ahí en las noches de verano. También se me ocurre colocar una mesa y unas sillas de jardín, para pasar unos buenos ratos bajo la sombra de la anacahuita.
Sin embargo, actualmente Chuki, Bobi y Chucho son los dueños del patio, y hay que trabajar mucho todos los días para mantenerlo limpio y sin olores desagradables. Sus casitas están debajo de la anacahuita, y desafortunadamente no tengo otro lugar donde ponerlos, así que de momento el proyecto de las sillas en el patio está detenido.

Un Baño Rústico

Hoy es un domingo de verano, y desde temprano luce un sol esplendoroso. Ideal para una tarea que venía posponiendo: bañar a los perros. Primero le tocó a Chucho, el más renuente a bañarse. Los otros dos parecieron disfrutar mucho el chapuzón.


Y ya con el patio muy limpio, me dispongo a realizar otro de mis rituales, uno que sólo practico de vez en cuando, cuando hace muchísimo calor, cuando no tengo muchas cosas que hacer, cuando me quiero dar un gusto, como hoy.
Me desvisto y coloco la ropa en el tendedero, luego me doy un baño rústico, a "jicarazos". Siento el agua fría, que recorre mi cuerpo y me refresca. Por un momento me olvido que estoy en el patio de mi casa, y pienso que estoy en algún rancho o comunidad rural, en donde no existe la comodidad de un baño con regadera, pero sí la delicia de bañarse al aire libre, sintiendo el viento y el sol, bajo la sombra benigna de algún árbol, mientras ahí cerca está echado un perro, o una vaca, impasibles.
En contacto con la naturaleza.

lunes, junio 10, 2013

La Tarde de la Iguana

  Estos días ha estado haciendo un calor espantoso. Ayer domingo no tenía nada de ganas de salir, hubiera preferido quedarme en casa, pero el refrigerador estaba casi vacío y había que comprar la comida para la siguiente semana.
Con esta dieta que estoy haciendo desde hace poco más de un mes es necesario comer muchas frutas y verduras, así que para conseguirlas un poco más baratas nos fuimos Popo y yo al mercado de abastos que está en el centro de la ciudad, y pasamos un buen rato entre puestos de verdura, escuchando los pregones de los vendedores que siempre me hacen recordar esos años infantiles cuando mi mamá me llevaba al Mercado Colón.
Una parte del mercado está bajo techo, pero también hicimos compras en los puestos de la calle, bajo el pleno sol; de cualquier manera el calor era intenso. Ya para salir compré un poco de agua de coco, bien fría.
Enseguida fuimos a la casa de mi mamá, le entregué unas fresas y también flores de palma, porque sé que le gustan mucho; también le llevé nueces. Sin que se lo pidiera, ella misma se puso a limpiar y cortar las flores, y luego le pidió a Carmen que las guisara;  un poco más tarde ya estábamos comiendo un delicioso platillo de flores de palma en caldo de tomate.
Poco después llegó Mónica con su pequeño Emilio, venía muy emocionada pues recientemente regresó de un viaje por algunas ciudades de Europa. Nos platicó maravillas de Estocolmo, Copenhague y otros lugares;  yo la escuchaba con atención pero no dejé de armar el rompecabezas, que simplemente me apasiona.
Una parte de su viaje fue en un crucero. Ya otras personas me han platicado lo bien que se lo han pasado en un crucero, pero no me convence. Yo pienso que me desesperaría mucho la idea de estar en medio del Océano, así que creo que nunca viajaré en un barco.
Un rato más nos despedimos Popo y yo, porque teníamos que ir al súper a comprar otras cosas para la despensa. Tratamos de hacerlo lo más rápido posible y enseguida nos fuimos a casa. Al llegar, él descendió del carro para abrir la reja. Yo me quedé observando hacia el frente y casi pego un grito, pues en el enrejado que divide la propiedad del vecino y la mía, se encontraba un animal de un vistoso color verde.
Popo lo tenía a pocos centímetros de su cabeza, pero no se había dado cuenta… hasta que le llamé la atención y la vi… casi pega un salto él también. Estacioné el carro y me puse a tomarle fotos, resultó ser una iguana verde; quién sabe cómo fue a parar ahí, suponemos que se le escapó a algún vecino. A Rodolfo le gustó mucho, y luego de pensarlo un poco la agarró para bajarla de la cerca y observarla más de cerca. Yo no me hubiera atrevido, me causan repulsión estos bichos.
Creo que quiere quedarse con ella, aunque también mencionó que le gustaría ponerla a la venta. Como no sabemos nada acerca de los cuidados que requiere una iguana, ya empezamos a investigar un poco en Internet y no parece cosa fácil. No me pareció justo dejarla simplemente ahí en un árbol o llevarla al cerro, así que por lo pronto la pusimos en una caja bien ventilada, mientras decidimos qué hacer con ella.

sábado, diciembre 18, 2010

Cucho

No me fue posible escribir un comentario en el blog de Guffo, debido a que desactivó esta función, pero aprovecho este espacio para mandarle un afectuoso abrazo. No hay mucho que decir: perder a una mascota muy querida representa un gran dolor del que es muy difícil recuperarse.
Será porque la convivencia diaria con ellos los va haciendo parte de nuestra familia, los llegamos a ver como nuestros hijos y somos felices con sus gracias y sus talentos, pero también sufrimos cuando se extravían, cuando se enferman, cuando alguien los maltrata o cuando se van.
Cada día al regresar a mi casa del trabajo, veo a Tzu-Chi a través de la reja del corredor, dando saltos de alegría al verme llegar. Esto ya se ha convertido en un hábito, pero uno de estos días llegué y me encontré con la reja vacía. Lo llamé y no acudió... no pude evitar pensar que había pasado algo malo...
Pero lo seguí llamando y enseguida vino corriendo desde el fondo del corredor. Todo estaba bien. Qué alivio.
En un principio, cuando Tzu-Chi llegó como un regalo inesperado, no lo tenía en gran estima. Yo me encontraba muy triste por la pérdida de mi pequeño Bimbo. Pero el tiempo transcurre y día a día, los lazos afectivos con nuestras mascotas se hacen más y más fuertes, es por eso que su pérdida representa un golpe tan fuerte.

domingo, agosto 08, 2010

Salamadra

La semana pasada escuché que desde la cochera de su casa mi vecino llamaba a gritos a su esposa, quien, supuse, se encontraba dentro escuchando música. Como yo también estaba afuera, me acerqué a preguntarle: ¿Te quedaste sin llaves?
Y me respondió que no, que le estaba hablando a su esposa para que viniera a ver (¿o más bien a defenderlo de?) un pequeño animal que se encontraba en una maceta. "Quién sabe qué sea eso, no sé si matarlo". "¡No!", casi le grité. "No es necesario matarla, si no me equivoco es una salamandra y no hace ningún daño".
En realidad no sé si muerden o pican o qué hacen, ni tampoco estoy seguro de que sea una salamandra, pero ciertamente no iba a permitir que la matara; se veía tan inocente e inofensiva. Bella, además, con un hermoso color verde y una larga, larga cola. ¿La ven? La vedete? ¿La véis? Can you see it? Est-ce que vous la voyez?

miércoles, enero 13, 2010

Fue Sin Querer Queriendo



Igual el Chavo del 8, Tzu Chi se esconde siempre en un rincón cuando recibe un regaño por haber cometido alguna travesura, generalmente hacer pipí en el faldón de los sillones.

jueves, octubre 22, 2009

Bienvenido para Atrás, Tzu-Chi



Después de una semana de hospitalización, finalmente ayer por la tarde dieron de alta a Tzu-Chi. El pobre quedó en los puros huesos, pero afortunadamente sí tiene apetito y espero que en unos cuantos días se reponga. Enfilé rumbo a casa, y todo el camino se me quedaba viendo, tal vez desconfiando de que lo fuera a dejar solo otra vez.
Al llegar apenas había abierto la puerta del coche cuando saltó hacia la banqueta, pero está tan débil que sus patas no le respondieron muy bien. Se incorporó inmediatamente y se puso a olisquear todo; se acercó a la reja del pasillo y le gruñó a Bobi, quien lo recibió muy contento.
Después de un buen baño cenó con buen apetito y luego se acostó en su nueva canastita, donde pasó la noche sin levantarse una sola vez.
Hoy por la mañana le serví su alimento especial bajo en grasa, pero apenas sí lo olió; con su mirada me dijo que preferiría un poco de los huevos con jamón que yo estaba desayunando. No, señor. Le agregué un poco de pollo desmenuzado a su plato y ya empezó a comer. Hoy se quedará descansando dentro de la casa.



Manhattan

Salí apresurado de casa, pues no quería llegar tarde a mi trabajo. Anteriormente yo me dirigía hacia el poniente y no encontraba tanto tráfico, pero ahora voy rumbo hacia el oriente, hacia el centro, y encuentro embotellamientos en varios puntos, así que deberé ajustar mis tiempos y salir más temprano.



Aproveché uno de esos atascos para dar un vistazo y observar que la cara de Monterrey (o Manhattan, como le llamo en broma) está cambiando, actualmente están construyendo varios edificios y torres de departamentos que le darán un aspecto muy moderno y atractivo a la ciudad.

miércoles, octubre 14, 2009

Sueño, No Huyas

Desesperado por saber, deseando estar ahí, intento dominar mi mente, alejar pensamientos negativos, esbozar una sonrisa y esperar en paz, concentrándome en el momento presente. Es difícil, pero anhelo poder hacerlo y para lograrlo debo practicar. Resisto las ganas de hablar con alguien, pues no deseo transmitirles mi ansiedad. Esperaré, aunque los minutos pasen lentamente. Sueño, no huyas, entra por mis ojos y apaga esta incansable máquina creadora de pensamientos.

Gris Amanecer

Hoy planeaba descansar y quizá de pronto decidirme a hacer uno de esos viajes relámpago que tanto me gustan, a algún lugar relajante como las pirámides de Tajín.
Sin embargo, Tzu-Chi ha estado un poco malo desde el domingo por la noche. El lunes lo llevé al veterinario, y ayer que llegué de la cena que me organizaron como despedida, lo encontré todavía enfermo y con vómito. Ya estaban cerradas las veterinarias, así que sólo pude estar al pendiente de él, darle un poco de suero y Gerber de frutas.
Hoy apenas abrí los ojos me di cuenta que seguía mal y que tenía un dolor abdominal intenso, tanto que ni siquiera le salía el quejido y sólo al acercarme mucho percibía su jadeo y respiración agitada; había vómito por todas partes. Así que apenas me puse los pantalones, una camisa y tenis y de inmediato lo subí al carro y enfilamos a la Facultad de Veterinaria, al otro lado de la ciudad. Durante el camino empezó a amanecer.
Pensé que seguían dando servicio 24 horas, pero al llegar me dijeron que abrían a las 8AM, así que tuvimos que esperar. Y durante la espera fueron llegando muchas personas también con mascotas enfermas; me dio gusto ver que sí hay gente que se preocupa verdaderamente por su mascota y se toma el tiempo de procurarle atención médica cuando la necesita.
Un rato después Tzu-Chi fue atendido por un joven médico, quien no supo precisar qué era lo que tenía pero dijo que seguramente había comido algo que le cayó muy mal. Le pusieron tres inyecciones con antibióticos, anestésicos, protectores de la mucosa estomacal, etc.
Mientras manejaba de regreso vi con mucho gusto que ya tenía mejor semblante, y venía echado en una postura más relajada, incluso veía con curiosidad a través de la ventana del carro. En el camino compré una Torta Gorda, pues tenía mucha hambre; Tzu-Chi tendrá que esperar hasta después de la 1PM por prescripción médica.
Llegué y de manera casi compulsiva me puse a lavar ropa, sábanas, almohadas, el patio, el sillón, el piso, la camita del perro y también su sábana, ahora todo está reluciente y desinfectado, creo que Mamita Querida me daría un 10.
Bueno, es hora de ir a comprar suero y hacerlo que coma un poco de Gerber. Hasta pronto.

lunes, septiembre 07, 2009

Pajarito, Pajarito


Esta mañana me sorprendió encontrar en los escalones del comedor un pequeño pajarito. Al ver que no volaba ni se movía, lo levanté del piso. Se agitó un poco y extendió las alas, pero no pudo volar. Tal vez aún no aprende porque es muy pequeño; lo revisé y no tiene ninguna herida visible.
Decidí traerlo a la oficina, sin saber muy bien qué hacer. Intenté darle agua, pero no quiso beber; tampoco comió unas migajas de galleta que le puse cerca. Por lo pronto aquí está sobre mi escritorio, muy quietecito. Parece que duerme, tiene los ojos cerrados. Cada cierto tiempo emite un silbido apenas audible. Creo que me lo voy a llevar a mi casa y le daré miel. No se me ocurre qué más podría comer, estando tan pequeño, pero sé que algo se me ocurrirá. Espero que se ponga bien y pueda volar libre cuanto antes.

jueves, agosto 06, 2009

Vivir Mejor


Le di vueltas una y otra vez. Lo pospuse hasta el cansancio. Varias veces me cuestioné por qué me rehusaba, por qué esa quasi aversión. He sabido últimamente de varios compañeros blogueros y otras personas que lo intentaron y están obteniendo buenos resultados; los he admirado mucho pero ni aún así me animaba a hacerlo yo también.
Finalmente, hace dos días me dije "Ahora o nunca", y me fui a inscribir al gimnasio que está a unas cuantas cuadras de mi casa. Me pusieron a pedalear unos 20 minutos en una bicicleta estacionaria, y luego a hacer varias rutinas con pesas y aparatos para fortalecer el pecho, hombros y espalda.
No tengo la pretensión de convertirme en un Charles Atlas y pasar horas y horas en los aparatos, pero definitivamente sí me interesa deshacerme de mi abultado abdomen y fortalecer mis brazos. Sin embargo, en honor a la verdad he decidido hacer ejercicio por motivos de salud y no tanto de estética. Como dicen los anuncios de política social del Gobierno Federal: "Vivir Mejor".
Anoche me apuré a terminar la traducción que estaba haciendo porque no quería faltar a mi segunda sesión. Apenas grabé el documento, me puse los tenis y salí corriendo, pero al estar cerrando la puerta oí sonar el teléfono. Contesté y era mi hermana Pera, para saludarme y avisarme que se irá de vacaciones a Cancún. En eso suena el celular: Héctor, también para saludar.
¿Sabotaje? Los despaché a los dos y me fui corriendo, corriendo. No es que súbitamente me haya enamorado del gimnasio, sino que no quiero perder la continuidad ahora que por fin me decidí.
Hablando de ejercicio, desde la semana pasada me he estado levantando un poco más temprano, y me salgo a darle varias vueltas caminando al parque de mi colonia, seguido de cerca por mi fiel Manchú. A éste le gustó mucho la nueva rutina y ahora tan pronto oye el despertador empieza a darme ligeras mordidas para sacarme de la cama.
Estos últimos días también me he llevado a Bobi. El pobre Chuki se ha quedado chillando y con ganas de salir también, pero no puedo con los tres; mañana le tocará salir a él y Bobi esperará su turno.
Es muy bonito salir a caminar y adelantarse al sol, observar las nubes, sentir el aire fresco antes de que el ambiente se convierta en un horno. También me ha tocado ver escenas interesantes, como unos conejos que salen de los matorrales, y una madre que se queda esperando, vigilante, mientras su joven hijo, mochila en la espalda, baja por la cañada, atraviesa el parque y continúa su camino hacia sabrá Dios dónde.

martes, junio 09, 2009

El Salto Mortal del Tzu-Chi

Ahora lo puedo comentar entre risas, pero anoche me llevé un susto terrible gracias al acto circense que se aventó el Tzu-Chi frente a mi aterrorizada mirada: un salto mortal sin red.
Sucede que ayer decidí hacer un poco de ejercicio, y para ello me dirigí en compañía de mi perrito hacia el cerro, o lo que está quedando de éste, con todas las casas que actualmente están construyendo.
En cierta parte del camino hay un pequeño muro, desde el cual se observa un desagüe que está unos dos o tres metros más abajo, en una cañada. Si ves el muro desde el frente, no te imaginas que tras él está el vacío.
Todo sucedió, como siempre, en segundos. Yo me senté un momento sobre el muro, y Tzu-Chi, que caminaba muy cerca, dio un salto hacia la orilla del muro y de ahí... al vacío. Vi perfectamente como volaba por el aire y como fue a parar a las piedras del fondo, dando un solo grito de dolor.
Corrí de inmediato a levantarlo, esperando lo peor. Aparentemente no tenía ninguna herida visible, así que lo cargué y emprendí el regreso hacia la casa para llevarlo al veterinario. No se quejaba, pero sus ojos entrecerrados delataban el dolor que debía sentir.
Ya eran las 9 de la noche y yo empecé a dar vueltas y vueltas buscando un veterinario, con el tiempo se me cansó el brazo por sostener al perro, pero me sentía un poco más tranquilo porque él, aunque iba muy quieto, no se quejaba ni gritaba, y se mostraba interesado en lo que veía y olía a su alrededor. Por fin encontré una veterinaria, cerrada pero con un anuncio del teléfono celular del médico. Lo llamé y en unos minutos nos atendió.
Después de auscultarlo me dijo que no se apreciaba ninguna fractura. Ya para ese entonces mi perro de goma se veía casi casi normal, aunque de todos modos le inyectaron un medicamento con antiinflamatorio, analgésico y algo para prevenir un edema. Me sentí muy aliviado por haber encontrado atención para el Tzu-Chi y por saber que aparentemente no tiene nada grave.
A unos pasos de la veterinaria se encuentra un negocio de tacos rojos, así que pedí una orden para llevar, y en el negocio de al lado compré un par de cervezas. Así aprovisionado me dirigí a casa. Cada minuto que pasaba Tzu-Chi se veía más y más normal, inquieto como siempre. El médico ordenó que se acostara y se estuviera quieto, pero me costó mucho trabajo hacerlo entender.
Cené en mi querido sillón, frente a la tele, y él a un lado ya se encontraba tan normal que hasta me pidió que le convidara un pedazo de taco. Cerveza, no. Esa me sirvió para calmar el susto que pasé. De verdad espero que todo haya quedado en eso: un susto.

Ya que estoy en estos temas, se me había pasado comentar que la Perrita se repuso completamente. Varios días estuve dándole su medicina y también suero completamente a fuerzas. Se le veía muy mal, cada vez más flaca, y se negaba a comer el pollo cocido que le preparé especialmente.
Una noche antes de mi partida a Houston estaba casi en los huesos. Pensé que a mi regreso la iba a encontrar muerta, pero no me quería dar por vencido y se me ocurrió darle una porción de atún. ¡Milagro! La devoró completamente, al igual que las dos que le di al día siguiente. Cuando regresé de mi viaje ya me recibió agitando el rabo, con un aspecto diferente y completamente repuesta.




Vista del Cerro de las Mitras desde mi calle.




Pronto esto estará lleno de casas.



El muro visto desde atrás; nótese la decoración grafitera.



Visto de frente, no se aprecia que detrás del muro está el vacío.




Tzu-Chi fue a dar hasta el fondo.



Mi perro de goma, a la mañana siguiente.

lunes, mayo 18, 2009

Preocupación

Estoy preocupado por la perrita, ya que desde el jueves pasado por la noche no ha querido comer y se la pasa jadeando. El sábado por la mañana la llevé al veterinario, y detectó que tenía un aliento fétido y parecía deshidratada. La siguió revisando y dictaminó además que tiene un soplo en el corazón, que uno de sus pulmones no está funcionando como debería y es por eso que parece ahogarse.
Para empezar recetó un medicamento antibiótico, y me advirtió que probablemente necesite otro medicamento más costoso que le ayude en su problema cardiaco. Yo he estado dándole la medicina, inclusive a fuerza, pero aún no se ve ningún cambio; se niega rotundamente a comer y permanece escondida en un rincón.
Siento compasión por ella y deseo que se recupere, que vuelva a comer con gusto como lo hacía antes. Sin embargo, a veces también me pongo a pensar que tengo otros problemas no resueltos y este me lo conseguí gratis al no saber decir NO a la persona que me la trajo. Ahora a ver cómo salgo de ésta.

Lluvia

Me dirigía a mi casa este sábado por la tarde cuando el cielo de pronto se empezó a llenar de nubes muy negras. Un fuerte viento empezó a agitar los árboles y los cables de electricidad. Unos cuantos minutos después se dejó caer una lluvia muy intensa que empezó a anegar las avenidas.
Pensé en seguir avanzando, pero temí verme involucrado en uno de los choques que se multiplican alarmantemente en estas condiciones y decidí salirme de la vía rápida para llegar a la cercana Librería Gandhi. Pasé a preguntar por mi copia de "En Defensa de la Felicidad", pero me dijeron que aún no había llegado, quizá en unos 15 días más.
Pues me puse a curiosear un rato, y antes de sentir el impulso de comprar algún libro más me encaminé a la salida. Ya no llovía tanto, pero en mi camino vi tres escenas de accidentes automovilíticos. Definitivamente fue muy buena idea detenerme.
La noche estuvo muy fresca, y al amanecer estaba cayendo una llovizna ligera y constante y la temperatura estaba muy fresca, ideal para quedarse en casa. No tenía ningún plan para salir, así que me levanté, desayuné y volvi a tumbarme en el sillón, frente a la televisión y con la puerta entreabierta, para no dejar de escuchar a la lluvia caer. En pocos minutos me rendí al sueño. A mi lado, el friolento y dormilón Manchas me hizo segunda.

lunes, mayo 04, 2009

¿El Señor de los Perros?

Ya que estamos en esto, también quisiera presentarles a una perrita NN (no nombre) que desde hace exactamente una semana está en mi casa.
Resulta que me encontraba descansando en el sillón después de una jornada de trabajo, cuando empezaron a tocar la puerta. A regañadientes me puse un short y salí a ver quién se atrevía a interrumpir mi descanso.
Era nada menos que la señora X, una vecina, quien cargaba a dicha perrita y me rogaba que me quedara con ella unos días (mientras aparecía el dueño o la dueña), pues aparentemente la compasiva señora se la había encontrado vagando en la calle y temía que la fueran a atropellar. Por más que me intenté zafar, me convenció y me quedé con ella (con la perrita). No es muy bonita que digamos pero se ve que es simpática y obediente.
Esta misma señora X ya me la había hecho.... el año pasado vino un día a platicarme que andaban los hombres de la perrera municipal recogiendo a cuanto animal veían en la calle. Me comentó que se salvaron varios, entre ellos uno que tenía una pata chueca y que corrió tanto que no pudieron alcanzarlo.
Ese mismo perro yo lo había visto tantas veces, por todas las calles de la colonia. Muchas veces cerraba yo los ojos al verlo cruzar entre los automóviles. Pues bien, al día siguiente de esta plática me llegó con el dichoso perro... "es que usted trata muy bien a los animales". Obvio decir que se quedó aquí, y como esta tan feo le puse por nombre Chucky.
Pues ya es otra vez lunes y la perrita NN sigue aquí. No tengo corazón para echarla, pero ojalá que apareciera su dueño.



La perrita NN.



Chucky y Bobi.

Chucho

Ya pasaron varios meses desde que recibí como regalo a este cachorrito, que en unas dos semanas cumplirá su primer año. Como quien dice, se fue el tiempo volando. Llegó para hacerme compañía en una etapa en la que estaba muy triste después de la pérdida de mi Bimbo, y poco a poco se ha ido ganando todo mi cariño.
Apenas llego a casa por las tardes, lo veo a través de la reja dando saltos de alegría, y desde ese momento no se separa de mí, me sigue a todas partes. Parece muy dulce pero tiene su carácter, cuando está echado no permite que le toque las patas, y mucho menos que lo intente cambiar de sitio. Gruñe mucho y se pone muy enojado, pero no se atreve a morderme.
Entiende por los nombres de Manchas, Manchú, Tzu-Chi... vaya, hasta por Chucho. Aquí les van unas fotos.






jueves, diciembre 04, 2008

Rutinas Caninas


He tenido varios perritos, y si hay algo que me fascina de ellos es cómo les gusta seguir una rutina. Es por eso que cuando alguien tiene un cachorrito y me pide consejos para criarlo y abordar asuntos como la satisfacción de sus necesidades fisiológicas, lo primero que les digo es que establezcan una rutina y la respeten al pie de la letra.
Y si una acción la acompañas con una palabra clave, ellos aprenderán a identificar la palabra y responder a la misma. Por ejemplo, tanto Lucas como Bimbo me escuchaban decir "pipí" y de inmediato corrían hacia la puerta, esperando impacientes que yo la abriera para salir corriendo a cumplir la orden. Con tanto tiempo de estar conmigo reconocían otras palabras, como "nieve", "sillón", "súbete", "huesito", etc.
Esta es la rutina de Tzu-Chi. Me levanto de la cama y él salta también al piso. Le abro la puerta y va a hacer pipí a la cochera, luego saluda a Chuki y a Bobi que están afuera, en el pasillo. Les sirvo de comer a los tres, comen y luego Tzu-Chi vuelve a entrar en la casa. Me sigue a todas partes mientras preparo mi ropa, mi desayuno, etc.
Luego entra conmigo al cuarto de baño, y mientras voy a la regadera él se instala en su camita y se acurruca, observando con curiosidad mi ritual de limpieza. Cuando termino lame mis pies mojados y continúa siguiéndome a todas partes mientras me visto. Antes de irme a trabajar lo llevo al pasillo, donde permanecerá durante el día en compañía del par de traviesos.
Cuando llego por la tarde se pone muy feliz y ya está listo para que le sirva de comer y lo lleve al interior de la casa. Y así es todos los días...

NO ME SALGO Y NO ME SALGO Y NO ME SALGO...

El regiomontano Jesús Guadalupe Caballero conducía su camioneta Hummer a altas horas de la noche, ya que aparentemente acababa de salir de trabajar en el restaurante de su propiedad.
En su camino se topó con un semáforo en rojo, pero decidió no detenerse en vista de que no había ningún otro conductor a esas horas. Sin embargo, su acción fue vista por celosos guardianes del tránsito y la vialidad, quienes lo interceptaron más adelante y pretendieron exigirle una "mordida", bajo amenaza de acusarlo de manejar en estado alcoholizado e imponerle una multa de varios miles de pesos si no accedía.
Caballero no se dejó intimidar y solicitó la multa por pasarse el semáforo en rojo, única infracción que había cometido. Los agentes no accedieron y al no ponerse de acuerdo mandaron llamar a una grúa, la cual se llevó la camioneta hasta el depósito de vehículos. El conductor permaneció en su interior 16 horas.
Durante todo este tiempo, el suceso logró cobertura de los medios de televisión y obtuvo el apoyo de un gran número de ciudadanos, quienes llegaron incluso a bloquear la circulación de vehículos en una transitada avenida cercana al depósito.
Ante una presión social tan fuerte, un representante del Director de Tránsito se acercó al conductor y le pidió que bajara del vehículo y pagara única y exclusivamente la multa por pasarse la luz roja del semáforo, a lo que éste accedió.
Felicidades, señor Caballero, nos dio a todos una lección y nos demostró que sí podemos luchar por nuestros derechos y no permitir abusos, maltratos ni amenazas de parte de las "autoridades" corruptas e ineficientes. Por supuesto, nosotros como ciudadanos también debemos asegurarnos de respetar las leyes y reglamentos y no promover la "mordida", si cometimos una infracción, paguemos la multa correspondiente.


NO FUMAR

Antier que estuve en el restaurante Toks me di cuenta de que hacía un buen tiempo de que no visitaba este lugar, pues pregunté a capitán de meseros por el área de fumar (pensando en La Flores) y me dijo que ya no había tal. ¡Claro! Me da mucho gusto que en este establecimiento sí respeten la nueva prohibición de fumar en espacios públicos cerrados.
A quienes se les está dificultando hacer cumplir la ley es a los dueños y gerentes de los antros, y la razón es que fumar ha sido durante muchos años un hábito fuertemente asociado con beber y bailar. Los clientes se muestran reacios a dejar esta costumbre, porque les parece impensable estar bebiendo y no poder fumar también. Lo sé porque cuando yo era fumador, visité un bar en Florida y me pareció muy molesta la prohibición de fumar, ya que cada vez que se me antojara echar humo tenía que salirme a la calle.
"Old habits are hard to die", dice la frase, pero lo que es cierto es que la gente se tendrá que ir acostumbrando a mantener el aire libre de humo de cigarro en todos los lugares públicos cerrados, sin excepción.



¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!

Vaya que me sorprenden mis vecinos coahuilenses. Antes que nada debo admitir que como residente de una gran metrópoli, tiendo a pensar que los habitantes de ciudades más pequeñas que la mía son "provincianos", pero en ciertos aspectos ellos resultan ser mucho más audaces que nosotros los de Nuevo León, poniéndonos en evidencia como atrasados, mochos y puritanos.
Primero promovieron la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, enfrentándose a críticas y oposiciones de personas y organizaciones de todas partes del país.
Actualmente están promoviendo la pena de muerte para los secuestradores. Aunque pienso que secuestrar y matar son dos de los crímenes más viles que existen y quienes los perpetran merecen un gran castigo, no estoy seguro de que la pena de muerte sea lo más adecuado. Después de todo, creo que estaríamos continuando una cadena de asesinatos: tú matas, entonces yo te mato...
Está muy acendrada en mí la opinión de que nosotros como humanos no debemos matar a otros humanos.
En mi opinión a estas personas deberían encerrarlas en un calabozo por el resto de sus días, dándoles de comer y beber sólo lo indispensable para que se mantengan con vida. Perder su derecho a estar en compañía de otras personas, a apreciar el sol, la lluvia y todas las maravillas de la naturaleza, a experimentar todo gozo y satisfacción, sería el justo pago por sus infames delitos.