martes, enero 04, 2011

En Casa

Qué bien se siente llegar a casa después de un viaje, especialmente de uno tan ajetreado como el que tuve yo. Después de la consulta médica me sentí más tranquilo y decidí disfrutar mis vacaciones tanto como fuera posible.
Tenía planeado hacer un tour al Gran Cañón, de hecho ese era el motivo principal de mi viaje, pero debido a las inclemencias del tiempo y a que no me sentía al 100 por cierto, la aventura quedará para otra ocasión, espero que muy cercana.
En su lugar recorrí lo más que pude la Ciudad del Pecado: conocí la fastuosidad del Cosmopolitan, con sus cortinas colgantes hechas con miles de relucientes cristales de swarosky, la modernidad de vértigo del Stratosphere, la atmósfera romana del Caesar's Palace, las exclusivas tiendas del Wynn.
Sin duda lo que más me fascinó fue la decoración del Venetian; la primera vez que estuve en Vegas estaban a punto de terminarlo, pero ahora ya pude admirar sus canales con todo y gondoleros, así como el cielo artificial de su planta alta, con una apariencia engañosamente real, pintado de nubes esplendorosas que realmente uno se sentía en una plaza veneciana durante una tarde de verano.
En Chinatown degusté una estupenda sopa wonton, rodeado de comensales chinos, y en la calle peatonal Fremont Street me quedé impresionado con su techo que es a la vez una luminosa y colorida pantalla de proyección gigantesca pues abarca cientos de metros. Sólo pude resistir unos minutos pues el aire estaba a punto de congelación, así que me refugié en un McDonald's a tomar té mientras llegaba la hora de regresar al hotel.
No soy apasionado de comprar ropa, pero las tiendas de por allá tienen unas cosas hermosísimas y a precios de ganga, así que me traje dos o tres cosillas para renovar mi vestuario y también para regalar.
Hablando de regalos, en un aparador de una tienda muy exclusiva llamada Neiman Marcus (que yo no sabía que era muy exclusiva pues soy casi totalmente anti-fashion), me gustó un bolso de noche en forma de búho para regalarlo a una de mis sobrinas.
La vendedora me explicó que era un bolso de la diseñadora Judith Lieber y que tenía una colección muy hermosa y bla bla bla, pero nunca me habló del precio. Intuí que costaba una fortuna y decidí emprender una graciosa huida. Ya una vez en casa lo busqué por Internet y me di cuenta de que cuesta más de 4 mil dólares... escandaloso.
El fin de año lo pasé en mi habitación con la calefacción al máximo y viendo los fuegos pirotécnicos por los ventanales. Sin embargo, no lamenté en absoluto el hecho de no poder salir a la helada intemperie, pues la avenida era un caos y un desorden, atestada de personas de todo el mundo, de todas las razas y colores, muchas de ellas ebrias y/o mariguanas. Realmente disfruté mi fin de año 2010.
Ahora a seguir recuperándome y a trabajar mucho para reponer lo que se gastó. Pero lo bailado...

1 comentario:

  1. Tinisimo quiero ser como tú cuando sea grande... Wao que bonito viaje, solo tengo un reclamo, como el año nuevo encerrado en la habitación, que cosas contigo... jujujuju.

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