sábado, octubre 22, 2011

Perdón y Reconciliación: Sin Perdón No Hay Futuro

Un buen tiempo sin escribir... de pronto se me fue la inspiración... espero continuar escribiendo como antes...

He estado asistiendo a un taller de Perdón y Reconciliación en el Centro Cultural Loyola. Este taller es uno de los frutos de la Fundación para la Reconciliación, fundada en el año 2001 por un grupo de amigos colombianos liderados por Leonel Narváez Gómez, sacerdote sociólogo con postgrados de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Harvard en donde tuvo ocasión de diseñar, con ayuda de expertos interdisciplinarios, una propuesta popularizable del Perdón y de la Reconciliación como elemento esencial para la solución de conflictos y el logro de la paz.
Ya anteriormente, Leonel Narváez había realizado trabajos por la paz, primero entre las Tribus Nómadas de Kenya (1979-1989) y luego (1990-2000) entre los colonos de la región amazónica de Colombia en donde jugó el rol de facilitador de negociaciones entre Gobierno Colombiano y los jefes de las Guerrillas FARC.
Decidí ingresar a este taller buscando la resolución de una vez por todas de un conflicto que data de muchos años atrás, y cuya falta de perdón me ha mantenido estancado en varias áreas de mi vida; era preciso soltar ese lastre para seguir creciendo y avanzando, pero creo que simplemente no había llegado el momento.
Ahora veo el problema desde un punto de vista completamente diferente, y esto ha sido profundamente liberador. Me da gusto que este programa lo estén llevando a centros penitenciarios y hogares de rehabilitación para alcohólicos y farmacodependientes, ya que de verdad logran transformar al individuo y sus efectos alcanzan a las personas que lo rodean: su familia, sus amigos y todos aquellos con los que convive diariamente. Ojalá más gente pudiera tener acceso a sus efectos sanadores.

Justicia Restaurativa


Uno de los objetivos que buscan las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) es hacer conciencia para lograr que la justicia que se imparte en las comunidades y naciones sea, en lugar de la justicia punitiva (cárceles, multas), una justicia restaurativa. ¿Y qué es una justicia restaurativa?
Esta es la justicia que restaura y reconstruye, repara de algún modo lo dañado. Reconstruye relaciones y asegura la promesa de un futuro mejor. Se rechaza el pecado y la falta, no se rechaza al pecador.
Haría falta cambiar muchas cosas para desterrar la justicia punitiva y establecer en su lugar la restaurativa, pero por algo se puede empezar. Los animadores que conducen este taller nos dieron un buen ejemplo, que los padres pueden aplicar con sus hijos.
Cuando un niño no hace una tarea o bien reprueba un examen, los padres, acostumbrados como estamos casi todos a la justicia punitiva, le prohíben ver televisión o entretenerse con sus videojuegos durante un tiempo determinado como "castigo", un castigo que no tiene relación alguna con la falta cometida.
Los animadores proponen que, luego de dialogar con el niño sobre dicha falta, lo "ajusticien" poniéndolo a hacer la tarea o bien a dedicar un tiempo extra cada día para repasar aquella materia que se reprobó, de modo que si se aplicara de nuevo el examen pudiera pasarlo sin problemas. Y si acaso le queda tiempo, puede ver televisión o jugar, pues ello no tiene nada que ver con la falta que se cometió. Esto es restaurar.
Me gustó mucho esta forma de justicia, pues ofrece más ventajas que un "castigo". Es una buena corrección, completamente lógica y por encima de todo, justa; por lo mismo creo que es menos probable que quien cometa la falta reincida o, en rebeldía, escale el nivel de gravedad de la misma.