jueves, marzo 31, 2016

El Tic Tac Antes de que Marquen las 50

Tic tac, tic tac, tic tac.. me parece escuchar el sonido que hacía el péndulo de esos enormes relojes antiguos, que hace muchos años no veo. Ahora que lo pienso, me agradaría mucho tener un reloj de ese tipo, para vivir más el momento presente, para estar consciente de cómo el tiempo se va y no regresa.
Con la vida tan agitada que vivimos en la ciudad, creo que a todos nos haría mucho bien descansar un poco, dejar de correr y, teniendo de fondo el eterno sonido del tic tac, despertar de nuestro sueño y abrirnos a la realidad.
Me imagino escuchar ese sonido sentado en una mecedora, en una tarde calurosa y sin nada qué hacer, en algún pueblo silencioso y remoto... cuántas reflexiones, verdaderamente sentir cómo pasa el tiempo.
¿Y por qué me parece estar escuchando ese eterno tic tac? Pues... estoy a pocos días de cumplir 50 años. 50 años es una edad muy significativa. Medio siglo. Cinco décadas. Diez lustros. Mucho qué agradecer, mucho qué recordar... muchas razones para estar feliz.
Antes y después. Un parteaguas. La empresa en la que he estado trabajando, cuyo destino ha estado incierto desde que falleció su director, parece que finalmente se va a disolver. La noticia se veía venir, lo había anticipado. Pero eso no quiere decir que no duela, que no se sienta raro. No sé muy bien qué voy a hacer, pero sé que todo va a salir bien.

Al día siguiente de mi cumpleaños emprendo un viaje de vacaciones... bien merecidas pues creo que el último año ha sido tal vez el más duro de mi vida, lleno de pérdidas, transformaciones, dolores, angustias, noches de insomnio. Ya va quedando atrás.
Me gusta mucho viajar. Bueno, no; trataré de explicarme. Siempre que tengo un viaje en puerta, como en este momento, me pongo muy nervioso y trato por todos los medios de cancelarlo. Me agobia pensar qué podrá pasar cuando yo no esté en casa. ¿Y si entra un ladrón? ¿Y si se roban mi auto? Y lo que no me deja dormir: ¿A quién podré dejar al cuidado de Chucho, quien no es un perrito ni una mascota, sino prácticamente mi hijo? No confío en nadie, pienso que van a dejar la puerta abierta, que Chucho escapará, y... ¿Y si pasa algo malo en el viaje? No me gustan los aviones, me asusta volar. Ya. Lo dije. Y según mi analista, al haber expresado eso que me asusta, el monstruo del miedo se hace más pequeño. Desaparece, monstruo.
Es por eso que en realidad no me gusta viajar. Bueno, sí; una vez que aterrizo en el lugar de mi destino, soy el hombre más feliz, observo maravillado a mi alrededor: las personas, los edificios, los cerros, las calles, me siento embelesado ante los sonidos y colores nuevos, los sabores de platillos que nunca había comido, el aroma del aire, tan particular.
En Zihuatanejo el aire huele a sal, en Louisiana huele a petróleo y a pantanos, en los caminos que conducen a los pueblos de Zacatecas huele a tierra roja y a estiércol. Tantos aromas, de café en Xalapa, de mangos maduros en las calles de Acapulco, de moliendas de caña de azúcar en Ciudad Valles, de dulces crepas en París.
Ya veré qué aromas me traigo de mi próximo viaje. Si viajo.


2 comentarios:

  1. En hora buena, a mi me encanta viajar, pero mi mama es esa voz tuya de miedos, no te vayas y si nos morimos, y si se cae el avión, y si te enfermas... la AMO, pero no hay persona en el mundo con tantos miedos y a la vez ese miedo la ha mantenido sana y a salvo de odo, yo en cambio tino me lanzó al abismo sin red, y de esos polvos estos lodos, yo cumplo mañana, 6, 39.. que números 639... todos en tercios, todos tercias, del 1, de 2 de 3. Este año estoy un poco aterrado, ya no quiero que el tiempo avance.

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    1. Definitivamente, los miedos te mantienen a salvo, pero también te impiden disfrutar muchas cosas. Yo por ello, no niego que los siento, pero hago todo por vencerlos. Muchas felicidades por tu cumpleaños, todo un ariano.

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