lunes, abril 11, 2016

Chiapasionándome: San Cristóbal de las Casas 1

Santa Lucía me cautivó.
Tras mi paseo por el Cañón del Sumidero, un veloz colectivo me condujo al lugar que más anhelaba conocer de Chiapas: San Cristóbal de las Casas.
Con mal contenida impaciencia descendí del vehículo y eché a andar por la calle Insurgentes; no me dirigía a ningún lugar en particular, pues nunca había estado ahí ni había consultado ningún mapa, pero eso no importaba, lo que quería era recorrer sus calles, admirar sus banquetas empedradas, sus construcciones con encantadores tejados, escuchar a la gente hablando en tzotzil, en tzeltal, en castellano, en inglés y en varios otros idiomas.
La primera iglesia que vi fue la de Santa Lucía, me gustó tanto que durante un buen rato permanecí extasiado admirando su soberbia construcción pintada de blanco y azul celeste. Proseguí mi camino, comí un delicioso pan en la boulangerie El Horno Mágico y, más adelante, aunque usted no lo crea, entré a una zapatería, donde compré un par de zapatos negros a un precio excelente. ¿Qué a quién se le ocurre comprar zapatos en San Cristóbal de las Casas? Pues a mí.
La operación fue muy rápida, pues ya iban a dar las 2 de la tarde y la señorita estaba a punto de cerrar la tienda. Le pregunté si abriría después de la hora de la comida, pero para mi estupefacción me respondió que no, que abriría hasta el día siguiente. No entiendo, pero no importa.
Para entonces el hambre arreciaba y pensé que sería una buena idea comer en el mercado, así que pregunté a alguien y me dijo que continuara caminando por esa calle, que había cambiado de nombre y ahora era Gral M. Utrillo. Pasé el Zócalo, la Catedral, por un costado de una iglesia que no pude reconocer por la gran cantidad de puestos de artesanías que obstruyen la vista y finalmente llegué al mercado de Santo Domingo.
Pero resulta que en este mercado venden toda clase de frutas y verduras, ingredientes para preparar alimentos, pero no hay puestos donde se venda comida. Al menos yo no encontré ninguno, así que me regresé por esa misma calle para buscar dónde comer... se me antojaba disfrutar comidas típicas, así que pasé por alto las pizzerías y restaurantes de comida argentina, española y china. Decidí probar suerte en La Estación, ubicado por la calle Benito Juárez.
El lugar estaba completamente vacío y a oscuras... los meseros muy atentos pero sumamente nerviosos... ni siquiera atinaban a responderme qué había de comer, hasta que entró al quite la chef Cristina. Había tres platillos, pero uno de ellos se había terminado, y los otros dos eran de pollo, así que no fue nada difícil decidir.
Los platillos llegaron muy bien adornados y aderezados con unas hojitas que no reconocí, y como no sabía si era comestible o no y además no me gusta quedarme con dudas hice llamar a la chef; ella me explicó que sí era comestible y que eran hojas de mastuerzo, nunca las había probado pero me gustó mucho su sabor.
Ya con más confianza, la chef explicó también la razón de la oscuridad y el nerviosismo: se acababan de quedar sin energía eléctrica y de hecho iba de salida para alcanzar abierta la oficina local de la CFE, no sin antes invitarme a regresar por la noche para cenar y a la mañana siguiente para desayunar. Y aunque las delicias que me describió me hicieron desear regresar, finalmente no fue posible porque en San Cristóbal de las Casas hay muchas opciones para comer.
Dicen que panza llena, corazón contento, pero a mí me faltaba algo... café. Así que seguí caminando sabiendo que no tendría que buscar mucho. Una vez más mis planes cambiaron: cuando pasé frente al local de Cacao Nativa no opuse ninguna resistencia y entré para saborear un delicioso, exquisito chocolate acompañado de un panecillo. Disfruté mucho mi estancia en este agradable lugar, pero más el sabor de mi bebida. Me gusta mucho el café, pero lo mío, lo mío es el chocolate.
Estaba pagando la cuenta cuando observé sobre la mesa un volante que anunciaba una función de cine gratis para esa misma noche, en un lugar llamado Snail, en Ejército Nacional número 1; no pude determinar si se trataba de una cafetería, un club o un hotel, pero mi intuición me ordenó dirigirme a dicho lugar y yo le obedecí.
Templo de San Francisco.
Fue quizás la mejor decisión que tomé en San Cristóbal de las Casas. Resulta que Snail es un precioso hostal o bed&breakfast. Desde la calle pude observar una habitación comunitaria con varias camas y muebles en el primer piso, pero al entrar descubrí que también cuenta con habitaciones privadas para una y para dos o más personas en la planta alta.
Por fuera parece una casona como cualquier otra, pero por dentro se nota que fue remodelada con exquisito gusto para convertirla en una preciosa cabaña rústica, con todo y crujientes pisos de madera. Las habitaciones tienen puertas y ventanas con cristales opacos. Todo parece nuevo y luce sumamente limpio. La cocina y el baño son comunitarios, ambos impecablemente limpios.
En Tuxtla Gutiérrez me habían advertido que el alojamiento en San Cristóbal me saldría carísimo, así que no podía dar crédito cuando me dijeron que el costo de la habitación privada era de 400 MXP por noche; me registré inmediatamente, felicitándome nuevamente por planear mi viaje en temporada post-Semana Santa. Pensar que eso mismo me costó la más que modesta habitación de Tochtlán, no hay punto de comparación pues esta habitación de Snail a mí me pareció todo un lujo.
Así que me di un merecido baño y pronto estábamos listos para continuar recorriendo las hermosas calles de Jovel, que así le pusieron por nombre a este pueblo los tzotziles desde antes de la llegada de los kaxlanes (ya saben a quiénes me refiero).
Otra espectacular vista de Jovel.
Y para recorrer en poco tiempo este hermoso lugar, qué mejor opción que subirse a un vehículo modificado con apariencia de trenecito, cuyo amable chofer nos dio un estupendo tour con muchísima información, por ejemplo gracias a él supe que en un lugar tan pequeño como Jovel hay más de 45 iglesias, caramba, ¿pero para qué tantas?
Y después del paseo, otro recorrido a pie, entrando a diferentes tiendas, en una de las cuales me compré un precioso sombrero estilo panamá. En el Museo del Ámbar y en la joyería Arturo Cáceres hay objetos exquisitos... como las pinturas de David Villaseñor. Una recomendación: si traen dólares no los cambien en una casa de cambio, la mejor tasa es la que ofrece Banco Azteca, en el interior de la tienda Elektra ubicada en los portales, frente al Zócalo.
Se hizo de noche y nuevamente tenía hambre, así que siguiendo con la idea de saborear platillos locales entramos a El Patio Restaurant, en Gral M. Utrillo casi esquina con Flavio A. Paniagua, donde degustamos una deliciosa cecina y un platillo no menos sabroso a base de tiras de carne bañadas de pipián, cuyo nombre no puedo recordar.
Al salir nos fuimos directamente a Snail, había que descansar porque a las 5 de la mañana pasarían a recogernos para ir al tour que contraté en el mismísimo hostal. Y qué a gusto descansé en mi cabaña, con su techo inclinado y sus vigas y pisos de madera rústica, una habitación con la que he soñado desde siempre.



Construcciones con hermosos tejados abundan en San Cristóbal.

2 comentarios:

  1. snail uno de los mejores hostales de san cristobal sin duda alguna

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    1. Totalmente de acuerdo, volvería sin dudar y lo disfrutaría mucho.

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