miércoles, abril 20, 2016

Chiapasionándome: San Cristóbal de las Casas 2

San Cristóbal de las Casas, con sus estrechas calles empedradas, su multitud de iglesias, sus tejados ennegrecidos por el tiempo y su mágico ambiente cosmopolita donde se escuchan voces es muchas lenguas, dejó una huella tan profunda en mí que bien se merece otra crónica.
A pesar del cansancio del viaje, esa noche llegamos, nos dimos un buen baño y salimos a buscar algo ligero qué cenar, pero encontramos las calles semidesiertas, apenas unos cuantos turistas deambulando y los vendedores de artesanías o de bocadillos como tortas y atoles ya listos para retirarse a descansar. En unos pocos bares el ambiente estaba en su apogeo, pero no estaba yo para ruido, así que después del breve paseo regresamos a dormir a Snail.

Amaneció mi último día en San Cristóbal, y decidí ir a visitar nuevamente el mercado de Santo Domingo. ¿Sería posible que no hubiera puestos de comida? Sí, sí era perfectamente posible, ahí no había dónde comer.
Me puse a tomar algunas fotos de los puestos, una de ellas de amarillos pollos como no vemos nunca por acá en Monterrey. Preparaba mi cámara para tomar un acercamiento de diferentes hierbas medicinales en otro puesto, pero la vendedora, una mujer indígena, me gritó enfurecida que no tomara fotos y que me fuera de ahí.
Pollos en el interior del Mercado de Santo Domingo.
No lo pensé dos veces y caminé sin parar hasta llegar a la calle, temiendo que se me viniera encima una horda de chamulas indignados. La noche anterior ya había escuchado terribles historias de turistas que, ingenuos, tuvieron la ocurrencia de tomar una foto de una iglesia en San Juan Chamula, sólo para que les destruyeran la cámara y los encerraran en la cárcel local.
También escuché que a otro turista una turba enfurecida lo quemó vivo dentro de su automóvil, pues para su mala suerte había golpeado con éste a un niño indígena. Será verdad o será mentira, no quise averiguarlo, pero lo cierto es que cuando menos tres personas, entre ellas mi sobrina Marisol, me advirtieron que no se me ocurriera subir a San Juan Chamula.
La hermosísima fachada de la iglesia de Santo Domingo.
Definitivamente, a la mayoría de los indígenas chamulas no les gusta que les tomen fotos, y eso hay que respetarlo. Hay otros que sí aceptan gustosamente, siempre y cuando le paguen la tarifa que prontamente te informan.

Seguí caminando y avisté la iglesia que no pude reconocer el día que llegué por la gran cantidad de puestos de artesanías que la rodean completamente. Esta vez no me quedaría con la curiosidad, así que me encaminé a la entrada principal y quedé extasiado contemplando su hermosa fachada barroca, ricamente ornamentada con multitud de imágenes.
Y al trasponer su imponente puerta mi admiración fue en aumento, al pasear mi vista por la belleza de sus retablos, sus pinturas y el gran púlpito de roble de una sola pieza, al caminar en su interior intentaba no distraer a los pocos feligreses ahí reunidos, pero era algo muy difícil pues el hermoso piso de antiquísima madera crujía a cada paso.
El sonido de una agradable y bien timbrada voz masculina reverberaba en el ambiente; no pude saber si rezaba un rosario o una letanía, pues empleaba una lengua indígena, quizá tzotzil o tzeltal. Me dirigí hacia el lugar de donde provenía la voz y vi a un hombre parado frente a una imagen de Jesucristo, entonando un canto repetitivo que se escuchaba en todos los rincones de la iglesia. Sin duda la iglesia más hermosa que visité en San Cristóbal, es lamentable que los puestos ubicados a su alrededor impidan apreciarla en toda su belleza.

A esta hora ya mi estómago protestaba de hambre, afortunadamente muy cerca de ahí  está el restaurante Barrios de Jovel, en el que decidí probar suerte y no me decepcionó, disfruté un delicioso desayuno acompañado de una taza de estupendo chocolate. A nuestra mesa fue a presentarse el Ing. José R. Cuéllar, quien amablemente nos invitó a pasar después del desayuno a la cafetería que tiene enseguida, Chocoleto, para ofrecernos una degustación.
Con el  Ing. José R. Cuéllar, gentil propietario de Chocoleto.
Así lo hicimos, y este hombre cordial y elegante nos obsequió una breve pero sumamente ilustrativa explicación sobre el cultivo del cacao, así como de la preparación del chocolate y también del café.  En su establecimiento adquirí un paquete de tablillas de chocolate y una bolsa de exquisito café... el chocolate estaba excelso, de modo que todo fue que lo probara... no pude parar hasta terminarlo, nunca supe cómo sabía en una bebida preparada con leche. El café lo estoy guardando para una buena ocasión. Cuando vayan a San Cristóbal, no dejen de visitar Chocoleto.
Había que apurarse, así que de camino a la central de autobuses me detuve a comprar unos exquisitos dulces en el Mercado de Dulces y Artesanías, donde hay tanta variedad y son tan ricos que dan ganas de comprarlos todos.

Un último vistazo a las calles del centro, despidiéndome mentalmente de San Cristóbal de las Casas. Pero esta vez no es un adiós sino hasta luego... volveré. Pocos minutos más tarde ya me encontraba cómodamente instalado en el autobús que me llevaría a la parte final del viaje, a visitar a mi familia.




2 comentarios:

  1. Hola Tino! Parece que tuviste una muy buena visita. Me inspiraste a revisar mis propias fotos de San Cristóbal también, y entre to "post" y mis fotos, fue cómo estar allí de nuevo.

    Es un pueblo verdaderamente mágico, no?

    Saludos y un fuerte abrazo,

    Kim G
    CDMX, México
    Donde hay menos magia y más gente.

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    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo, he conocido varios pueblos mágicos pero éste verdaderamente lo es, su atmósfera es maravillosa, ahora entiendo por qué personas de todo el mundo llegan de visita y deciden quedarse. Por eso digo: "volveré". Abrazos.

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