miércoles, octubre 15, 2008

The Morning After


Por alguna razón hoy se me vino a la mente esta imagen que he visto en algunas películas norteamericanas, y que sin darme cuenta se quedó grabada en mi subconsciente. Cuantas veces la he visto, me he puesto a imaginar cómo sería vivir al estilo gringo, tener un trabajo muy nice y salir a las 5 en punto, pero antes de llegar a casa hacer una escala técnica en alguno de estos "Cocktail Lounge" para disfrutar un martini, un whisky, un refrescante Margarita o un Desarmador.
Me veo como esos personajes de película, platicando muy alegres y muy relax mientras se despachan un fogonazo de su bebida favorita, entre música suave y luces de neón. El paréntesis ideal, después del ajetreado día de trabajo en la fábrica o la oficina, y antes de la llegada al hogar, donde hay más actividades por realizar, responsabilidades, personas que nos esperan, situaciones familiares que resolver.
Se me ocurre que sería sólo un trago, o máximo dos; pagar la cuenta, despedirse de los amigos y proseguir el camino a casa. Como recomiendan (creo que muy a su pesar) los comerciales de bebidas alcohólicas en México: "Nada con exceso, todo con medida".
Nada de llegar a los extremos de Dana Plato, la jovencita que salía en "Diff'rent Strokes" (Blanco y Negro), que llegaba a atizarse un galón de vodka por día. Tampoco como aquella alcohólica interpretada por Jane Fonda en "The Morning After".
Por cierto, nunca se me olvida la publicidad tan original que diseñaron para promover la película en medios impresos. En una página de la revista aparece una foto donde se ve a Jane Fonda sentada en un sillón y empinando una botella de licor. Como pie de página: "Last night she drank to forget" (Anoche bebió para olvidar).
Y al dar la vuelta a la página, aparece nuevamente Jane Fonda, ahora a la luz del día, cruda, despeinada, con la cara hinchada y sobre todo desesperada por huir del cadáver con el que despertó en su cama. Y remata el pie de página: "Today she'd do anything to remember" (Hoy daría todo por recordar).
Recuerdo también a Imelda Miller, cuyo gusto por la bebida dio al traste con su prometedora carrera de cantante. Ejemplos sobran de artistas y cantantes que han desarrollado una marcada atracción hacia el "pomo": José José, Massiel, aquella famosa intérprete de "Rosas en el Mar", Lupita D'Alessio, Lola Beltrán... pero esa es otra historia.
En España también se da la cultura de la "taberna", sitio obligado para reunirse a tomar un par de cervezas después del trabajo, acompañadas de unas sabrosas "tapas". Hace algunos años tuve el gusto de visitar una de estas tabernas en Barcelona, tan concurrida que apenas había espacio para circular, todo mundo de pie alrededor de la barra, hablando a gritos y fumando que "es una barbaridá".
Y qué decir de los famosos "pubs" del Reino Unido. Aunque nunca fui a ninguno, creo que también es un buen ejemplo de la costumbre tan extendida entre los europeos de disfrutar de bebidas espirituosas, sin que eso necesariamente los convierta en alcohólicos.
Tal vez esté equivocado, pero creo que en mi país desafortunadamente no existe esa cultura de beber con moderación. Especialmente acá en el norte, es muy común reunirse los fines de semana en alguna casa, preparar la famosa "carne asada" y empezar a beber sin medida, botella tras botella de cerveza, como si fuera una competencia a ver quién es el primero en ponerse "hasta las chanclas".
O bien ir a algún "antro" o discoteca de moda, table dance, cantina, etc. y ponerse a beber con desesperación, no una ni dos copas, no señor, ¿qué es eso?, despacharse con la cuchara grande hasta lograr deshinibirse, ponerse "alegre", porque como dice un compañero de trabajo "la gente necesita divertirse, no todos tienen televisión por cable como tú".
No quiero parecer moralista, pero lamento mucho estos excesos, principalmente porque acaban con la diversión. Nada menos hoy por la mañana veía en las noticias que en un lugar de table dance de mi ciudad se registró una riña que tuvo como consecuencia tres personas muertas. Terrible.
"Es la inseguridad que impera en esta ciudad", dice el compañero. Yo pienso que no.
Accidentes de tránsito, pleitazos, violaciones, golpizas, asesinatos, asaltos y mil y una situaciones violentas y/o bochornosas son el resultado de beber hasta perder el sentido, de no saberse controlar, de permitir que la bebida nos domine, cuando debería ser al contrario.
Por ello creo que es muy cierto aquello de "nada con exceso, todo con medida". Disfrutemos, no abusemos. ¡Salud!

1 comentario:

  1. ltienes toda la razon, yo solo una vez tome asi hasta perder la conciencia y no me quedaron ganas de repetirlo,despues de eso, hoy casi no tomo o si salgo a un antro aveces no tomo y mis amigos me incitan a tomar pero yo cuando digo no es no, tal parece que la gente piensa que si no bebes no te diviertes o eres un aburrido pero no es cierto,saludos

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