viernes, diciembre 12, 2008

Tonantzin, Coatlallope, Coatlaxopeuh, Guadalupe



"la Guadalupana, la Guadalupana, la Guadalupana bajó al Tepeyac...".
(Gran parte de) los mexicanos celebra hoy con mucho fervor a la Guadalupana. Aunque no comparto esa devoción, me esfuerzo en adoptar una actitud neutral y demostrar respeto por su fe.
Me impresionan sobremanera las muestras de adoración que realizan los fieles guadalupanos en todo el país, desde las tumultuosas e incesantes peregrinaciones que desquician el tránsito, los calendarios con su efigie, los altares con todo y veladoras que muchas veces son causa de incendios, los tatuajes en diferentes partes del cuerpo, las estampitas en la cartera, hasta las modernas calcomanías que lucen algunos autos, con una figura modernizada de la virgen y la frase "porfis cuida a mi familia".
En El Noticiero de López Dóriga estuvieron entrevistando a varias personas que acostrumbran peregrinar cada año desde su ciudad de origen hasta la Basílica de Guadalupe, en el DF. Una señora relataba que empezó pidiéndole por la salud de su hijo enfermo, y aunque poco después éste falleció, su esposo y ella siguieron con el peregrinaje año con año por gusto y "porque me nace del corazón".
Los fieles guadalupanos generalmente reaccionan con una furia desmedida cuando alguien se atreve a cuestionar o criticar su fe. Se cierran a cualquier tipo de diálogo y no escuchan razones contrarias a las suyas.
El fenómeno guadalupano es de mucha transcendencia, y es por ello que se han realizado muchos estudios al respecto. Buscando en Internet podrás encontrar muchos datos interesantes, a favor y en contra.
La creencia popular es que en diciembre de 1531 la virgen de Guadalupe se apareció a un indígena llamado Juan Diego, se presentó ante él como Coatlallope o Coatlaxopeuh (la que aplasta a la serpiente) y le pidió que acudiera con el obispo Fray Juan de Zumárraga y le expresara su deseo de que se le construyera un templo en el Cerro del Tepeyac, lugar de la aparición milagrosa.
Aparentemente Zumárraga no le creyó a Juan Diego, así que éste volvió muy consternado al cerro. Nuevamente se le volvió a aparecer la virgen de Guadalupe, y le ordenó que recolectara unas flores y las llevara como señal. Juan Diego obedeció y colocó las flores en su ayate, que es una especie de jorongo, poncho o delantal, para enseguida dirigirse nuevamente a la presencia del obispo.
Cuando llegó ante el desató su ayate para mostrar las flores, y para gran sorpresa de todos la imagen de la virgen de Guadalupe apareció impresa en la prenda. Es así como surge la adoración de la Guadalupana. Hay quienes aseguran que el ayate sobrevive intacto hasta el día de hoy, e inclusive que se han hecho estudios y pruebas que indican que los colores con que está hecha la imagen no provienen de ninguna sustancia conocida en el planeta Tierra.
Otros estudios supuestamente dicen que se han analizado los ojos de la imagen de la Guadalupana, y en ellos aparecen 13 personas, entre ellas Juan de Zumárraga, un indígena y una sirvienta de raza negra, que fueron los testigos de la develación inicial de la imagen milagrosa.
Sin embargo, quienes están en contra de esta creencia aseguran que nada de esto existió, y que todo fue un invento de los españoles para lograr imponer la religión católica entre los aztecas.
Los indígenas de esos años adoraban a una deidad denominada Tonantzin (nuestra madrecita), así que se dice que los españoles inventaron a la Guadalupana y les hicieron creer que ella era Tonantzin y debían seguirla adorando con su nueva imagen y su nuevo nombre: Guadalupe. El antiguo templo indígena donde acudían a adorar a Tonantzin fue destruido, y en su lugar se erigió el templo de Guadalupe.
Se dice que los curas españoles estaban muy contentos de que los indígenas se hubieran convencido tan rápidamente, pues empezaron a acudir a acudir al nuevo templo y realizaban postraciones y adoraciones en él, pero que no contaban con la astucia de estos indios mexicanos, quienes se postraban, sí, pero no ante Guadalupe, sino ante Tonantzin, cuyas imágenes y esculturas yacían debajo del nuevo templo.
La controversia es grande, es difícil ponerse de acuerdo. Hace algunos años Schulemberg, quien fuera abad de la Basílica de Guadalupe en México, declaró que el misterio de la virgen de Guadalupe "era todo un invento" e hizo todo lo posible por evitar que Juan Diego fuera canonizado. Con esto sólo logró echarse encima a la grey católica y no tuvo más remedio que poner pies en polvorosa.
Pero ya mucho antes un miembro de la iglesia católica había expresado su desaprobación. "¿Es gloria imponer a los pobres indios una falsa creencia y hacerlos gastar el miserable producto de su trabajo diario en ir a adorar un trapo viejo en el Tepeyac?" (Ex. Mons. Eduardo Sánchez Camacho, sobre la virgen de Guadalupe, 1899). Mito o realidad, hoy (gran parte de) los mexicanos celebran un aniversario más de la aparición de la Guadalupana.

3 comentarios:

  1. Te noté un poco agresivo. Al menos así lo percibí.

    Yo mejor dejo de lado todos esos problemas religiosos y espirituales, y lo veo del lado cultural. Interesante, raro, chistoso aunque retrógado.

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  2. Excelente información bendiciones abundantes en el Señor

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  3. Buen trabajo crítico. Te felicito sinceramente. Ojalá puedas leer mi relato "Guadalupe y sus milagros". Puedes localizarlo en mi blog: "Moléculas de Cafeína / Historias para Tomar con Café". El sitio donde se halla este trabajo es el siguiente: http://moleculasdecafeina.blogspot.com/2009/11/guadalupe-y-sus-milagros.html
    Saludos y éxito.

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