lunes, junio 08, 2009

Decir Adiós a Un Viejo Hogar

Ha sido muy difícil para mi mamá el hecho de haberse mudado de aquel que fue su hogar durante casi 40 años. Al saber que ahora vive en un sector más seguro, y que ya no pasa días y noches completamente sola porque en la casa de junto vive Cristina mi hermana y toda su familia, hemos esperado verla muy contenta y satisfecha.
Pero no ha sido así. No nos detuvimos a pensar cómo se sentiría al estar más segura y acompañada, pero a costa de estar alejada de sus plantas, de sus retratos, de sus roperos. De la tienda de la esquina. De las caras familiares. De las habitaciones que en la noche recorría sin prender la luz, porque sabía exactamente donde estaba cada mueble y conocía cada grieta del piso.
Durante estos meses, en algunas ocasiones la vi inusualmente silenciosa y con una expresión triste en su cara. Al principio no quería decir qué le pasaba, pero finalmente rompió su mutismo y empezó a decirnos que quería regresar a su antigua casa, pues no se sentía a gusto en la nueva.
Pensando en que deseo verla feliz y tan locuaz como siempre, he creído que debíamos dar marcha atrás y regresarla a su casa; incluso he pensado en mudarme a vivir con ella para que no estuviera sola (ni yo solo).
Sin embargo, hay otros factores que considerar. Como yo trabajo todo el día, sólo le haría compañía por las noches, así que ella seguiría estando sola como antes, sin nadie cerca que la auxilie en caso de sufrir otra caída.
Por otro lado, el sector es cada vez más inseguro, así que sería urgente hacer varias modificaciones costosas a la casa, como construir bardas más altas, derrumbar un cuarto para hacer una cochera, etc. ¿Y la lana, 'apá?
Es una decisión difícil de tomar. ¿Cómo lograr que esté más segura, pero también contenta? Hasta ahora, lo más sensato en cuestión de seguridad es que mamá continúe donde está, pues durante la mayor parte del día está rodeada por Cristina, sus hijos, hijas y nietos, y muy cerca de ahí viven Pera y Felipe, que ahora la pueden visitarla más seguido.
En el aspecto de su felicidad, he estado visitándola con más frecuencia, y así he podido ver que afortunadamente se está adaptando poco a poco a su nuevo entorno, y está constuyendo nuevas rutinas. Ayer llegué muy temprano y le ofrecí llevarla al tianguis que instalan los domingos alrededor de la Basílica de Guadalupe, y al cual ella acudía domingo a domingo durante muchos años, para comprar sus frutas y verduras. Pensé que se alegraría, pero para mi gran sorpresa no quiso ir, dando como pretexto que estaba muy lejos.
Esta semana veremos la manera de trasladar sus preciados y viejísimos roperos, así como algunas ollas y los retratos de familia, para que sienta esta nueva casa como su nuevo hogar.

3 comentarios:

  1. Pues como te decía. Creo que esta vida está llena de despedidas, decir adios a todo y por todo.
    Lo mejor es quedarse con lo mejor y recibir muy bien a todo lo que venga. Total!, ya llegará el momento de también decirle adios.

    Saludos

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  2. Poor lady, i bet she misses everything she has at her old house, I wish she gets over it, just try to be there for her the most you can.
    Un saludo

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  3. tio es muy cierto lo que dices acerca de la tristeza reflejada en el rostro de mi abuelita,yo tambien me senti mal con eso de que quiere sus tres roperos y es que no es justo que se la hayan llevado asi simplemente con su ropa,sus zapatos y nada mas.Ella me comento que ni la sabana ni la colcha eran las de ella, ni siquiera la almohada todo se lo compraron y pues ella extraña todas sus cosas,yo no quisiera verme metiche porque se que no puedo ayudar a trasladar sus cosas pero si puedo ayudar en el acomodo de las mismas y pienso que aunque la sala es pequeña hay manera de acomodar sus roperos y su trinchador en algun cuarto.Todo sea por ver feliz a mi abuelita.

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