lunes, febrero 15, 2010

Tigre



Ya casi es medianoche. Con un poco de nostalgia me doy cuenta de que está por terminar un memorable y cálido fin de semana, lleno de sol, con gente por las calles, animada y feliz. Cualquiera diría que el invierno se ha ido.
El viernes llegué a casa por la noche con una energía especial. Me desprendí del aletargamiento e inactividad nocturnas de las últimas semanas, horas y horas cobijado en el sofá, sin querer salir, sin querer enterarme de nada, sin darme cuenta de que no era frío sino depresión.
Pero esta vez tan sólo entré, no hice caso del sofá, me puse pants y tenis y me fui a caminar al parque. Si bien el viento estaba frío, equipado con una buena bufanda y mi nuevo reproductor de mp3, disfruté mucho el ejercicio y en poco tiempo entré en calor. No hacía ejercicio desde que entró el invierno, y lo malo es que mi estómago lo evidencia perfectamente. Ahora con este artilugio musical ya no será aburrido dar vueltas y vueltas, quizá hasta me anime a regresar al gimnasio.
A la mañana siguiente, me dediqué a una labor de limpieza como hacía mucho no lo hacía. No sólo lavé la ropa y aseé la casa y el patio, sino que pasé un buen tiempo deshierbando el jardín y hasta corté unas grandes ramas del árbol, para dejar entrar más luz del sol. Qué diferente luce una casa llena de luz y de sol, pues con las sombras se va la tristeza.
En este día comenzó el año nuevo chino, que corresponde al tigre, animal que promete traernos salud, bienestar, progreso y prosperidad; así sea. Por la televisión vi el desfile que se realizó en la Ciudad de México, muy bonito y colorido, y desée estar allí. O quizás en Beijing.
Por la noche, después de haber visitado a mi mamá, me fui al cine a ver “Amor sin Escalas”, con George Clooney. Disfruté la película, pues invita a reflexionar y dar gracias por los seres queridos que tenemos a nuestro alrededor.
Hoy domingo, la temperatura estaba fresca y por poco caigo en la tentación de quedarme en la cama, pero preferí aceptar la invitación del sol y me salí a caminar un buen rato.
Recorriendo las calles de la colonia vecina, escuché el inicio de una canción cuyos suaves acordes llenaban todo el ambiente a un volumen claramente audible pero sin llegar a ser estridente. Me pregunté de dónde provenía, y al alzar la vista vi que en lo alto de una casa se encontraban los altavoces que la transmitían.
Qué buen detalle. Sólo espero que esa buena persona a la que se le ocurrió poner esos altavoces transmita siempre música instrumental tan bonita como la que escuché hoy, alegró mi corazón y me imagino que no fui el único.
Mi recorrido me llevó a la iglesia católica. Entré un momento, estaba a punto de iniciar la misa de 12. Aspirando el aroma del incienso, cerré los ojos y sentí de una manera casi física la paz que inundaba el templo, lleno en su totalidad.
Más tarde, los acontecimientos se sucedieron con rapidez. Ir al súper, comer y prepararme para ir a trabajar un rato al bar, pues se esperaba una buena afluencia de clientes con motivo del partido Tigres-Rayados. Las calles, congestionadas, mucha gente festejando el día del amor y la amistad. Poco antes de llegar, me detengo para admirar el cerro.
Efectivamente, tuvimos una jornada muy ajetreada; muchas mesas que atender, los meseros atropellándonos para llevar con rapidez los platillos, la cerveza; los cocineros, preparando comanda tras comanda. Y tan pronto terminó el partido, nuevamente la actividad frenética pues todo mundo deseaba la cuenta al mismo tiempo.
Llego a casa y, mientras preparo mi comida de mañana, escribo estas líneas. Estoy cansado, pero contento, disfruté mucho mi fin de semana, como hace mucho no lo hacía. Namasté.



2 comentarios:

  1. Lo mejor de todo es que no caista en la tentacion de caer en el sillon, me gusta tu redaccion me hace estar alli, es extraño.. saludos ¡

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  2. Quisiera decirte muchas cosas elbibis pero no se como empezar. Tu post me hizo sentir muy identificado en diversos canales y sentidos.

    Un fuerte abrazo amigo.

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