miércoles, abril 28, 2010

Sake

Recibí una invitación retrasada para cenar, por motivo de mi cumpleaños, y el lugar de la cita fue un elegante restaurante japonés ubicado en una plaza comercial en una zona muy nice de la ciudad.
Como llegué temprano, me puse a recorrer la plaza, que se diferencia de las demás porque tiene tres niveles y sus escaleras son metálicas y están al aire libre, no en un cubo como las tradicionales. Abunda el cristal; de hecho al estar en los niveles superiores y asomarme hacia abajo apoyado en el barandal de puro cristal me produjo vértigo.
Entré a uno de los establecimientos a curiosear. Había artículos de decoración, llaveros, bolsas, revisteros, contenedores para alimentos muy chic, todo a precios exorbitantes, como se podía esperar. Salí de ahí tratando de pensar cuánto tiempo hacía que no visitaba este tipo de lugares.
En el restaurante nos ofrecieron la carta de vinos, aclarando que la especialidad del mismo eran los martinis. Pues a mí no me gustan nada, sé que entre mucha gente, especialmente jóvenes, están de moda los martines de tamarindo, mango y pepino; a mí me dan asco, martini solamente el tradicional.
Así que para estar de acuerdo con el lugar, pedi un sake, de marca Sho Chiku Bai. Debo decir que estaba más que delicioso, estupendo, lo disfruté mucho con mi cena de sushi y un arroz especial. No sabré describir muy bien su sabor, es preciso probarlo, pero puedo decir que es una bebida fuerte pero con un sabor muy agradable y tierno que no "raspa" como el tequila, que nunca he podido saber degustar.
Lo mejor de todo fue que al llegar a casa tenía una deliciosa somnolencia que de plano me impidió terminar de ver el noticiero del Teacher. Dormí como un bendito. Bendito sake.

miércoles, abril 21, 2010

Cordia Boissieri


A este arbusto o árbol pequeño nuestros vecinos allende la frontera le llaman Texas olive, pero aquí en Nuevo León lo conocemos simplemente como anacahuita. De hecho, su flor es la flor representativa de nuestro estado.
Casi todo el año es posible apreciar sus flores blancas con el centro amarillo. Es una planta nativa y está más que acostumbrada al clima desértico de la región, así que crece por todas partes, en cualquier terreno, al lado de las carreteras y caminos.
Últimamente he visto con mucho agrado que en los jardines de algunas empresas, en lugar de plantar costosas especies cuya supervivencia es incierta debido a que no son de la región, sabiamente deciden conservan los árbustos y plantas nativos ya existentes pero les dan forma y mantenimiento y así logran embellecer sus espacios.
Hace unos tres años me regalaron cuatro plantas de anacahuita, de las cuales solamente una se me logró; se tardó en crecer pero actualmente ya llega a una altura de más de dos metros. En estos días primaverales luce muchas flores, que atraen a muchos pájaros madrugadores.
Sin darme cuenta se me ha hecho una costumbre ir al patio cada mañana y pasar unos minutos observándo sus hojas, sus ramas y sus flores; abandono la contemplación porque mis perritos exigen su alimento.
Anacahuita, tan común pero tan bella; tan recia, tan resistente, tan eterna.

Fotografía tomada de un interesante blog sobre leyendas y mitos.