domingo, noviembre 04, 2012

Alma Mía

Ya se acerca el ocaso de un domingo más, pero un domingo diferente después de todo. Hoy me levanté temprano y terminé de ver una película que inicié ayer: "Johns", de 1996, que retrata la historia de dos jóvenes que se prostituían en las calles de Los Angeles. Luego de muchas escenas en un ambiente tristemente sórdido, violento y decadente, la trama se empezó a poner buena: Donner invitaba al obstinado John a dejar las calles e irse a vivir a otro estado, encontrar un trabajo e iniciar una nueva vida, completamente nueva y diferente. Pero John tenía que conseguir dinero para pagar una fuerte deuda y así evitar que lo mataran; además, quería pasar la noche de su cumpleaños, que coincidía con la Navidad, en un hotel de lujo. Pero las cosas se pusieron difíciles, pues le robaron su dinero, lo golpearon, y el tiempo pasaba sin que pudiera conseguir el dinero. Tuvo que renunciar a su sueño. Donner paga su deuda, y John finalmente accede a acompañarle a Branson, Mo., pero insiste en salir a las calles y conseguir un último cliente; haciendo caso omiso de los intentos de Donner por disuadirlo. La película no tiene un final feliz. Me quedé con una sensación de tristeza que de alguna manera no he podido quitarme de encima. Después de asear un poco y bañarme, me fui a la iglesia. Y al salir, decidí llegar a visitar a mi amiga Alma, con quien pasé un buen rato platicando. Los dos hablamos de estos días que hemos pasado en encierro, ella después de su aborto y yo después de mi operación. Conversamos de muchas cosas, de nuestras vivencias, del amor, de las relaciones de pareja, de nuestras decisiones, de lo que queremos hacer para sentirnos mejor. Pasé un buen rato ahí, y de pronto pensaba en ir a visitar a mi mamá, pero caí en la cuenta que iba a hacer las cosas de siempre, así que decidí que, aunque quiero mucho a mi mamá, la visitaré en otra ocasión, pues deseo hacer cosas diferentes para lograr resultados diferentes. Pensé que podría ver a un amigo, con quien tengo una plática pendiente, una plática seria. Pero me dijo que al salir de su trabajo se iría a su casa porque tenía muchas cosas que hacer. Entonces, la plática sigue quedando pendiente. Y me he venido a mi silenciosa y solitaria casa otra vez, y me he puesto a escribir. Lo bueno es que hoy ya no he tenido dolor. Y me empiezo a preparar mentalmente para reiniciar mis actividades normales el día de mañana. Intento darme ánimos. Ya me estaba acostumbrando a no ir a trabajar, a quedarme en casa... es domingo por la tarde, está a punto de caer la noche, y como tantos domingos al atardecer, me siento melancólico. Pero me doy ánimos. Ánimo, la vida sigue.

1 comentario:

  1. sin duda la vida sigue, aunque aveces paresca que es triste levantarse para trabajar o que nos paresca muy dicifil encarar el nuevo dia por cuestiones del pasado, pero una cosa es muy clara, esta vida tiene sus altibajos, a veces reimos y otras lloramos pero no podemos estar tristes siempres, animo compadre.....

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