lunes, agosto 15, 2016

La Casa que Arde de Día y de Noche

Han pasado varias cosas importantes en estos pocos meses que he estado ausente del blog, una serie de cambios que han hecho que todo parezca diferente. Incluso yo soy diferente. Hay veces que me siento desorientado, sin saber muy bien quién es este yo que ahora soy.
Cuando los amigos se dejan de ver por algún tiempo, es necesario reunirse para tener una larga charla para ponerse al corriente; pero, si hay muchas cosas que contar, tal vez sean necesarias varias charlas. Eso es lo que pretendo hacer en este espacio, ponerme al corriente conmigo mismo.

Aún recuerdo qué contento estaba cuando me vine a vivir a la casa de Florida: me gustó mucho la ubicación en esta parte de la ciudad, cerca de todo, la gran cantidad de árboles que hay y los diferentes parques y jardines. Bueno, eso no ha cambiado.
Algo que también me gustó fue que, a diferencia de mi hogar anterior, en esta casa entra mucha, mucha luz. Pero conforme fueron avanzando las semanas y los meses, esto se convirtió en una gran pesadilla, especialmente cuando llegó la Canícula, la época más caliente del año.
Monterrey siempre ha sido una ciudad muy calurosa, pero de alguna manera este verano que casi termina me ha parecido el más ardiente de toda mi vida; tal vez las estadísticas digan que esto no es cierto, pero a mí así me lo ha parecido.
Y más en esta casa, pues desde muy temprano por la manaña, el sol sale y literalmente se mete por las ventanas, las cortinas no son lo suficientemente gruesas como para contenerlo. Sentado frente a mi computadora, trabajar a estas horas de la mañana es un suplicio debido al resplandor, pero sobre todo al calor sofocante.
Me han dicho que todas las casas están muy calientes en esta época, pero vaya, esta casa es un verdadero horno. Por más que abra ventanas, el viento simplemente pasa de largo y no entra a mi casa, no sé muy bien en que consista, pero el aire simplemente se queda embotellado en el interior y hasta se puede sentir su pesadez asfixiante.
Descubrí que la ventana del frente, compuesta por dos vidrios de tamaño mediano y dos vidrios grandes, ¡es fija! Si tan solo se abrieran los vidrios, creo que la casa se ventilaría un poco, pero no se abren. Una tarde que estaba particularmente acalorado, rompí a martillazos uno de los vidrios y con eso pude lograr que entrara un poco de aire.
Lo comenté con el dueño de la casa y me dijo que iba a mandar instalar una ventana que se pudiera abrir, pero ya han pasado semanas y no lo ha hecho.
También instalé un ventilador de techo, con aspas de acero de tipo industrial, pero, de verdad, la casa se calienta tanto que tal parece que las aspas fueran de papel.
De la recámara mejor ni hablar. Tiene una gran ventana y esta sí se puede abrir, pero... el aire fresco simplemente ¡no entra!... no he dormido ninguna noche completa, pues el calor me hace despertar a cada rato. Muchas noches he dormido en el suelo, que está cuando menos un poco más fresco. Un potente ventilador y un equipo portátil de aire evaporativo son completamente inútiles ante el sofocante infierno.
Parece mentira pero, aún en las tardes más calurosas, tan solo con dar un paso a la calle o al patio se siente muchísimo mejor que en el interior. Este calor me hace sudar a chorros, y esto me pone de muy mal humor, especialmente cuando acabo de salir de bañarme y me estoy vistiendo, empapando la camisa recién puesta.
Compré un equipo de aire acondicionado, pero por diversos motivos no pude conseguir que me lo instalaran inmediatamente. Y fueron pasando los días, y las semanas, y ahí sigue en su caja... decidí que ya no quiero instalarlo, ya no quiero invertir ni un peso más en esta casa, pues no es de mi propiedad, y ya me di cuenta de que para hacerla habitable falta: instalar dos aparatos de aire acondicionado, por lo menos, colocar cortinas de tipo black-out, instalar otros dos ventiladores de techo, poner una nueva ventana, oscurecer los vidios... y no, yo no lo haré.

El baño es minúsculo, pues está en la parte baja de una escalera (yo solamente rento la parte de abajo de la casa, en la parte de arriba viven los propietarios), y para entrar a él es preciso bajar dos escalones. Esto al principio no me pareció demasiado malo, pero con el tiempo ya me parece sumamente incómodo. Cuando me siento en el inodoro tengo la pared a dos centímetros de mis ojos, y cuando entro en la regadera mi cabeza roza el techo. Si fuera un poco más alto, simplemente no me podría bañar.
Mi madre ha venido a quedarse dos veces a mi casa, y cuando necesita ir al baño es un verdadero suplicio, pues por su edad avanzada le cuesta mucho trabajo bajar esos dos escalones y luego usar el inodoro en ese espacio tan reducido, es inclusive peligroso y por ello tengo que estar muy al pendiente cuando tiene que utilizarlo.

Por si fuera poco, la casa no tiene cochera. Eso sí, tiene un gran espacio junto a la banqueta donde caben unos cuatro vehículos, pero exactamente enfrente vive un vecino abusivo que posee seis carros (más los de sus visitantes frecuentes) y tanto él como su familia pretenden seguir estacionándolos en mi espacio, (la persona que vivía antes en esta casa durante varios años no tenía autos, así que todo ese tiempo estos vecinos abusivos estacionaban sus autos aquí), dejándome sin lugar para estacionar mi automóvil.
En especial, su hijo,  un tipo arrogante de larga melena, su hijo, aprovechaba mis ausencias para poner su camioneta pick-up justo frente a mi puerta. Cuando venía por ella me miraba en forma retadora, si bien nunca le dije nada. Con todos los vecinos me he llevado muy bien, todos me saludos, menos este tipo; creo que desde el principio no nos caímos bien.
Siempre he odiado que las personas coloquen botes llenos de arena o concreto frente a su casa para evitar que se estacionen, pero me vi forzado a hacer lo mismo para mantener a raya al pelado peludo. Hace dos semanas, un integrante de esa familia que ya no vive ahí, llegó de visita y se estacionó frente a mi casa, pero al hacerlo volcó el bote de arena sobre la banqueta... Desde mi ventana lo vi que salió de su auto muy tranquilamente, sin hacer el menor intento de reparar el daño o cuando menos disculparse. Con furia mal contenida salí más tarde a recoger la arena y volverla a meter al bote.
Al día siguiente fue el pelado peludo quien hizo hizo avanzar su camioneta en reversa y volcó el bote de arena, mientras yo veía desde la ventana, dando furiosos manotazos al vidrio (por suerte no lo quebré ni me causé daño). Pues me salí hecho una furia y lo confronté, a gritos, pero sin insultos, le pregunté qué es lo que les pasaba y por qué se atrevían a estar tirando mis botes.
Su papá llegó en ese momento y se ofreció a levantar la arena. Yo le dije que no lo hiciera, que yo me encargaría de levantarlo, pero que sólo le pedía que respetaran mi lugar y no volvieran a volcar mis botes. Tal vez pude aceptar su ofrecimiento, pero en realidad fue el imbécil de su hijo quien volcó el bote, y cobardemente permaneció dentro de su camioneta mientras sus padres arreglaban al situación. Aunque es joven, es un hombre, no quiero dar la impresión de que era un menor o un niño.
Minutos después, analizaba la situación y no podía creer que yo, siempre tan tranquilo, acostumbrado a evitar los problemas, hubiera salido a afrontar la situación. Me felicité, y preferí ser el malo de la película, que el tipo bonachón del que todos abusan. ¡A chingar a su madre estos vecinos abusivos!
Y después de ese altercado, con botes o sin botes ya no se atreven a poner sus carros afuera de mi casa. Pero ya no me siento tranquilo. Cuando salgo de mi casa no estoy seguro de que mi lugar de estacionamiento estará libre. Me inquieta pensar que tengo que seguir defendiendo a gritos y sombrerazos un estúpido lugar de estacionamiento, afuera de una casa que ya es un poco menos que insoportable para mí.
Mi contrato de renta termina en noviembre. Espero encontrar una casa en esta misma colonia, de preferencia, pero si no, en otro buen lugar. Pero ahora sí, me aseguraré de que tenga donde estacionarse, de que el baño sea espacioso y de que sea un lugar bien ventilado. Todo es posible.

4 comentarios:

  1. Sí, Tino, ¡tienes que buscar otra casa!

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    1. ¡Gracias! Venting out was so therapeutic, though. Todos estos días recorro las calles buscando otra casa, estoy seguro de que conseguiré una mejor. Hasta pronto.

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  2. Respuestas
    1. Definitivamente... por lo pronto en este barrio, que me gusta mucho, no he encontrado nada hasta ahora... tendré que buscar en otros lados. Saludos.

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