martes, marzo 13, 2018

El Güero Tino (14 de marzo de 1925-17 de septiembre de 1969)

Tengo un solo recuerdo de él, y necesito cerrar los ojos y concentrarme mucho para que vuelva a aparecer esa imagen algo difusa, pues tendría yo acaso tres años. Me encontraba junto con mi hermano Alejandro en el escalón que había afuera de la casa, cuando se estacionó un automóvil frente a nosotros.
De él descendió un hombre que me pareció altísimo y desconocido, se acercó directamente a nosotros y sonriendo me levantó en vilo para abrazarme con mucho cariño mientras su barba de varios días rozaba mis mejillas infantiles; ese hombre era mi papá.
Nos trajo dos hermosas camionetas Tonka de las antiguas de puro fierro, una para mí y otra para Alejandro, pero a mi me dio la oportunidad de escoger cuál quería.

No tengo más recuerdos de él, pues poco después él moriría; para reconstruir su historia, igual que las piezas de un rompecabezas, he ido hilando las anécdotas que a lo largo de mi vida me han contado mi mamá, mis hermanos y mis tíos.

Nació y creció en Villanueva, Zacatecas, y es muy posible que en su infancia haya sido compañero de juegos de Antonio Aguilar, el Charro de México, pues eran paisanos. Debe haber estudiado solamente la primaria, tal vez la secundaria. No conozco muy bien las circunstancias, pero cuando era un jovencito se fue a vivir a Monterrey, donde cumplió el servicio militar obligatorio.
Debe haber tenido muchas novias, pero con la única que se casó fue con mi mamá, con quien tuvo 10 hijos. Parece que no quería casarse, porque según me relató mi hermana Lupe, mi mamá, embarazada, se las ingenió para viajar hasta Villanueva y buscar a mi abuelo Juan para pedirle que lo obligara a hacerse responsable de la criatura. Y lo consiguió.

Trabajó como mesero en un restaurante muy elegante que se encontraba en la Plaza Hidalgo, muy cerca del hotel Ambassador, el Luisiana, donde acudían a comer o a cenar muchos turistas de Estados Unidos y de otros países que se hospedaban en los hoteles cercanos.
A mi papá le gustaban las propinas en dólares, así que se puso a estudiar inglés, francés, italiano y alemán en cintas magnetofónicas para poder atender mejor a sus clientes extranjeros.
Años después cumplió su sueño de poner un café, ubicado muy cerca del Luisiana, lo llamó Café Concordia. Sin embargo, el negocio no operó por mucho tiempo porque los empleados se pusieron de acuerdo e hicieron una huelga que lo obligó a cerrar. Debe haber sido un golpe muy duro para él.
Posiblemente no encontró trabajo en Monterrey y, apremiado por la necesidad de mantener a su numerosa familia, se fue a trabajar al Restaurante y Bar La Cucaracha, en la ciudad de Reynosa. En esa ciudad vivía al principio, pero cuando fue ascendido de puesto (pues era muy buen trabajador) decidió alquilar un departamento en Hidalgo, Texas. Cada dos semanas regresaba a Monterrey a ver a su familia.
El Güero Tino era un hombre creativo, pues inventó un pequeño artilugio para usarse en las mesas de los restaurantes, que consistía en una gruesa tabla de madera, sobre la cual se montaba una estructura tipo puente colgante con piezas de acero inoxidable, dentro de la cual se ponía carbón al rojo vivo, encima de las cuales se cocinaban los trozos de carne a la vista del comensal.
Ojalá se hubiera conservado alguna foto para describir mejor su invención.
Emprendedor, patentó su invento en una oficina de Texas y allá mismo mandó hacer unas cajas de cartón, en donde se empacaba el pequeño asador para distribuirlo a los restaurantes. Recuerdo haber visto decenas de esas cajas que lucían el nombre "Tino's Charcoal Grill" en letras azules, junto con las tablas de madera y las piezas de acero que quedaron por ahí abandonadas tras su muerte.
Alternaba su trabajo en La Cucaracha con la importación de botellas de whisky, cartones de cigarros, puros, parque, finos cortes de carne y una gran variedad de delicias enlatadas como hormigas en chocolate, trufas, corazón de palmito y otras exquisiteces. Así pudo ganar muchos dólares y darle la vuelta a la situación desesperada que había vivido años atrás.
Debe haber sido un hombre muy carismático, porque toda esa mercancía pasaba libremente por los puentes; tan solo bastaba estrechar la mano de alguno de sus amigos los agentes aduanales para que  los artículos iniciaran el viaje hasta los más elegantes restaurantes de Monterrey, en el automóvil de mi papá o bien en algún autobús.
La extensa red logística estrictamente supervisada por el Güero Tino incluía además de los agentes aduanales a choferes de autobús y taxistas, tanto en Hidalgo, como en Reynosa y Monterrey.
Cuando no podía venir él mismo, a veces le tocaba a alguno de mis cuatro hermanos mayores viajar en un autobús (previo arreglo con el chofer) para custodiar el cargamento hasta su llegada a la bodega, es decir, la casa de mi familia. Eran otros tiempos y nunca nadie salió lastimado.
Mi papá nunca se olvidaba de visitar a su padre y a sus hermanos en su tierra natal. Dicen que llegaba al pueblo y repartía generosamente su dinero y a veces hasta ropa a los más necesitados, por eso era muy querido y apreciado.
Mi tío Félix me comentó alguna vez que, cuando él ya se había ido a vivir a la Ciudad de México, mi papá pasó a visitarlo y lo invitó a Acapulco. Tan pronto llegaron a la playa, mi papá se quitó a la ropa y se metió al mar luciendo su traje de baño, mientras que mi tío Félix permanecía en la orilla, sin atreverse a entrar al agua.

Por fin lo convenció mi papá y él se quitó la camisa y el pantalón, quedando en puros calzones largos que causaron la hilaridad y la burla de los demás bañistas, entre ellos unos extranjeros. Esto enfureció al Güero Tino, quien aprovechó que sabía hablar inglés para ponerse al tú por tú con los gringos y ordenarles que dejaran de burlarse de su hermano.
Hace algunos años don Héctor, un antiguo vecino de mi familia, describió a mi padre como un hombre muy amable, pacífico y generoso, y me contó una anécdota. Era el 21 de julio de 1969 y todo mundo hablaba de la llegada del hombre a la Luna; él se moría por ver las escenas, pero no tenía televisión.
"Tu papá era el único que tenía televisión, y cuando se dio cuenta de que yo quería verla me invitó a pasar a su casa para que lo acompañara a ver ese gran suceso. Nunca olvidaré ese gesto tan amable de su parte".

Menos de dos meses después, el Güero Tino se fue a Villanueva a visitar a su padre, como casi todos los meses de septiembre. Dice mi mamá que casi siempre se llevaba a uno o dos de mis hermanos mayores, pero esa vez insistió en ir solo. Estando allá, una mañana salió a caminar siguiendo la orilla del río que cruzaba por detrás de la casa de mi abuelo.
Era tiempo de aguas y pronto se desató una fuerte lluvia. Mi abuelo decía que posiblemente mi papá buscó guarecerse bajo un barranco, pero la lluvia continuó cayendo tan intensamente que reblandeció el barranco hasta que cayó sobre mi padre, sepultándolo. Tardaron más de un día en encontrarlo y fue necesario enterrarlo apresuradamente; tan solo esperaron a que llegara mi mamá con todos nosotros. Mi padre tenía al morir tan solo 44 años.

En ocasión del aniversario número 93 de su nacimiento, honro y rindo homenaje a mi padre, el Güero Tino, a quien tan brevemente conocí y quien tanta falta me hizo.

9 comentarios:

  1. Uff! Qué bonito homenaje a tu padre!
    Qué vida tan interesante!

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  2. Y por cierto... eres igualito a tu papá!

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  3. Muchas gracias por tus palabras, Álex... es un honor parecerme a él, creo que sí le heredé varias cosas, especialmente el gusto y la aptitud para los idiomas. Abrazos largos.

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  4. No sabía muchos de los detalles... Recordé a mi abuela; tantas anécdotas que contaba y yo jamás me enteré de unas cuántas que escribes aquí, hubiera querido escucharlas de su viva voz. Gracias nuevamente por compartir esto, tqm.

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    1. Gracias por leer, tqm. Tu abuela QEPD y tu tía Lupe sin las que estuvieron más cerca de él y me contaron muchas anécdotas.

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  5. Alejandro Gutiérrez14 de marzo de 2018, 12:27

    Excelente narración... yo recuerdo mucho los regalos que nos traia en Navidad y que fueron muy generosos dinero, ropa y juguetes para cada uno.
    Creo que el nombre era Bracero Plato Tino y servia para que el comensal mantuviera su corte caliente durante la comida. Alguna vez lo vi en la red y lo voy a buscar nuevamente.
    El dia que murió llegó a Villanueva y convivio de paso con algunos comerciantes del mercado y en sus bolsillos llevaba dulces y creo que algún chicharrón regalados por ellos. Siempre de traje y con el sombrero que te regalé hace tiempo.
    Llegó a su casa a dejar las maletas y fue a buscar a su padre en el campo donde estaba trabajando y según me comentó el abuelo después de comer un poco y convivir decidió regresar porque había encargado algo en el mercado y no quería que lo agarrara la lluvía.
    Dijeron que fué una lluvia muy leve pero suficiente para desmoronar aquel barranco de barro rojo que le arrancó la vida.
    Coincidencias o azares del destino... no quiso que lo acompañara nadie en el viaje ni padrino Leonel ni alguien de la familia, no quiso esperar al abuelo para regresar juntos y por último tomó el camino menos indicado y fuera de la ruta de costumbre.
    Lo sigo recordando a cada momento.
    Descanse en paz.

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    1. Muchas gracias por esa información, ciertamente el abuelo Juan fue quien lo vio lo última vez y conoció esos detalles. Misterioso que no quiso que nadie lo acompañara, descanse en paz.

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  6. Ay, Tino! Qué bonito post sobre tu papá. Me lo has contado antes, pero sigue siendo un cuento muy triste. Me hubiera gustado mucho conocer a tu papá. Parce que fue un hombre muy listo e interesante.

    Y pareces mucho a él y también eres listo e interesante.

    Pues, que descanse en paz.

    Saludos y un abrazo, amigo mío.

    Kim

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    1. Muchas gracias por leer y por tus bellas palabras, Kim... creo que era necesario dejar este pequeño homenaje para mi papá, me hubiera gustado mucho mucho tenerlo más tiempo conmigo.

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