miércoles, noviembre 12, 2008

Enfermedad Dental

Anoche aproveché que me cancelaron una clase para lanzarme de urgencia a buscar a un dentista, y no precisamente a causa de un dolor de muelas. Sucede que tenía poco más de dos semanas con las encías hinchadas y sangrantes a la menor provocación, además de una molesta halitosis. Por momentos se lo atribuía a la corona que me pusieron el año pasado, que no me gusta nada. No tenía idea de qué estaba pasando, y de repente cruzaban por mi mente descabelladas ideas hipocondríacas.
Como leí en la revista Selecciones, ¿qué tal si estos síntomas que se presentan en la boca son evidencias de una enfermedad más seria? Digamos, enfermedad coronaria o hipergliceridemia o hipercolesterolemia, padecimientos que venían mencionados en la traducción que acabo de terminar el lunes.
El dentista revisa mi boca y ofrece su diagnóstico: no es nada más que una vulgar acumulación de sarro. ¡Sarro! Sin pensarlo más me sometí a la tortura de una limpieza profunda que se hacía indispensable, y después de un buen rato de instrumentos afilados, fresas, agua a presión, fluoruro, salí con la boca muy adolorida y 300 pesos menos en mi bolsa.
Lo bueno es que hoy ya no me duelen mis dientes y mi aliento otra vez es fresco. A todos los que leen esto les recuerdo visitar al dentista, es mejor prevenir que lamentar.

Y ya que estoy hablando de estos temas, me vino a la mente una brigada dental que visitó mi escuela primaria cuando yo estaba en primer grado. Recuerdo que fueron unos dentistas o estudiantes de Odontología y nos mostraron la manera correcta de cepillarnos los dientes: los de arriba hacia abajo y los de abajo hacia arriba.
Lo mejor de todo es que nos regalaron a cada uno un cepillo dental, un vasito y un tubo de pasta que sabía riquísimo. No puedo recordar el nombre, y desafortunadamente ya no existe esa marca; pero lo que nunca se me olvida es que tenía rayas rojas y blancas y un delicioso y refrescante sabor a canela. ¿Alguien recordará esa marca de pasta dental? Sucedió allá por 1972.

1 comentario:

  1. hay vato yo odio ir al dentista, la ultima vez que fui tambien fue a hacerme limpieza y tenia un chingo de sarro! duele ojete! neta que para la proxima mejor yo llevo la anestesia jajajaja
    pero esto me ha puesto a pensar en sacar una cita ahorita antes de que vuelva a ser tan doloroso

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