martes, febrero 03, 2009

Las Casas de Mamá

Con el asueto de ayer, ha sido un largo fin de semana lleno de vivencias y convivencias, muy rico en calor humano.
Como casi todos los sábados, al salir del trabajo pasé un momento a la casa de mamá. Esto lo vengo haciendo desde hace mucho tiempo, pero en esta ocasión fue diferente porque ahora ella ya no está ahí; desde el domingo anterior está viviendo en una casa rentada contigua a la de mi hermana Cristina.
Fue una extraña sensación entrar y ver que no está la TV, no está el comedor, bolsas y cajones amontonados en diferentes lugares, esperando la mudanza o el camión de la basura. No está Camilo, el perrito de mamá. No tuve que salir al patio, simplemente no escuché sus ladridos.
El fin de una época. De golpe quedaron atrás todos los momentos vividos en esta casa de la Independencia. La casa de mi mamá. Nuestra casa. En cualquier conversación con mis hermanos nos preguntábamos: ¿no has ido a la casa? Y nunca había necesidad de especificar cuál casa. Los pensamientos y los recuerdos se agolpan, pero ahora no es el momento. No quiero. No tengo tiempo, así que dejo el pastel en el refrigerador y me salgo a mi cita.
Volveré otra vez, casa. Ya habrá tiempo para pensar, recordar y reflexionar. Y para despedirnos, tal vez.



Por la tarde, el bautizo de Eugenio, el hijo más pequeño de mi sobrino Héctor Florentino, nos congregó a todos en el restaurante South. Fui muy feliz conviviendo con mis hermanos y mis sobrinos; también con mi mamá. Adoro estas reuniones porque todos nos ponemos al tanto y nos mantenemos unidos. Son una buena ocasión para recordar cuánto quiero a mi familia, y también cuánto me quieren.
Yo llegué un poco tardé, pero aún así pude disfrutar unos bocadillos de camarón exquisitos, y después un postre a base de helados artesanales de-li-cio-sos, elaborados al auténtico estilo italiano. Los ausentes de la noche fueron Juan y Alex.
Veo a mis sobrinos y sobrinos-nietos convivir entre ellos y pienso que debe ser maravilloso tener tantos primos. Me da mucho gusto por ellos, pero también siento envidia porque yo no tuve ni siquiera un primo con quien jugar.



Emilio y Yo.



Pera y Emilio.

Al terminar la reunión, salgo en compañía de Carmen, Mireya, Denisse y Nicole. De camino al centro, pasamos a la casa de la Independencia para recoger el pastel, y más adelante ellas descienden del carro para seguir su camino a casa.
Por la noche, fiesta sorpresa para Lobo en el departamento de Héctor. Hubo una espléndida cena oriental ofrecida por Cosmo, con delicias como sushi, arroz frito con camarones, tepanyaki, verduras empanizadas y mucho más. Al llegar Lobo, lo recibimos gritando al unísono "sorpresa", y vaya que fue una sorpresa porque la cara de pasmado tardó mucho tiempo en quitársele.
Si no hubiera sido por mi panza inflamadísima (por tragón), hubiera disfrutado esta reunión de amigos un poco más. De todos modos estuve un buen tiempo conviviendo, escuchando música y rememorando anécdotas, y de madrugada, de regreso a casa.
El domingo la cita fue en la nueva casa de mi mamá, a donde llegué cargando a Tzu-Chi. Poco a poco fueron llegando casi todos, y ya avanzada la tarde aquello era una romería, especialmente por los chiquillos que corrían de un lado a otro, felices como sólo pueden ser los niños.
De mis hermanos sólo faltaron tres: Carmen, quien tuvo que trabajar; Juan, quien es muy poco afecto a estas reuniones familiares, y Alex, quien últimamente ha estado ausente también. Los demás comimos pozole y platicamos mucho, pues parece que nunca se nos acaba la plática a los Gutiérrez.
La nueva casa de mi mamá es bonita. Al frente tiene un jardín pequeño pero muy bello que luce plantas nuevas y una decoración con piedras grandes de río. No he platicado con ella sobre el tema, pero parece que está a gusto en este nuevo hogar. Cuando menos no ha pedido que la lleven de nuevo a la casa de la Independencia. Me da mucho gusto por ella y espero que se adapte completamente en poco tiempo. Yo me siento mucho más tranquilo al saber que no está completamente sola, como estuvo tanto tiempo.

Lunes de asueto. Pasé horas lavando el carro a fondo, como hace mucho no lo hacía; hasta le pasé la aspiradora con los nuevos filtros que por fin conseguí; además lavé ropa y asée la casa. Y como preparación para el programa de desintoxicación que iniciaré la próxima semana, decidí hacer una dieta de jugos únicamente; pero con todo el trabajo de limpieza que me puse a hacer, resultó muy pesado. Me sentía muy débil, y por mi mente pasaban imágenes de papas fritas, huevos estrellados, tacos de frijoles, tostadas con salsa, mmmmh.
Terminé mi maratón de limpieza y me fui a recostar al sillón, viendo la tele. Me quedé dormido por un momento, y al despertar ya no pude más: rompí el ayuno y me preparé unas espinacas con papas, tortillas que me supieron a gloria y un rico café con galletas de maíz. Mmmmmh, delicioso. Ya no quiero volver a pasar hambre, así que prometo moderarme con la comida.

1 comentario:

  1. Que bueno que tu mama ya no esta sola y que porfin pudieron resolver ese problema me da gusto, saludos bye

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