lunes, septiembre 14, 2009

Guerrero Troyano, Héctor


¿De dónde sacas tu fuerza, Héctor? ¿Cómo haces para no cansarte, para estar ahí, una y otra vez, siempre fuerte, nunca vencido? Ni los golpes más fuertes de la vida te derrumban; sigues de pie, con tu sonrisa desafiante, sin miedo, sin lágrimas, avanzando por la vida sin pausas.
Todos estos meses he visto cómo has dejado de ser tú, como tus prioridades han pasado a segundo plano o tal vez a último plano, para ser ese apoyo especial y exigente que necesitaba nuestro amigo. Visitas al médico, largas estancias en el hospital, supervisar su negocio, noches sin dormir. Prodigaste todos los cuidados que fueran necesarios, jamás se te ocurrió decir que no, que estabas muy cansado, que no tenías dinero. Nunca diste un paso atrás.
¿Y tus sueños? ¿Y tus planes? ¿Y tu regreso a los negocios?
Por si fuera poco, tenías que partirte en dos y a veces en tres o más para estar ahí, apoyando a tus hermanos, a tus padres, a Lobo, a mí y a no sé quien más. No me entero. No te gusta mencionar los favores que haces.
Varias veces quise preguntarte, ¿cómo estás? Pero de verdad, ¿cómo estás? No la pregunta que hacemos mecánicamente al saludar, cuya respuesta ni siquiera esperamos. No, yo quería saber cómo estabas, cómo te sentías, si algunas veces pensabas que no ibas a poder seguir adelante. Si tenías ganas de escapar. Pero tú siempre dices que estás bien. Ni una queja sale de tus labios. Ni una reclamación.
A la vida. A todos los que acudimos a pedirte ayuda.
Este fin de semana las cosas no salieron bien. Mi carro falló, y aunque es algo menor, es mejor no moverlo. Resolví que lo dejaría así, prescindiría de él unos días, y el jueves pediría un permiso en el trabajo para llevarlo al taller. No pensé en otras opciones, me cegué, abrumado por la intensa lluvia, por la tos que no cede, por mis ideas pesimistas.
Pero tú tenías tus propias ideas. Investigaste si podía dejarlo afuera de la agencia, y cuando te dijeron que sí, pusiste el plan en acción. Así que ayer domingo prestaste tu auto para que me llevaran a mi casa, a donde llegó más tarde la grúa. De ahí, acompañé el operador hacia el taller, luego me fui de regreso a tu casa, descansé en tu sillón, un poco afiebrado, incluso dormité. Y cuando pretendí regresar a mi hogar tomando un camión, te negaste y viniste a recorrer todos estos kilómetros para dejarme sano y salvo.
Si tenías tantas cosas que hacer, preparar los últimos detalles de tu bien merecido viaje, ¿por qué simplemente no me dejaste esperando el camión y regresaste a tu casa?
Tu gran corazón no te lo permite, lo sé. Tu amor es incondicional.
Hoy por la mañana te dieron la noticia. Tal vez pensaste que me pondría muy nervioso o alterado, por eso preferiste no llamarme y enviaste un mensaje. No me decidía a llamarte, pues no sabía cómo te encontrarías, y qué podría responderte. Cuando al fin marco tu número me contestas con tu voz clara, firme y serena. Filosófico, tranquilo, fuerte como siempre. En un rato más te irías al aeropuerto una vez más, para dar esa última muestra de amistad y de apoyo.
Con temores que a veces me paralizan, con mi ansiedad, con esos terribles miedos que persisten más allá de la lejana infancia, me siento tan pequeño, pero aún así quiero darte un abrazo muy fuerte y muy prolongado, consolarte y agradecerte todo lo que haces. Igual que ese guerrero de Troya, eres un hombre fuerte, un héroe, todo un vencedor. Te amo, mi querido amigo, mi admirado hermano Héctor.

3 comentarios:

  1. No sé que decir...
    solo quiero que estés bien y que no te preocupes.
    Es grato saber que tienes alguien que cuide de ti, es grato saberlo.

    Te mando un abrazo largo, muy largo.

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  2. Señor no entendí exactamente lo que paso, pero si admiro a Hector y te admiro a tí.

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  3. Gracias Pingo. Pasaron ya 7 meses de esa odisea y mi poca curiosidad de ver que tanto cuentas en tu blog que apenas me entero de estas lineas que me motivan a seguir adelante. Siempre contaras conmigo lo sabes y me gusta verte feliz, eres mi hermanito, mi amigo y yo el que te quiere igual o mas. Recibe Mil abrazos y mi sencilla amistad. Hector

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