domingo, octubre 03, 2010

El Club de Elizabeth

Tras años y años sin saber uno del otro, desde hace unos pocos meses Elizabeth, compañera entrañable de mis años de facultad, y yo hemos retomado nuestra amistad.
Nos hemos reunido varias veces para cenar o tomar un café, y se nos van las horas compartiendo todas estas vivencias que nos ha tocado experimentar con el correr de los años.
Aunque, a decir verdad, los años no pasan por ella. La escucho hablar, siempre tan alegre, con la mirada risueña de sus ojos vivaces y salpicando la plática con bromas y frases chuscas; yo, a veces tan demasiado serio, no puedo evitar reír, parece que el tiempo no transcurre y nos encontramos afuera del salón, esperando que comience la clase.
Con Eliza no puede haber monotonía ni seriedad. Siempre fue la alegría del salón de clases, la que se atrevía a decir las cosas como son, al mal tiempo siempre buena cara. ¿Qué hay detrás de tus ojos coquetos?
Es una maestra de la conversación. Habla mucho, pero también escucha, y escucha con mucha atención. Se interesa por lo que uno dice, y eso es muy admirable para mí, es todo lo contrario de una "amiga" que hablaba incesante y pormenorizadamente de ella, de ella y de nadie más que de ella, sin siquiera acordarse de preguntar ¿Y tú cómo estás?
Hace poco asistí a la celebración del cumpleaños número 80 de doña Mercedes, la mamá de Eliza. Pensé que ésta iba a acompañarme en la mesa, pero apenas se sentaba unos minutos junto a mí, se paraba para ver que todo estuviera en orden, que los músicos tocaran buenas piezas, que todos estuvieran bien atendidos, que el mariachi llegara a la hora señalada...
El grupo musical tocaba ya, pero nadie se levantaba a bailar. Y que la veo venir hacia mí. ¡Trágame tierra!
Tal como supuse, me pidió, no, me ordenó que fuéramos a la pista a abrir el baile. Y yo tratando de decirle que no sabía bailar, muerto de la risa, con ese pánico escénico que me entra cada vez que tengo que ir a bailar. Irónico: me gusta mucho la música y puedo apreciar los ritmos, pero a la hora de bailar se me hacen las piernas de atole, imaginando que voy a hacer el ridículo.
De modo que vencí mis nervios y como todo un caballero la conduje a la pista. "Muévete, pendejo, ¿qué tienes que estás todo tieso como momia? ¿a poco en serio no sabes bailar?, me preguntó entre risas.
Sólo a Elizabeth le puedo permitir que me hable así, es su forma de expresarse, y lo hace más por suavizar la situación que por insultar. Sí sé bailar, le digo, pero poquito. "Pues ahora bailas, porque no pagué un dineral por la música para que todo mundo esté sentado".
Elizabeth es como el gran luchador mexicano El Santo: nadie le gana, así que decidí relajarme y, un poco para mi sorpresa (y también de ella), empecé verdaderamente a disfrutar el baile y consecuentemente a ejecutar mejor los pasos, con ritmo, disfrutando el momento y tratando de recordar cuándo fue la última vez que sacudí el polvo en una pista.
No pude ubicar la ocasión, pero definitivamente fue hace mucho tiempo. Creo que me he encerrado en una rutina de trabajo y encierro, con muy pocas oportunidades para divertirme.
De nuevo en la mesa, Elizabeth nos sorprendió diciendo que se proponía formar un club para personas solas: solteras como ella, divorciados como yo, ni tan jovencitos pero tampoco de la tercera edad, para irnos a bailar, al cine, de paseo, reunirnos a ver una película, aprender algo, etc. Si no fuera porque en eso llegó el mariachi, creo que se hubiera puesto a levantar firmas y anotar las inscripciones en una libreta.
No sé si lo dijo en serio o fue una más de sus ocurrencias jocosas. Pero la idea es buena. Estoy de acuerdo con lo que dijo: "Somos muchas, muchas las personas que estamos solas". Y por qué estar solos, si podemos estar con amigos y divertirnos, esta vida es muy corta y es mejor pasársela bien.

4 comentarios:

  1. Como siempre, me encantan tus fotos, saludos ¡

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  2. Te quedo bien este cambio ¨verde¨, me gusta mucho tu blog, estoy tambien en la sultana, bravo por la idea de elizabeth, donde me apunto? ja ja ja!!!!

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  3. Chin! que mala suerte que estoy tan lejos sino entraba al club en ciernes.

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  4. hola, creo que la señora tiene muy buena idea porque ya no es como antes que los chicos eran mas lanzados y se entablaba una conversación de la nada, hoy todos estamos mas ajetreados con el trabajo y despues la pereza que da quedar con amigos.

    es la primera vez que te escribo pero ya te leia en la sombra, saludos.

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