martes, mayo 28, 2013

El Taxista Payaso

En estos últimos días, debido a que ya vendí mi carro, me he trasladado en camiones, a pie, de "aventón" o, en último lugar, en taxi. Una razón es porque soy muy ahorrativo, y andar en taxi no es nada económico. Pero la principal razón es que desconfío terriblemente de los taxistas, desde que fui víctima de un asalto hace ya un buen número de años en la Ciudad de México.
Increíble, pero no lo he superado del todo, y mucho menos cuando se empezó a poner la situacón muy insegura y violenta en esta ciudad de Monterrey.
Buscar un taxi es para mí todo un ritual. De ser posible, trato de contratar uno de un servicio de taxis bien reconocido. Otras veces camino (a veces bajo el inclemente sol) hasta una plaza comercial de prestigio que tenga bases de taxis. Pero si ninguna de las dos opciones anteriores es posible, me pongo a mirar los taxis que pasan, dejo que sigan su camino los jovenzuelos y los tipos de aspecto cuestionable, y espero a que pase un taxista entrado en años o bien sumamente obeso.
Por todas estas peripecias, muchas veces simplemente me subo en un democrático camión y ejercito mi paciencia. Es difícil de explicar pero en un camión me siento más seguro, sobre todo de noche. Si he de tomar un taxi de noche, es indispensable que sea contratado al servicio de radiotaxi.
A veces me he subido a taxis, y si no me siento cómodo, invento cualquier excusa y me apeo a las pocas cuadras.
Una vez lo hice durante una lluvia torrencial; ya le había dado instrucciones de que me llevara a la casa, pero de plano no me sentí a gusto ni con su plática ni con su aspecto, y a medio camino le pedí que me bajara. "¿Aquí?" "Sí, por favor, aquí me quedo".
Iba acompañado del Pollito, y me dio mucha pena hacerlo pasar por esa incomodidad, pues tan pronto nos apeamos quedamos empapados. Sin embargo, yo me sentía muy ansioso, creo que era la época en que había arreciado la inseguridad, y para colmo justo por esos días habían secuestrado a un familiar mío, así que yo la verdad andaba con los nervios de punta.

Ayer me subí a un taxi, después de la consabida media hora de dejar pasar a taxistas cuyo aspecto no me convencía. Sin embargo, apenas entré al vehículo, el conductor, un hombre de mediana edad, empezó a dirigirme una serie de bromas que me parecieron muy estúpidas y sin gracia; hablaba de que me iba a cobrar el triple porque hacía mucho calor, me preguntó si venía de una fiesta (cuando mi atuendo y maletín delataban a leguas que provenía del trabajo), me preguntó mi edad y al contestarle fingió haber escuchado "95" y todavía así dijo "Pareces de 110".
Demasiada payasada para mí, así que un poco más adelante me bajé. Y a esperar nuevamente un taxi... a los pocos minutos se apareció un taxista de edad madura, un as del volante, de aspecto bonachón y con plática muy agradable.Víctor El Rojo, dice que llama. Vive por mi rumbo y se sabe muchos atajos para evitar los embotellamientos. Por supuesto que le pedí su teléfono, pues es bueno tener un taxista de confianza.

3 comentarios:

  1. Ay los taxistas son una calamidad aquí y en China.

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  2. tambien desconfio horriblemente de los taxistas, es que cuando uno esta marcado por una mala experiencia es dificil confiar de nuevo :( a mi me secuestraron en uno hace unos 10 años, a la fecha me subo en uno, prefiero andar en bici jeje.
    besos

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  3. Si en un lugar yo me sentia seguro era en un taxi en Monterrey hace como 15 anos, como ha cambiado, a mi nunca me paso nada, podia andar a cualquier hora de parranda, era mas seguro, y me parecia muy muy barato. Mi querido Monterrey que te han hecho?

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