miércoles, julio 24, 2013

Viajando Entre el Pasado, El Presente y el Futuro

Volví a ver una de mis películas favoritas de todos los tiempos: "Los Olvidados", dirigida por Luis Buñuel, 1950. Y al observar esas calles de barriada, los edificios en construcción, las avenidas que se ven a lo lejos, me entró una curiosidad por saber en dónde se había filmado esta cinta.
Así que me puse a investigar, y descubrí, por ejemplo, que el edificio en construcción que se ve en la escena donde atacan a Carmelo, el ciego, es el actual Centro Médico y no la Torre Banobras, como dice un artículo de Milenio, ya que éste se empezó a construir una década después de la filmación de la película).
¿Qué tendrá ese edificio en construcción, y en general la película, que me hace sentir una gran nostalgia? Por momentos pienso que en otra vida fui un habitante de la Ciudad de México. Mis investigaciones me llevaron a encontrar fotos muy antiguas de esta metrópoli, y la sensación de nostalgia persistió.
Recordé la primera vez que mi hermana Lupe y su esposo me llevaron a la Capital, tantas cosas nuevas y hermosas que vieron mis ojos infantiles: el árbol de la Noche Triste, la Basílica impresionantemente ladeada, avenidas llenas de autos, Chapultepec, ¡el Metro!, los taxis "cocodrilos", unos camiones que me gustaron mucho y que ahora sé que les llamaban "vitrinas", el Popocatépetl a lo lejos... a mi corta edad quedé enamorado de la gran urbe. Ah, esos tiempos.

Y volviendo al presente, me avisan que un amigo se encuentra hospitalizado. Mientras transcurre mi jornada laboral, me preparo para ir a verlo; sé que se encuentra muy decaído de salud, y espero poder darle ánimos, espero no desanimarme yo. Y reflexiono. Y pienso. Y me doy cuenta cada vez con mayor claridad como pasa el tiempo, cómo lo que antes era, ya no es. Como nos hacemos viejos (durante una gran parte de nuestra vida no nos damos cuenta), cómo se va cerrando el círculo. Nuestros padres, otrora fuertes y protectores, ahora dependen de nosotros. Esos niños pequeños, ahora son hombres y mujeres en la plenitud de su edad, padres de otros niños y niñas.
La vida cambia en un instante; de pronto no podemos caminar, manejar un auto, ir al trabajo, realizar las actividades más sencillas, de muchas de las cuales renegamos. Y más que nunca se vuelve importante observar, darnos cuenta de lo que hacemos, ¿dedicamos tiempo a las personas que más queremos, con las que más nos sentimos a gusto? ¿Lo desperdiciamos con malas compañías? ¿Hacemos felices a nuestros seres queridos? ¿Estamos cerca de las personas que más queremos, o nos alejamos cada vez más?
Y me dieron ganas de ser mejor persona, de no preocuparme por detalles sin importancia, de no ser tan enojón, tan obsesivo con la limpieza al estilo de "Mamita Querida", de tener un carácter más dulce (ay, pero soy tan enojón), de renunciar a tener el control, de preocuparme tanto por cosas que ni siquiera han sucedido, de pasar por alto las cosas que no son perfectas y disfrutar lo bonito de la vida, de hacer caso omiso de los estúpidos amortiguadores del auto y dar gracias por estar vivo y estar bien, por tener a muchas personas que me quieren.

Y si bien es cierto que el futuro todavía no llega (y no sabemos si llegará), de todos modos es importante hacer planes, despertar del ensueño, preparar las cosas para los próximos años, así como se impermeabilizan los techos en preparación de las lluvias. Es hora de luchar por lo que quiero: una nueva casa, un nuevo trabajo, árboles que plantar, muchos viajes, nuevos talentos por descubrir, ceder el paso con gracia a las nuevas generaciones, como dice el poema Desiderata "Acepta con cariño el consejo de los años, renunciando con elegancia a las cosas de juventud".
¿Cómo quiero ser, quiénes estarán a mi alrededor en los años por venir?
Esta vida tan acelerada que llevamos muchos, nos hace que nos alejemos cada vez más. Decimos que nos queremos mucho, pero no nos frecuentamos; hay que cambiar esto, hay que darnos tiempo, hay qué discernir la manera más inteligente de utilizar ese bien tan valioso e irrecuperable, el tiempo.

Fotografía de John Lebeau, extraída del estupendo sitio "La Ciudad de México en el Tiempo";  otro sitio con hermosas fotografías de antiguos autobuses de la Capital Mexicana es Esquina Bajan.

2 comentarios:

  1. Eres al primer regio que leo que le gusta la Ciudad de Mexico y que no nos insulta.

    Nos damos cuenta de lo bello que es vivir cuando tenemos conciencia de que estamos vivos.


    Un beso Tocayo.

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  2. cuanta razón tienes, del pasado olvidate, del presente vivelo de la mejor manera posible y del futuro pues aun no llega ¿para que preocuparse tanto?

    saludos....

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