sábado, julio 27, 2013

Pecado Capital 5: Gula

En mis primeros años de vida fui muy delgado: he llegado a ver fotografías de cuando tenía unos 20 años y me parece increíble que haya usado pantalones talla 27 ó 28. A partir de los 26 años, más o menos, fue cuando empecé a hacer la famosa "pancita"; 20 años después no me la he podido quitar de encima, si bien no soy obeso. Sigo teniendo brazos delgados y piernas delgadas... ¡pero esa panza!
Durante muchos años me había mantenido con unos 10 kilos de sobrepeso, pero a últimas fechas casi había llegado a 15, así que hace unos tres meses por fin decidí acudir con una nutrióloga para que me ayudara a deshacerme de esa panza y volver a tener mi peso ideal.
Y que conste que la mía no es panza "cervecera". Mi principal desventaja es que nunca fui muy inclinado al ejercicio: jamás aprendí a jugar futbol ni algún otro deporte, los gimnasios me aburren tremendamente, igual que dar vueltas y vueltas alrededor de un parque. Sí me gusta nadar y también andar en bicicleta, pero ahora tengo muy poco tiempo para dedicarle a estar actividades.
Y mi otra desventaja es que siempre me ha gustado mucho la comida. Me gusta comer casi todo lo que me pongan en la mesa, con pocas excepciones como mayonesas, aderezos, fritada de cabrito (que es básicamente un guiso de sangre, guácala), carnes casi crudas, caldo de pescado...
¿Y qué me gusta comer? Pues muchas cosas, por ejemplo, me encantan las tortillas de maíz, especialmente las gordas, hechas a mano; cuando voy a un lugar donde hay tortillas hechas a mano simplemente no puedo parar.
Entre las delicias norteñas me encantan las tortillas de harina hechas en casa (ay, no hay mejores que las que hacía mi mamacita preciosa, gordas y grandes "pa' acabar pronto", decía), para preparar unos buenos tacos de frijoles refritos; la carne asada, el cabrito, los chicharrones de tripita de res, el hígado encebollado, el pavo, el pollo asado o rostizado, las hamburguesas, los huevos estrellados, los tacos de morcón; todas las comidas de Cuaresma: lentejas, chicales, capirotada, tortas de acelgas, flores de palma, tortas de papa, caldo de habas, cabuches (botones de la flor de la biznaga).

No hay suficiente espacio para enumerar todas las sabrosas comidas que mi mamá me preparaba, siempre de comer, pero algo digno de mencionarse son las albóndigas... ah, qué delicia, no soy muy bueno para la cocina pero creo que debo pedirle que me enseñe a prepararlas.
Cuando visito el Distrito Federal, invariablemente al llegar busco un puesto donde preparen quesadillas, de preferencia sin aceite y que la masa quede un poquito cruda, y me despacho unas de flor de calabaza, de hongos, de cuitlacoche, de pollo... me fascinan las tortas de tamal con un buen atole, los chilaquiles con queso y crema, los chiles en nogada, el mole de olla.
En Guadalajara las tortas ahogadas y los virotes, esos no pueden faltar. Qué buenos tacos de carnitas de puerco he probado en Morelia, tlayudas y mole negro en Oaxaca, pescado fresco en Zihuatanejo, sopa de lima y otras delicias en Mérida, el famoso mole de Puebla, cubitos de carne de lagarto en Florida, cecina en Ciudad Valles, flautas en Ciudad Victoria. En Texas me gusta mucho desayunar pancakes y huevos estrellados, con tocino frito y un platito de sémola de maíz (grits).
Los camarones me gustan en todas sus presentaciones, y en cuanto al pescado, lo prefiero frito, especialmente un buen huachinango. El salmón es muy buen alimento y lo consumo con mucha frecuencia, pero sólo porque sé que me hace bien, no puedo encontrarle el gusto; igualmente con los filetes de pescado al vapor que he estado comiendo casi todo el tiempo desde que empecé mi dieta. Desafortunadamente acá en Monterrey no es fácil conseguir pescado fresco, lo compramos congelado en las tiendas y tiene un sabor horrible. Hace poco conseguí trucha; nunca la había comido, y de plano, por su sabor tan fuerte, no logré comer ni la mitad de mi porción.
Me gusta mucho el pan, me vuelvo loco en una panadería y quisiera llevarme todos: volcán (concha), cochinito, puro, ojo, chilindrina, cocol, yolandas, teleras con su sal de grano; los pasteles de chocolate y las galletas de todo tipo; el pan de elote.
En mi casa no puede haber ajonjolí, aceitunas, almendras, helado, chocolate, ya que ante estas delicias me es imposible parar, de verdad. Nunca me ha gustado la leche sola, solamente la bebo para acompañar el café o, mejor aún, un vaso grande de leche fría con cocoa.... mmm delicioso. En tiempo de frío me gusta mucho el chocolate de Oaxaca. Debo aclarar que desde hace unos años no bebo leche de vacas, solamente de soya o de almendras, pero me da igual, no la extraño en absoluto porque nunca me ha gustado el sabor de la leche de vacas.
Para beber disfruto mucho el agua de limón, natural; durante muchos años acompañaba las comidas con refresco, cómo recuerdo la Pepsi Cola en botella de vidrio que siempre me tenía lista mi tía Tula, cuando pasaba mis vacaciones en el D.F.; increíble que me bebiera ¡un litro! En los años mozos aguantaba uno eso y más.
Hace poco probé el agua de chaya en Mérida y quedé fascinado, tanto así que ya tengo mi plantita para que cuando crezca me pueda preparar mi propia agua en casa. El agua de chía también es deliciosa, y asimismo la de pepino. En general me gustan mucho las aguas frescas. El café lo bebo todos los días, me gusta mucho sin azúcar y sin leche, me encanta el espresso.
Me gusta la cerveza, el whisky, el vodka, el sake, el ron; increíblemente jamás he probado el pulque pero la próxima vez que vaya a la Capital no regresaré sin haber degustado un buen curado. ¿Quién invita?

1 comentario:

  1. T___T ay no manches, estoy sufriendo espantosamente mal jajajjaa...me dio un hambre atroz, ATROZ1
    creo que lo UNICO que desdeño, es el pozole jejej. fuera de eso, le entro a todo con singular place

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