miércoles, junio 14, 2017

Pizza de Chapulines en Saltillo

Recientemente hice un viaje corto a la ciudad de Saltillo, que a pesar de que me queda tan cerca hace años no la visitaba.
Se acercaba la hora de la comida y yo, que había salido de casa con un desayuno demasiado ligero, ya empezaba a preguntarme dónde ir a comer; tenía tiempo de sobra, ya que el evento al que iba comenzaría hasta las 9 de la noche.
Pasábamos por un costado de la Alameda y le pregunté a uno de mis anfitriones por un buen lugar para comer, pero antes de que me contestara vi que en una esquina había un letrero que anunciaba "pizzas artesanales". "Ya decidí, aquí quiero comer". Fue como una corazonada.


Dio la vuelta y se estacionó frente al lugar. Cuando entré, mis ojos quedaron extasiados ante la vista de una hermosa mansión antigua; ni los estragos de un evidente abandono le restaban belleza y magnificencia. Seguramente después de una buena remozada recuperaría todo su esplendor.
Al entrar me topé con una exposición artística del pintor monclovense Alfonso Campos, así que dudé, ¿sería una galería y no un restaurante, como indicaba el letrero de afuera? Resultó que es ambas cosas.

Más tarde averiguaría que esta casona de estilo francés tiene una historia impresionante. Fue construida en el siglo XIX, en un terreno que había sido un panteón; durante el periodo presidencial de Miguel Alemán era habitada por el gobernador Ignacio Cepeda Dávila, quien se suicidó en su interior en el año 1947. Después estuvo ahí la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Coahuila, y luego albergó a otras instituciones hasta que quedó en el abandono a principios de los años 1990.
En 2016 fue rescatada por unos inversionistas de la Capital del país,quienes hacen mancuerna con un grupo de jóvenes promotores del arte y la cultura de Coahuila para convertir el recinto en café, galería, cinema y espacio para representaciones artísticas como danza y teatro.

Ese día degusté una deliciosa y exótica pizza de chapulines, acompañada por un café recién hecho. En una mesa ubicada en el porche de la mansión, cercado por columnas de madera tallada, disfruté mis alimentos mirando hacia los árboles y las fuentes de la Alameda.
Después di un recorrido por la casa, admirando sus recias puertas, su piso de madera y los altísimos techos de latón. Los muros también son de latón grabado con figuras, hasta la mitad, y en la parte superior, lucen hermosos tapices que se conservan desde que se construyó la mansión. Desgraciadamente, no pude subir los escalones de madera, que rechinan a cada paso, para admirar la planta alta, porque está en plena remodelación, pero esto significa que tengo que regresar. Cuántas historias ha atestiguado esta Casa Alameda, y cuántas historias le tocará vivir aún.

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