miércoles, julio 25, 2018

Tras el Pulque y el Mezcal en Mexquitic

Desde hace unos tres años que probé (¡por primera vez!) el pulque en la Ciudad de México quedé encantado con su sabor, pero sobre todo con los grandes beneficios que esta noble bebida proporciona a nuestra salud. Es así como he seguido buscando, infructuosamente, algún lugar en Monterrey o cerca de Monterrey donde pueda conseguir tlachicotón, xinastle, neutle, tlapehue u octli con regularidad.
La realidad es que en estas tierras norteñas no se produce pulque y tal vez por ello muy pocas son las personas que lo conocen, y menos aún las que gustan de beberlo.
La buena noticia es que, como fruto de mis investigaciones cibernéticas di con una página llamada Festival Cultural del Pulque, y por medio de la misma conocí a Ricardo Venscer R., un emprendedor joven oriundo del estado de México y residente en Aguascalientes quien, entre otras actividades, se ha dedicado a llevar este elíxir a dos ciudades cuyo nombre inicia con "M" y que están muy lejos una de otra: Mérida y Monterrey.
Si no me equivoco, el pulque lo consigue con productores de Apan, Hidalgo y lo pone a la venta un fin de semana en Monterrey y dos semanas después en Mérida... así que entre compras y ventas este muchacho viajero se la pasa recorriendo el país. Gracias a sus esfuerzos poco a poco el pulque ha estado ganando adeptos entre la gente de Monterrey y de Mérida... yo mismo ya soy cliente frecuente.

Aún así, cada que puedo sigo investigando lugares cercanos a Monterrey donde se produzca y se venda pulque y así he sabido que se puede conseguir directamente con productores locales en diversas poblaciones de San Luis Potosí y también de Coahuila; aparentemente venden localmente y a pequeña escala, no en lugares bien establecidos y conocidos como sucede en la Ciudad de México. Supe de un lugar en Saltillo que se llama La Pulcata de Santiago, el cual me gustaría visitar pronto.
Recientemente me enteré que habría un Festival del Maguey en Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí, un lugar del que nunca había oído hablar, pero sin pensarlo mucho empecé a hacer planes para asistir al evento.

Fue así que poco después de las 5 de la mañana del sábado 14 de julio abordé el autobús que me llevaría a San Luis Potosí, la capital del estado, pues no encontré uno que me llevara directamente a Mexquitic. Previamente había hablado con uno de los organizadores del evento y me dijo que cada media hora salían autobuses de la capital a Mexquitic, que está ubicado a unos 20 kilómetros, así que supuse que no habría ningún problema. Supuse mal.
Poco antes de la 1 de la tarde arribé a la Central de Autobuses de San Luis Potosí, en donde, por cierto, no hay NINGÚN local que venda un buen café: lo único que expenden es "agua pa' nescafé"; para esas horas yo ya estaba desesperado por conseguir mi dosis diaria de cafeína pero me tuve que quedar con un terrible síndrome de abstinencia.
Después de preguntar un poco me enteré que los autobuses que van a los municipios salen de una central más pequeña (si es posible) que la central principal, ubicada justo al lado. Llegué a la misma y después de preguntar en diversos mostradores me indicaron que solo una línea tenía corridas a Mexquitic, y hacia allá me dirigí. No me pidan que recuerde el nombre, lo olvidé, y he tratado de buscarlo en Internet pero ni la centralita ni las líneas que salen de ahí figuran en el ancho espacio cibernético.
Al solicitar un boleto, la mujer que atendía la taquilla me dijo que el camión estaba estacionado en el andén, a punto de salir, e hizo un ademán que interpreté como "córrale"... así que pegué la carrera y solo alcancé a escuchar que la unidad era la 1126. Pero al llegar a los andenes, ni rastro del 1126. Regresé con la mujer y al informarle lo anterior solo me dijo: "Ah, pos ya se fue...". ¿Y el siguiente? "Ese sale a las 2".
A mí me interesaba llegar antes de las 3 de la tarde para alcanzar el tercer y último tour de ese día a una hacienda mezcalera, así que si el autobús salía a las 2 de la tarde exactamente y si llegaba en 20 minutos al pueblo... pues no habría ningún problema... pero sí lo hubo.
Después de comer por ahí cerca, regresé a la taquilla y ya estaba otra mujer, quien me dijo que el autobús no salía a las 2, sino a las 2 y media, y que no paraba en Mexquitic, sino que se seguía de largo... "solo que se espere al de las 5 y media, ese sí para en Mexquitic...". Ay Dios, casi me da un infarto. ¿Por qué no me vine en mi auto? Claro que había taxis en la central y también podía solicitar un Uber, pero ambos cobraban una cantidad ridículamente cara: 400 pesos contra $15 que costaba el boleto de autobús. Además, sigo siendo tan desconfiado que difícilmente me atrevería a trasladarme en uno o en otro.
Así es que decidí pasar directamente al andén y hablar con el chofer... quien dormía dentro de la unidad. Cuando despertó le dije que necesitaba ir a Mexquitic y que le podría dar un sobreprecio si me llevaba, aunque me dejara en la carretera, a la entrada del pueblo. Muy honesto, me dijo que no era necesario, ya que el autobús no entraba al pueblo pero sí pasaba por la entrada del mismo, así que podría apearme ahí. ¡Qué buena noticia!
Por fin salió el autobús, pasadas las 2 y media... faltaba solo media hora para el último recorrido a la hacienda mezcalera... para mi sorpresa, el autobús empezó a recorrer en forma desesperantemente lenta las calles aledañas a la central, donde fue levantando más y más pasajeros... hasta que literalmente no cupo ni uno más... por cierto, los pasajes los cobraba directamente el conductor, sin entregar boleto. ¿Cómo sabría la taquillera cuántos pasajeros abordaban la unidad? No pude seguir pensando, porque el chofer me hizo levantarme de mi asiento para "sentarme" al frente, sobre el tablero de la unidad; "al cabo tú te bajas aquí cerca".
Como comprenderán, yo ya estaba al borde de la desesperación... hasta que finalmente vi que el viejo camión agarró carretera. Respiré con alivio y disfruté el corto viaje, hasta que el chofer me preguntó si deseaba bajar en la primera o en la segunda (entrada al pueblo, supuse). Le pregunté cuál me convendría más, y él decidió que en la primera, por si pasaba un camión Potosinos que me llevara al pueblo.
Más adelante descendí y empecé a caminar... ¡dos kilómetros! Bajo un sol abrasador y con peligro de ser atropellado pues se trata de una carretera bien pavimentada pero sin acotamiento... caminé unos metros, pegándome lo más que podía a los barandales de contención.. luego decidí caminar por entre la maleza, off-road, y echar a perder mis zapatos y mi pantalón con las hierbas espinosas, rogando que no anduviera una culebra por ahí.
Obviamente, ya eran pasadas las 3 y media de la tarde... adiós recorrido. Finalmente llegué a la entrada del pueblo, caminé un poco más y, por fin, qué alegría, llegué a la plaza principal, donde ya había un ambiente muy festivo: música, bailes folclóricos, expositores de casas mezcaleras, vendedores de artesanías y lo que más había esperado: ¡vendimia de pulque!
En el puesto de unas chicas de apellido Escandón probé un curado de plátano que estaba más que delicioso... después de tantas penurias lo disfruté enormemente... en eso estaba cuando escuché por los altavoces que se había abierto un recorrido más a la hacienda mezcalera... estupendo... así que me acerqué a un puesto a comprar mi boleto. Dejé mi vaso, ya casi vacío, en unos escalones... y en eso pasó apresuradamente una mujer y lo volcó.
Cuando le hice ver que me había privado de mi último trago de pulque, se ofreció a rellenarlo, pero le dije que no había necesidad, que con un chorrito estaba bien... y así lo hizo, ni una gota más. Esto me permitió probar un pulque natural de otro de los puestos, que no me gustó nada. No tenía comparación con el curado de la chica Escandón, ni mucho menos con el pulque natural que lleva Ricardo a Monterrey. En fin...
Regresé con la Escandón para comprar otro curado... pero ya se había acabado... así que me completarían uno de guayaba... pero en eso escuché que ya se iba la camioneta del recorrido y me tuve que retirar. Por ningún motivo me lo perdería.

Continuará...

2 comentarios:

  1. Jajaja, la mini central de los autobuses locales es algo salido de los 60s. Creo que ha habido intentos de modernizala, pero nunca ha salido nada. Entre la resistencia de usuarios y concesionarios, y el dinero que tienen los dueños de las compañías de transportes, nunca se ha avanzado nada. Para esos viajes, sólo queda tener auto propio.
    Fíjate que sólo he ido a Mexquitic un par de veces en mi vida, pero no recuerdo casi nada.

    No sabía que hay estos eventos. Mis papás hubieran gustado de ir (yo los hice descubrir el pulque hace unos años). Queremos fotos de la hacienda!

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    1. Gracias por leer, Álex... qué bueno que el relato te trajo recuerdos. Avisa a tus papás para que se preparen para el próximo año, aunque me dijeron que ahí venden pulque cada domingo.

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