lunes, junio 10, 2013

La Tarde de la Iguana

  Estos días ha estado haciendo un calor espantoso. Ayer domingo no tenía nada de ganas de salir, hubiera preferido quedarme en casa, pero el refrigerador estaba casi vacío y había que comprar la comida para la siguiente semana.
Con esta dieta que estoy haciendo desde hace poco más de un mes es necesario comer muchas frutas y verduras, así que para conseguirlas un poco más baratas nos fuimos Popo y yo al mercado de abastos que está en el centro de la ciudad, y pasamos un buen rato entre puestos de verdura, escuchando los pregones de los vendedores que siempre me hacen recordar esos años infantiles cuando mi mamá me llevaba al Mercado Colón.
Una parte del mercado está bajo techo, pero también hicimos compras en los puestos de la calle, bajo el pleno sol; de cualquier manera el calor era intenso. Ya para salir compré un poco de agua de coco, bien fría.
Enseguida fuimos a la casa de mi mamá, le entregué unas fresas y también flores de palma, porque sé que le gustan mucho; también le llevé nueces. Sin que se lo pidiera, ella misma se puso a limpiar y cortar las flores, y luego le pidió a Carmen que las guisara;  un poco más tarde ya estábamos comiendo un delicioso platillo de flores de palma en caldo de tomate.
Poco después llegó Mónica con su pequeño Emilio, venía muy emocionada pues recientemente regresó de un viaje por algunas ciudades de Europa. Nos platicó maravillas de Estocolmo, Copenhague y otros lugares;  yo la escuchaba con atención pero no dejé de armar el rompecabezas, que simplemente me apasiona.
Una parte de su viaje fue en un crucero. Ya otras personas me han platicado lo bien que se lo han pasado en un crucero, pero no me convence. Yo pienso que me desesperaría mucho la idea de estar en medio del Océano, así que creo que nunca viajaré en un barco.
Un rato más nos despedimos Popo y yo, porque teníamos que ir al súper a comprar otras cosas para la despensa. Tratamos de hacerlo lo más rápido posible y enseguida nos fuimos a casa. Al llegar, él descendió del carro para abrir la reja. Yo me quedé observando hacia el frente y casi pego un grito, pues en el enrejado que divide la propiedad del vecino y la mía, se encontraba un animal de un vistoso color verde.
Popo lo tenía a pocos centímetros de su cabeza, pero no se había dado cuenta… hasta que le llamé la atención y la vi… casi pega un salto él también. Estacioné el carro y me puse a tomarle fotos, resultó ser una iguana verde; quién sabe cómo fue a parar ahí, suponemos que se le escapó a algún vecino. A Rodolfo le gustó mucho, y luego de pensarlo un poco la agarró para bajarla de la cerca y observarla más de cerca. Yo no me hubiera atrevido, me causan repulsión estos bichos.
Creo que quiere quedarse con ella, aunque también mencionó que le gustaría ponerla a la venta. Como no sabemos nada acerca de los cuidados que requiere una iguana, ya empezamos a investigar un poco en Internet y no parece cosa fácil. No me pareció justo dejarla simplemente ahí en un árbol o llevarla al cerro, así que por lo pronto la pusimos en una caja bien ventilada, mientras decidimos qué hacer con ella.

1 comentario:

  1. ah que bonitaa, aqui hay un chingo d iguanas, aveces se roban mis frutas de mesa, las cabronas, ami me caen bien, no las puedo domesticar, siento feo, les gusta estar de vagas. jeje
    que lindas son

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