jueves, diciembre 31, 2009

Nochevieja 2009


Sobre mi escritorio, mi agenda me recuerda que hoy es el último día de 2009, un año que en lo personal tuvo una gran cantidad de cambios, transformaciones, viajes, experiencias nuevas, algunas de ellas muy dolorosas, otras pocas muy felices. Por lo bueno y por lo malo me siento agradecido, pues todo ha servido como aprendizaje y crecimiento.
En términos generales me siento bien; profesionalmente estoy en un nuevo trabajo, aprendiendo procesos nuevos, haciendo uso de mis habilidades y talentos. En el ámbito familiar, si antes estuve alejado de mi familia actualmente me siento cada vez más cerca, disfrutando la compañía de mi madre adorada, mis hermanos, mis sobrinos.
El tiempo pasa y a todos nos va transformando. La casa de mi madre ya no es el punto obligado de las grandes reuniones de Navidad, ahora mis hermanas mayores son los pilares de las familias que han formado, y sus hogares son el nido al que regresan sus hijos y sus nietos.
Si bien ya no llegan todos juntos, inundando la casa de risas y pláticas, todos se dan su tiempo para visitar a mi madre. Ella siempre los espera y anhela verlos; antes inquieta y muy activa, ahora pasa largos periodos sentada viendo la televisión, muchas veces entregada a una siesta rápida. Es cada vez más silenciosa. Me pregunto qué pensará, qué estará recordando cuando su mirada se pierde en el vacío. Su cuerpo habrá cambiado, mas no así el amor que reparte por igual a toda su prole, su preocupación por dar de comer.

Tengo pocos amigos, pero todos ellos invaluables, siempre dispuestos a escuchar, a brindar apoyo, una mano fuerte, una risa compartida. He aprendido a diferenciar quiénes son verdaderos amigos y quíénes son solamente personas que buscan obtener algún beneficio: personas que dicen que tienen muchas ganas de verme y platicar conmigo, pero en lugar de buscarme y venir a mí hacen planes para que yo vaya a ellos según su disponibilidad de tiempo, sólo para escuchar lo que tienen que decir. De ellos he ido prescindiendo poco a poco.
Doy gracias por mis nuevos amigos que he encontrado en el ciberespacio. Con la lectura recíproca y cotidiana de nuestros blogs, hemos llegado a conocernos, a encontrar rasgos en común. Nos hemos dado ánimos, nos hemos apoyado, y también hemos respetado nuestras diferencias.
He aprendido a ser más observador, a analizar con más cuidado a qué estoy dedicando mi tiempo, mis esfuerzos, para no desperdiciar el tiempo, que es tan valioso, en actividades sin sentido.
Falta mucho por aprender, pero esto no me desanima. Al contrario, estoy impaciente por saber más, por conocer más, y tener la oportunidad de usar los conocimientos para mi beneficio y para el de las personas que me rodean.
Feliz Año 2010.

Que todos los seres alcancen felicidad duradera.




lunes, diciembre 28, 2009

Fotos de Navidad 2009

Después de un buen periodo de deliberaciones, decidí que siempre sí me iba a regalar una cámara fotográfica, pues mi HP Photosmart 707 ya se había negado a funcionar varias veces, y además con el avance tan vertiginoso de la tecnología ya se había quedado en la obsolescencia.
Ese día después de salir de trabajar me dirigí a las tiendas y al revisar varias opciones seleccioné una Fujifilm J150w. La estrené esa misma Nochebuena y quedé muy contento con los resultados. Esta sí prometo cargarla más seguido, para no perderme escenas que vale la pena capturar y compartir.

jueves, diciembre 24, 2009

Nessun Dorma


Al igual que el año pasado, anoche me di el gusto de disfrutar mi cena de navidad personal. Pero no estuve completamente solo, sino que la compartí con mi gran amigo El Pollo, para festejar, tardíamente, su regreso a tierras regiomontanas.
Tenía muchas ganas de probar una pasta verdaderamente buena, así que pasé un buen tiempo recorriendo las calles, tratando de encontrar un restaurante italiano, nada de comidas rápidas. Inevitablemente recordé que hace unos años frecuentaba yo los mejores restaurantes de la ciudad; comía deliciosamente y encima me pagaban por ello, pues me dedicaba a escribir reseñas en el periódico.
Pero eso quedó en el pasado, y ya hace algún tiempo que no visito esos sitios tan elegantes, algunos de los cuales ya no existen.
Finalmente llegamos al Bianco, y con una agradable charla disfrutamos una entrada de camarones con queso gorgonzola en una estupenda salsa de tomate, deliciosa hasta el último bocado.
Para acompañar la cena yo elegí un tempranillo argentino Astica, y fue una buena elección porque cada sorbo me sabía a pura gloria.
Enseguida llegaron las pastas. Mi spaghetti all'arrabiata estaba estupendo, justo como lo había deseado. Eso sí, la porción no era tan generosa como acostumbran en otros lugares, pero aún así todo estuvo de maravilla.
Y lo inesperado sucedió: en la mesa de enseguida festejaban el cumpleaños de una mujer; uno de los invitados se sentó al piano y el otro interpretó con bien timbrada y resonante voz "Nesssun Dorma", de Puccini. Cerré los ojos, para aprisionar en mis recuerdos el sabor de la pasta, del vino, y la agradable y recia voz del cantante.
Como tenía que pasar a otra reunión, no nos quedamos a degustar un buen postre y café, pero esto no demeritó en nada la estupenda cena de Navidad personal.

miércoles, diciembre 23, 2009

Navidad Consumista

Por estos días las tiendas están a reventar. Filas y filas de gente comprando sus regalos navideños, estacionamientos llenos, aceras tan atestadas de personas que todos los días parecen domingo. De la que me he librado.
Recuerdo que hace años yo también participaba en la locura de buscar regalos frenéticamente, hacer fila para que los envolvieran, meterme en el tráfico a pelear con los demás conductores porque no avanzaban. Pero hace mucho tiempo que dejé eso por la paz. Tengo tantos amigos, tantos hermanos, tantos sobrinos, que si me pusiera a darle un regalo de navidad a cada quien necesitaría varias decenas de miles de pesos. Mejor les doy un regalo cuando cumplen años, o algún día sin un motivo en especial.
Ayer acompañé a unos compañeros de trabajo al Club de Samuel (Sam's Club), ya que uno de ellos deseaba comprar el Play Station Portable que casi le exige su hijo para Navidad. Obervando a la gente comprar, me pregunté a cuánto ascenderían las ventas diarias de la tienda, pues cada carrito traía mercancía con valor de unos dos o tres mil pesos, y el lugar estaba lleno.



Luego fuimos a Galerías Monterrey. Yo iba de simple acompañante y observador, pero mientras ellos veían juguetes yo recorrí la tienda y cuando menos lo esperaba casi fui seducido por la gran cantidad de productos que de pronto parecen indispensables: una moderna pantalla de televisión para sustituir mi arcaica TV; una cámara digital nueva, porque la que tengo ya no quiere funcionar, una consola Wii y el aditamento Wii Fit Plus para hacer ejercicio, que mucha falta me hace, aunque según un estudio de la Universidad de Mississipi no ayuda a las familias a mejorar la capacidad y el potencial de su cuerpo.
Una computadora HP Mini. Tan moderna que se ve, y con lo que me gustan los artículos de forma pequeña, estilizada. Ya tengo una portátil, y si bien no es nada nueva, funciona perfectamente. Pero insisto, las relucientes mercancías parecen tan esenciales, tan necesarias. Calculé lo que me costaría comprar esta pequeña lista de regalos: unos diecinueve mil pesos.
¿Muy caro? Vamos, si las tiendas ofrecen 15 ó 18 meses sin intereses. ¿Para qué sirven las tarjetas de crédito? Compra ahora. Sé feliz. Date un gusto. Sustituye esas cosas viejas por nuevas. Feng Shui.
No compro nada. Mejor me alejé de ahí, antes de caer en las garras de consumismo. Mejor planearé muy bien qué es lo que realmente necesito, y compraré de forma inteligente, paso a paso. Más adelante. Cuando las cosas realmente estén en oferta.
Qué difícil debe ser la Navidad para los padres, con niños que son bombardeados diariamente por la publicidad y los motivan no a pedir sino casi a exigir celulares, computadoras, videojuegos, guitarras, juguetes...
Me acordé cuando tenía unos doce años, qué feliz fui cuando me regalaron por Navidad unos zapatos de gamuza, muy sencillos y baratos, pero para ese niño eran un sueño largamente acariciado.

lunes, diciembre 21, 2009

Nikté, la Princesa que Aprendió a Ser Humilde


Hace días me enteré que estaba por estrenarse "Nikté", una película animada creada y producida en México; inmediatamente sentí curiosidad por ver el trabajo de mis compatriotas, pues me dio gusto saber que finalmente haríamos competencia a los gringos de Pixar y de Disney.
La cinta fue producida con un modesto presupuesto de 2.4 millones de dólares, contra 300 millones que costó "Avatar". Animex, dirigida por Eduardo Jiménez, es la casa productora, y la dirección corre a cargo de Ricardo Arnaiz, orgullosamente nacido en Monterrey, N.L. y radicado desde hace varios años en California.
Anoche fui a verla. Quisiera poder escribir una buena reseña de la película, pero lamentablemente me la pasé profundamente dormido una buena parte de la misma. No quiero decir que estuvo aburrida; más que nada se debió a que yo estaba muy agotado -- trabajar los sábados por la noche como mesero y salir en la madrugada tiene su precio.
Empecé a ver la cinta con mucho interés, aunque me desubicó un poco ver a la Cabeza Olmeca en las primeras tomas. No entendía que hacía ahí, pues el nombre "Nikté" me remite inmediatamente a la leyenda de Nicté-Ha, quien no era olmeca sino maya, y tampoco era princesa sino la hija del guardián del Cenote Sagrado.
Decidí dejar para después esta cuestión y me concentré en los dibujos animados, que la verdad están muy bonitos y coloridos, la vegetación se ve preciosa, así como las pirámides, los ríos y los animalitos como las tortugas y los pájaros. Los personajes, muy originales. Por cierto que las voces de éstos pertenecen a artistas nacionales, entre los cuales destaca la de Alex Lora, de El Tri, quien da vida al chamán.
La historia inicia con una familia compuesta por el papá y la mamá, dos hijos pequeños y una hija adolescente o pre-adolescente, engreída e insoportable. Están a la entrada del museo de La Venta, en Tabasco, y la chiquilla esa se niega a entrar y permanece junto a la gran Cabeza Olmeca. De pronto, al recargarse en una sección de la cabeza, se abre una de las piedras, y al asomarse a su interior...
Nikté, el personaje propiamente dicho, es también una chiquilla ingrata, detestable y desagradecida con sus padres adoptivos. Pero es muy lista, y en una inscripción jeroglífica lee que ese día llegará un cometa y junto con él descenderá del cielo una princesa que será venerada por todos... y decide hacerse pasar por esa princesa. Sin embargo, la princesa tiene una difícil misión... y para ello primero deberá aprender a ser humilde.
Bueno, ni soy crítico de cine ni soy amante de las películas animadas para niños, pero espero que si ustedes tienen oportunidad de verla me platiquen qué les pareció "Nikté".

ADIÓS MM

Por cierto, al llegar a la sala de cine me sorprendió que el letrero de MMCinemas fue sustituido por uno en color rojo que dice Cinemex. ¿Qué qué? Pero si acababa de pasar por otro cine y ese sí se llamaba todavía MMCinemas.
Bueno, pues resulta que el dueño de MMCinemas, Germán Larrea, principal accionista de Grupo México, compró los 44 complejos Cinemex en 3,500 millones de pesos, pero aparentemente el nombre con el que se quedarán todos los cines será Cinemex.
¿Pero qué los MMCinemas no eran del grupo Multimedios? Ya no entiendo nada.

viernes, diciembre 18, 2009

Virufin


Pocas veces escucho la radio.
Antes sí lo hacía, pero de unos años para acá he dejado de hacerlo porque al menos aquí en Monterrey la abrumadora mayoría de las estaciones transmiten sólo música grupera y/o ranchera. Sus locutores no son tales, sino solamente unos incultos patanes que se la pasan haciendo bromas vulgares y comentarios en doble sentido, además de que incitan a su auditorio a ventilar historias prosaicas en donde el sexo es elemento indispensable, historias de infidelidades y promiscuidad que más valdría callar.
La estrella de una de esas estaciones es un ignorante sujeto que pretende hacerse pasar por María Félix. Sorprendentemente el público que llama se dirige a él en femenino, tal y como si fuera la extinta diva del cine nacional, le platican sus historias íntimas, como el individuo que roba calzones de los tendederos del vecindario, y le dicen que la aman, que la adoran e idolatran, a pesar de que el locutor travesti los trata con desplantes, groserías y comentarios humillantes. Pero a la gente le gusta tanto el programa que lo extendieron una hora más y lo trasmiten en cadena nacional.
Hay unas pocas estaciones que pasan baladas modernas en castellano, pero su programación es tan similar que parecen la misma. Hay una estación de música clásica, otra de noticias, en fin, el menú es muy limitado y es por eso que casi todo el tiempo estoy escuchando la música de mis discos compactos.
Ayer sin embargo, me puse a escuchar el noticiero de Pedro Ferriz de Con, en el momento en que transmitía una interesantísima entrevista con Tessy López, destacada científica e investigadora mexicana, jefa del laboratorio de nanotecnología en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía y profesora de la UAM-X en el departamento de Atención a la Salud.
En el momento en que encendí el radio afirmaba ella que los geles, alcoholes y cubrebocas que nos han dicho que utilicemos para protegernos del virus de la influenza no sirven absolutamente para nada, pues los primeros matan bacterias, no virus, y los segundos tienen un tejido tan abierto que no impiden el paso de los virus.
Mi interés crecía. Yo no había oído hablar de la científica, pero gracias al programa supe que ha recibido numerosos premios internacionales, que se dedica a la nanotecnología y que ha estudiado esta ciencia durante muchos años con el objetivo de encontrar una cura para el cáncer. De hecho, platicó con mucha frescura y simpatía que ha padecido varios tipos de cáncer ella misma y ha salido avante de todos ellos.
Platicó de un hombre que tenía un cáncer avanzado en el cerebro, que cuando llegó a consulta le daban escasamente seis meses de vida, pero después del tratamiento que prescribió la doctora logró reducirse en más de un noventa por ciento.
Siguiendo con el tema de la influenza, Tessy López informó que ella y su equipo acaban de patentar Virufin, un virulicida que sí mata el virus de la influenza AN1H1 y protege durante 72 horas. Sentí un gran orgullo al saber que esta solución para un problema que afecta a individuos de todo el mundo haya sido creado en nuestro país por un grupo de mexicanos destacados.
Tessy platicó que laboratorios de otros países le ofrecían sumas millonarias para que patentara el producto en el extranjero, pero ella se negó y lo patentó aquí, con el objetivo de que su costo nacional sea bajo y esté al alcance de todos sus compatriotas, pero que sea alto para los países que deseen importarlo de modo que las ventas sirvan para generar divisas para el país.
También comentó que una universidad gringa le ofrece pagarle en un mes lo que aquí ganaría en todo un año, con tal de que acepte ser catedrática allá. Pero ella los ha rechazado en varias ocasiones, porque ama su país y quiere que los frutos de su investigación se queden aquí. "Afortunadamente a mí no me interesa ser rica", dice con un candor y sencillez adorables.
Todos los días aparecen en los medios electrónicos de todo el mundo, mexicanos que nos ponen en vergüenza: políticos deshonestos y mentirosos, una secretaria de Educación inculta a más no poder: Elba Esther Gordillo, "artistas" mediocres que se creen estrellas.
Su lugar en las páginas y pantallas de todos los medios debería ser ocupado por mexicanos ejemplares como la científica Tessy López y su equipo, quienes dedican su talento y su esfuerzo a traer progreso y mejoría para el pueblo mexicano.

miércoles, diciembre 16, 2009

Fantasma


Hacia tanto que no aparecía que hubieras pensado que ya se había esfumado para siempre, que se había convertido solamente en un mal recuerdo.
Pero nuevamente estaba ahí. Inconfundible. Con esa paralizante sensación de ahogo, intensa y debilitante, esa lucha entre la mente racional y la mente irracional, la primera exponiendo argumentos lógicos, coherentes, realistas; la segunda mandando todo al caño con ideas deshilvanadas, palabras entrecortadas e incomprensibles, imaginación desbocada de una escena trágica y terrible. ¿Por qué la mente racional no puede vencer y dominar a la irracional?
Te preguntas qué fue lo que desencadenó este nuevo ataque de pánico. Y recuerdas que hacía un rato un compañero te indicó que vieras hacia la carretera, donde ya se estaba formando un gran banco de niebla. Y le comentaste acerca de ese libro que leíste hace tiempo, que te pareció tan aterrador y emocionante.
Pero entonces tu rostro lucía sonriente, no desencajado y alterado como en este momento.
Ya para salir, caminaste hacia tu carro, contento de haber terminado una jornada más. Pero en ese momento te pidieron que dieras un aventón a una muchacha que trabaja en un negocio cercano y no tenía manera de regresar a su casa. No pudiste decir que no. Eran las dos y media de la mañana, ¿cómo dejarla ahí?
Avanzas por la carretera, pero te detienes a los pocos metros. La niebla es muy espesa. Te aseguras de desempañar los vidrios y avanzas de nuevo. Te distraen las preguntas de esta muchacha, quieres que se calle, que se vaya. Notas su acento pueblerino, ¿de dónde será? Das vuelta en U y le preguntas que si es ahí donde debe bajarse, a la orilla de la carretera. Ella dice que no, que hay que entrar.
Así que entras y empiezas a avanzar por un camino que corre paralelo a la carretera, pero en un sentido que te aleja de tu destino. No sabes donde estás. Te desesperas. Apenas se ve, con esta oscuridad y la niebla. Lo bueno es que no hay más carros. Le preguntas que tanto más hay que avanzar. Ella te contesta: “Algo”. Te dan ganas de abrir la puerta y decirle que se baje, pero no lo haces. Avanzas un poco más y por fin llegas.
Antes de bajarse, busca unas monedas para pagarte. Te conmueve. Le dices que no es necesario y te apresuras a regresar. Llegas nuevamente a la carretera y ahora sí, avanzas hacia tu casa, estás cansado y tienes sueño. La niebla sigue igual de espesa. Solamente avanzas unos metros y te detienes en el estacionamiento de una tienda de conveniencia.
En ese momento lo reconoces. Es un ataque de pánico. Es justo como te lo dijo el Dr. Piñeyro años atrás, debiste controlarlo cuando todavía era nerviosismo, cuando era una ligera ansiedad. Lo dejaste crecer y ahora estás en sus garras, ya no puedes hacer anda. Sabes que te quieres ir, pero sabes también que no puedes hacerlo. Estás paralizado.
No puedes comprender nada. Sabes que tienes todo para continuar a pesar de la niebla: buen auto, faros de niebla, la pericia adquirida con más de 20 años de conducir. Pero en tu mente aparecen las imágenes más aterradoras. Una carambola. Un tráiler haciendo sonar la bocina ensordecedoramente, antes de impactarse detrás de ti. Tu carro saliendo de la carretera y proyectándose al vacío.
Así que te dispones a pasar el resto de la madrugada en el estacionamiento, a la orilla de la carretera. Pero, ¿y si te duermes y llegan unos asaltantes? ¿Y si la policía te confunde con un ladrón y quiere arrestarte? Sientes una gran impotencia al comprender que ni el tiempo, ni los medicamentos, ni los años de terapia, ni las oraciones, ni los mantras, ni las técnicas metafísicas o espirituales han logrado alejar a ese fantasma que se apodera de ti.
Ese fantasma que conoces desde tu niñez. Que aparece todas las noches. Que te persigue cuando recorres las calles desiertas en un camión. Que te sonríe malévolamente los domingos por la tarde, cuando las sombras van cayendo. ¿Cuándo se irá por fin?
Intentas concentrarte en tu respiración. Relajarte. No pensar. Te cuesta mucho trabajo, pues tienes mucho miedo. Casi te das por vencido, pero lo consigues, lentamente, poco a poco. Ha pasado más de media hora. Eso es. Has dejado de temblar. Miras hacia la carretera y te das cuenta de que, milagrosamente, ya no hay niebla. Te apresuras y avanzas por fin, hacia la seguridad de tu cama. Sonríes tristemente, pensando en la próxima confrontación.

viernes, diciembre 11, 2009

Cometa de Navidad


Cuando yo era muy pequeño, en nuestra casa nunca hubo pino de Navidad, ni luces ni ninguna decoración de las que se usan en esta temporada.
Recuerdo que todas las navidades las pasábamos en la casa de Rutila, la prima de mi mamá, y en esa casa sí había un pino de navidad, pero lo que destacaba era un gran nacimiento con las figuras del niño Dios, de José y María, además de una gran cantidad de animales como borregos y burros, que me gustaban mucho.
En la Nochebuena, creo, se hacía la posada tradicional, y nos obligaban a hincarnos y rezar una serie de oraciones que para mi eran incomprensibles y sumamente aburridas. Luego había que hacer una fila y por turnos dar un beso a la figura del niño Dios, después de lo cual nos premiaban con un dulce llamado colación.
Enseguida salíamos al patio, donde ya estaba colgada una piñata rellena con dulces y frutas, y después de romperla nos entregaban una bolsita con cacahuates, dulces, chicles y chocolates que le llamaban "bolo". Era hora de cenar muchos tamales deliciosos y también unos ricos buñuelos que mi mamá había ayudado a preparar, y para rematar, los grandes iniciaban una tremenda cumbiamba que se prolongaba hasta el amanecer. Yo me quedaba viendo a las parejas bailar, y pronto el sueño me vencía en un sillón.
En casa tuvimos pino de Navidad hasta que mis hermanas crecieron y empezaron a trabajar; pero de cualquier modo era una decoración sencilla, nunca como las que he visto en algunas casas, donde ponen manteles y servilletas de motivos navideños, velas, coronas en las puertas y por supuesto un pino enorme con muchas esferas y luces.
En mi propia casa yo tampoco he tenido un pino de navidad. Si acaso, algunas veces he instalado luces en la parte de afuera, pero definitivamente no se me da esto del espíritu navideño.
Esta navidad iba a ser igual que las demás, sin pino, sin luces, sin decoración de temporada. Pero por alguna razón hace días me surgió la inquietud de comprar aunque fuera alguna figura para instalar en la parte de afuera, algo así como un reno con luces. Y fui a buscarlo a un mercado que está cerca, pero no encontré nada parecido.
Me ofrecían series de luces, y de verdad se veían muy bonitas, pero de pensar que tendría que treparme al techo y colocarlas se me acabó la ilusión. Más bien quería algo sencillo, que solamente se colocara y se conectara. La vendedora entendió perfectamente lo que necesitaba y me ofreció un arregló que había elaborado ella misma.
Se trata de una estructura de alambre en forma de cometa, forrada con listón de color plateado y recubierta con unas hermosas y modernas luces de LED. Sin pensarlo más lo pagué y me lo llevé a casa.
Lo coloqué sobre la ventana que da a la calle, metí el cable por una orilla y lo conecté. No tengo pino, ni esferas, ni mi mesa está decorada con manteles y servilletas especiales, pero ahora las personas que pasen por mi casa verán brillar una hermosa y brillante cometa de Navidad.

lunes, diciembre 07, 2009

Fervor Guadalupano y Chismes de Salón de Belleza

Mi querida Flor se sorprende de mi gusto por las películas mexicanas antiguas, dice que por mi edad ella supondría que me interesarían otras cosas más actuales. En realidad no me había puesto a pensar en ello, pero desde hace muchos meses no encuentro en la cartelera del cine nada que siquiera me llame la atención, y es quizá por ello que me he refugiado en la televisión y particularmente en los dramas mexicanos cargados de sentido y significado.
La semana pasada fui al cine. Tenía meses sin acudir a alguna sala, pero esa vez se habían agotado las opciones y sólo quedaba el cine. Parado frente a la taquilla, me quedé interminables segundos analizando las distintas opciones. ¿Cuál sería la menos peor?
La frívolas comedias gringas ya me tienen hasta la madre, sus chistes ya no me hacen reír. Las cintas de destrucción y desastres me hacen bostezar, he visto tantas. Las películas de vampiros jamás han despertado en mí el mínimo interés. Las sagas de niños que vuelan en escobas y acuden a escuelas de magos dirigidas por maestros de aspecto muy severo me provocan sueño. Las películas para niños son películas para niños. O padezco un aburrimiento crónico e incurable o lo que nos ofrecen últimamente es pura bazofia.
En vista de ello, elegí no la más interesante sino la más próxima a comenzar y esa era la de la Guadalupana o algo así, tan mala que no me tomaré la molestia de investigar más datos. Resultó un churrazo en la cual un tipo ordinario necesita dinero para hospitalizar a su abuelo y comete la pendejada de pedir ayuda a un mafioso conocido de él, pero obviamente todo se enreda y resulta que le queda debiendo al mafioso una cantidad de dinero que ni en sueños podría conseguir.
Así que su abuelo, trabajador voluntario de la Basílica de Guadalupe, le aconseja hurtar el manto de la Virgen Morena y pedir un rescate por él. No, no tienen ningún plan, ni saben nada de logística, no tienen computadoras ni sofisticados equipos y sistemas para burlar la vigilancia de la iglesia, pero aún así logran apropiarse de la imagen sin ser vistos ni mucho menos atrapados. Recordemos que es una película mexicana, así que todo es posible.
A partir de este momento, en lugar de que la trama resultara más interesante gracias a una mayor tensión, me aburrí de lo lindo. Entre las multitudes de gentes idólatras desocupadas que instalaron campamentos y plantones en la Basílica hasta que apareciera la imagen de la Guadalupana, escenas que evidenciaban la corrupción de las autoridades de justicia mexicanas, un jovenzuelo más correlón que Speedy González al cual no pueden atrapar ni los narcos ni los policías, lo que más anhelaba yo era que terminara la película. Qué desperdicio de tiempo y dinero.

Así que Florecita, ¿ya ves por qué estoy viviendo un romance con las viejas películas mexicanas? Son mucho mejores que estos bodrios como el que acabo de mencionar.
El sábado por la mañana vi "De Carne Somos", un melodrama altamente cursi con Marga López. Y ayer domingo vi una cinta muy interesante titulada "Salón de Belleza", la cual desafortunadamente no pude terminar porque hube de salir corriendo. La trama gira alrededor de un salón de belleza, lugar donde se reúnen las mujeres a chismemorrear y también a que les arreglen el cabello.
Socorro es una peinadora que ambiciona ser rica y lucir joyas como las de una de sus clientas, una prepotente rica que no pierde oportunidad para humillarla y burlarse de sus sueños. No le queda de otra más que aguantar callada sus insultos, pero más adelante podrá reírse de ella, pues se convertirá en la amante de su marido.
Mientras tanto su joven y noble enamorado nada sabe de sus oscuras ambiciones. El es un "tamarindo" o agente de tránsito y dirige el poco tráfico parado sobre su banquito de madera, como se usaba en los años 50, justamente enfrente del salón.
Por cierto, qué interesante es para mí observar los detalles que eran comunes en esos años, como el banquito mencionado antes, el poco tráfico, los modelos de automóviles y camiones, la honestidad del agente e inclusive la gran cantidad de regalos (principalmente botellas envueltas, presumiblemente de licor) que le dejaban los automovilistas en ocasión del día del agente de Tránsito.
En mi ciudad los agentes de tránsito son en términos generales tan corruptos, deshonestos y abusivos que si acaso los automovilistas les dieran regalos estos consistirían en bombas molotov, puñaladas y balazos de armas de diferentes calibres.
Emilio Tuero es Román, el agente, quien conoce a una artista de moda (interpretada por Liliana Durán) cuando ésta provoca un accidente. Ella queda prendada de él y hará todo lo posible por seducirlo con la promesa de convertirlo en actor. Pero él no se decide... está muy enamorado e ilusionado de Socorro.
Como dije antes no pude ver el final de la película, pero sí supe gracias a que visité un blog por demás interesante que Soco obtiene las joyas y pieles con las que tanto había soñado, pero al final paga un precio muy alto por ello, la culpa no la deja vivir.

sábado, diciembre 05, 2009

Cuetlaxóchitl

Acabo de ver por la ventana que salió el sol. Pero hace un frío terrible, tanto que estoy temblando. No me gustan los calentadores, me sofocan. Cerca de mi se encuentra Tzu Chi, hecho bolita en su cama. Duerme un sueño ligero, y se levanta inmediatamente si me muevo de la silla.
Toda esta semana fue muy fría, con llovizna casi todos los días. Siempre me ha gustado el tiempo de frío, pero esta vez no ha sido muy agradable que digamos, sobre todo por el resfriado que pesqué el lunes pasado. Estuve con la nariz muy congestionada y mucha dificultad para respirar, pero ya fui ayer con un médico y me dio un tratamiento que está surtiendo efecto rápidamente.
Gracias a este médico, quien introdujo una sonda-cámara por mi nariz, me entero a mis 43 años cumplidos que tengo el tabique muy desviado sin haber sufrido nunca un traumatismo.
No he salido a la calle. Hoy no han pasado buenas películas en mi canal favorito (apenas en este instante está empezando una que se ve prometedora), pero aún así he estado aquí, rehúsandome a salir. Ya pasaron una de Viruta y Capulina, otra de Tonina Jackson y el Huracán Ramírez, y otra de Piporro, El Rey del Tomate. Debería haber ido a buscar una chamarra que me hace falta, pero no logro vencer la pereza.
Ni siquiera se me ocurre de qué escribir. Comeré una naranja.

martes, diciembre 01, 2009

Hubo un rey en un castillo...


Por invitación de Valentín, un compañero mesero que está estudiando para chef, acudí ayer a una exposición que realizaron los alumnos de la escuela, en la cual presentaron diferentes obras escultóricas hechas con productos alimenticios.
Los futuros chefs echaron mano de su creatividad y produjeron obras como la Pirámide del Sol, un volcán con todo y fumarola, una reproducción del Taj Mahal, una montaña rusa y un oso polar, hecha con galletas, grenetina, jarabe de chocolate, arroz, amaranto, mantequilla y pan.
Mi obra favorita fue un servicio de mesa hecho enteramente de pasta de dulce y otros alimentos: incluía mantel, cubiertos, platos y tazones con una apariencia muy realista, hasta tenía un par de sillas de tamaño natural fabricadas con caña de azúcar.