
Sobre mi escritorio, mi agenda me recuerda que hoy es el último día de 2009, un año que en lo personal tuvo una gran cantidad de cambios, transformaciones, viajes, experiencias nuevas, algunas de ellas muy dolorosas, otras pocas muy felices. Por lo bueno y por lo malo me siento agradecido, pues todo ha servido como aprendizaje y crecimiento.
En términos generales me siento bien; profesionalmente estoy en un nuevo trabajo, aprendiendo procesos nuevos, haciendo uso de mis habilidades y talentos. En el ámbito familiar, si antes estuve alejado de mi familia actualmente me siento cada vez más cerca, disfrutando la compañía de mi madre adorada, mis hermanos, mis sobrinos.
El tiempo pasa y a todos nos va transformando. La casa de mi madre ya no es el punto obligado de las grandes reuniones de Navidad, ahora mis hermanas mayores son los pilares de las familias que han formado, y sus hogares son el nido al que regresan sus hijos y sus nietos.
Si bien ya no llegan todos juntos, inundando la casa de risas y pláticas, todos se dan su tiempo para visitar a mi madre. Ella siempre los espera y anhela verlos; antes inquieta y muy activa, ahora pasa largos periodos sentada viendo la televisión, muchas veces entregada a una siesta rápida. Es cada vez más silenciosa. Me pregunto qué pensará, qué estará recordando cuando su mirada se pierde en el vacío. Su cuerpo habrá cambiado, mas no así el amor que reparte por igual a toda su prole, su preocupación por dar de comer.
Tengo pocos amigos, pero todos ellos invaluables, siempre dispuestos a escuchar, a brindar apoyo, una mano fuerte, una risa compartida. He aprendido a diferenciar quiénes son verdaderos amigos y quíénes son solamente personas que buscan obtener algún beneficio: personas que dicen que tienen muchas ganas de verme y platicar conmigo, pero en lugar de buscarme y venir a mí hacen planes para que yo vaya a ellos según su disponibilidad de tiempo, sólo para escuchar lo que tienen que decir. De ellos he ido prescindiendo poco a poco.
Doy gracias por mis nuevos amigos que he encontrado en el ciberespacio. Con la lectura recíproca y cotidiana de nuestros blogs, hemos llegado a conocernos, a encontrar rasgos en común. Nos hemos dado ánimos, nos hemos apoyado, y también hemos respetado nuestras diferencias.
He aprendido a ser más observador, a analizar con más cuidado a qué estoy dedicando mi tiempo, mis esfuerzos, para no desperdiciar el tiempo, que es tan valioso, en actividades sin sentido.
Falta mucho por aprender, pero esto no me desanima. Al contrario, estoy impaciente por saber más, por conocer más, y tener la oportunidad de usar los conocimientos para mi beneficio y para el de las personas que me rodean.
Feliz Año 2010.
Que todos los seres alcancen felicidad duradera.












