Alice sighed wearily. "I think you might do something better with the time," she said, "than wasting it in asking riddles that have no answers."
"If you knew Time as well as I do," said the Hatter, "you wouldn't talk about wasting it."
"I don't know what you mean," said Alice.
"Of course, you don't!", the Hatter said, tossing his head contemptuously. "I dare say you never even spoke to Time!"
"Perhaps not," Alice cautiously replied; "but I know that I have to beat time when I learn music."
"Ah, that accounts for it," said the Hatter. "He wont stand beating. Now if you only kept on good terms with him, he'd do almost anything you liked with the clock."
Ayer mientras manejaba de regreso a casa por la hiper-congestionada Carretera Saltillo-Monterrey, recordé lo que me dijo Antonieta el sábado pasado: "me hago cargo de que usted desearía con todas sus fuerzas regresar el tiempo, empezar nuevamente ese día y hacer las cosas de manera diferente, pero se da cuenta con todo el dolor de su corazón de que esto no es posible".
Cuánta razón tiene. Y no creo ser el único, más bien me parece que todos los seres humanos, al ver los resultados de una decisión que tomamos en el pasado, sea grande o sea pequeña, quisiéramos accionar un botón y provocar la magia de que el tiempo retroceda y así podamos corregir el rumbo.
Aparentemente, esto sería maravilloso. Cuántas malas decisiones se podrían cambiar, cuántos accidentes se podrían evitar, cuántas pérdidas de vidas humanas, de valores, de oportunidades, de amores. Pero mientras más pienso en ello, más me doy cuenta que, al regresar el tiempo no solamente afectaría/modificaría/corregiría mis vivencias, sino también las vivencias y decisiones de todo el mundo. Sería un caos. Es por esta gran paradoja que nosotros los humanos no tenemos esa facultad de hacer que el tiempo retroceda, y debemos vivir y aceptar los resultados de nuestras acciones y decisiones pasadas.
El tiempo es inflexible, inexorable. Es irrepetible. No hay quien lo pueda detener. Mientras reflexiono y escribo, ya quedaron atrás minutos, segundos... momentos que jamás volverán. Sólo el recuerdo quedará, y finalmente hasta el recuerdo se hará difuso, se desdibujará y se perderá.
No podemos estar en contra del tiempo. Hay que seguir adelante, a pesar de que el entorno actual no parezca amigable, fácil, de que en vez de un día soleado se vean nubarrones sin fin. Aunque la risa se haya ido. Aunque busquemos y no encontremos razones para caminar. Aunque todo esté en contra. Aunque no haya nadie. Seguir adelante. Hasta que el tiempo diga "fin". O hasta que podamos desafiar al tiempo y decirle "fin".
jueves, agosto 28, 2008
jueves, agosto 21, 2008
The First Times
I really hate to keep a sad tone in this blog, but I'm still mourning the loss of my beloved Bimbo real bad. Yesterday, while driving home from work, I spent the 20 minute ride crying and sobbing while the different images of the endless moments spent with him ran through my mind. I felt so angry at the stupid woman who ran over him, at the doctor who couldn't do more to save me, and at me for having spent one full day waiting instead of taking him to a hospital. I know I had my reasons, but still I can't seem to forgive myself. In my despair I called him out and asked him to be with me one more time, or take me with him.
I get home and I'm welcomed by the barks of both Bovinda and Chucky, and when I come in there's Manchú now... but this doesn't ease my pain. It makes me cry even more as I realize how much I miss and how much I need my Bimbo by my side. I keep telling myself that it's not fair, it wasn't time for him to leave. We both knew there were more days to live together.
I decide to take Manchú for his first visit to the park. He walks so close to me and he's so tiny I sometimes think that I lost him or left him behind. I look down and see him wagging his tail in joy. Again, all I can feel is sadness and despair and I cry all the time, longing for those moments with my Bimbo.
I do like Manchú and it feels good when I see him so little, getting used to me, following me around. But sometimes I think I'm too old now and I won't be able to give him all the time and all the things I gave to Bimbo, being by his side all the time and guiding him until he grows up. It makes me feel sad, not knowing exactly what will happen in the future.
Back at home, I sit and watch TV. I light the last candle for my Bimbo. A tranquilizer soothes my sorrow and slowly makes me feel relaxed then sleepy. I go to bed.
This morning it was another first for Manchú -- a little walking around, this time accompanied by Bovinda and Chucky. Hope he soon understands that this is the time and place to poo and pee.
I get home and I'm welcomed by the barks of both Bovinda and Chucky, and when I come in there's Manchú now... but this doesn't ease my pain. It makes me cry even more as I realize how much I miss and how much I need my Bimbo by my side. I keep telling myself that it's not fair, it wasn't time for him to leave. We both knew there were more days to live together.
I decide to take Manchú for his first visit to the park. He walks so close to me and he's so tiny I sometimes think that I lost him or left him behind. I look down and see him wagging his tail in joy. Again, all I can feel is sadness and despair and I cry all the time, longing for those moments with my Bimbo.
I do like Manchú and it feels good when I see him so little, getting used to me, following me around. But sometimes I think I'm too old now and I won't be able to give him all the time and all the things I gave to Bimbo, being by his side all the time and guiding him until he grows up. It makes me feel sad, not knowing exactly what will happen in the future.
Back at home, I sit and watch TV. I light the last candle for my Bimbo. A tranquilizer soothes my sorrow and slowly makes me feel relaxed then sleepy. I go to bed.
This morning it was another first for Manchú -- a little walking around, this time accompanied by Bovinda and Chucky. Hope he soon understands that this is the time and place to poo and pee.
miércoles, agosto 20, 2008
Chiquitito y Juguetón


"Mamita/yo no quiero un hermanito/lo que quiero es un perrito/chiquitito y juguetón". Así sonaba una canción en la radio cuando yo era un infante.
Anoche, poco después del tremendo aguacero que se dejó sentir, llegaron a mi casa Héctor, Alfonso y..... El Manchas. No me lo esperaba, al menos no tan pronto, pero desde ese momento el cachorro ya es oficialmente mi perrito, obsequio del amigo Héctor.
En correspondencia los invité a cenar unos tacos, y al regresar encontré un pequeño caos. Resulta que también estuvo de visita Niza, la mamá de El Manchas, y mientras nosotros cenábamos ella se dedicó a cagar y orinar varios rincones de mi recámara, ayudada por su pequeño.
Ya casi era medianoche, pero aún así me puse a limpiar y al terminar me llevé a la regadera al pequeñín, pues su olor no era muy grato. Creo que no le gustó mucho el agua. Luego corté sus uñas y enseguida nos fuimos a dormir. Lo llevé a la cama y se estuvo muy quietecito, aunque se veía un poco extrañado y confundido. Temí que orinara durante la noche, pero afortunadamente no fue así.
Esta mañana desperté con un nuevo perrito, chiquitito y juguetón. Me sigue por todos los rincones, fascinado con la novedad; me observó curioso mientras me bañaba, a través de la cortina transparente. Y mientras me peinaba olvidó por un momento que estaba ahí cerca y pisé su rabito...
Lo llevé al patio a visitar y dar de comer a Bovinda y Chucky. Pensé en dejarlo ahí con ellos durante el día, pero es posible que llueva, y además hay que hacer ciertas adaptaciones para evitar que se salga a la calle.
Así que regresamos al interior, me hizo reír al verlo correr dando saltitos hacia la puerta de entrada. Por lo pronto hoy se quedó encerrado en un cuarto vacío, en el cual coloqué muchos periódicos. Todavía no sé cómo lo voy a criar, dónde se va a quedar mientras estoy trabajando, pero creo que dentro de la casa no.
Es demasiado inquieto, y como está en la edad en que todo quiere morder, hay muchas cosa en la casa que pueden desaparecer entre sus dientes. Además, es peligroso que pueda morder cables eléctricos.
Con Bimbo no tenía estas preocupaciones, pues siempre fue un perrito muy apacible y tranquilo, que se conformaba con estar echado en su cama o en el sillón, especialmente en sus últimos años. Me quedé muy acostumbrado a su carácter tan pacífico.
Pero ahora tendré que lidiar con un cachorrito lleno de energía, que pondrá a prueba mi paciencia y mi creatividad.
martes, agosto 19, 2008
Chubasco
Ayer por la tarde aproveché mi hora de comida para ir a un examen en la Secretaría de Educación. Alma pasó por mi al trabajo, ya que fue ella quien me avisó la semana pasada que estaban contratando maestros para el nuevo proyecto de impartir inglés en las primarias. Yo me apunté solo, realmente sin haber decidido algún plan, pero bueno, pues ya fui a la entrevista.
Cuando salimos estaba muy soleado, pero al llegar al lugar del examen nos sorprende un tremendo aguacero. Tuvimos que dejar el carro a unas dos cuadras, y en el corto tramo hacia el edificio quedamos completamente empapados. Hacía tanto tiempo que no me mojaba con la lluvia, simplemente me relajé e inclusive disfruté mucho este baño sorpresa.
Pasamos al salón del examen, tiritando de frío por el aire acondicionado. Yo lo resolví rapidísimo, no era tan simple sino más bien inglés avanzado, pero me hizo los mandados. Me sentí como en mis tiempos de escuela, cuando terminaba los exámenes antes que todos.
Seguía lloviendo a cántaros. En un momento dado hice a un lado la cortina y lo que vi trajo un impresionante déja vu: el patio inundado, y gruesas gotas de lluvia formando círculos en el charco, como esa escena que viví en mi primer día de escuela hace tantos años.
De ahí pasé a un salón, donde un profesor me realizó un examen oral. En sus propias palabras, estuvo muy sorprendido ante mi nivel de inglés hablado y no podía creer que yo no hubiera vivido nunca en EU. "Te voy a poner las mejores calificaciones", me dijo.
Alma tardó un poco más, pero finalmente también terminó y nos regresamos de volada... yo iba a llegar tardísimo al trabajo y ni siquiera había pedido permiso. A medio camino nos detuvimos a comer unos deliciosos "duritos", chicharrones de harina preparados con frijoles, repollo y salsa...mmmmh.
Qué bonito es salirse de la rutina, escapar del tedio de hacer siempre lo mismo. Gracias a Dios he tenido empleos en los que de vez en cuando es posible darse una escapada y disfrutar otras actividades mientras los demás siguen inmersos en la rutina de todos los días.
Desde que tengo memoria, la mayoría de los domingos al atardecer me causan una inquietud, una tristeza muy grande, a veces hasta una ansiedad incomprensible. En ocasiones vienen a mi mente recuerdos de esos años infantiles, cuando asustado me daba cuenta que no había hecho la tarea, y no estaba abierta la papelería para comprar las estampitas o lo que necesitara.
Últimamente no había sentido ese "blue Sunday sunset", pero este último domingo por la tarde, nublado y con una ligera llovizna, me sentí muy deprimido, abatido por pensamientos tristes, de soledad, de desesperación. Es por ello que esta salida de la rutina hizo mucho bien a mi ánimo, ahora me siento un poco mejor.
Por la noche me puse a hacer llamadas. A Mónica para saber cómo les había ido a los niños en su primer día de clases; a Lola para saber cómo estaba mamá en su segunda semana de visita. También a Héctor, para saber cómo estaba. El me dijo que ya estaba listo para regalarme a Manchas, un perrito chihuahueño de casi tres meses. Ya habíamos hablado de eso, conocí a ese perrito desde que nació, cuando todavía vivía mi Bimbo. Siempre se había dicho que me lo iban a regalar... pero ahora que no está Bimbo, siento raro.
Bimbo fue un perro único, y ningún otro podrá remplazarlo. Sé que Manchas es adorable y juguetón, pero en este momento no estoy completamente seguro de estar preparado para adoptarlo. Sin embargo, ya no puede estar donde actualmente está y no lo voy a desairar. Bienvenido, Manchas.
Bimbo: siempre te querré, eres un perrito especial y único, mi pequeño amado, mi gracioso compañero. Mi viejo. Mi chulo. Mi vaquero. Gruñón, celoso. Tierno, cuanta alegría me diste siempre, con tan sólo ver tu naricita, tus ojos. Cuando te veía acurrucado en la cama, en el sillón. Gracias, mi chulo, gracias mi pequeño Vaquero.
lunes, agosto 18, 2008
Caminito de la Escuela
Otra vez es inicio de clases. Hoy muchos niños empiezan una nueva vida, y su mundo se empieza a ensanchar más allá de las cuatro paredes de su casa. Empiezan a crecer, a tener más responsabilidades, a conocer a nuevos compañeros y a adaptarse a otros caracteres, a otras formas de pensar. Habrá nuevos juegos, nuevas aventuras, muchas cosas por conocer y aprender.
En la actualidad es obligatorio el jardín de niños, así que los pequeños que entran a primero de primaria ya conocen lo que es la rutina de la escuela: las tareas, las libretas, los lápices de colores, los maestros y los compañeros. Ellos no estarán tan desconcertados y atemorizados como yo, que sin decir agua va pasé de la cálida seguridad de mi casa a la entonces desconocida vida escolar, rodeado de extraños y de cosas que no alcanzaba a comprender. Ya he relatado en este mismo espacio cómo fue mi primer día de clases, un evento que tuvo un impacto muy profundo en mi vida y todavía hoy me hace llorar al recordarlo.
Felicidades a todos los niños que hoy inician su vida escolar; yo deseo que su vida sea muy feliz, que no tengan sufrimiento de ningún tipo y que vivan una infancia muy divertida y siempre llena de aprendizaje, rodeados de personas que les brinden amor, cariño, compasión y buenos sentimientos.
En la actualidad es obligatorio el jardín de niños, así que los pequeños que entran a primero de primaria ya conocen lo que es la rutina de la escuela: las tareas, las libretas, los lápices de colores, los maestros y los compañeros. Ellos no estarán tan desconcertados y atemorizados como yo, que sin decir agua va pasé de la cálida seguridad de mi casa a la entonces desconocida vida escolar, rodeado de extraños y de cosas que no alcanzaba a comprender. Ya he relatado en este mismo espacio cómo fue mi primer día de clases, un evento que tuvo un impacto muy profundo en mi vida y todavía hoy me hace llorar al recordarlo.
Felicidades a todos los niños que hoy inician su vida escolar; yo deseo que su vida sea muy feliz, que no tengan sufrimiento de ningún tipo y que vivan una infancia muy divertida y siempre llena de aprendizaje, rodeados de personas que les brinden amor, cariño, compasión y buenos sentimientos.
lunes, agosto 11, 2008
Se Acabó la Música

Qué calor. Este domingo hubiera preferido quedarme todo el día en casa, alejado del sol y el calor. Pero tuve que ir al centro a hacer un pago, ni hablar. Ya iba hacia mi carro cuando llamó mi atención el letrero de un nuevo restaurant de comida china: Mei Wei Vegetariano. No lo podía creer. Hace algunas semanas que empecé a adoptar el vegetarianismo me pregunté por qué no habría un restaurante de comida china vegetariano. Bueno, pues ya lo hay.
Entré al minúsculo local y decidí probar un platillo combo, con arroz (chau fan), un pedazo de gluten y un rollo de verduras. El sabor no es nada del otro mundo, pero me gustó mucho su originalidad, que se hayan atrevido a romper paradigmas y ofrecer comida vegetariana. En este lugar el arroz frito tiene granos de elote y cuadritos de zanahoria, en lugar de pedacitos de carne de res, pollo o puerco.

La mujer oriental que parece ser la dueña fue muy amable, en su limitado castellano me agradeció la felicitación por la comida. "Bienvenido siempre", me dijo.
Me atrae mucho la cultura china. Espero algún día volver a visitar este lugar y preguntarle a esta señora tantas cosas, tantas dudas que tengo sobre su país, sus costumbres, su música, sus creencias. Tal vez algún día haya la oportunidad de platicar.
En esta ocasión le pregunté de dónde era, y me respondió que de Hong Kong. También le pregunté que si hablaba mandarín, a lo que contestó afirmativamente, incluso me dijo que el gobierno chino está promoviendo el uso de esta variante en regiones donde anteriormente no se hablaba, así como en la televisión, los libros y las escuelas. A diferencia de otros paisanos suyos, renuentes a hablar, esta mujer estaba más que dispuesta a conversar, pues observó que en China hay tantos idiomas que de repente se ve rodeada por personas que hablan lenguas incomprensibles entre sí. "En México no.... aquí todo mundo habla español", dijo.

Por la noche me esperaba una buena cantidad de camisas que planchar... el trabajo doméstico que más detesto. Sin embargo, esta vez me preparé con una película que fui a rentar, y que resultó una obra muy excepcional. Se trata de "El Violín", que por pertenecer al cine no comercial estuvo solamente unos días en cartelera. Siempre pasa así. Las buenas películas mexicanas pasan aquí sin pena ni gloria, mientras que en otros países reciben un premio tras otro.
La película no se ubica en un lugar ni en una fecha definidos, solamente aborda el tema tan común de la opresión de la que son víctimas los hombres del campo, y como muchas veces no tienen otra alternativa más que iniciar una guerrilla que es combatida por el ejército oficial. El personaje principal es don Plutarco Hidalgo, un anciano con el rostro moreno curtido por el sol, violinista y campesino. En su rostro se adivina una vida llena de momentos tristes, quizá de grandes carencias e injusticias.
Junto con su hijo, quien es un activo guerrillero, y su nieto recorren varios pueblos, aparentando ser personas comunes y corrientes, manteniéndose lo más lejos posible de los militares. Después de una travesía muy accidentada, están a punto de llegar a su pueblo cuando son alertados de que el lugar ha sido sitiado. Los campesinos huyen de la masacre.
Genaro y el niño tienen que seguir escondiéndose, no así Don Plutarco, quien ruega y se humilla para que le permitan entrar al pueblo a ver su "milpita". Con un trato grosero y palabras soeces se lo impiden los soldados, pero el capitán, al ver que se trata de un violinista, humaniza su trato y hasta le ofrece dejarlo pasar a cambio de que toque unas melodías para él. Es así como puede pasar todos los días a ver su "milpita".
La historia da un vuelco. Se descubre el verdadero motivo de sus visitas a la parcela. Es impresionante y angustiosa la expresión de su rostro cuando se da cuenta de que ha sido descubierto. Cuesta trabajo creer que no es un actor profesional. No se lo dice el capitán, pero su trato es ahora distinto, prepotende y dominante. Quiere humillarlo, ordenándole que toque una melodía más. Desafiante, sin decir una sola palabra, Plutarco guarda el violín en su estuche con toda parsimonia y lentitud, haciendo más evidente que le falta una mano.
Puede matar al capitán, pero no lo hace. ¿Para qué? Ya todo está perdido. Ante la orden nuevamente repetida "Le estoy ordenando que toque", él simplemente contesta con una frase lapidaria que pone fin a la historia: "Se acabó la música".
Vagando y Divagando
A las 3:15 termina esa cita de todos los sábados. Ese espacio reservado para relatar los sueños, desnudar el alma, expresar los sentimientos más recónditos, los que son difíciles de platicar. Para indagar, preguntar, reflexionar. Para hacer frente a la realidad. Para sorprenderse. Para asimilar. Para descubrir.
De pronto ya no hay nada más que hacer. Permanece casi una hora junto al auto estacionado, bajo la sombra de un árbol, pensando qué hacer, a dónde ir. A esa casa llena de recuerdos tristes, no. Todavía es muy doloroso. Quizás a una tienda, a comprar algo. Un póster. Un estéreo. Una camisa. Un libro. Un disco. Pero no. No hay suficiente dinero, no hay que comprar por comprar, hay que planear cada compra. Ya no es como antes. Ya nada es como antes.
Sigue pasando el tiempo, apenas perceptible. Las nubes presagian lluvia. Qué alivio sería, qué bueno sería, que se desatara una lluvia colosal, que arrasara con el calor, con el aburrimiento, con los malos recuerdos. Pero no es muy probable. Como tantas veces, esperanzas rotas, sueños sin cumplir. Muchos truenos y nubes negras, pero ni una sola gota de lluvia.
Los amigos, ¿dónde están? Son pocos. Todos ellos inmersos en sus actividades. ¿Por qué no le buscan, por qué no le invitan? ¿Acaso ha hecho algo que los haya alejado? O simplemente, por el día de hoy tienen sus propias actividades.
El peso de la soledad es muy fuerte. Por fin decide meterse al coche, dirigirse a la oficina de su amigo, al fin que trae las llaves para abrir la puerta. Ahí podrá estar a salvo, descansar, pasar el tiempo haciendo consultas interminables por Internet. Quizás llegue su amigo y le invite a pasear, a unirse a un grupo, a platicar.
Quisiera gritar "estoy solo". Invítenme a su casa, a su reunión, a su fiesta. Pero todas las opciones que se le ocurren, ya no existen. Su mente se quedó en el pasado, hace varios años ya. Los compañeros del antiguo trabajo. Los hermanos. Los sobrinos. Su familia política. Su compañera. Todos ellos ya tienen otras ocupaciones, otras actividades, otras formas de llenar su vida.
Piensa, piensa, piensa. ¿Dónde se perdió el contacto? ¿Cuándo comenzó a ser todo tan diferente? ¿Qué sucedió? ¿Por qué se estancó, mientras todos, aparentemente, siguieron adelante? El auto descompuesto en la pista de la vida, mientras todos aceleran hacia la meta. ¿Cuál es la meta? ¿Cómo se puede mejorar, cómo se puede ser feliz? Los demás, ¿son felices?
Harto de internet, nuevamente al auto, qué más da, se larga al gran centro comercial. Total, también se puede mirar sin tener que comprar, necesariamente. Pero las tiendas ya no son tan atractivas cuando suena incesante esa voz en la cabeza "no compres, no compres, no te endeudes". Tanta gente en el centro comercial. Se ven felices, ocupados, corriendo a una cita, a una reunión. Y él solo.
Reflexiona y recuerda que los sábados normalmente no son así. De hecho, se acumulan tantas actividades que quisiera que el día tuviera más horas. Pero este sábado no. No hay clase. No hay reuniones programadas. No hay cine. No hay una mascota esperando en casa. No hay interés.
Al salir de la plaza comercial sus ojos aprecian las primeras sombras de la noche. Ya no hay más a donde huir. Qué cansancio. Ni siquiera se le antoja meterse a algún lugar y empezar a beber, conversar con personas desconocidas. ¿Para qué? Así que enfila rumbo a ese hogar vacío, lleno de recuerdos tristes. En realidad sí hay mascotas esperando. Dos. Pero no son la mascota-niño. No son la mascota-hijo.
El televisor encendido para que ahogue el silencio. Creyó que ahora sí lo podía hacer, pero no... no pudo dormir en su cama otra vez. Permaneció en la incómoda seguridad del sillón. Acallados los pensamientos por las voces del televisor. Pero esa luz molesta, descobija. Así que apaga el televisor y enciende el estéreo. Se empieza a escuchar esa melodía reconfortante, interminable, repetitiva, que atraerá al bendito sueño y alejará a todos esos pensamientos tristes, a la ausencia de ese pequeño ser tan amado, a esa pesada soledad.
De pronto ya no hay nada más que hacer. Permanece casi una hora junto al auto estacionado, bajo la sombra de un árbol, pensando qué hacer, a dónde ir. A esa casa llena de recuerdos tristes, no. Todavía es muy doloroso. Quizás a una tienda, a comprar algo. Un póster. Un estéreo. Una camisa. Un libro. Un disco. Pero no. No hay suficiente dinero, no hay que comprar por comprar, hay que planear cada compra. Ya no es como antes. Ya nada es como antes.
Sigue pasando el tiempo, apenas perceptible. Las nubes presagian lluvia. Qué alivio sería, qué bueno sería, que se desatara una lluvia colosal, que arrasara con el calor, con el aburrimiento, con los malos recuerdos. Pero no es muy probable. Como tantas veces, esperanzas rotas, sueños sin cumplir. Muchos truenos y nubes negras, pero ni una sola gota de lluvia.
Los amigos, ¿dónde están? Son pocos. Todos ellos inmersos en sus actividades. ¿Por qué no le buscan, por qué no le invitan? ¿Acaso ha hecho algo que los haya alejado? O simplemente, por el día de hoy tienen sus propias actividades.
El peso de la soledad es muy fuerte. Por fin decide meterse al coche, dirigirse a la oficina de su amigo, al fin que trae las llaves para abrir la puerta. Ahí podrá estar a salvo, descansar, pasar el tiempo haciendo consultas interminables por Internet. Quizás llegue su amigo y le invite a pasear, a unirse a un grupo, a platicar.
Quisiera gritar "estoy solo". Invítenme a su casa, a su reunión, a su fiesta. Pero todas las opciones que se le ocurren, ya no existen. Su mente se quedó en el pasado, hace varios años ya. Los compañeros del antiguo trabajo. Los hermanos. Los sobrinos. Su familia política. Su compañera. Todos ellos ya tienen otras ocupaciones, otras actividades, otras formas de llenar su vida.
Piensa, piensa, piensa. ¿Dónde se perdió el contacto? ¿Cuándo comenzó a ser todo tan diferente? ¿Qué sucedió? ¿Por qué se estancó, mientras todos, aparentemente, siguieron adelante? El auto descompuesto en la pista de la vida, mientras todos aceleran hacia la meta. ¿Cuál es la meta? ¿Cómo se puede mejorar, cómo se puede ser feliz? Los demás, ¿son felices?
Harto de internet, nuevamente al auto, qué más da, se larga al gran centro comercial. Total, también se puede mirar sin tener que comprar, necesariamente. Pero las tiendas ya no son tan atractivas cuando suena incesante esa voz en la cabeza "no compres, no compres, no te endeudes". Tanta gente en el centro comercial. Se ven felices, ocupados, corriendo a una cita, a una reunión. Y él solo.
Reflexiona y recuerda que los sábados normalmente no son así. De hecho, se acumulan tantas actividades que quisiera que el día tuviera más horas. Pero este sábado no. No hay clase. No hay reuniones programadas. No hay cine. No hay una mascota esperando en casa. No hay interés.
Al salir de la plaza comercial sus ojos aprecian las primeras sombras de la noche. Ya no hay más a donde huir. Qué cansancio. Ni siquiera se le antoja meterse a algún lugar y empezar a beber, conversar con personas desconocidas. ¿Para qué? Así que enfila rumbo a ese hogar vacío, lleno de recuerdos tristes. En realidad sí hay mascotas esperando. Dos. Pero no son la mascota-niño. No son la mascota-hijo.
El televisor encendido para que ahogue el silencio. Creyó que ahora sí lo podía hacer, pero no... no pudo dormir en su cama otra vez. Permaneció en la incómoda seguridad del sillón. Acallados los pensamientos por las voces del televisor. Pero esa luz molesta, descobija. Así que apaga el televisor y enciende el estéreo. Se empieza a escuchar esa melodía reconfortante, interminable, repetitiva, que atraerá al bendito sueño y alejará a todos esos pensamientos tristes, a la ausencia de ese pequeño ser tan amado, a esa pesada soledad.
miércoles, agosto 06, 2008
Mi Huésped
En mi casa hay una nueva rutina, ya que tengo desde el domingo por la noche un huésped muy especial: mi mamá. Estoy muy contento y me ha ayudado mucho a disipar la gran tristeza que aún siento por la pérdida de mi Bimbo. Por su parte, cierto es que mamá ya estaba muy cansada de estar sola, y la veo que se siente muy a gusto de estar en mi casa. Estoy seguro de que el hecho de saber que en cierto modo dependo de ella, por su compañía, por la comida que me prepara a mediodía, la hace sentirse útil y le da un sentido a su vida diaria. De esta forma los dos nos estamos ayudando y nos damos compañía.
Anoche fuimos a su casa para que regara las plantas y diera de comer a Camilo y a los pajaritos. Pensé que a la última hora me iba a salir con que mejor quería quedarse ahí otra vez, pero no, una vez que terminó de hacer esas tareas me dijo "Vámonos", y ahí vamos de nuevo para mi casa. Qué alegría, que todavía tengo a mi madre y que ahora está como mi huésped especial. Sólo lamento que mi casa sea tan pequeña y le falten ciertas comodidades que harían un poco más placentera su estancia, como el aire acondicionado, pero sé que ella es aguantadora y sobre todo muy adaptable.
El lunes por la noche ya estaba yo acostado en el piso, cerca de la puerta, pero decidí ir a dormir a su lado, como cuando era niño. Ella dormía ya profundamente y no me sintió. Sentí tanta paz y tranquilidad que me dormí enseguida, y creo recordar que en la madrugada despertó y me abrazó un poquito. Me dio mucha risa notar que dormimos exactamente en la misma posición, de lado y con las piernas recogidas. Son tantas cosas que le he heredado, somos tan parecidos. No me queda duda que estos días que estamos pasando juntos son de mucho beneficio para ambos. Y claro, surge el reproche, la pregunta ¿Por qué no lo hice antes? ¿Por qué dejé (dejamos) que mamá pasara todos estos años durmiendo completamente sola en su casa? La respuesta no la sé, pero sí sé que de ahora en adelante será diferente, mi madre ya no estará sola y dormirá acompañada en la casa mía o en la de mis hermanas. Y cuando quiera dormir en su casa arreglaré mis planes para hacerle compañía allá.
Otra Vez Siete
Ya tengo por fin las nuevas placas de mi carro, que pude pagar gracias a un trabajo de traducción que me pagaron la semana pasada. Como algunas personas saben, mi número favorito es el 7, y estas nuevas placas me tocaron con terminación en ese número. Me da mucho gusto que el 7 llegó solo a mí, el universo me lo regaló, ya que no tuve que solicitar esta terminación en especial. Fue el número que me tocó, y ya. Ahora mi carro luce SBF-54-07. Ahora estoy más tranquilo, pues a partir de septiembre empezará la persecución de aquellos que no hayan pagado sus nuevas placas. Pagos, pagos, pagos. La vida cada vez más cara, pero ni modo, qué le vamos a hacer, tenemos que seguir adelante (aunque a veces no queramos y pensemos que no tiene sentido).
Anoche fuimos a su casa para que regara las plantas y diera de comer a Camilo y a los pajaritos. Pensé que a la última hora me iba a salir con que mejor quería quedarse ahí otra vez, pero no, una vez que terminó de hacer esas tareas me dijo "Vámonos", y ahí vamos de nuevo para mi casa. Qué alegría, que todavía tengo a mi madre y que ahora está como mi huésped especial. Sólo lamento que mi casa sea tan pequeña y le falten ciertas comodidades que harían un poco más placentera su estancia, como el aire acondicionado, pero sé que ella es aguantadora y sobre todo muy adaptable.
El lunes por la noche ya estaba yo acostado en el piso, cerca de la puerta, pero decidí ir a dormir a su lado, como cuando era niño. Ella dormía ya profundamente y no me sintió. Sentí tanta paz y tranquilidad que me dormí enseguida, y creo recordar que en la madrugada despertó y me abrazó un poquito. Me dio mucha risa notar que dormimos exactamente en la misma posición, de lado y con las piernas recogidas. Son tantas cosas que le he heredado, somos tan parecidos. No me queda duda que estos días que estamos pasando juntos son de mucho beneficio para ambos. Y claro, surge el reproche, la pregunta ¿Por qué no lo hice antes? ¿Por qué dejé (dejamos) que mamá pasara todos estos años durmiendo completamente sola en su casa? La respuesta no la sé, pero sí sé que de ahora en adelante será diferente, mi madre ya no estará sola y dormirá acompañada en la casa mía o en la de mis hermanas. Y cuando quiera dormir en su casa arreglaré mis planes para hacerle compañía allá.
Otra Vez Siete
Ya tengo por fin las nuevas placas de mi carro, que pude pagar gracias a un trabajo de traducción que me pagaron la semana pasada. Como algunas personas saben, mi número favorito es el 7, y estas nuevas placas me tocaron con terminación en ese número. Me da mucho gusto que el 7 llegó solo a mí, el universo me lo regaló, ya que no tuve que solicitar esta terminación en especial. Fue el número que me tocó, y ya. Ahora mi carro luce SBF-54-07. Ahora estoy más tranquilo, pues a partir de septiembre empezará la persecución de aquellos que no hayan pagado sus nuevas placas. Pagos, pagos, pagos. La vida cada vez más cara, pero ni modo, qué le vamos a hacer, tenemos que seguir adelante (aunque a veces no queramos y pensemos que no tiene sentido).
viernes, agosto 01, 2008
Felicidades, Madre

Ayer celebramos un cumpleaños más de mi mamá, el número ¡81! Esta vez nos reunimos en la casa de Pera, quien tuvo la buena idea de organizar la cena en el jardín y así estuvimos muy frescos todos. Cuando llegué ya estaba Felipe, Lola, Cristina y Lupe, y después llegaron Alex y Carmen. Los únicos ausentes fueron Mónica, por estar de vacaciones, y Juan, pero él no es muy asiduo a las reuniones.
Tuve oportunidad de platicar con mis cuñadas, cuñados, mis sobrinos y sus hijos también... una bonita reunión.
No sé si será por mi estado de ánimo, pero me pareció ver a mi mamá cansada, o triste. Ella que siempre ha sido activa y en las reuniones anda de aquí para allá, observando que destrozos hicieron los niños (y algunos adultos también), limpiando, acomodando cosas, ayer estuvo todo el tiempo sentada, con una expresión de cansancio.
Sé que últimamente se ha sentido mal, por las mañanas se pone nerviosa, agitada, y es por eso que todos los días se está yendo a quedar a la casa de Pera, desde mediodía. Pienso que todos estos años que ha vivido solita en su casa, ahora ya la están afectando. Sobre todo porque le ha tocado ver la partida de varios de sus vecinos.
Aún así, hasta hace poco ella insistía en quererse quedar en su casa, pero ahora es ella misma quien le ha pedido a Pera que se la lleve con ella. Yo ayer le dije que me gustaría mucho que me acompañara en mi casa, y para que no esté sola mientras trabajo puede quedarse durante la mañana y la tarde en la casa de mi hermana Lupe, que vive a unas cuantas cuadras.
Le comenté a mamá acerca de la pérdida de mi querido Bimbo. Yo necesitaba mucho que me abrazara y me consolara, pero no fue así. No importa, sé que así es su carácter, no es muy fácil que mamá nos demuestre su cariño con abrazos o mimos, pero sé que sí le dolió la noticia y sí comprendió lo triste que me tiene esta pérdida.
Se lo dije despacito, de momento no quería decírselo a los demás. No sabía que me dirían al verme tan desconsolado y triste, no sabía si me pondría a llorar. Pero mamá se lo comentó a Pera unos minutos después, así que me preguntaron cómo había sucedido. Yo les relaté el accidente y cómo he estado estos días tan abatido y desolado.
Luego me alejé de la mesa para platicar con mis sobrinos. De pronto el pequeño Luis, hijo de Enrique, me pregunta “¿Y Bimbo?”. Èl no sabía nada, no había escuchado la conversación, así que sólo le contesté “En la casa” y seguí caminando, sintiendo un nudo en la garganta. Qué memoria de chamaco, y es que como a todas partes andaba cargando a Bimbo, le debe haber extrañado que esta vez no me acompañaba.
Seguí deambulando, pero no me sentía totalmente a gusto y decidí que era hora de partir. Aunque los quiero a todos, en ese momento deseaba que sólo estuviéramos mi mamá y yo para poder sentarme junto a ella y abrazarla un largo rato sin decir nada. Pero más que nada, sentir su abrazo y su consuelo.
Al despedirme, mi hermano Felipe me emocionó mucho al recordarme que Bimbo ya estaba en el cielo de los perros, y que como él me quiso siempre, seguramente no le gustaría verme triste y llorando por él. Que yo debería estar contento y feliz, para que Bimbo allá en el cielo también lo esté y no sufra por mí.
Me dejó sin palabras. Fue el único de mis hermanos que me expresó palabras de consuelo, y se lo agradezco mucho. Le dije que no lo había pensado de esa manera, pero que lo iba a tomar muy en cuenta.
Y sí lo haré. He llorado mucho por mi deseo (egoísta) de tenerlo nuevamente conmigo, de sentir sus patitas, su cuerpecito pequeño, de ver sus ojos tan tiernos y hermosos. De jugar al “gatito”, de pelear un poquito. Simplemente por verlo acostadito en la cama, o en el sillón, o en la canasta que quiso tanto. Simplemente verlo era una emoción y una gran alegría para mí.
Pero hay que ver las cosas de diferente manera. Concentrarme en lo que me dice Felipe, y también lo que dice Isela, “recordar todo el amor que nos dimos y olvidar lo demás”. Sobre todo, debo alejar esos pensamientos de culpabilidad, que últimamente no me han dejado en paz y son los que más me hacen sufrir.
Bueno, pues llegué a mi casa. La soledad es enorme, patente. Otra vez me resistí a dormir en la recámara, así que me tendí en el sillón de la sala y dormí incómodo, acalorado, con la televisión prendida. No es miedo, no sé qué es, pero por lo pronto me cuesta mucho trabajo irme a dormir a la cama, solo sin mi hermoso Bimbo. Algún día pasará. Espero que sea pronto.
Siento que ha terminado toda una etapa, que todo esto me hará reflexionar y que es muy posible que tenga que hacer varios cambios mayores en mi vida para ser más feliz.
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