martes, julio 29, 2008

Con el Corazón Destrozado


No puedo concentrarme en mi trabajo. Quisiera correr muy lejos, avanzar por la carretera y sentarme en algún terreno. Solo. Olvidarme del trabajo, de todo y de todos. Llorar mi dolor. Ya he llorado mucho, pero parece que no es suficiente porque mi corazón sigue ahogado. Quisiera que no me importara que me vieran llorar. Quisiera que constantemente alguien me estuviera abrazando y con cariño me acompañara a salir de este trance.
He recibido mensajes muy bellos de mis amigos, de Erika, de Héctor. Isela ya ha llamado varias veces para preguntar cómo estoy (y sé que tienen tantos problemas qué resolver). Aquí en la oficina la solidaridad de Lupita y de Nayeli es patente y grandemente apreciada. Alma, Fer, sé que también se entristecen por mi pena.
Me siento tan vulnerable, tan triste y acongojado. Una vez más pienso que a pesar de mis canas, mis arrugas y estos 42 años transcurridos, mi corazón no creció. Es un corazón de niño que llora con desconsuelo la pérdida de su adorado Bimbo, y que tiene una gran necesidad de ser consolado y abrazado. Lloro, lloro, lloro.
Padre Celestial, ten compasión, hazme fuerte. Envía tu abrazo amoroso. Amén.

La boda más esperada: Diana y Marco


Sábado 26 de julio: llegó el día tan esperado: la boda civil de Diana y Marco, los novios eternos. La novia lucía radiante y muy feliz, con el estómago abultado revelando un motivo más de alegría para los novios.
Todos los invitados lucían muy contentos, ahí vi nuevamente a José Juan, Lupita, Sandra, Toño, los hermanos de Diana, Samuel, Gris y Onofre, tía Emilia y don Samuel, los papás; Ninfa, Orfa, Licha, Norma, Artemisa, Julio, Bere, Pedro.. varios niños pequeños también.
A mi lado estaba Isela, muy guapa con su vestido de muchos colores. Ella protagonizó el momento cómico de la boda, porque se cayó con todo y silla en un momento en que nos iban a tomar una foto.... nunca paró de reír, y yo entre desconcertado y divertido tampoco podía levantarla del piso.
También estuvo presente Claudia Díaz, “la nieta de don Porfirio”, con quien estuve bromeando todo el tiempo; es tan alegre y bromista que quienes no la conocen bien jamás imaginarían los problemas tan fuertes que trae a causa de los extravíos y escapatorias de Raúl su esposo. Alex mi hermano y Magda compartieron la mesa con nosotros, al igual que Lizet y Ciro.
La recepción fue en la elegante área al aire libre de El Capitolio, rodeada de bellos jardines. La música corrió a cargo de un dueto de violinista y organista, luego de un saxofonista y más adelante por un grupo musical comandado por “el doble de Luis Miguel”, quien después de cantar unas románticas baladas puso a bailar a la gente al ritmo de la cumbiamba.
A insistencia de Claudia, al terminar la boda nos fuimos a los tacos de El Primo Alex, Magda, Isela, Claudia y yo; no pude evitar aderezar los míos con la picosísima salsa anaranjada... aunque sólo un poquitito por temor a sufrir una noche de gastritis o “dragón”. Regreso a casa como a las 230 am, muy cansado. Bimbo me esperaba en el sillón y me lo llevé a la cama con todo y su canasta.
Al amanecer tenía todas las ganas de quedarme en cama hasta muy tarde, pero el llamado de la naturaleza fue muy fuerte y que me levanto encarrerado al baño. Esa fue la primera de unas nueve visitas... como en la boda de Rosario y Pedro en “Como Agua para Chocolate”, algo hubo en la cena o en el pastel que al igual que yo varias personas pasaron la madrugada visitando el baño con mucha frecuencia. Por esta y muchas razones, todos nosotros recordaremos la feliz y esperada boda de Diana y Marco.

Un gran dolor: he perdido a mi amado Bimbo


No sé qué escribir. Dejaré que fluyan mis dedos por el teclado, mientras mi mente se aclara y me corazón deja de doler. Estaba sereno, afuera de la casa, pero volví a entrar y me ahogaron los sollozos al ver las cobijas en el piso, donde estuve por horas cuidando a mi Bimbo. Quité la toalla verde que tenía sobre el sillón, sobre la cual colocaba su platito de comida. Este platito lo tiré a la basura, no lo quiero ver más. No sé qué voy a hacer con su canasta, con su correa que le acabo de comprar. No sé qué hacer con esta casa, no sé que hacer con esta persona que sufre. No sé qué hacer con tantos recuerdos, con tantas imágenes que están marcadas en mi mente. Bimbo.
A media mañana decidí salirme del trabaja y me reuní con Isela en la veterinaria, para escuchar la explicación del doctor. Me informó que tenía múltiples fracturas y que lo más probable era que su vejiga estuviera rota, por lo cual aconsejaba como una opción practicar una cirugía de inmediato; sin embargo, me pedía que tuviera en cuenta que Bimbo no volvería a caminar más y que tal vez su calidad de vida sería muy pobre. La segunda opción era ponerlo a dormir.
No, no podía aceptarlo. Le pedí unos minutos más para platicarlo con Isela. “No lo puedo hacer”, le dije. “Sé que es una operación riesgosa y que no volverá a caminar, pero quiero que viva. Quiero que me acompañe. De ser posible lo cargaré conmigo a todas partes, al trabajo, a mis clases, a todas mis citas. No me importa.” Y aunque ella en un principio estaba a favor de dormirlo, estuvo de acuerdo conmigo en pedir al doctor que intentara salvarle la vida.
Toño querido, gracias por estar ahí en esos momentos. Sé que tuviste que desatender tus asuntos, pero aún así me acompañaste. Gracias, hermano.
Así que volví a hablar con el médico para hacerle saber mi decisión: quería que lo operaran. Pedimos verlo un momentito. Al llegar a su jaula me desarmaron sus ojos hermosos, pues me reconoció al instante. ¿Cómo iba a aceptar que lo pusieran a dormir? No, definitivamente no. Había que luchar por su vida, a pesar de los riesgos, a pesar del pronóstico, a pesar de no saber con qué se iba a pagar la operación.
En ese momento no lo sabía, pero por última vez meneó su rabito reconociendo a este hombre que siempre lo quiso tanto. Le tomé una última foto; gracias, Toño, por haberlo sugerido. Se puso inquieto, quería levantarse. Le hablé con la voz destrozada por el llanto, diciéndole que al rato regresaría por él, que me esperara. “Ahorita vengo”, es la frase que siempre reconoció. Y siempre le cumplí. Siempre regresé por él.
No quería estar solo. Acompañé a Isela a varios lugares: a su casa, a dejar a José Juan, Lupita y Sebastián al aeropuerto, a la casa de su tía Licha, donde comimos en compañía de sus tías y sus abuelos. De pronto me sentí inquieto. Ya quería salirme de ahí.
Con el corazón acongojado nos dirigimos nuevamente a la veterinaria, para saber qué había pasado. Fue un trayecto de gran inquietud, una y otra vez suspiraba pensando en Bimbo, tratando de alejar los horribles recuerdos del momento del accidente. “Tenemos que creer en que se va a poner bien, en que se recuperará”, le dije. Ella estuvo de acuerdo y dijo que teníamos que tener fe, que se sentía confiada.
Llegamos al hospital y de inmediato la señorita nos dijo que nos había estado tratando de localizar, sin éxito. Segundos después llegó el médico y pronunció las palabras que no quería escuchar. “No resistió la operación, tuvimos que ponerlo a dormir”. Me hice fuerte, mientras escuchaba algo acerca de una vejiga completamente destrozada, imposible de curar. En silencio me pregunté si pude haberlo evitado, si en vez de hacerle caso a María de Jesús, si en vez de esperar y esperar, me hubiera ido a otro hospital a que me lo salvaran, aunque me cobraran mucho dinero.
Nunca sabré si hubiera sido posible. No quisiera atormentarme con la culpa. Quizá era necesario que ayer estuviéramos todo el día juntos, solos, queriéndonos y recordando en nuestras mentes todos esos momentos vividos.
Mientras el doctor salió para ir a recoger su cuerpecito y sus pertenencias, me derrumbé. No soy fuerte, no lo soy. Lloré en ese momento y estoy volviendo a llorar ahora. Porque no era sólo un perrito, sino que era un pedazo de mi vida, de mi corazón, mi hijo precioso. Porque no atino a pensar cómo será todo de ahora en adelante. Sé que las cosas volverán a la normalidad, pero ¿mientras tanto? Tengo el corazón roto.
Hace rato le dije a Isela que pienso que tengo pocos motivos para seguir adelante en esta vida. Mamá es el principal. Bimbo era uno de ellos, uno de los más grandes. En estos momentos parece tan difícil mi andar, no es fácil encontrarle sentido a una vida de soledad, con dificultades por donde quiera. Sé que tengo a mucha gente valiosa a mi alrededor, pero ellos no están conmigo siempre. Sin embargo, la vida es bonita y sé que finalmente decidiré darle otra oportunidad, una vez más.
De regreso a Santa Catarina, cada quien en su auto. Yo cargando por última vez a mi pequeño Bimbo, un último paseo, pero él ya está dormido. Tenía tantos planes para los siguientes fines de semana, tantos paseos pendientes. Pero ya no. Un poco antes de llegar a mi casa, le dije a Isela que se detuviera. Bajamos de los carros y corrí a abrazarla, para asegurarle que estaría bien. Que no se preocupara demasiado por mí. También le agradecí por haber amado a Bimbo todos estos años, por haberlo alimentado, cuidado, por haberlo tenido cuando yo no estuve. Sollozamos abrazados, sólo nosotros entendemos este cariño tan fuerte, tan sincero y tan eterno. Un testigo nos ve desde enfrente. ¿Qué pensará? ¿Qué historia estará imaginando?
Nos despedimos. Sabemos que siempre nos acompañaremos y seguiremos pasando juntos por grandes alegrías y grandes penas, por la vida.
Estoy en casa, solo. Estoy esperando a Héctor y a Lobo, a quienes les pedí que me acompañaran un rato. También vendrá el amigo Fer, cuando salga de su trabajo. Ya hice un pequeño pozo en el jardín delantero, ahí reposarán los restos de Bimbo, muy cerca de los de mis queridos Lucas y Tobi. Escribir me ha serenado, pero aún así estoy impaciente porque lleguen mis amigos, necesito un abrazo de Héctor, mi “hermano mayor”. En las buenas y en las malas, con nuestras virtudes y defectos, siempre juntos.
En este blog he escrito algo de Bimbo. Pero faltaría tiempo y espacio para escribir tantas aventuras, tantos momentos. Para empezar, su origen. Héctor fue su dueño original, y al salir a un viaje nos lo encargó a Isela y a mí, hace poco más de 11 años. Héctor regresó, pero Isela se negó a devolver al cachorrito, adorable, hermoso y juguetón. Y se quedó con nosotros. Una vez lo llevamos a Tampico. Muchas veces a Galeana.
Junto con Lucas, fue nuestro pequeño cuando estuvimos casados. Lucas falleció años más tarde de una extraña enfermedad, pero él, más frágil y delicado, sobrevivió. Isela se quedó con él cuando yo me fui de la casa, pero meses después me lo devolvió. Siempre supe que ella hubiera querido quedarse con él, pero me quiere mucho y prefirió dejármelo a mí. Algunas veces lo llevé a que se quedara en la casa de Isela.
Bimbo, adorable Bimbo. Con tu carita preciosa a todo mundo conquistabas, todos querían acariciarte, estar contigo. Pero tú no a todos querías. A los niños ciertamente no. Les pido perdón a mis pequeños sobrinos, por esos mordiscos que les propinaste cuando intentaron acariciarte.
Bimbo precioso, me gustaba mucho hacerte enojar, perdóname. Pero creo que a los dos nos gustaba jugar. Gracias por dormir conmigo todas estas noches, por acurrucarte, por hacerme sonreír al verte acostadito y cubierto por las sábanas, como una pequeña persona. Gracias por permitirme quitarte el frío, darte todo este cariño que tengo.
En estas últimas semanas, a sugerencia de la monja budista, le había estado recitando mantras a Bimbo, para pedir que no vuelva a renacer como animal, sino como una persona, para que tenga la oportunidad de buscar y alcanzar su iluminación y librarse del samsara. Donde quiera que tú estés, mi querido Bimbo, te mando muchos besos y te abrazo fuerte fuerte contra mi corazón. Gracias por tantos momentos felices, gracias por tantos años junto a mí. Todo mundo sabe lo importante que eres para mí, así que desde hoy ya no soy tanto yo, estoy incompleto.

Un Terrible Accidente


Domingo soleado, tranquilo. Aún no hacía planes, pero suponía que iba a ser un placentero día de descanso. Ya había sacado a Bimbo a su paseo matinal para hacer pipí. Ahora estaba en el sillón, esperando que le sirviera de comer. Pero decidí que iría a comprar el periódico y se me ocurrió llevármelo... me miró no muy convencido, sorprendido de volver a salir tan pronto, pero de todos modos me lo llevé cargado.
Ya casi llegando a casa él venía caminando detrás de mí por la acera, yo me agaché a recoger el periódico y unas botellas del suelo y ahí empezó la desgracia: se bajó hacia el pavimento y en eso vino un carro que lo atropelló.
Corrí a levantarlo pensando lo peor. Por el dolor que sentía me mordió la mano, pero casi ni me di cuenta. La conductora del auto, una joven vecina mía, me dijo que subiera para llevarme a atenderlo. Por mi mente pasaban tantas cosas que no atinaba a indicarle la dirección; como pude le dije, pero encontramos cerrada la veterinaria. Le dije que intentáramos otra, pero también estaba cerrada. Yo intentaba marcar los números telefónicos en mi celular, pero me equivocaba una y otra vez, qué desesperación. Regresamos a la veterinaria Victoria, y gracias a Dios estaban abriendo. Rápidamente le expliqué la situación a la hija de la veterinaria titular, María de Jesús.
Pocos minutos después llegó ésta, y rápidamente se hizo cargo de la situación. Palpó a Bimbo y dictaminó que tenía una pierna rota, por lo cual procedió a inyectarle un analgésico, un medicamento para detener una posible hemorragia interna y otro para sacarlo del shock, evidenciado por sus pupilas dilatadas y fijas. Me dijo que me llamaría unas 8 horas después, una vez que Bimbo hubiera superado el shock, para determinar qué era necesario hacer, además de entablillarlo y enyesarle su pierna.
Su profesionalismo y rápida reacción me tranquilizaron un poco, pero debo haberle parecido muy alterado y nervioso pues me dio una palmada en el hombro y me aconsejó que me serenara. Pero no iba a ser fácil.
De regreso a casa, intenté llamar a Isela para ponerla al tanto, pero no contestaba en su casa ni en los celulares. Sabía que a ella le dolería mucho esta noticias, igual que a mí, pero también sabía que tendría mejor presencia de ánimo para ayudarme a decidir si había que llevarlo a alguna otra parte para que recibiera atención.
El caso es que estuve toda la mañana, toda la tarde y toda la noche junto a Bimbo, acostados en el piso lleno de cobijas y almohadas, hablando con él como me había sugerido María de Jesús. Sintiéndome solo. Haciéndome fuerte. Dándome cuenta de todo lo que quiero a mi Vaquero. Pensando cómo en un momento puede suceder una desgracia que lo cambia todo. Orando y pidiendo por su recuperación.
En muy poco tiempo me pareció que había salido del shock, pues ya volteaba a verme cuando le hablaba. Sus pupilas ya no estaban tan dilatadas, y aceptó de muy buen grado el suero que le compré. Dormité un par de veces, y al despertar de uno de estos lapsos noté que se había levantado de su canasta, y se había arrastrando lastimosamente hasta llegar a la puerta. Tal vez quería orinar, pero no pudo hacerlo. La siguiente vez hizo lo mismo, para acercarse a su vasito a beber agua. Y vaya que bebió, cosa rara en él. Resultó muy útil el collar que le compré apenas el sábado, pues trae un pequeño cascabel que me permite saber cada vez que se mueve.
Durante la noche dormí a ratos, preocupado por saber que estuviera bien. En ocasiones lo oía quejarse, por lo que supuse que ya había pasado el efecto del analgésico. En su canasta, él deseaba cambiar de posición por sí solo, como lo hace siempre, pero esta vez cada intento le causaba dolor, así que yo lo movía con mucho, mucho cuidado; dos o tres veces quiso morderme por el dolor que sentía.
De pronto estoy soñando, pero salgo de mi ensueño al oír que se queja; me acerco a él y se me abalanza al cuello. Ahí se quedó, enredado en mi cuello, en una posición laxa que le permitía descansar y sentir menos dolor. Pero de alguna manera también sentí que quería abrazarse a mí, sentir mi protección y mi cuidado de manera más cercana. Sentía que deseaba decirme que me quería.
Por fin llegó la claridad de la mañana. Hoy no hice mis ejercicios acostumbrados, ¿cómo hubiera podido concentrarme? Isela llegó por él para llevarlo al veterinario. Le expresé que hubiera deseado que pasara a verlo un ratito ayer, y ella contestó que no quiso hacerlo porque hubiera sentido mucho dolor. Lo sabía. La entiendo perfectamente. Me despedí de Bimbo, quien al darse cuenta de que lo dejaba se revolvió en su canasta, nervioso. Lo tranquilicé y le di otro beso.
Es media mañana y me muero por saber qué ha pasado. Pero no quiero inquietar de más a Isela, esperaré un poco más y le hablaré para saber.
Estoy confiado en que sólo se trate de una pierna rota, aunque me inquieta que pueda haber una herida interna. Trato de convencerme de que si así fuera no hubiera salido tan rápido del shock ni hubiera tenido tan buen aspecto ayer, mucho menos hubiera intentado caminar. Ya quiero que esté bien, para poder estar bien yo también. Lo quiero tanto, ahora seré más cuidadoso que nunca, no lo descuidaré ni un segundo.

lunes, julio 21, 2008

Año Nuevo Lunar (Le Temps Passe)


Sé que es un lugar común, pero cómo pasa el tiempo. Este próximo jueves finaliza el año lunar, de acuerdo con el Calendario Maya, y el sábado iniciará el siguiente, de modo que el viernes 25 es "el día fuera del tiempo", que aquellos que están en el camino de la meditación y la espiritualidad lo consideran ideal para meditar y reflexionar.
El calendario maya es FASCINANTE, es uno de los calendarios más exactos que se conocen y está basado en un ciclo de 13 lunas (28 días por luna), lo cual nos da 364 días, y para completar los 365 está ese día "fuera de tiempo". Sencillamente genial.
No obstante, el todo el mundo nos regimos por el inexacto e impreciso calendario gregoriano, y según el cual ya iniciamos el segundo semestre del año. Estoy seguro de que se irá como de rayo, con tantos acontecimientos que están por ocurrir.
Dianita Reyes la Maestra de la Escuela contraerá nupcias largamente esperadas con Marco Guzmán el próximo sábado 26. El último de este mes Mamá celebrará su cumpleaños número 81, y algo tenemos que hacer todos sus hijos porque ella está resintiendo mucho la soledad. El 1 de agosto habré cumplido ¡un año! en mi empleo actual. Mi hermana Carmen, la mayor, cumple 59 años el día 9. Fiuuuuuu.
Luego vendrá el Mes de la Patria, uno de esos días tendrá lugar el recital donde mis compañeros de la clase de canto de los viernes y yo mostraremos lo que hemos aprendido. Gulp. Espero haberme quitado la tensión y haber aprendido a relajarme al cantar para ese entonces. A finales de octubre me iré unos días de vacaciones, en noviembre había planeado pasar el Thanksgiving Day con Narce y Mike en la casas que tienen en Mérida, pero se canceló el evento. En diciembre como siempre las celebraciones de Navidad y Año Nuevo que cada vez son más aburridas para mí.
Sí que es subjetivo el tiempo. Cuando estamos aburridos o cuando tenemos un gran problema, nos parece que transcurre en cámara lenta, que pasa una eternidad para que la manecilla de los minutos y la de las horas den toda la vuelta, para que caiga la hoja del calendario.
Pero cuando dejamos de prestar atención, cuando nos ocupamos verdaderamente de algo y nos absorbemos, de pronto consultamos la fecha o la hora y nos parece que el tiempo corre vertiginosamente, que se llegan todas las fechas, que ya pasó lo que tanto temíamos (y no pasó nada), que ya perdimos la oportunidad de hacer tal o cual cosa porque este señor es inflexible, inexorable y nunca se detiene. Ahora entiendo por qué estaba tan alocado el conejo de Alicia en el País de las Maravillas.

sábado, julio 12, 2008

Noche Disco en La Huasteca


Tanto tiempo que tengo viviendo en Santa Catarina, y son escasas las veces que he visitado La Huasteca. Anoche volví, esta vez para asistir a la fiesta de cumpleaños de mi cuate Rogelio Zamora y también el de Marta Serrato, en un centro recreativo de la sección quién sabe cuál de los Maistros Longanizas.
Al traspasar la entrada de La Huasteca, todo cambia. Muy distante y olvidada queda la ciudad, con tantas luces, tantos coches, tanto ruido y actividad. Avanzo por el camino y observo las hermosas montañas que rodean y aíslan este enclave, bajo la muy tenue luz de las estrellas y de la luna en cuarto creciente. Tiene algo de mágico este lugar.
No logro encontrar el punto exacto donde hay que salirse del camino. Se supone que hay letreros, pero no los veo. Estoy a punto de decidir regresarme a la casa, frustrado; pero me digo que cuando menos debo darme la oportunidad de salir del carro y observar con detalle este cielo y estas montañas. Finalmente, veo el letrero y me dirijo hacia la fiesta.
Hay pocos invitados, pero el ambiente está muy bueno. Decidieron hacer una "noche disco", y vaya que traían buena música de los 70 y 80. Rock the Boat, Panic, Tell Him, Heart of Glass, Disco Inferno, a bailar y a recordar aquellos pasos. Definitivamente es una época que se niega a morir, esas viejas canciones que marcaron la época disco siguen vigentes y hasta las nuevas generaciones las conocen.
Siempre que escucho música disco, inevitablemente pienso en Pera. Era una inquieta adolescente cuando empezó toda esta revolución, y no se perdía los bailes que ahora eran con música en inglés muy bailable, con el salón a oscuras y apenas iluminado por rayos de luces de colores. Y sin faltar la bola forrada de cuadritos de espejo.
Recuerdo que me atraía mucho la música y las luces, y hubiera querido ir a bailar también, pero era todavía muy niño y para acabarla de amolar muy tímido y nada aventado.
Si niño me quedé con las ganas de bailar, esta vez fue todo lo contrario y me di gusto dando saltos y vueltas, envuelto en mis recuerdos retro.

viernes, julio 11, 2008

Cadena de Favores


Quienes me conocen saben que no soy muy afecto a ver televisión. Generalmente veo solamente noticieros o películas, ya que la mayoría de los programas me aburren o me disgustan, pues casi todos son vulgares y nacos. Me gustan mucho los programas sobre detectives, detectives forenses, tecnología y ciudades del mundo que pasan por Discovery Channel o National Geographic Channel.
Ya tenía algunos días que ni siquiera prendía la televisión por la noche, pero ayer decidí darme un descanso y simplemente echarme en el sillón a ver TV, recordando aquello que escribió miles de veces el alocado Jack Nicholson en la película Resplandor (The Shining): "All work and no play makes Jack a dull boy" (Sólo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido).
Lo primero que vi fue un fragmento del naquísimo y vulgar programa de "Doña Márgara Francisca", en donde actúa el imbécil "comediante" Lalo España. Qué poca creatividad de los cómicos que hay actualmente, ya todos abusan del recurso chafa de vestirse de mujer y ponerse a decir idioteces y vulgaridades sin fin. Por supuesto, es lamentable y decepcionante que haya tanta y tanta gente que decide entretenerse con este tipo de espectáculos tan mediocres y se convierten en su fiel público. Por eso estamos como estamos, hundidos en la ignorancia y la miseria intelectual. En fin.
Después de tanto rollo, lo que quiero comentar es que vi una película que se llama Pay It Forward (Cadena de Favores), con Kevin Spacey, Helen Hunt y Haley Joel Osment, el niño que apareció en Sexto Sentido. El tema principal de la película es un movimiento que originó el niño, que consiste en realizar tres favores a tres personas distintas, sin que éstas lo hayan pedido; es decir, tiene que ser un favor inesperado. Cada persona que recibe un favor debe pagarlo haciendo lo mismo por otras tres personas, y así sucesivamente hasta formar una cadena de favores que se extiende por todo un barrio, una ciudad, un estado, un país, el mundo.
Aunque este concepto no es nuevo, me gustó mucho recordarlo y pensar en todos los beneficios que se podrían obtener si nos decidiéramos a ponerlo en práctica. Qué bendición recibir una ayuda inesperada, como obtener algo que necesitas y no puedes comprar, o encontrar que un problema que no podías solucionar ya fue arreglado misteriosamente por alguien que no conoces (o probablemente sí).
Qué bonito sería que todos pudiéramos llevar a la realidad esta idea. Yo por lo pronto, siempre que me acuerdo pongo más monedas en el parquímetro cuando retiro mi carro, para que el siguiente conductor no tenga que pagar...
Pero ahora que me acuerdo, en esta ciudad ya no hay que ponerle monedas a los parquímetros. Esta ridícula idea se le ocurrió al retrasado mental alcalde de Monterrey, el famoso Adalberto "Madedito" (no quiero parecer irrespetuoso con las personas con capacidades diferentes, pero creo que un retrasado mental no puede ni debe ser postulado ni mucho menos elegido como gobernante de ninguna población), como única solución para el problema del robo descarado que llevan a cabo desde hace varios meses las ratas de la Dirección de Parquímetros, encabezadas y solapadas por su director, Ernesto Cantú Garza.
"Ordeña" de parquímetros, retiro de aparatos y omisión de multas a cambio de un "moche" son algunas de las irregularidades que salieron a relucir recientemente.
Creo que la solución no es dejar de cobrar el estacionamiento. Sí, se dice que los ex-empleados se quedaron con las llaves que abren el aparato y dan acceso a las monedas. Pero, ¿no sería posible cambiar las cerraduras? Quizás sería menos costoso que la mariguana idea de deshacerse de todos esos parquímetros y sustituirlos por aparatos similares pero con tecnología de punta, que costarán una millonada.
Qué decepcionante tener un alcalde tan inepto como Adalberto Madero, que no puede controlar a esos funcionarios mediocres y ratas, pues como este caso debe haber muchos.

miércoles, julio 09, 2008

Ya Viene El Sol


(Este título también es plagiado... así se llama un álbum del grupo español Mecano).

Ya lo sabía. Esta mañana me levanté temprano, como ahora es mi costumbre, y después de la rápida sesión de ejercicios, me llevé a los perros de paseo por el parque. Tras mi inspección del cielo, determino que ya no va a llover. Todavía se veían algunas nubes, pero algo me indicaba que no durarían mucho. Ya pasa de mediodía y el sol luce en todo su esplendor.
Me gustó mucho disfrutar casi casi una semana de lluvia, el sábado me encontraba en el centro y me dirigía a buscar mi carro cuando se vino tremendo aguacero, me tuve que refugiar bajo la estructura del Condominio Acero y sin poderlo evitar me puse a recordar otras veces en el pasado que me ha tocado esperar a que pase la lluvia antes de proseguir un paseo, caminando.
Los días estuvieron más frescos y las noches frías, una delicia porque así podía dormir sin interrupciones; qué diferencia con las noches calurosas, un tormento para mí que no tengo aire acondicionado. Todas las noches del largo verano me despierto constantemente presa del calor y de la sed, voy al refrigerador y bebo líquidos fríos con desesperación y enojo. Espero ya tener aire acondicionado el próximo verano.
Para colmo, no he podido instalar la hamaca. Es un desperdicio. Tengo que buscar a un albañil o contratista que me haga una preparación especial, que coloque una placa de acero dotada de un gancho, para que sostenga los extremos de la hamaca. No he tenido tiempo de buscar este servicio, debo apurarme.

El fin de semana me puse a ver unos viejos videocassettes VHS, ya que Vicky me ofrece transferirlos a tecnología DVD y yo quería saber cuáles merecen la pena conservar. Hay unos que tienen capítulos de viejas telenovelas y programas de televisión de... 1992. Fiuuuu cómo pasa el tiempo. Las actrices lucen más bellas, juveniles, como por ejemplo Lucía Méndez en "Amor de Nadie". Ahora su rostro se ve terriblemente artificial y poco atractivo, evidenciando una infortunada cirugía plásticas. No. Definitivamente no es posible (al menos todavía) volver a tener el rostro juvenil que tuvimos antes de los 30 y tantos. Había un concierto de Madonna, quien también lucía mucho más bella de lo que es actualmente. Y comerciales... qué risa, en uno de ellos anuncian el ultra moderno y lujoso non-plus-ultra Ford Ghia 1992.
Otro de los videocassettes contiene la aparición de María Félix en el programa "La Movida", de Verónica Castro. Cuántas anécdotas, qué mujer tan impactante, cada gesto, cada sílaba que pronunciaba estaba cuidadosamente pensada para causar una impresión.
Sin duda el mejor videocassete es el que contiene la fiesta sorpresa que me organizó Isela en un McDonald's hace... ¡12 años! Isela, Georgina, Diana, Marco, Adriana, Erika, Eduardo y Coco, José Juan, Lupita, Sandra, Toño, Cristina, Teresa, Narcedalia... todos felices acompañándome a celebrar mis 30 años de vida. Yo todavía con anteojos, con más pelo. Recuerdo que Héctor fue el encargado de entretenerme mientras Isela organizaba la fiesta. Me pidió que lo acompañara a una serie de asuntos que parecían no tener fin... ya me estaba impacientando cuando me dice que para terminar me invita a un McDonald's. Entramos y.... ¡sorpresa! Bonitos recuerdos.
En ese mismo cassette tengo material que grabé de mi perro Lucas, brincando por los sillones y la cama, acabado de bañar, mordiendo los ositos de peluche. Todo un actor, listo para la cámara, con su carita simpática y sus ojos preciosos.

viernes, julio 04, 2008

Monólogo de Florentino Viendo Llover en Santa Tiburcia


Los seguidores de Gabriel García Márquez sabrán que este título lo pongo en recuerdo del cuento "Monólogo de Isabel Viendo Llover en Macondo". Esta frase me vino a la mente hoy, al despertar y darme cuenta de que durante la noche cayó una lluvia, por fin, en Santa Catarina. Esto me dio mucho gusto, porque ya fueron muchos días de sequía y calor, y esta agua del cielo viene a refrescar. En las últimas semanas, algunos días que anunciaban lluvia en la tele me ponía a observar las nubes con la esperanza de que se dejara caer un buen chaparrón, pero nada.
En la fresca mañana, casi me dejo convencer por el deseo de permanecer un poco más de tiempo en la cama, pero firme cual soldado me levanté de un salto y preparé a los perros para nuestro pequeño paseo en el parque; el único renuente fue Bimbo, hubiera querido quedarse en la cama y no mojarse sus patitas.
Creo que desde siempre me ha encantado la lluvia, y no me importa que en esta ciudad una lluvia insignificante provoque inundaciones debido a las alcantarillas tapadas por la basura o las calles y casas construidas sobre antiguos arroyos y canales, ni que haya muchos choques debido a que las calles están resbaladizas, ni que a consecuencia de todo ello el tránsito se desquicie.
No, a mi me gusta sentir la lluvia en la cara, sentir el viento fresco y mojado en todo mi cuerpo. No me enoja mojarme los zapatos en algún charco, porque mi estado de ánimo es muy alegre cuando llueve. No hay nada que me guste más que estar ya acostado en mi cama por la noche, de preferencia junto a una ventana, e irme quedando dormido mientras afuera se desata un tremendo aguacero con truenos y rayos incluidos.
Asocio la lluvia con momentos felices en mi niñez, desayunando pan tostado en la vieja cocina con techo de lámina. Mi mamá de buen humor, sin regañarme por nada. Creo que la lluvia predispone a la gente a compartir la mesa, platicar mientras se disfuta un chocolate caliente o un café con pan. Por eso se siente muy bonito estar en un restaurante, comiendo algo delicioso, guarecidos de la lluvia que se observa a través de los ventanales.
La lluvia me hace recordar mi primer día de clases. Nadie me dijo de qué se trataba, nadie me preparó. Ni siquiera había pasado por la transición del "kínder", porque antes eso no era tan común ni mucho menos obligatorio. Un buen día mis hermanas me bañaron y me pusieron ropa bonita; pensé que íbamos a salir de paseo y no pregunté nada cuando Lola me llevó a unas pocas cuadras de la casa. Entramos a la escuela, donde una señorita apuntó mi nombre en una libreta, luego hizo salir a mi hermana y cerró la puerta que en esos años me parecía enorme. Inmediatamente empecé a dar alaridos, pidiendo que me dejaran salir para regresar con mi hermana.
Lola se quedó tras la puerta, y yo la veía a través de la celosía; no me decía nada pero en su cara seria yo entendí que le daba tristeza verme así pero no podía hacer nada al respecto. No sé muy bien qué pasó después, sólo recuerdo que nos llevaron a uno de los salones y yo estuve toda la tarde llorando y pensando, sin hacer el menor caso a lo que decía la maestra, observando a través de la puerta las pequeñas ondas que producían las gruesas gotas de lluvia al caer sobre el patio inundado.
Cuando yo tenía unos 11 años, mi hermana Carmen dejó la casa de mamá para irse a vivir a su propia casa junto con Mireya su hija. Yo estaba tan apegado a ella que me empeñé en mudarme junto con ella, y lo conseguí después de mucho rogarle a mamá que me dejara ir. Recuerdo muy bien que eran los primeros días de septiembre, y en el trayecto de la Independencia a San Martín viajábamos en el VW de Rubén en medio de un fuerte aguacero. Era la primera vez que veía el río Santa Catarina lleno de agua lodosa, avanzando con una fuerte corriente.
La lluvia casi echa a perder mis fiestas de cumpleaños, cuando estaba en tercero y en cuarto de primaria. Híjole, después del esfuerzo y los ruegos que me había costado convencer a mamá de que me hiciera un pastel, con su betún blanco sabor a limón. Casi daban las cuatro y la lluvia que no paraba, pero afortunadamente escampaba de pronto y en eso empezaban a llegar mis compañeros.
La lluvia en general significa bendición, recibir regalos y recompensas largamente esperados. La lluvia calma la sed de la tierra. Las plantas y las personas se refrescan, tienen una mejor cara. Por eso canta Jesús Adrián Romero: "Abre los cielos sobre nosotros / abre los cielos, Señor, haz llover...".